Del rector Magiolo hablan
Rodrigo Arocena y Rafael Guarga

 “No se trata de agregar

 años a la vida sino

vida a los años”

 

El viernes 30 de Julio se presentó el libro”Universidad, Investigación y Comunicación. Documentos del Archivo Maggiolo”, investigación realizada bajo la dirección de la Dra. Vania Markarian y la participación de las académicas Cecilia Klein, Maria Luisa Cora y Berta Igoa.

 

El excelente trabajo recoge un mosaico de documentos y opiniones de quien fuera una de las personalidades más brillantes de la academia y el que hacer social y político del Uruguay de las últimas décadas del siglo XX.

 

De la relevancia de Oscar Maggiolo dan testimonio las intervenciones del actual Rector de la Udelar Rodrigo Arocena y del ex rector Ingeniero Rafael Guarda, quien conoció y participó - junto a Maggiolo - en diversas actividades académicas.

Versión tomada del audio recogido por La ONDA digital

 

 

Hablar de Oscar Maggiolo es hablar de coraje

ciudadano, transformaciones y solidaridad

Rodrigo Arocena

El libro es espléndido, ha sido bien presentado, los reconocimientos adecuados, han sido bien dichos. Tres relevantes colegas del Ing. Maggiolo – con destacada actuación profesional y universitaria – se han referido a diversas facetas de su labor y de su vida. Yo puedo, por lo tanto permitirme que – simplemente – mi memoria recorra hacia atrás algunos eslabones de los recuerdos para contribuir a traer la presencia de aquel gran compañero.

 

Empezaré en 1980 y terminaré en el 66. Empezaré en una tarde triste de la hermosa ciudad de Caracas, donde despedíamos a Maggiolo y donde alguien que habló en ese momento, dijo: “como lo mostró Maggiolo, no se trata de agregar años a la vida sino vida a los años”. No tenía 60 años y había hecho todo lo que aquí se dijo y muchas cosas más. La noche anterior a esa jornada triste en Caracas – cuando muchos nos congregamos en una clínica - porque nos habían llamado a quienes éramos sus compañeros de militancia y de vieja trayectoria académica, por la gravedad de la situación – Diana decía: “papá nunca para, no se toma un minuto”. Sí, vida a los años. ¡Vaya si le agregó vida a los años! ¡Se consumió en la pasión! Que uno – al verlo – no le hubiera atribuido. Hombre de aspecto extremadamente sereno, académico, tranquilo, lleno de energía. Esos años en Caracas fueron – además de unos años de intensa vida profesional – los años en que Oscar Maggiolo fue uno de los referentes del exilio uruguayo. Uno de los principales constructores de la red de solidaridad y denuncia y apoyo a la resistencia interna.

 

El 14 de diciembre de 1976 – en el Teatro “Las Palmas” de la ciudad de Caracas – tuvo lugar el primer acto en el cual Wilson Ferreira habló en Sudamérica después del asesinato de Zelmar Michelini, Héctor Gutiérrez Ruiz, William Whitelaw y Rosario Barredo, en una ocasión que – como ustedes saben – pudo también haberle costado la vida a Wilson Ferreira. En ese acto hablaron Wilson Ferreira y Oscar Maggiolo. ¡Era la resistencia democrática uruguaya que se simbolizaba en ese encuentro! Unos días después, el grupo de militantes que editábamos “informes y testimonios por un Uruguay libre en una América nuestra”, entrevistamos a Maggiolo. Y quiero transcribir un fragmento de lo que él nos dijo en ese momento: “el balance del acto realizado el 14 de diciembre en el Teatro “Las Palmas” – decía Maggiolo – es totalmente positivo. Desde el punto de vista local – venezolano – yo creo que es un acto que ha tenido gran repercusión. No sólo en el ambiente de los uruguayos que están viviendo en este momento en Venezuela, sino también en el de las colectividades de exiliados de otros países, especialmente del ConovSur. Debe notarse que en este acto había delegaciones de Argentina, de Chile, de Bolivia y de Paraguay, que son los 4 países que se encuentran más directamente vinculados con la situación dictatorial que se está viviendo en este momento en nuestro país. Del punto de vista del acto en sí, creo que debe hacerse notar dos aspectos que me parecen sumamente importantes:

 

 1º) que es la primera vez – desde el Golpe de Estado en el Uruguay -  que el Frente Amplio sale a actuar y pronunciarse sobre el problema político uruguayo y a establecer cierto programa para salir de la dictadura;

 

2º) que esta primera manifestación del Frente Amplio en el exterior, se haya hecho conjuntamente con el líder del Partido Nacional – Wilson Ferreira Aldunate – lo cual significa una unidad de propósitos de ambos en llegar a estructurar un medio común para terminar con la dictadura en el Uruguay.

 

El trabajo conjunto de las fuerzas opositoras democráticas y progresistas es el imperativo del momento y constituye la tarea política de 1977. La unión para derrocar la dictadura y posibilitar fórmulas democráticas de salida a la grave situación en que los militares han sumido al país, es el clamor del pueblo uruguayo y la responsabilidad de los dirigentes políticos del país”.

 

Maggiolo había asumido esa tarea junto a muchas otras. Venía viviendo el exilio desde otras tierras y desde antes. En 1974 estaba en Buenos Aires, cuando la Argentina empezaba a sumirse en lo que después sería el horror de la dictadura. Y allí vivimos la solidaridad universitaria el conjunto de uruguayos que habíamos salido del país sin papeles; que la Universidad no nos daba constancias; que el Consulado uruguayo ni siquiera estaba dispuesto a decir que éramos quienes éramos. Maggiolo iba de un lugar a otro firmando – como antiguo rector de la Universidad de la República – “yo conozco a fulano de tal…”, “yo sé que era estudiante…”, “yo sé que había aprobado tales y cuales materias…”. ¡Cuántas veces lo hizo! ¡Cuántas veces hizo cosas bastante más arriesgadas que esa solidaridad universitaria!

 

Vuelvo un poco más para atrás en mi memoria y llego al año 1968 y veo la Facultad de Arquitectura rodeada por militares que están “gaseando” a la Facultad. Los estudiantes han llamado de apuro al Rector a ver cómo se puede solucionar esa situación. Maggiolo sube solo por la escalera de la Facultad de Arquitectura y una granada de gas lo golpea en la espalda. Se queda tranquilo, quieto. ¡No se va, no se mueve, no se asusta! Es un hombre tranquilo, de laboratorio. ¡Un hombre firme, de coraje a toda prueba! Allí está. Entra a la Facultad y – como lo hizo tantas veces, antes y después – pone el prestigio de la institución y su coraje personal al servicio de buscar una salida para la gente que – peleando por las libertades – se encuentra en una situación difícil.

 

Vuelvo un poco más atrás, a un momento más grato. En 1967 hacía poco que Maggiolo había sido electo rector y acababa de presentar lo que después fue conocido como el “Plan Maggiolo”. Y, ¿adónde va a ser discutido eso, símbolo de nuestra Universidad? El compañero Rafael Guarga – en esa época, miembro como yo de la Agrupación Reforma Universitaria – nos propuso en la Agrupación: “y, ¿si invitamos al rector a que venga a presentar el “Plan Maggiolo”? Y así fue. En algún salón alto de la Facultad de Ingeniería llegó Maggiolo, llegó Darcy Ribeiro, llegó Manuel Sadowsky – la “crema” del exilio pensante y reflexionante de América Latina – para escuchar la presentación de Maggiolo, comentarla y – en un ambiente de expectativa por lo que podía ser la transformación universitaria – intercambiar criterios. ¡Qué privilegio tener allí a Darcy Ribeiro – el fundador de la Universidad de Brasilia – expulsado por la dictadura! ¡A Manuel Sadowsky – el vice-decano de la Facultad de Ciencias de la Universidad de Buenos Aires – expulsado en la “Noche de los Bastones Largos” – cuando Onganía intervino la Universidad argentina y nuestra Universidad los invitó a Manuel Sadowsky y a su mujer y a tantos otros compañeros y compañeras – a venir a esta casa que siempre defiende las libertades, como lo es nuestra Universidad!

 

Vuelvo un poquito más para atrás. Después de esto, después de haber hablado del coraje ciudadano del 68 y de la capacidad de propuesta del 67. Quiero insistir en esas dos ideas. Maggiolo llegó al rectorado con una expectativa como la que se acaba de poner de manifiesto acá. Quería ser el rector de una universidad al servicio del cambio del país. Tuvo que hacer otra cosa: ser el rector de la resistencia. ¡Y lo hizo! ¡Asumió lo que tenía que hacer!

 

Vuelvo para atrás un poco más – ya concluyendo – a la hermosa primavera de 1966. Maggiolo fue electo rector – como fue recordado - en ese momento. Fue electo rector en el contexto de la vuelta del Centro de Estudiantes de Ingeniería. ¿Porqué había una huelga de tres meses del Centro de Estudiantes de Ingeniería? Las circunstancias de contexto han sido evocadas por Rafael Guarga. ¿Qué había sucedido en concreto? Habían sucedido dos cosas muy específicas que desencadenaron lo que era un conflicto largamente gestado. Porque en la Facultad de Ingeniería – aunque estábamos en el año 1966 – la Ley Orgánica no había llegado a regir. Quienes gobernaban la Facultad y mantenían el control de ella – de hecho – no habían aceptado lo que era la transformación del año 58. Al comienzo de la primavera del 66 pasaron dos pequeños acontecimientos: primero, el decano de la Facultad sancionó a los militantes del Centro de Estudiantes, que ponían carteles. Hoy parece difícil de imaginar, pero así fue. Y lo segundo, es que llegó la reelección al Consejo de la Facultad poco menos de un año después de la instancia evocada por Guarga. Llegó la instancia de reelección del profesor Maggiolo. ¡Por supuesto, fue reelecto! Aunque hubiera una mayoría como la que tenía el Consejo en aquella época, fue reelecto. Pero un consejero dijo que votaba en contra por las opiniones que había vertido el consejero Maggiolo, como consejero. Por las opiniones universitarias que había vertido el consejero Prof. Maggiolo. El Centro de Estudiantes vio bien que ninguna de las dos cosas eran aceptables: ni la limitación de la libertad de expresión de los estudiantes, ni ese esbozo de persecución ideológica que estaba allí. Pero decidió que iba a ser - de una de esas circunstancias - un motivo de lucha sin vuelta atrás. Planteó – en el Consejo de la Facultad – que se desautorizara al decano por haber sancionado a los militantes estudiantiles. El Consejo – por supuesto – votó negativamente eso. No fue allí que se desencadenó la huelga. Fue unos minutos después, cuando el Consejo se negó a condenar las expresiones por las cuales un consejero había votado negativamente una reelección de un docente por su actuación como consejero. El Centro de Estudiantes tenía claro que allí lo que estaba en juego era la compatibilidad entre “libertad de expresión” y “vocación transformadora”. ¡Y eso era también Oscar Julio Maggiolo! Capacidad de expresarse siempre y vocación transformadora. El Centro de Estudiantes no aceptó eso. La movilización de entonces se inició. El cambio hacia una Facultad de Ingeniería que ha hecho, hace y hará honor al país. ¿De qué he hablado? He hablado de vocación transformadora, de capacidad de propuesta, de solidaridad universitaria, de coraje ciudadano. He hablado de Oscar Maggiolo. 

 

Osacar Maggiolo; Gestido “hombre

de bien y cargado de buenas intenciones”

Por el  Ingeniero Rafael Guarga

 

Primero voy a referirme a la ubicación de este libro en relación con el material ya publicado en memoria de Maggiolo. De acuerdo a mi recuento, ésta es la tercera publicación que – con el formato de libro – recoge elementos biográficos de Maggiolo. La primera se realizó en 1982, en el Instituto de Ingeniería de la UNAME – en México – por resolución del 4º Congreso Latinoamericano de Hidráulica, celebrado en 1980 en Mérida, Venezuela. Debo decir que este año – 2010 – se va a celebrar la edición 14ª del Congreso Latinoamericano de Hidráulica aquí, en el Uruguay. Maggiolo falleció en Venezuela y había fallecido tres meses antes de la realización de este Congreso en el cual iba a participar. Por tanto, se generó una conmoción muy grande por esta muerte – realmente – inesperada.

 

Aquella publicación se titulaba: “10 artículos sobre la Ingeniería Hidráulica” y refiere – únicamente – a la obra científica y técnica de Maggiolo y contiene 10 de sus principales trabajos publicados. Su objeto era difundir en el medio técnico – por el cual Maggiolo era ampliamente conocido – su obra pionera en varios temas que, luego, serían tomados por diversos investigadores en la región. Esta publicación fue prologada por el destacado profesor mexicano – José Antonio Massa, también hidráulico – y, sin perjuicio del carácter técnico de la misma, José Antonio Massa caracteriza a Oscar Maggiolo de la siguiente forma (según consta en la página 147 del libro que hoy presentamos). Decía así Massa: “Oscar Maggiolo fue un eminente iberoamericano, nacido en Uruguay, destacado profesor e investigador en Mecánica de Fluidos e Hidráulica y rector de la Universidad de Uruguay. Como patriota ejemplar, se preocupó constantemente por los problemas técnicos, socioeconómicos y políticos de su país. Su honestidad, desinterés y valor para defender sus ideas, así como su deseo de justicia, lo enfrentaron a la dictadura uruguaya, por la que se vio obligado a abandonar su país y residió primero en Argentina y después en Venezuela, donde murió en 1980. Cabe destacar que – además de trabajar como profesor e investigador en Uruguay – contribuyó a resolver problemas de ingeniería en varios países del continente.” Esta publicación fue ampliamente distribuida entre los asistentes al 5º Congreso Latinoamericano de Hidráulica anteriormente referido, que se realizó dos años después – 1982 – en la ciudad de México. Esa fue la primera publicación.

 

La segunda publicación es muy reciente y fue revisada en la Facultad de Ingeniería durante el decanato de Ismael Piedracueva - que aquí nos acompaña – y fue presentada en el Salón de Actos de dicha Facultad en el pasado año. Esta publicación se titula: “Oscar Maggiolo – Reflexión sobre Investigaciones Científicas – Selección de Artículos”. Se trata de 12 artículos de Maggiolo, que ocupan 250 páginas y que fueron seleccionados por el propio decano. En el prólogo se señala: “…valorando especialmente la pertinencia de los planteos ofrecidos”. Así lo escribe Piedracueva en el prólogo de ese libro. Los trabajos refieren a las políticas científicas - en general - y al papel de la investigación de la Universidad. Vale la pena leerlo, pues se trata de una muy buena selección de trabajos plenamente vigentes.

 

En relación con la publicación que hoy estamos presentando ante ustedes – “Universidad, investigación y compromiso. Documentos del archivo Maggiolo” – debemos señalar que su contenido no se superpone con el de las anteriores publicaciones, sino que se complementa, aportando nuevos documentos del propio Maggiolo y de otros autores que lo conocieron o trataron con él en diversas circunstancias. Si bien los enfoques de abordaje a una publicación tan rica en contenidos son múltiples – y de ello dará cuenta el desarrollo de este panel – yo me referiré a aspectos nuevos en relación a Oscar Maggiolo – que los materiales aquí presentados permiten destacar. Sobre el origen del laboratorio; sobre el clima político de la Facultad de Ingeniería de la época; sobre la relación de la Universidad de la República con el poder político; y sobre algún aspecto del conocimiento científico en la construcción de la sociedad del futuro, que aquí también se toma.

 

Sobre el “Origen del Laboratorio”, Oscar Maggiolo realiza – como parte de un trabajo final de grado – el proyecto de un así llamado “Laboratorio de Hidráulica”. Este “Laboratorio de Hidráulica” proyectado por Maggiolo – al egresar como ingeniero – era, en lo esencial, el proyecto de un laboratorio para una fábrica de grandes bombas y turbinas, de las cuales – en aquella época – habría del orden de una decena, en el mundo, y que se localizaban – por supuesto – allí donde existiera producción de estas máquinas. Aquel proyecto expresaba – sin duda alguna – el sueño del estudiante que no tiene elementos para comprender – todavía – el largo camino que un país debe transitar para pasar de la producción de carne y lana a bienes manufacturados de gran porte y alta complejidad, como lo son este tipo de máquinas. En América Latina hoy hay dos laboratorios universitarios de este tipo: están en Brasil y en Argentina. Costaron varios millones de dólares, pero jamás en ellos se ensayó ningún modelo de turbina que fuese a ser fabricado en la región. El laboratorio – herramienta imprescindible para fabricar turbinas – pasa a convertirse en un dispositivo demostrativo de altísimo costo, cuando carece de una finalidad productiva.

 

En estos dos casos, los laboratorios fueron comprados a precios exorbitantes por las respectivas dictaduras, que desmantelaron los equipos científicos en formación en nuestras universidades y que abrieron las puertas a la entrada de las empresas transnacionales y bloquearon – por años – el desarrollo de nuestros países. A las dictaduras – estas empresas transnacionales – les vendían las grandes turbinas provenientes de sus fábricas. Y – como una venta más – le agregaban bancos viejos de diseño de turbinas que en las universidades desmanteladas, nadie sabía – siquiera – operar. Y cuando – democracia mediante – se recompusieron los cuadros docentes de estas universidades, se constató que ninguna empresa real – fabricante de grandes máquinas – solicitaba a una universidad de Argentina o Brasil el diseño de los aspectos esenciales de las mismas. Este destino de laboratorios tecnológicos fuera de contexto en relación con las perspectivas de desarrollo del país real, fue lo que comprendió el joven ingeniero cuando a fines de la década del 50 y ante la catástrofe que se produjo en el Uruguay con las inundaciones, Maggiolo comprendió que muy poco se conocía de los recursos naturales del país y no se disponía del respaldo técnico para enfrentar los problemas básicos de construcción de la enorme infraestructura de generación hidroeléctrica que el país requería. Ante estas evidencias, Maggiolo cambia radicalmente su propuesta y la formula en los términos que explica – muy bien – Isaura Posadas.

 

Según el relato que aparece en este libro – yo no lo conocía el relato y me parece, realmente, muy, muy ilustrativo – bajo el título: “Reseña histórica del Laboratorio de Hidráulica de la Facultad de Ingeniería. Por Isaura Posadas”. Voy a leerlo rápidamente, porque es interesante y a los “más viejitos” nos evoca aquellos tiempos que algunos pocos de los que estamos acá, vivimos. Dice Isaura: “la realidad demostró…” – …porque refiere a la problemática por la cual se le convocó a Maggiolo, a ver si la presa de Rincón del Bonete se iba a derrumbar con la inundación  y generaba una onda de crecida que inundaba Mercedes, etc. Maggiolo pensó, sin tener los elementos completamente en la mano, que quien la diseñó – que era un ingeniero alemán, muy conocido por su seriedad y su fama técnica, debió haberla diseñado bien. Entonces mostró que no era necesario preocuparse – quizás – al grado de nerviosismo que existía. “…La realidad demostró queefectivamente el Ing. Adolfo Ludin, pese a los pocos datos estadísticos de que disponía, había previsto que esa posible inundación podía producirse 1 vez cada 1000 años. Pasó el tiempo más que nunca – el país tenía que disponer de un laboratorio de hidráulica, ya que al no encontrarse petróleo en su territorio, el futuro energético de Uruguay iba a depender de su energía hidráulica. Se había construido ya Rincón del Bonete – época de Terra -; se hablaba ya de tres represas más en el Río Negro: la de Baygorria, que tenía que construirse lo antes posible a fin de responder al crecimiento energético..” Se consideraban las otras dos: Palmar, Salto Grande en el Río Uruguay – este era un proyecto internacional - , etc. etc. “… Por lo tanto se conectó con los ingenieros de UTE – Maggiolo – y convinieron que era imprescindible realizar los ensayos correspondientes de la obra, a fin de conocer las condiciones reales y su forma de reacción para casos los acontecidos en el 59. Debía realizarse un modelo reducido de Rincón del Bonete y someterlo a los ensayos correspondientes. Aseguró a los técnicos de UTE que la Facultad estaba en condiciones de encargarse de la construcción del modelo y de la realización de los ensayos. UTE debería pagar por ello una suma a convenir que permitiera resolver todos los problemas que – con el régimen de proventos, tal como se manejaba en la Universidad – no era posible resolver. Y así – al llegarse a un acuerdo con UTE – se comenzó a formalizar el Laboratorio de Hidráulica, el cual se formó dentro del Instituto de Máquinas, actualmente, Instituto de Ingeniería Mecánica”.

 

Este testimonio – a mi parecer – es muy importante, pues muestra que cuando Maggiolo teoriza sobre el papel de la ciencia y de la técnica en América Latina, lo hace sobre una experiencia concreta, vivida por él, protagonizada por él. Es lo que hoy llamamos “articulación” entre el conocimiento científico y los productos útiles que el desarrollo de nuestra sociedad reclama.

 

Cuando un año atrás se presentó el libro con textos de Maggiolo – como ya dijimos – Piedracueva destaca la pertinencia del pensamiento de Maggiolo. Esto es, la capacidad de éste pensamiento de Maggiolo para orientar las realizaciones universitarias en conjunción o en dirección a atender las demandas concretas de la sociedad a la cual la Universidad debe servir. En este caso, la construcción del Laboratorio Hidráulico en la Facultad de Ingeniería - con las características que, finalmente, le dio Maggiolo – es un notable ejemplo de actividad universitaria pertinente que el libro que hoy presentamos permite conocerlo cabalmente.

 

Paso al 2º o 3er capítulo que es el clima político que se vivía en la Facultad de Ingeniería en aquel momento. Otro aporte muy interesante que el libro contiene, es la trascripción de extractos de las actas de una sesión extraordinaria del Consejo de la Facultad de Ingeniería de octubre de 1965. Está muy bien elegida esta acta. Aquí hay dos protagonistas directos, allí están. Hoy “peinan canas” – uno de ellos – y el otro no “peina canas” porque no tiene pelo (risas): Martín Ponce de León y Pedro de Orrecoechea, consejeros estudiantiles, en aquel momento, y que son testigos de lo que aquí se relatará.

 

Digo yo: “en aquella época la universidad se debatía intensamente sobre el papel de la investigación científica dentro de la Universidad. En la Facultad de Ingeniería este debate era – particularmente – ríspido, pues predominaban quienes consideraban que bastaba que un profesor estuviese bien informado de lo nuevo que se producía en su disciplina para ser un excelente profesor. Se pensaba que en las áreas de la ingeniería, el progreso siempre vendría de afuera. De modo que la investigación y – en particular – la investigación en las áreas científicas ligadas con la ingeniería, no era tema de una universidad del tercer mundo. Quienes esto pensaban eran mayoría en la Facultad de Ingeniería y  por supuesto adherían - consistentes con este pensamiento - a la política fondomonetarista vigente que – justamente – conducía las cosas en ese sentido. Esto llevaba a ásperos enfrentamientos en el Consejo de la Facultad que – como se comprenderá – en una época en la cual el país se deslizaba hacia una dictadura de extrema derecha – adquiría fuertes connotaciones políticas. Esta realidad sobre la cual transcurría la vida universitaria de la época y que luego enmarcaría el propio rectorado de Maggiolo, se refleja con crudeza en esta intervención de Maggiolo, en el Consejo de la Facultad, en octubre del 65 (las actas están aquí en el libro). Leo un fragmento: “creo – dice Maggiolo – que evidentemente el país está pasando por situaciones que – incuestionablemente – son muy graves y yo diría de que – a pesar de que ya tengo bastantes años – no he visto antes algo tan atentatorio a las libertades y a las más elementales garantías como lo que está ocurriendo en este momento. Digo que no las he visto, porque en la época de Terra la viví como chiquilín, así que no tuve oportunidad de apreciar – efectivamente – lo que aquello fue. Pero a partir de aquel momento, no ha pasado el país por una situación como la que estamos entrando y sin saber – realmente – adonde vamos a desembocar. Lo único que conocemos, lo único que sabemos es cómo – empezando por este camino – otras naciones han desembocado y caído en situaciones muy desgraciadas y cómo la debilidad de las autoridades y del pueblo – en muchas de esas naciones – llevó precisamente a situaciones de dictadura que – hasta el momento – podía decirse que el Uruguay era una excepción en el continente en cuanto a estas situaciones de carácter casi normal. La situación a la que aquí se hace referencia ha repercutido en la Universidad de diferentes maneras (sigue la cita) y debo decir que la forma como hasta ahora, distintas representaciones de la Facultad se han manifestado, no puede ser más desgraciada para el prestigio de nuestra facultad y para el prestigio de nuestra profesión. En la Asamblea General del Claustro de la Universidad, el único voto que no acompañó una manifestación de repudio al baleamiento de la Facultad de Arquitectura, ha sido el de un delegado de la Facultad de Ingeniería. Atacar a balazos un local universitario, en momento en que se está trabajando adentro, un local iluminado, donde se estaban haciendo proyectos para entregar, en momentos en que estaba ocupada por estudiantes, ¡es una brutalidad!, que no merece otra cosa que la censura. En esta acta se muestra la dureza de los enfrentamientos políticos que se daban entre las posiciones de los consejeros… bueno, por cierto, se perdió la votación, como correspondía en esa época, de 7 a 5 en el Consejo y quedó en minoría el sector que Maggiolo integraba.

 

En esta acta también se muestra – como dije – la dureza de los enfrentamientos políticos que se daban entre las posiciones de los consejeros y la firme posición de Maggiolo, quien concebía la construcción de un país moderno asociado – siempre – al ejercicio pleno de la democracia. Y a esto vamos con otro material que aporta este libro, que alude a la relación de la Universidad con el poder político.

 

Este es otro aspecto de gran interés y – que en su momento – generó controversia en el seno de la misma Universidad y sobre el cual el libro, también, hace un importante aporte. Fue el acercamiento que se produjo entre la Universidad y el Gral. Oscar Gestido, cuando éste fue electo para ocupar la Presidencia de la República en el año 66, año en el cual Maggiolo también fue electo para ocupar el cargo de Rector de la Universidad.

 

En el documento titulado “Discurso de Oscar Maggiolo en la Asamblea General del Claustro de la Universidad”, Maggiolo se refiere a este período de la siguiente forma, cito: “pero es necesario reconocer que – mientras el país se mantuvo dentro de los carriles democráticos, mientras sus gobiernos coincidieran o no con nuestras opiniones, respondían, al fin y al cabo, al pronunciamiento popular que – dentro de las críticas que se le puedan hacer al sistema – se correspondían con una masa de votantes que les daba un respaldo cierto. Es decir, mientras el Uruguay siguió siendo – en lo político – aquel Uruguay cada vez más lejano, que se comenzara a construir lenta y trabajosamente a principios de este siglo, a la Universidad y a su autonomía, por su incuestionable valor moral, se la respetó en los medios gubernamentales, aún cuando su independencia de opinión provocara fastidio. Un día señores, en el Uruguay ganó las elecciones un partido que basó su campaña en claros principios anti-fondomonetaristas; que proclamó a quien quiso oír a sus líderes, la necesidad de modificación de una política económica y social que llevaba a la nación a una regresión en lo que a sus conquistas económicas y sociales se refiere. Y la Universidad, señores, a ese hombre (se refería a Oscar Gestido) y a ese partido, le dio su voz de estímulo e hizo lo que nunca hizo en la historia del país y de la Universidad: invitó al hombre triunfante, hombre reconocidamente de bien y cargado de buenas intenciones para con su país, a conversar – previamente a que asumiera el mando. Y eso hizo con el acuerdo de todos, seguramente la mayoría de los cuales, no habíamos sido sus votantes y seguramente, también, muchos tenían con él divergencias de fondo en el campo de los ideales. La Universidad consideró que el país se encontraba en una encrucijada histórica; que la unidad de las fuerzas populares era esencial para reconstruir al país y pensó que ese hombre merecía que se le dieran todos los estímulos para que la República pudiera encaminarse por la ruta que había perdido. Con ese acto la Universidad – una vez más – actuó patrióticamente, pensando en el país, pensando en el pueblo uruguayo, por encima de las opiniones individuales de cada uno. Hoy las cosas han cambiado. Aquel hombre murió como consecuencia de su impotencia frente a las fuerzas que – traicionando lo que su partido prometiera previamente a los comicios – le hicieron imposible soportar la tremenda violencia moral que la contradicción le imponía y al poder accedieron los que nada representaban, como no sean los intereses económicos, financieros y de sujeción a los dictados del exterior que – más que nunca – nos acercaron al promedio de lo que las naciones de América Latina han sido hasta el momento.

 

Creo que este texto muestra la conciencia institucional de la Universidad de la República – con Maggiolo a la cabeza – en relación a los tiempos que se vivían y a la importancia de reafirmar la convivencia democrática como único camino de construcción del futuro, ante la posibilidad cierta de una dictadura, como luego nos tocó padecer.

 

Como estoy terminando, haré una breve referencia al pensamiento de Maggiolo, quizás a la parte más conocida o más divulgada de su pensamiento, sobre el papel del conocimiento científico en la construcción de la sociedad del futuro. Decia Maggiolo al respecto y creo que – en relación a esto – refiere también el poema (que también desconocía) de Amanda Berenguer, dedicado a Maggiolo, donde interpreto (cosa que está muy mal hacer con la buena poesía pero tengo esa mala costumbre – risas - ) que esta idea que Maggiolo presenta en el texto que voy a leer, del ingenio adecuadamente cultivado, luchando contra la desventaja que representa tener escasos recursos materiales y un minúsculo mercado interno, constituye ese “batiscafo-sonda” que vivifica lo sumergido – al decir de Amanda Berenguer - en el poema que este libro nos presenta y que recomiendo leer. Es sugerente – seguramente – de otras cosas, también.

 

Decía Maggiolo: “un país como el Uruguay, de escasa superficie, escaso número de habitantes, es imposible si no se le concibe integrado en la región continental. Su posibilidad de existencia no estará más que cimentada – muy secundariamente – en la riqueza de su subsuelo o en lo que produzcan las estructuras de sus praderas naturales y artificiales. En cambio es fácil concebir que nos espera un futuro adecuado dentro de la región, si podemos promover un alto grado de tecnificación en nuestro potencial humano. Este deberá ser capaz de competir en el campo internacional por el poder del ingenio adecuadamente cultivado en la Universidad, luchando contra la desventaja que representa tener escasos recursos materiales y un minúsculo mercado interno. (frase que cité antes) Por eso, si bien ciertas naciones poderosas en cuanto a su superficie, población y riquezas naturales, podrían darse el lujo de no preocuparse mayormente por su porvenir científico, el Uruguay no puede hacerlo. Tomar conciencia de este hecho y tomar decisiones acordes con la gravedad de la situación, es un punto crucial que – a no dudarlo – definirá nuestro porvenir dentro del panorama mundial y – particularmente – en el continental.

 

Estas ideas que acabo de leer están en el centro del pensamiento de Maggiolo y remiten – inevitablemente – a las ideas del forjador de nuestra escuela pública y protagonista insoslayable de nuestra historia cultural – José Pedro Varela – quien en los últimos párrafos de su obra de “Nuestro Estado actual y sus causas”, decía: “…el medio millón de habitantes que tiene la República, ¿no pesará con un triple o cuádruple poder en la balanza de los pueblos americanos, si con una inteligencia cultivada por la instrucción explotan todas las riquezas de nuestro suelo y se apropian de las conquistas de la industria moderna y pusieran en juego todas las fuerzas que proporcionan el estudio del saber y la ciencia? Es un sueño, tal vez, que no nos será dado ver realizarse en nuestros días, ni acaso nunca, pero que sin embargo acariciamos en nuestro espíritu, consagrándole nuestros más decididos esfuerzos”.

 

Es un sueño – tal vez – decía Varela. Pero un sueño digno del más legítimo patriotismo, el que nos hace ver en el porvenir, a nuestro país pequeño – por el número de sus habitantes y aún por la extensión de su territorio – pero marchando al frente de los pueblos por su instrucción, por su saber, por su laboriosidad y por su industria.

 

Guarda finalizo diciendo; que a realizar este sueño nos convoca la memoria de Oscar J. Maggiolo y que este valioso libro, editado por el Archivo General de la Universidad, tanto contribuye a forjar.

 

*Fotos: Portada; Vania Markarian (AGU).

           Pagina; Rafael Guarga/Rodrigo Arocena/Markarian

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