Guerra de Afganistán:
un enigma y cuatro hipótesis
por el profesor José Luís Fiori

“Whenever western leaders ask themselves the question, why are we in Afghanistan, they come up with essentially the same reply: “to prevent Afghanistan becoming la failed state and haven for terrorists”. Yet there is very little evidence that Afghanistan is coming stable. On the contrary, the fighting is intensifying, casualities are mounting and the Taliban are becoming more confident”.( Gideon Rachman, Financial Times,

26 de junho de 2010)

 

La superioridad numérica y tecnológica de las fuerzas americanas, y de la OTAN, con relación a los guerrilleros talibanes de Afganistán, es abismal. Sin embargo, la situación estratégica de los EE.UU. y de sus aliados, después de nueve años de guerra, viene empeorando cada día que pasa. En apenas un mes, el presidente Obama se vio obligado a dimitir, por insubordinación, al  famoso Gal Stanley McChystal, al que él había nombrado, y que era el símbolo de la “nueva” estrategia de guerra de su gobierno. Y ahora enfrenta uno de los más graves casos de fugas de información de la historia militar americana, con detalles sanguinarios de las tropas americanas, y acusaciones de que  Pakistán - su principal aliado – es quien prepara y sustenta a los guerrilleros talibanes.

 

Después del envío de 30 mil soldados americanos más, en 2010, la situación militar de los aliados no mejoró; los ataques talibanes son cada vez más numerosos y osados; y el número de muertos es cada vez mayor. Por otro lado, el  apoyo de la opinión pública americana y mundial es cada vez menor, y algunos de los principales aliados de los EE.UU., como Holanda y Canadá, ya anunciaron el retiro de sus tropas, y la propia Gran Bretaña, viene dando señales en la misma dirección. Hace algún tiempo, el general americano, Dan McNeil, antiguo comandante aliado, declaró a la revista alemana Der Spiegel, que serían necesarios 400 mil soldados para ganar la guerra, y tal vez por eso, casi más nadie crea en la posibilidad de una victoria definitiva. Por otro lado, el  gobierno del presidente Hamid Karzai  está cada vez más débil y corrompido por el dinero de la droga y de la ayuda americana, la sociedad afgana está dividida entre sus “señores de la guerra”, y el actual estado afgano sólo se sustenta con la presencia de las tropas extranjeras.

 

Y por último, la lucha en Afganistán, contra las redes terroristas y contra el Al-Qaeda de Bin Laden también va mal, y está siendo librada en el lugar equivocado. Hoy está claro que los Talibanes no participaron de los atentados del 11 de setiembre, en los EE.UU., y están cada vez más lejos de AL-Qaeda y de las redes terroristas cuyo liderazgo y sustento está sobre todo, en Somalia, en Yemen, y en Pakistán. Y casi todos los estrategas consideran que sería más eficaz el retiro de las tropas y el rastreo y control a distancia de las redes terroristas que todavía existan en el territorio talibán. Resumiendo: la posibilidad de victoria militar es infinitesimal; los talibanes no defienden ataques terroristas contra los EE.UU. y no disponen de armas de destrucción masiva; y no existen intereses económicos estratégicos en el territorio afgano. Por eso, la Guerra de Afganistán se transformó en una incógnita, para los analistas políticos y militares.

 

Desde nuestro punto de vista, entre tanto, la explicación de la guerra y cualquier prospección sobre su futuro requieren una teoría y un análisis geopolítico de largo plazo, sobre la dinámica de las grandes potencias que lideran o comandan el  sistema mundial, desde su origen en Europa, en los siglos XV y XVI. En síntesis:

 

i)                    En este sistema mundial “europeo”, nunca hubo ni habrá “paz perpetua”, porque se trata de un sistema que requiere de la preparación para la guerra y de las propias guerras para ordenarse y expandirse;

 

ii)                  En este sistema, sus “grandes potencias” siempre estuvieron involucradas en una especie de guerra permanente. Y, en el caso de Inglaterra y de los EE.UU., iniciaron – en promedio - una nueva guerra cada tres años, desde el inicio de su expansión mundial;

 

 

iii)                Más allá de esto, este mismo sistema  siempre tuvo un “foco bélico”, una especie de “agujero negro”, que se mueve en el espacio y en el tiempo y que ejerce una fuerza destructiva y gravitacional sobre todo el sistema, manteniéndolo unido y jerarquizado. Después de la Segunda Guerra Mundial, este centro gravitacional salió de la propia Europa y se movió en el sentido de las agujas del reloj: hacia el  nordeste y sudeste asiático, con las Guerras de Corea y de Vietnam, entre 1951 y 1975; y después, hacia el Asia Central, con las Guerras entre Irán e Irak, y contra la invasión soviética de Afganistán, durante la década del 80;  con la Guerra del Golfo, a comienzos de los años 90; y con las Guerras de Irak y de Afganistán, en esta primera década del siglo XXI.

 

iv)                Desde este punto de vista, se puede prever que la Guerra de Afganistán continuará, aunque sin ninguna perspectiva de victoria, y que los EE.UU. sólo se retirarán del territorio afgano, cuando el “epicentro bélico” del sistema mundial pueda ser reubicado, probablemente, en la misma dirección de las agujas del reloj.

 

Traducido para LA ONDA digital por Cristina Iriarte

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