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El sistema educativo vs
el desarrollo nacional
Prof.
Mag. Ana Barone

La educación debemos
entenderla como la herramienta social y de
naturaleza pedagógica para generar mujeres y hombres
libres, para una sociedad libre.
En definitiva cómo en
un proceso de enseñanza y aprendizaje logramos
modificar la materia humana que recibimos y la
convertimos en un ser pensante, crítico, reflexivo,
participativo, positivo, solidario, humano y
fundamentalmente comprometido con la democracia.
Podemos asegurar que
la educación representa una de las mejores
herramientas para la promoción social y económica,
es la gran esperanza de la sociedad para una mejor
calidad de vida.
Pero lamentablemente
podemos constatar que los procesos educativos, tanto
formales como informales, no son todo lo pertinente
que deberían ser y su calidad no se podría calificar
como la de un proceso de excelencia, como lo han
demostrado recientemente los test y mediciones
internacionales.
Debemos aspirar y lograr una
educación de calidad que supere el
momento actual, educación que
vinculamos y relacionamos con una educación
progresista.
El mandato que la
sociedad le impone a la educación pareciera ser
“Conservar los valores, pero promover el cambio”.
La educación debe ser apoyada desde todos los
niveles y sectores desde donde podamos hacerlo, ya
que la misma se presenta como una de las
herramientas más efectivas y potentes para el logro
del desarrollo integral de la sociedad.
Se detectan como
obstáculos para lograr el Desarrollo Nacional:
métodos educativos anticuados, caracterizados sobre
todo por el aprendizaje pasivo; contenidos
orientados casi exclusivamente a la obtención del
grado, con un predominio de lo académico en desmedro
de la tecnología y la técnica; evaluación nula o
deficiente; presencia de docentes sin la formación
adecuada y desmotivados por la percepción de
salarios muy bajos; centros docentes modelados al
margen del desarrollo social del país; currículos
educativos nacionales con enfoque urbano,
desvinculando la educación de la realidad rural;
etc.
Las crisis
económicas, el desbordamiento demográfico y la
emigración masiva a las ciudades han debilitado el
vínculo entre educación y trabajo, produciendo
fenómenos nuevos como aparición de individuos
educados pero desempleados; desplazamiento de
graduados de niveles superiores a empleos donde se
requieren estudios inferiores; fuga de cerebros
debida a que algunas universidades producen personal
altamente cualificado que no puede ser absorbido por
el escaso desarrollo tecnológico del país; carencia
de políticas educativas específicas, determinando un
sistema educativo que tiende a reproducir las
desigualdades.
Se debe implementar
un enfoque integrado entre el sistema educativo y
los progresos tecnológicos. El énfasis en educación
y en el conocimiento no debe ser sólo un servicio
social básico sino uno de los pilares del progreso
tecnológico.
La dinámica de la
llamada “sociedad del conocimiento” o “sociedad de
la información” se refleja necesariamente en el
sistema educativo.
En una época en la
que la información y el conocimiento han adquirido
una relevancia capital, ya no se puede confinar la
educación a una sola etapa de la vida, sino que es
necesario que se convierta en un elemento siempre
presente.
El Estado sigue
siendo el garante de todo este proceso y sigue
teniendo un papel que cumplir, no sustitutivo del de
los actores sociales sino concurrente.
El Estado debe ser
proveedor de los bienes públicos fundamentales para
un desarrollo económico y social sostenible: en el
plano económico, debe remover los obstáculos al
desarrollo y fomentar selectivamente la construcción
de un tejido industrial flexible y competitivo, sin
olvidar por ello su necesaria intervención en la
política económica.
Asimismo el Estado
debe atender a objetivos de redistribución de bienes
y servicios, materiales e inmateriales, afianzar
las bases del crecimiento mediante las políticas
sociales y velar para que la educación no refuerce
las desigualdades iniciales, buscando la equidad
social.
El gran desafío
consiste en procurar una educación acorde con los
cambios a enfrentar. Se debe formar una persona: con
profundo desarrollo de los valores éticos, morales y
sociales, con capacidad crítica para la resolución
de problemas y con dominio de los avances
científico-tecnológicos.
La enseñanza técnica
debe tender a cambios que apunten a una educación
que se concrete en planes de estudio que generen una
formación integral.
Se debe lograr una
educación técnica cuyos planes de estudio determinen
una efectiva formación integral, a través de una
enseñanza teórico-práctica actualizada, que se
adecue a las necesidades actuales del país, la
región y el mundo, capacitando para abordar las
innovaciones científico-tecnológicas y los desafíos
futuros que ellas implican y soluciones concretas al
principal problema que poseen actualmente los
jóvenes, “el empleo”, brindándoles reales
oportunidades y espacios concretos en la sociedad
Como conclusión la
educación en todos sus niveles debe poner énfasis en
la capacidad de los egresados para adquirir y
actualizar sus conocimientos, de modo de facilitar
su adaptación a condiciones cambiantes de la demanda
de empleo y de la situación social. Tres aspectos
deben ser priorizados: la vinculación lógica e
institucional del sistema educativo con el mercado
de trabajo; la diversificación y velocidad de
respuesta en la educación media y superior y la
jerarquización de la educación técnica y
profesional, orientada directamente a la demanda del
mercado de trabajo”.
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