|
La derecha populista
se expande en Europa
por Pere
Rusiñol*
La socialdemocracia acumula
derrotas históricas en sus
feudos tradicionales
La mayor
crisis del capitalismo desde el crack del 29 ha
empujado a la UE más a la derecha. Tres años después
del origen del sismo el 9 de agosto reventaron las
subprime en EEUU, la socialdemocracia acumula
retrocesos históricos y la derecha ha ganado más
plazas y se ha hecho más dura. Pero hay más: se
extiende con fuerza desconocida en votos e
influencia una nueva derecha populista cuyas
banderas (ultranacionalismo, cierre de fronteras,
islamofobia) se entremezclan con las de la extrema
derecha tradicional.
Las
elecciones europeas de junio de 2009 fueron ya un
avance de este termómetro político. Pero los
analistas subrayaban que había que ser precavido
porque se trataba de comicios con alta abstención y
considerados secundarios.
Sin
embargo, las elecciones generales han ido
confirmando la tendencia. En estos tres años se han
celebrado ya en 20 de los 27 países de la UE y,
salvo excepciones con dinámica propia, el giro a la
derecha se ha asentado.
La
socialdemocracia, que muy mayoritariamente abrazó
políticas económicas ortodoxas, ha encadenado
récords negativos, algunos en sus feudos
tradicionales: en Dinamarca, Austria, Luxemburgo y
Alemania obtuvo el peor resultado desde la II Guerra
Mundial. En Reino Unido y Holanda, el segundo peor.
Y eso sin contar que los peores mazazos de este
ciclo electoral los han recibido otros
socialdemócratas: en Hungría (cayeron 24 puntos) y
en Bulgaria (retrocedieron 13).
El
resultado de la derecha tradicional ha sido
desigual, aunque al alza. Pero en términos de poder,
ha conquistado las plazas clave: las locomotoras de
la UE. Ya tenía Francia, ha recuperado Reino Unido y
ha clarificado Alemania.
Y, sobre
todo, se ha endurecido ante la nueva competencia a
su derecha: los conservadores británicos han fundado
una internacional a la derecha del PP Europeo, el
sector más vinculado a la mano dura crece en
Portugal (CDS-PP), el Fidesz obtuvo una victoria
aplastante en Hungría agitando el euroescepticismo...
Presión
creciente
La
presión creciente a su derecha en variantes muy
diversas: populismo de derechas, derecha extrema,
extrema derecha es quizá el elemento más definitorio
del ciclo. En ocho países han logrado el mejor
resultado desde la II Guerra Mundial: Austria (suma
el 28,2%, repartidos en dos partidos), Hungría
(16,6%, con un crecimiento del 700%), Holanda
(15,5%, casi el triple de lo que tenía), Dinamarca
(13,9%), Lituania (12,68%), Bulgaria (9,4%), Grecia
(5,63%) e incluso Reino Unido, donde pese a seguir
como extraparlamentarios la suma del racista BNP y
el populista UKIP alcanzó el 5%.
El salto
no es sólo cuantitativo. En dos países de sólida
tradición democrática como Dinamarca y Holanda, los
respectivos gobiernos conservadores dependen de los
ultras en el Parlamento. Y la mancha se extiende: la
ultraderecha sólo sigue por debajo del 1% en
Irlanda, España, Portugal y Malta, aunque ello no
necesariamente indica que queden fuera de la
tendencia.
"Creo
que la opinión pública en España no es tan diferente
de la de los otros países; lo que sucede es que el
partido conservador [PP] intenta atraerse estos
votos", opina Marcel Lubbers, investigador de la
Universidad de Utrecht y uno de los mayores expertos
europeos en extrema derecha.
"En
todos los países de la UE la extrema derecha tiene
posibilidades de éxito. En todos hay cantidades
importantes de gente que se siente amenazada por los
inmigrantes, su cultura distinta, el islam o la
integración europea", opina. Y añade: "Todo ello
amenaza la idea uniforme de identidad nacional".
Aunque
Lubbers subraya que la clave reside en la cuestión
identitaria, la severa crisis económica se
convierte en el caladero ideal para la expansión de
la derecha extrema en todas sus variantes,
como subraya Sami Naïr, politólogo de la Universidad
de París VIII y ex eurodiputado socialista: "Estamos
en un campo de ruinas y con la izquierda
completamente desorientada. Ello abre la vía para
las aventuras y cualquier demagogo puede
aprovecharse de estos problemas".
Naïr
traza angustiosos paralelismos con páginas terribles
de la historia: "Lo vimos en 1923 en Italia y en los
años treinta en el resto de Europa: la ausencia de
política de izquierda en un contexto de crisis lleva
al auge de la extrema derecha".
El
prestigioso analista no oculta su temor: "Ya lo
vemos por todos lados: racismo, repliegue
identitario... Por la historia, conocemos la
situación. Y nos puede llevar al abismo".
Josep
Fontana, catedrático emérito de Historia de la
Universidad Pompeu Fabra, cree que la gran
diferencia con los años treinta es la falta de
alternativas en la izquierda que parezcan viables:
"Contra la economía de planificación centralizada no
se podía luchar con las recetas del mismo sistema
que había engendrado la crisis, de manera que el
miedo a la alternativa, con sus consecuencias
políticas y económicas, permitió que fórmulas más
radicales, como las del fascismo, encontrasen un
apoyo más amplio".
"Reforzar el miedo"
"Ahora",
explica el catedrático, "la función de la extrema
derecha es más bien la de aumentar el miedo al
futuro y reforzar, con ello, las posibilidades de la
derecha conservadora".
A
Fontana no le sorprende que la crisis por los
desmanes del neoliberalismo haya derivado
paradójicamente en un giro a la derecha. Primero,
porque "la crisis económica ha significado un
fracaso para aquellos gobiernos de matiz
socialdemócrata que se habían ofrecido a gestionar
mejor una economía neoliberal" y que ahora se han
quedado sin "recetario".
Y
segundo: "El malestar por la situación a la que se
ha llegado y, sobre todo, el miedo a un futuro
aún peor, es lo que asegura
tradicionalmente el voto a la derecha conservadora,
que es la que suele salir beneficiada de estas
situaciones".
El
historiador Xavier Casals, que monitorea la
evolución de la extrema derecha mundial en su blog (xaviercasals.wordpress.com),
advierte de que el fenómeno es muy moderno: "No es
el retorno del fascismo, sino que se trata de
fenómenos emergentes". Y, en su opinión, lo que
sucede es de fondo y, por tanto, importante: "Estos
partidos no son la causa de la crisis del sistema
democrático. Son su consecuencia".
*Fuente: Pueblo es
LA
ONDA®
DIGITAL |