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Los dolores del
Frente Amplio
por Raúl
Legnani
No son
buenas horas las que está viviendo el Frente Amplio,
porque para las mujeres y hombres de izquierda, los
temas que tienen que ver con la ética y la moral son
particularmente sensibles.
La
polémica que se ha desatado en torno al
comportamiento del doctor Gonzalo Fernández en
relación a lo que se ha dado en llamar el caso de
los hermano Peirano, muestra que esa sensibilidad
está a flor de piel y muchas veces no se expresa de
la mejor manera.
No hay
la menor duda de que hay zonas confusas en torno a
ese polémico asunto y que deberán ser aclaradas de
la forma más transparente, dándoles garantías a
todos. Pero lo que no puede pasar, como ha pasado,
es que haya un cierto disfrute del mal que le puede
ocurrir a otros, incluso siendo todos integrantes
del Frente Amplio.
Si el
creciente nivel de sectorización del Frente Amplio
lleva a que cada sector sea una capilla, una zona
reducida para ganarle espacios a otro, es el
comienzo del fin. Demorará más, demorará menos, pero
el fin estará allí esperando, para dar su zarpazo
final.
Los
posibles errores y horrores que los individuos y las
fuerzas políticas puedan cometer, cuando se está
dentro de una fuerza como el Frente Amplio, deben
ser atendidos entre todos y con la fraternidad
necesaria, lo que no quiere decir que hay que
ocultar los problemas y las posibles deficiencias si
es que las hubiere.
En estas
horas hubo frenteamplistas que se alineaban con uno
u otro actor del complejo caso, antes de tener todo
el panorama de lo que estaba ocurriendo y de lo que
había ocurrido. En este sentido seamos claros: a
Gonzalo Fernández se lo "fusiló" el viernes al
mediodía, sin conocer su opinión y sin haber leído
la nota de los colegas de Brecha.
Los que
hablaron públicamente y los que lo hicieron de forma
reservada, se olvidaron que todos los sectores y
todos los legisladores se habían equivocado en el
Parlamento.
Ya
sabremos, porque se va a investigar, sobre las
responsabilidades individuales si las hubo. Y se
actuará, seguramente, en consecuencia. Pero toda la
cuestión no puede quedar atrapada en el seguimiento
de la conducta de una persona, sino que el Frente
Amplio tendrá que revisar a fondo su funcionamiento
y no sólo en el ámbito legislativo.
Es
increíble que una fuerza política que cuenta con
recursos financieros no tenga un aparato técnico
rentado, que esté ayudando y asesorando
permanentemente a la dirigencia, a sus
parlamentarios, a los intendentes y a los
gobernantes.
No somos
tampoco de los que toman la bandera de la crítica
hacia los parlamentarios, porque para alguna gente
no tienen la capacidad suficiente para ser
representantes de la ciudadanía. Al Parlamento se
llega por los votos y no por el coeficiente
intelectual, el nivel cultural o académico. Si los
parlamentarios están bien preparados, mejor, pero si
no lo están es obligación de la fuerza política
poner junto a ellos a destacados técnicos, no para
que dirijan la política, sino para colaborar en esa
especie humana tan interesante que es el político.
Esta
carencia del Frente Amplio, que la tienen todos los
partidos políticos, está extendida en la sociedad.
Pasa a nivel empresarial, también en lo sindical y
en lo periodístico, por sólo nombrar algunos
sectores de la sociedad. Es una enfermedad nacional,
aunque también se exprese en otros rincones del
mundo.
Me
contaron una vez, que hace muchos años, en el Comité
Central del Partido Comunista, el dirigente Enrique
Pastorino dijo: "A la CNT le falta burocracia". Sólo
tenía dos o tres funcionarios rentados y apenas una
máquina de escribir. Hoy el PIT-CNT es otra cosa,
fundamentalmente porque tiene el Instituto Cuesta
Duarte. ¿No tendría que tener algo similar el Frente
Amplio?
Si bien
estas propuestas u otras son fundamentales para
mejorar el contenido de la política, seguramente no
salven a los hombres de sus debilidades, pero van a
ayudar a que las cosas puedan ser un poco mejor.
En esta
semana el Frente Amplio deberá encarar con rigor y
transparencia todo este complejo caso.
El
asunto a saber es si lo hará desde la grandeza y no
desde la pequeñez. Si elige pararse en la última
opción se estará ante una verdadera tragedia para la
izquierda y para el conjunto del pueblo uruguayo.
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