Sacudida; un gobierno 2.0
necesita un Frente Amplio 2.0
por el Ing- Eduardo Vaz

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Según los entendidos en informática y redes, desde hace un lustro hemos ingresado a la fase 2.0 del desarrollo de la Web, también llamada Web social. Esto significa un salto cualitativo en lo referido a las tecnologías de la información y comunicación (TIC) que han desplegado un conjunto de nuevas herramientas que apuntan en dirección del trabajo colaborativo, además de autónomo, creativo e innovador del usuario final. Basta ver el desarrollo de las redes sociales como Facebook o Twitter –hay otras– donde millones participan en todas partes del globo en torno a cualquier tema, o la diversidad de herramientas para la oficina, el diseño, el cálculo, las artes, el entretenimiento.

 

Los usuarios de las TIC logran resolver problemas cada vez más complejos, antes reservados a especialistas, que van desde disfrutar de una película “bajada” de la red a la producción gráfica –videos, fotos, animaciones y presentaciones–, desde escuchar música a producirla en “verdaderos” estudios de grabación; pueden acceder a la lectura de obras clásicas y a la creación de textos e hipertextos que van rompiendo los códigos de la estructura tradicional, secuencial y unidireccional, hacer un cursillo de cocina o una maestría con reconocimiento internacional. En la Web hay juegos individuales y colectivos en red, blogs, fotologs, correos, telefonía con imagen directa y todo lo que la imaginación pueda sugerir.

 

Como no podía ser de otra manera, la política se ha visto sacudida por semejantes avances. Tanto por campañas donde las TIC juegan un rol decisivo, como en España para el triunfo de Zapatero cuando la mentira del derechista PP sobre los atentados de Al Qaeda atribuyéndolos a ETA, la más reciente de Obama consiguiendo que millones de estadounidenses participaran activamente en la movilización electoral y aportaran financieramente, o la modesta experiencia uruguaya de las Redes Frenteamplistas que sacudieron a todo el país sin más estructura que las TIC, y la vasta red social y política preexistente.

 

Poder, podemos

Ahora se trata de algo más: gobernar aprovechando las nuevas realidades. La gente mostró su potencial electoral y consiguió grandes victorias para candidatos que, coincidentemente, se identificaron con un cambio progresista y de izquierda. El tema es que se puede seguir de largo y encarar tareas propias de gobierno, antes reservado a las elites conformadas por doctores o cuadros políticos altamente especializados. Se puede participar directamente en todos los asuntos pues existen los medios concretos y no se necesita mucho más que una ciudadanía responsable. Nunca tan cercana la formulación de Lincoln sobre la democracia como gobierno del pueblo, por el pueblo y para el pueblo.

 

El gobierno 2.0 es la concreción de ese espíritu colaborativo, participativo, transparente, democrático, libertario que la izquierda siempre soñó y las condiciones culturales actuales, tanto materiales como espirituales, pueden hacer realidad a condición de que exista voluntad política. Hay fundamentos para transformar el individualismo egoísta que promovió el neoliberalismo al extremo y que el capitalismo recrea a diario, en una individualidad solidaria y responsable con el entorno en su sentido más amplio: desde el cuidado personal al de la familia, del barrio al país, del ahorro energético a los problemas de la contaminación.

 

El “no nos dejen solos” de Tabaré, repetido por Astori el 1º de marzo y reivindicado por Pepe hasta el cansancio, requiere un ida y vuelta imprescindible en esta nueva etapa. El gobierno necesita de la colaboración ciudadana para desarrollar sus planes de transformación; como nunca antes es necesario que las fuerzas productivas  y sociales, se hagan protagonistas del proyecto.

 

El voluntariado y todo el conjunto de redes de participación existentes deben jugar otro papel, de lo contrario no alcanzarán las fuerzas para semejante tarea. Ya no es un problema de principios exclusivamente, participación y colaboración son las claves del éxito: terminar con la marginación, bajar la pobreza a la mitad – ¡cuánto falta aún para erradicarla!– y demás propuestas que el pueblo mayoritariamente votó, no se logran con un crecimiento vegetativo.

 

Estos desafíos se afrontarán con éxito siempre que las estructuras estatales realicen la tan mentada reforma, que las organizaciones políticas y sociales se actualicen, que nuestro FA, especialmente, incorpore el espíritu revolucionario que le dió razón de ser y hoy no encuentra medios para expresarse.

 

  Debemos propiciar el meterete: que la gente haga suyo el barrio, la alcaldía, la ciudad, el país, el Estado, el partido político, el centro educativo, el club de fútbol, las empresas estatales. Que la gente reclame buenos servicios públicos y privados, que no aguante más la mala atención en ningún lado, que no se banque la inoperancia y la burocracia, que no soporte la ciudad sucia ni las explicaciones para bobos que se dan tantas veces. Y que se meta a corregir, a cambiar desde su perspectiva, con su creatividad. Sólo así habrá un país de primera, con el inconformismo racional de la gente y su participación real, organizada a su manera, haciéndose cargo de su vida tras un proyecto de país como el que vamos transitando pero con mayores miras aun.

 

En síntesis, una cultura de responsabilidad ciudadana que se exprese en todos los ámbitos –ahora le llaman empoderamiento– en torno a un programa nacional de desarrollo. Somos el país del Ceibal y la celeste de Sudáfrica, necesitamos el Plan Cardales y otra educación para avanzar hacia una sociedad del conocimiento, libre y democrática que persiga el bien común (1) o la pública felicidad, como decía Artigas; que no será el paraíso terrenal pero deberá ser necesariamente mejor que la que heredamos en 2010.

 

Hoy, el FA es el eslabón débil del proyecto político de los cambios: nos ganó la desconfianza entre nosotros mismos, nos burocratizamos, nos separamos del pueblo en el quehacer político cotidiano, nos enojamos con las formas nuevas de expresión y participación que surgen. Necesitamos un nuevo contrato que nos haga sentir bien a todos, cómodos, entusiasmados, porque es más rico que lo que tenemos hoy, más amplio -para dar cabida a fuerzas que aun siguen sin sumarse a este proyecto que los necesita-, más fraterno y unitario. Especialmente, más respetuoso de la diversidad: si bien es cierto que hay muchos grupos políticos, debemos cuidar que no se mutile el pluralismo y no se reduzcan los espacios para  quienes quieran hacer su grupo, su lista, su comité, su Red. La cuestión es sumar fuerzas y no reducirlas, abrir espacios y no cerrarlos, en fin, entender que la sociedad es cada día más diversa y la gente tiene capacidad de organizarse y hacer política de infinitas maneras. El desafío es que el FA nos siga conteniendo a todos, nos represente a todos, nos habilite a todos.   

 

¿Estamos dispuestos en la izquierda a hacernos cargo del asunto en toda su extensión imaginable, es decir, colaborar decididamente, promover la más amplia participación, transparentar y democratizar el accionar en todos los terrenos impulsando, en primer lugar para nosotros mismos, esta forma de ser y de actuar?

 

Sin una verdadera metamorfosis, como reclama Morin (2) para toda la sociedad, difícilmente habrá país de primera por más gobierno honrado que tengamos.

 

Tema vinculante: La Sociedad Red

(1) Declaración por el bien común,François Houtart. http://www.observatoriodelacrisis.org/readarticle.php?article_id=159

(2) Elogio de la metamorfosis, Edgar Morin, El País de Madrid, 17/01/2010.

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