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Francia y la inconclusa
independencia de África
por José
Naranjo
La independencia Africana hace ya
mucho tiempo que es objeto de estudio y análisis
desde diversos medios sin que ninguno agote esa tan
compleja y aun inclusa independencia democrática que
se merece ese rico continente
en lo humano y material.
Lo que sigue es el trabajo del
comunicador José Naranjo para GuinGuinBali donde
trata lo que denomina Françafrique ó Franciáfrica -
donde repasa algunas de las injerencias más graves
de Francia en ese continente en los últimos 50 años,
así como en sus principales
protagonistas
Independencias
vs. Franciáfrica (I)
El 1 de agosto de
1960, París conservaba aún buena parte de sus
posesiones territoriales en África. Diecisiete días
después, la gran Francia colonial estaba reducida a
rescoldos tras el nacimiento de nada menos que ocho
nuevos países en dos semanas, que estos días
celebran sus independencias. Era el borboteo que
anunciaba el fin de una época.
El pasado 14 de julio
se celebró la fiesta nacional francesa en París.
Allí, bajo una lluvia persistente e invitados por el
presidente Nicolas Sarkozy, desfilaron este año las
tropas de 13 países africanos para recordar que en
2010 se cumplen 50 años de sus independencias. La
sorprendente imagen que dio la vuelta al mundo, y
que ha indignado a media África, fue la de todos
estos líderes africanos junto al presidente francés.
Como decía recientemente Alain Pierre, "aquellos que
fueron expoliados festejándolo en casa del intruso".
El joven senegalés
Ndiawar Seck, líder del grupo musical Chapa Choly,
tiene su propia opinión al respecto."Allí estaban
casi todos junto al presidente de Francia. Había
criminales, asesinos y corruptos”, asegura. Entre
otros se encontraban Idriss Déby (Chad, 20 años en
el poder en un país sumido en la guerra y la
corrupción), Blaise Compaoré (Burkina Faso, 23 años
como presidente tras asesinar a su antecesor), Paul
Biya (Camerún, 18 años como presidente), Faure
Gnassibngbé (Togo, 5 años en el poder, pero sumados
a los 25 que estuvo su padre suman 30) y Abdoulaye
Wade (Senegal, 10 años en el poder, ya prepara el
relevo para su hijo Karim).
Pero lo que más
ofende y molesta a Seck, igual que a muchos jóvenes,
es esa imagen de sumisión de los líderes africanos
que, a su juicio, no representan al continente.
“África no necesita ayuda, sino libertad; no
necesita cooperantes, sino presidentes que crean en
África”, dijo Seck.“¿Por qué vamos a olvidar el
pasado colonial, si lo que vivieron nuestros abuelos
lo estamos viviendo ahora, pero de otra manera?
Podemos perdonar, pero no olvidar”, añade.
El 1 de agosto de
1960, Francia aún conservaba buena parte de sus
colonias en África. Sólo 17 días después, las había
perdido casi todas. De aquellas dos semanas que
sacudieron a este continente se cumplen ahora
cincuenta años. En esas dos semanas, nada menos que
ocho colonias se declararon independientes de París
para alumbrar ocho nuevos países: Benín, Níger,
Burkina Faso, Costa de Marfil, Chad, República
Centroafricana, República del Congo y Gabón.
Las colonias que
quedaban, cayeron en los meses siguientes. Ahora
bien, la pregunta que se hacen todos, la pregunta
que se hacen Alain Pierre, Ndiawar Seck y tantos
otros, es: ¿realmente lograron su independencia? Y
la respuesta no está clara en absoluto. “No se puede
hablar de independencias si hoy nuestros jóvenes
tienen están muriendo en el fondo del mar para
llegar a Europa”, remata Seck.
Hay infinidad de
datos que revelan que Francia sigue ejerciendo un
peso y una influencia decisiva en la mayor parte de
sus ex teritorios de ultramar, algo que no ocurre
con otras ex potencias coloniales. Sólo el hecho de
que en estos países se siga funcionando con una
moneda, el franco CFA, cuyas reservas se guardan en
París nos da una idea de cómo funcionan las cosas.
Esta moneda, que nació como Franco de las Colonias
Francesas en 1945, sigue existiendo y ha llegado
hasta nuestros días en 14 países africanos (12 ex
colonias francesas más Guinea Ecuatorial y Guinea
Bissau).
En la actualidad,
mantiene un tipo de cambio fijo respecto al euro,
moneda a la que está fijada porque antes lo estaba
al franco francés. Es el Tesoro francés quien
garantiza su convertibilidad y donde se guarda el
65% de sus reservas. Como contrapartida, las
autoridades francesas participan en la definición de
la política monetaria de las dos zonas de Francia
(Oeste y Centro) donde rige el franco CFA. ¿Es esto
independencia?
Este control
económico no es sino la cara más visible de algo que
se ha venido denominando la Françafrique, traducido
al español como Franciáfrica. Este término fue
acuñado por el primer presidente de Costa de Marfil,
Félix Houphouët-Boigny, en 1955 para referirse a la
privilegiada relación entre Francia y sus todavía
colonias. En su discurso, tenía un sentido positivo.
Sin embargo, el
fundador de la ONG francesa Survie, François-Xavier
Verschave, dio a este término un sentido
completamente distinto en su libro La Françafrique,
el escándalo más grande la República (Stock, 1998),
en el que definía a la Franciáfrica como "la
criminalidad secreta que existe en las altas esferas
de la economía y la política francesas, donde una
especie de República subterránea se esconde de la
vista".
Las alcantarillas del
Elíseo II
Las ramificaciones de
la Françafrique, esa especie de nebulosa de
oscuros intereses públicos y privados franceses
en el continente cuyo timón se ha manejado siempre
desde el Elíseo, se han extendido a lo largo de
estos cincuenta años. Para beneficiar a estos
intereses, Francia no ha dudado en apoyar a
dictadores, participar en asesinatos y alentar
genocidios, como el de Ruanda. Ejemplos de ellos hay
muchos y variados. Pero siempre que se habla de
estos temas hay que poner el foco sobre un siniestro
personaje, de nombre Jacques Foccart.
Considerado el brazo
ejecutor de la Françafrique entre 1958 y 1974,
Foccart, apodado señor África, era uno de los
hombres de confianza del general Charles de Gaulle.
Fue fundador, junto a Charles Pasqua y otros, del
Servicio de Acción Cívica (SAC), una especie de
agencia parapolicial al servicio de De Gaulle que
tenía como misión la protección personal del general
y de los altos cargos del partido, Sin embargo, en
la práctica, sus técnicas incluían desde infiltrarse
en la sociedad civil para la denuncia y
desarticulación de los movimientos de izquierda
hasta el espionaje puro y duro, pasando por el
asesinato, la extorsión o los fraudes. Y Foccart
siempre mantuvo el control.
Su estreno
internacional fue la guerra de Argelia. El SAC se
unió sin ambages a la lucha contra los
independentistas argelinos del FLN, pero tras el fin
de la guerra y el nacimiento de Argelia, el SAC
tenía mucho trabajo por hacer en las recién
independizadas ex colonias francesas, especialmente
tras el fracaso de la Comunidad Francesa, un intento
de Commonwealth gala que no duró mucho tiempo.
Entonces, se buscó otro método. Mediante comisiones,
sobornos y asignación de fondos públicos, el
gobierno gaullista logró mantener en el poder a
regímenes profranceses en todos los nuevos países. Y
allí donde no lo lograba, financiaba a grupos
rebeldes para que llevaran a cabo golpes de estado.
La idea, en definitiva, era seguir manteniendo el
control.
Entre los logros
atribuidos a Foccart se cuentan la eliminación del
presidente de Togo, Sylvanus Olympio; el apoyo al
dictador de Zaire (hoy República Democrática del
Congo) Mobutu Sese Seko; su respaldo a la secesión
de Biafra, en Nigeria, por intereses económicos
franceses, lo que dio lugar a una guerra con un
millón de muertos; la muerte de o la injerencia
activa en Camerún, tanto con el asesinato por parte
de los servicios secretos franceses del líder
marxista Félix-Roland Moumie como con su
participación militar en el conflicto contra la UPC
y en apoyo del presidente Ahidjo... Y éstos son sólo
algunos ejemplos.
Survie
Para tener una rápida
visión de algunas de las injerencias galas en África
durante estos años es muy recomendable la
recopilación de conferencias de François-Xavier
Verschave, auténtico creador del término
Françafrique en su acepción actual. Verschave, líder
de la asociación Survie, lo definía, muy
acertadamente, como “un iceberg. Está la cara de
arriba, la parte emergida del iceberg: la Francia
mejor amiga de África, la patria de los Derechos
Humanos, etc. Y luego, está ese 90% de la relación
que está sumergido; la unión entre los mecanismos de
mantenimiento de la dominación francesa en África
con los aliados africanos”.
Foccart sobrevivió
políticamente a De Gaulle y se mantuvo en el cargo
de consejero para asuntos africanos durante la
Presidencia de Georges Pompidou, pero en 1974 el
presidente Giscard d'Estaing le releva por fin y
nombra a René Journiac, quien sigue los pasos de su
maestro Foccart en países como Benín, con una
tentativa fallida de invasión con participación de
mercenarios franceses para derrocar al régimen
socialista de Mathieu Kérékou, y el protagonismo
francés en la operación militar Barracuda, que
repone en 1979 en el cargo de presidente de la
República Centroafricana a David Dacko, una
auténtica marioneta en manos galas. El 6 de febrero
de 1980, Journiac murió en un misterioso accidente
de aviación en el norte de Camerún.
El 21 de mayo de
1981, el socialista François Mitterrand se convierte
en nuevo presidente de Francia y nombra a Guy Penne
su consejero para África. Sin embargo, en esos años
emerge la figura de Jean-Christophe Mitterrand, hijo
primogénito del presidente, quien entre 1973 y 1982
ejerció como periodista para France Press en África
occidental. Penne le llama al Elíseo y se convierte
en su ayudante hasta 1986, año en que le releva como
consejero plenipotenciario para asuntos africanos. A
Mitterrand junior se le conoció en esa época como
Papamadi (alteración de la frase Papa m'a dit, es
decir, papá me ha dicho, lo que deja bien a las
claras su manera de conducirse en el continente).
Muerte de Thomas
Sankara
Coincidiendo con el
debut de Jean-Christophe como consejero para África,
y con la rehabilitación temporal de Foccart en el
Elíseo de la mano de Jacques Chirac, se produce el
asesinato de Thomas Sankara en Burkina Faso, que
contó con el apoyo y la complicidad de Francia,
encarnada en la figura del nuevo presidente burkinés,
Blaise Compaoré, y asesino de su antecesor, gran
amigo de la causa gala.
Jean-Cristophe
mantenía unas excelentes relaciones con el senador
Charles Pasqua, uno de los fundadores de la SAC
junto a Foccart, y ambos siguieron ejerciendo el
control francés sobre los países africanos a su
particular manera. El Angolagate es el mejor ejemplo
de ello. A finales de los noventa se destapó este
caso por la venta ilegal de armas por parte de
Francia a Angola por valor de 790 millones de
dólares, en el que además de Mitterrand junior y
Pasqua estaban implicados, entre otros, el consejero
de François Mitterrand, Jacques Attali, y los
empresarios Pierre Falcone y Arcadi Gaydamak, estos
últimos como principales acusados. El hijo del
presidente galo fue acusado y condenado por tráfico
de influencias y por cobrar comisiones millonarias
derivada de esta venta de armamento soviético.
Y es que todo este
tinglado, montado con participación de la CIA e
incluyendo la entrada en combate de mercenarios
franceses, estaba dirigido al enriquecimiento de
unos pocos y al beneficio de grandes empresas
francesas, como la petrolera Elf, con enormes
intereses en la extracción petrolífera en África,
dispuestas a apoyar a los sucesivos presidentes
franceses, como De Gaulle, Chirac, Pompidou o
Mitterrand. Ello incluía, como se demostró
precisamente en el caso Elf-Total-Fina, el tráfico
de armas y otras actividades ilícitas relacionadas
con el juego, la corrupción y el tráfico de
influencias.
También en los años
noventa, militares franceses participaron de forma
directa en el genocidio de Ruanda, cuando el
ejército ruandés (hutu) masacró a cerca de un millón
de tutsis y hutus moderados. No sólo sabían
perfectamente que se estaba preparando un genocidio,
sino que formaron a los soldados ruandeses en las
técnicas necesarias para asesinar a los tutsis,
participaron en las maniobras y luego, mediante la
Operación Turquesa, ayudaron a los asesinos a
escapar del país.
El auténtico
heredero del espíritu y la práctica del foccartismo
(Jacques Foccart muere en 1997) es Robert Bourgi,
abogado francés de origén libanés nacido en Dakar
(Senegal) e hijo de Mahmoud Bourgi, un empresario
con quien Foccart hizo buenos negocios. Bourgi fue
gran amigo del presidente de Gabón, Omar Bongo, y lo
es en la actualidad de los presidentes de Senegal,
Abdoulaye Wade, y de la República del Congo, Dennis
Sassou-Nguesso. Este ambicioso abogado ha sabido
desempeñar muy bien su papel. Crecido a la somba de
Chirac y luego de Dominique de Villepin, en
septiembre de 2005 se pasó al bando de Nicolas
Sarkozy, para quien gestiona, actualmente, los
asuntos africanos de la República francesa.
Y lo hace al mejor
estilo Foccart. Hace unos años, acompañó a Karim
Wade, hijo del presidente senegalés, al despacho de
Sarkozy. De allí salió un jugoso contrato para la
construcción de una central nuclear en Senegal por
parte de las empresas francesas Areva, Bouygues y
EDF. A cambio, el delfín del presidente Wade, que ya
se postula para relevar a su anciano padre y que
lidera la corriente interna llamada Generación del
Concreto del Partido Demócrata Senegalés (PDS),
lograba una codiciada foto junto al 'patrón' Sarkozy.
Otro dato llamativo
de Robert Bourgi es que su hermano Albert es editor
de la famosa revista francesa sobre África, Jeune
Afrique, considerada como una herramienta más de la
política exterior francesa. De hecho, son muy
llamativos en esta revista, por ejemplo, los
dossieres muy positivos sobre Marruecos, gran aliado
francés, que publica periódicamente Jeune Afrique en
los que, entre otras cosas, se obvia por completo la
violación de los Derechos Humanos en los territorios
ocupados del Sahara y se considera a la ex colonia
española como parte del reino alauí, algo a todas
luces ilegal según la legislación internacional.
Precisamente en el
contencioso del Sahara se pone de manifiesto la
manera en que el Elíseo ignora los derechos de los
africanos. Francia lleva años jugando el papel de
árbitro, pero también de aliado, de las dos grandes
potencias que se disputan la supremacía del Magreb
occidental, Marruecos y Argelia, en los que París se
juega muchísimo económicamente. Por eso, Rabat sabe
que cuenta en los galos con uno de sus grandes
apoyos.
Este hecho se puso
bien a las claras en una reciente reunión del
Consejo de Seguridad de Naciones Unidas, en la que
la mayoría de los países, incluído España, pretendía
incluir la cuestión de los Derechos Humanos entre
las competencias de la Misión para el Sahara de
Naciones Unidas (Minurso), la única misión
internacional en el mundo que no vela por ellos. Sin
embargo, el veto francés impidió esta ampliación de
competencias, lo que permite a Marruecos hacer y
deshacer en los territorios ocupados, empleándose
allí con gran violencia contra la población civil
que defiende la celebración de un referéndum, tal y
como ha fijado la ONU.
Bourgi, pero también
Bolloré
Bourgi es uno de los
eslabones de la Françafrique que llegan hasta
Sarkozy, hasta la actualidad. Pero hay otros que, al
más puro estilo Foccart, operan en la sombra. Es el
caso del multimillonario empresario Vincent Bolloré,
íntimo amigo del presidente francés y que se hizo
mundialmente famoso por prestar su yate de lujo a
Sarkozy para que pasara sus vacaciones justo después
de que éste ganara las elecciones. El grupo Bolloré
está implantado en una cuarentena de países
africanos, especialmente en Costa de Marfil,
República del Congo, donde es la principal empresa
productora de petróleo, Gabón y Camerún. En este
último país controla el puerto de Douala y el
servicio ferroviario y participa en las plantaciones
de palmeras a través de la sociedad Socopalm.
Asimismo, mantiene la fundación de la esposa del
presidente camerunés Paul Biya, Chantal Biya, y
gestiona una radio muy próxima al poder.
La incursión y
presencia de Bolloré en medios de comunicación es
muy conocida en Francia. Controla buena parte del
grupo Havas, desde donde ha lanzado la cadena de
televisión Direct 8 y los periódicos gratuitos
Direct Soir y Matin Plus, todos ellos muy benévolos
con Sarkozy. Asimismo, participa en empresas de
publicidad, sondeos televisivos y encuestas, lo que
le da una gran capacidad de influencia en la opinión
pública francesa.
Uno de los temas más
espinosos de las independencias africanas es la
amplísima presencia militar francesa en África, con
unos 10.000 soldados en la actualidad, planteada
inicialmente y en muchos países como necesaria para
la defensa ante enemigos exteriores, pero que, en la
práctica, ha servido en estos cincuenta años para
operaciones de "contrainsurgencia" contra la
población civil o contra rebeldes (Chad y República
Centroafricana son ejemplos muy recientes) o para
servir, directamente y sin ambages, a los intereses
de la France. En Senegal, por ejemplo, la presencia
de bases francesas es un tema que indigna a mucha
gente y el propio presidente Wade se ha visto
forzado a prometer su desmantelamiento para este
mismo año, lo que aún no ha ocurrido en la práctica.
Un discurso
denigrante
Cuando Nicolas
Sarkozy llegó al poder manifestó su intención de
separarse de sus antecesores en lo que a África
respecta. Habló de una relación "transparente" y
"alejada de los cauces oficiosos que tanto daño han
hecho" en el pasado. Sin embargo, en su primera
visita al África subsahariana, en el verano de 2007,
el presidente ya mostró el colmillo con un discurso
denigrante para los africanos, pronunciado en la
universidad Cheikh Anta Diop de la capital
senegalesa. Entre otras lindezas, aseguró que "el
drama de África es que el hombre no ha entrado lo
suficiente en la Historia", obviando milenios de
riquísima historia africana) y redujo al africano a
un pobre campesino que se deja llevar por las leyes
de la naturaleza. Lo increíble fue que nadie se
levantara de su asiento ante tanto insulto.
En la actualidad,
nuevos y potentes actores económicos intervienen en
el continente. Es el caso de Brasil, Rusia o China,
por citar algunos casos de los conocidos países
emergentes o BRIC. Y las viejas potencias coloniales
están preocupadas de perder sus relaciones de
privilegio con sus ex colonias, que tantos
beneficios les han generado. Todos parecen estar
tomando posiciones en una guerra sorda por el
control, en la que el continente sigue siendo visto
como un solar para la extracción de materias primas.
Si Sarkozy pudiera haber albergado alguna intención
de renunciar a la Françafrique, esta feroz
competencia ha contribuido a quitárselo de la
cabeza.
Y en cuanto a los
sinuosos vericuetos de la política exterior francesa
en África, más de lo mismo. Como se ha visto, tanto
por quienes la ejecutan como por la manera de
hacerlo, tanto en la política como la economía,
Francia sigue moviéndose en varios niveles en el
continente que antaño dominara con la colonización.
Como decía el politólogo francés Aziz Fall en una
reciente entrevista a GuinGuinBali, "con una mano
hace una cosa y con la otra lo contrario". Así, el
debate sobre las independencias africanas que se
celebran estos días de agosto de 2010 está tan
vigente como que aún no está claro, en absoluto, si
la mayoría de los países africanos, al menos los que
tuvieron a Francia como potencia colonial son,
realmente, independientes.
Parte III
El nexo entre Foccart
y Robert Bourgi,
consejero de
Nicolas Sarkozy
El auténtico heredero
del espíritu y la práctica del foccartismo (Jacques
Foccart muere en 1997) es Robert Bourgi, abogado
francés de origén libanés nacido en Dakar (Senegal)
e hijo de Mahmoud Bourgi, un empresario con quien
Foccart hizo buenos negocios. Bourgi fue gran amigo
del presidente de Gabón, Omar Bongo, y lo es en la
actualidad de los presidentes de Senegal, Abdoulaye
Wade, y de la República del Congo, Dennis Sassou-Nguesso.
Este ambicioso
abogado ha sabido desempeñar muy bien su papel.
Crecido a la somba de Chirac y luego de Dominique de
Villepin, en septiembre de 2005 se pasó al bando de
Nicolas Sarkozy, para quien gestiona, actualmente,
los asuntos africanos de la República francesa. Y lo
hace al mejor estilo Foccart. Hace unos años,
acompañó a Karim Wade, hijo del presidente
senegalés, al despacho de Sarkozy. De allí salió un
jugoso contrato para la construcción de una central
nuclear en Senegal por parte de las empresas
francesas Areva, Bouygues y EDF. A cambio, el delfín
del presidente Wade, que ya se postula para relevar
a su anciano padre y que lidera la corriente interna
llamada Generación del Concreto del Partido
Demócrata Senegalés (PDS), lograba una codiciada
foto junto al 'patrón' Sarkozy.
Otro dato llamativo
de Robert Bourgi es que su hermano Albert es editor
de la famosa revista francesa sobre África, Jeune
Afrique, considerada como una herramienta más de la
política exterior francesa. De hecho, son muy
llamativos en esta revista, por ejemplo, los
dossieres muy positivos sobre Marruecos, gran aliado
francés, que publica periódicamente Jeune Afrique en
los que, entre otras cosas, se obvia por completo la
violación de los Derechos Humanos en los territorios
ocupados del Sahara y se considera a la ex colonia
española como parte del reino alauí, algo a todas
luces ilegal según la legislación internacional.
Precisamente en el
contencioso del Sahara se pone de manifiesto la
manera en que el Elíseo ignora los derechos de los
africanos. Francia lleva años jugando el papel de
árbitro, pero también de aliado, de las dos grandes
potencias que se disputan la supremacía del Magreb
occidental, Marruecos y Argelia, en los que París se
juega muchísimo económicamente. Por eso, Rabat sabe
que cuenta en los galos con uno de sus grandes
apoyos.
Este hecho se puso
bien a las claras en una reciente reunión del
Consejo de Seguridad de Naciones Unidas, en la que
la mayoría de los países, incluido España, pretendía
incluir la cuestión de los Derechos Humanos entre
las competencias de la Misión para el Sahara de
Naciones Unidas (Minurso), la única misión
internacional en el mundo que no vela por ellos. Sin
embargo, el veto francés impidió esta ampliación de
competencias, lo que permite a Marruecos hacer y
deshacer en los territorios ocupados, empleándose
allí con gran violencia contra la población civil
que defiende la celebración de un referéndum, tal y
como ha fijado la ONU.
Bourgi, pero también
Bolloré
Bourgi es uno de los
eslabones de la Françafrique que llegan hasta
Sarkozy, hasta la actualidad. Pero hay otros que, al
más puro estilo Foccart, operan en la sombra. Es el
caso del multimillonario empresario Vincent Bolloré,
íntimo amigo del presidente francés y que se hizo
mundialmente famoso por prestar su yate de lujo a
Sarkozy para que pasara sus vacaciones justo después
de que éste ganara las elecciones. El grupo Bolloré
está implantado en una cuarentena de países
africanos, especialmente en Costa de Marfil,
República del Congo, donde es la principal empresa
productora de petróleo, Gabón y Camerún. En este
último país controla el puerto de Douala y el
servicio ferroviario y participa en las plantaciones
de palmeras a través de la sociedad Socopalm.
Asimismo, mantiene la fundación de la esposa del
presidente camerunés Paul Biya, Chantal Biya, y
gestiona una radio muy próxima al poder.
La incursión y
presencia de Bolloré en medios de comunicación es
muy conocida en Francia. Controla buena parte del
grupo Havas, desde donde ha lanzado la cadena de
televisión Direct 8 y los periódicos gratuitos
Direct Soir y Matin Plus, todos ellos muy benévolos
con Sarkozy. Asimismo, participa en empresas de
publicidad, sondeos televisivos y encuestas, lo que
le da una gran capacidad de influencia en la opinión
pública francesa.
Uno de los temas más
espinosos de las independencias africanas es la
amplísima presencia militar francesa en África, con
unos 10.000 soldados en la actualidad, planteada
inicialmente y en muchos países como necesaria para
la defensa ante enemigos exteriores, pero que, en la
práctica, ha servido en estos cincuenta años para
operaciones de "contrainsurgencia" contra la
población civil o contra rebeldes (Chad y República
Centroafricana son ejemplos muy recientes) o para
servir, directamente y sin ambages, a los intereses
de la France. En Senegal, por ejemplo, la presencia
de bases francesas es un tema que indigna a mucha
gente y el propio presidente Wade se ha visto
forzado a prometer su desmantelamiento para este
mismo año, lo que aún no ha ocurrido en la práctica.
Un discurso
denigrante
Cuando Nicolas
Sarkozy llegó al poder manifestó su intención de
separarse de sus antecesores en lo que a África
respecta. Habló de una relación "transparente" y
"alejada de los cauces oficiosos que tanto daño han
hecho" en el pasado. Sin embargo, en su primera
visita al África subsahariana, en el verano de 2007,
el presidente ya mostró el colmillo con un discurso
denigrante para los africanos, pronunciado en la
universidad Cheikh Anta Diop de la capital
senegalesa. Entre otras lindezas, aseguró que "el
drama de África es que el hombre no ha entrado lo
suficiente en la Historia", obviando milenios de
riquísima historia africana) y redujo al africano a
un pobre campesino que se deja llevar por las leyes
de la naturaleza. Lo increíble fue que nadie se
levantara de su asiento ante tanto insulto.
En la actualidad,
nuevos y potentes actores económicos intervienen en
el continente. Es el caso de Brasil, Rusia o China,
por citar algunos casos de los conocidos países
emergentes o BRIC. Y las viejas potencias coloniales
están preocupadas de perder sus relaciones de
privilegio con sus ex colonias, que tantos
beneficios les han generado. Todos parecen estar
tomando posiciones en una guerra sorda por el
control, en la que el continente sigue siendo visto
como un solar para la extracción de materias primas.
Si Sarkozy pudiera haber albergado alguna intención
de renunciar a la Françafrique, esta feroz
competencia ha contribuido a quitárselo de la
cabeza.
Y en cuanto a los
sinuosos vericuetos de la política exterior francesa
en África, más de lo mismo. Como se ha visto, tanto
por quienes la ejecutan como por la manera de
hacerlo, tanto en la política como la economía,
Francia sigue moviéndose en varios niveles en el
continente que antaño dominara con la colonización.
Como decía el politólogo francés Aziz Fall en una
reciente entrevista a GuinGuinBali, "con una mano
hace una cosa y con la otra lo contrario". Así, el
debate sobre las independencias africanas que se
celebran estos días de agosto de 2010 está tan
vigente como que aún no está claro, en absoluto, si
la mayoría de los países africanos, al menos los que
tuvieron a Francia como potencia colonial son,
realmente, independientes
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