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Íngrid Betancourt y
el negocio editorial
por Lina
Vargas
El altísimo anticipo pagado por los derechos del
libro "No hay silencio que termine" de Íngrid
Betancourt, debe tener en ascuas a sus editores,
tras el odio despertado por su demanda, dice en este
análisis la periodista Lina Vargas de la Revista
colombiana Arcadia com, al repasar lo que esta
sucediendo con este libro de la ex secuestrada de la
FARC.
Con
un escape en medio de la selva. Así comienza No hay
silencio que no termine, el nuevo libro de Íngrid
Betancourt publicado por Aguilar, que se lanzará en
simultánea para América Latina el próximo
septiembre. Desde ya se rumora que sus casi 700
páginas son cautivantes y que, más que en las
grandes revelaciones, el gancho está en la fuerza de
la narración. Se sabe también que Íngrid lo escribió
en francés —la traducción es impecable— y que
recibió, según varios medios de comunicación,
casi siete millones de dólares por los derechos para
diez idiomas. Sin lugar a dudas, presagio de un
abrumador éxito editorial. ¿O no?
Todo iba
bien hasta la mañana del pasado 30 de junio, cuando
Íngrid demandó al Estado colombiano por los daños
causados durante su secuestro y pidió una
indemnización de 15.000 millones de pesos. La
respuesta fue devastadora. Las páginas de los
principales medios se llenaron de comentarios que
criticaban “el descaro” de la demanda y se crearon
grupos de Facebook con nombres tipo: “Ni un solo
peso para Íngrid Betancourt”. Ella se arrepintió,
pero era demasiado tarde. La indignación ya había
estallado. La Librería Nacional redujo el pedido
inicial de 15.000 libros a menos de la mitad, al
igual que Panamericana, que ordenó un recorte
drástico. La primera incluso lanzó una encuesta en
la que el 95% de los votantes dijo que no compraría
el libro.
En
Santillana, la editorial que compró los derechos
para España y América Latina, reina la
incertidumbre. Para Rodrigo de la Ossa, editor de
Alfaguara, No hay silencio que no termine es quizás
el mejor libro escrito por un ex secuestrado. “Por
otro lado, existe una percepción negativa y no
sabemos cuál será su impacto. Tenemos un 50% de la
ecuación. El otro 50 no ha entrado en juego”,
comenta De la Ossa.
En
términos generales, los testimonios de ex
secuestrados han dado buenos resultados: Mi fuga
hacia la libertad, de John Frank Pinchao, vendió
32.000 libros en un año, Siete años secuestrado por
las Farc, de Luis Eladio Pérez, 20.000 en los cuatro
primeros meses, y Cautiva, de Clara Rojas, 32.000 en
ocho meses.
Aun así,
es difícil saber si el libro de Íngrid conseguirá el
éxito que hasta hace unas semanas se esperaba. Y no
solo por el escándalo de la demanda, sino por el
intrincado funcionamiento del mundo editorial, en
donde un escritor como el estadounidense John
Kennedy Toole nunca vio publicada su extraordinaria
novela La conjura de los necios, mientras que Dan
Brown gana millones desentrañando aparatosos
misterios medievales.
La
ruleta editorial
A
mediados de octubre, se realiza la Feria del Libro
de Francfort, algo así como un Woodstock para el
mercado de las letras. Cada año llegan alrededor de
300.000 personas y la situación tiende a parecerse a
un día agitado en la bolsa de valores. Se necesita
ser un zorro de la edición para estar allí. Hay
pujas por escritores, contratos ultra secretos,
mucho dinero de por medio y, por supuesto, colosales
metidas de pata. Los agentes literarios promocionan
a sus autores como si fueran el próximo Shakespeare,
las editoriales pagan sumas millonarias y todos
ruegan para que las ventas no decepcionen. ¡Que no
lo pongan en la lista de los peor vendidos! ¡Que no
sea un fiasco!
En la
Feria de Francfort es común hablar sobre anticipos.
Se trata del adelanto que las editoriales pagan a
los escritores por los derechos de su obra. Los
anticipos se calculan a partir del número de
ejemplares vendidos y del porcentaje que obtiene el
autor sobre el precio de venta de cada uno (que
suele ser del 8% al 10%). Funciona así: si un libro
cuesta 30.000 pesos, el autor recibe 3.000 pesos por
cada libro vendido. La venta de 5.000 copias le
daría 15 millones. Supongamos que la editorial
calcula que el libro venderá como mínimo 5.000
copias. El anticipo será de 15 millones.
Un
anticipo es una apuesta en la que la editorial
arriesga su capital y su prestigio. Por supuesto,
hay todo tipo de anécdotas. Desde cifras
astronómicas por las biografías de personajes
famosos hasta fracasos descomunales. Algunas son
legendarias.
En junio
de 2003, la cadena de librerías Barnes & Noble
vendió 200.000 copias en 24 horas de Living History,
las memorias de Hillary Clinton editadas por Simon &
Shuster, por las que Hillary recibió un anticipo de
ocho millones de dólares. Con solo unos meses de
diferencia, el boom Clinton continuó cuando la
editorial Knopf vendió en un día 400.000 copias de
My Life, la biografía de Bill Clinton. El anticipo
de diez millones de dólares por My Life ha sido el
más costoso de la historia, seguido de las memorias
de Juan Pablo II por las que se pagaron 8,5
millones.
También
ha habido casos en los que el dinero invetido se
pierde. En los años 60 Random House ofreció cerca de
250.000 dólares a Truman Capote por su libro
Plegarias atendidas. No quedaron más que capítulos
sueltos de la que se pensó sería la gran novela
norteamericana. Capote murió antes de haberla
acabado.
Y hay
negocios que se vuelven aire. En 2003, Woody Allen
anunció que escribiría sus memorias si le pagaban
una “cantidad suficiente” que compensara un año y
medio sin hacer películas. Hubo temor entre los
ofertantes, que aún recordaban las altas sumas por
una biografía de Bob Dylan que nunca vio la luz.
Pero todos creyeron que los detalles íntimos de la
neurótica vida de Allen, especialmente aquellos
sobre su relación con su casi hijastra Soon-Yi,
serían una apuesta segura. El libro no estaba
escrito y aunque circuló la cifra de cinco millones
de dólares por los derechos para varios países, el
New York Post aseguró que Allen pedía 10 millones.
Marilyn Ducksworth, vicepresidenta de la editorial
Penguin Putnam, anunció que había llegado a un trato
por 2,9 millones sólo por los derechos para Estados
Unidos. A Allen la cifra de la sumatoria de los
anticipos no lo convenció. El libro nunca se
escribió.
Negocios
arriesgados
La
industria editorial española mueve anualmente 3.700
millones de dólares. El ranking lo encabezan Isabel
Allende y Gabriel García Márquez. Por Hija de la
fortuna, Plaza y Janés le pagó a Allende 1.300.000
dólares y por Vivir para contarla, Planeta le dio a
García Márquez alrededor de un millón de dólares. En
la lista les siguen escritores como Arturo
Pérez-Reverte, con anticipos de 600.000 dólares y
otros que reciben en promedio 180.000, como Juan
José Millás, Manuel Vázquez Montalbán y Juan Marsé.
Un caso aparte es el best-seller Carlos Ruiz Zafón,
quien obtuvo casi cuatro millones de dólares por su
novela El juego del ángel. (Al comienzo de su
carrera, cuando era un escritor desconocido, Zafón
recibió poco más de 4.000 dólares por La sombra del
viento).
Editoriales independientes como Destino, Pre-Textos
y la misma Anagrama no han entrado de lleno en la
competencia millonaria por conseguir autores y
continúan pagando entre 1.000 y 5.000 dólares. “En
el caso de Anagrama —comenta su editor Jorge
Herralde— aparte de la excelente labor del equipo
editorial, un escritor se queda por la certeza de
que su libro tendrá el mejor tratamiento en la
promoción”.
En
Colombia, el promedio de los anticipos es de cinco a
diez millones de pesos. Solo un grupo muy reducido
de escritores pasa de los 15 millones. Treinta es
una extravagancia. A García Márquez le siguen Laura
Restrepo, quien en 2009 recibió 700.000 dólares por
su novela Demasiados héroes y Héctor Abad Faciolince
que cuando se pasó de Alfaguara a Planeta firmó un
contrato para escribir tres novelas —entre esas El
olvido que seremos— con un anticipo de 30.000
dólares por cada una.
De allí
la escala baja a los 50.000 dólares con autores como
Fernando Vallejo y Jorge Franco. Continúan William
Ospina, Mario Mendoza y Piedad Bonnett. Luego, el
ranking cae de manera abrupta de tres a un millón de
pesos y termina con un amplio grupo de jóvenes
autores que difícilmente reciben algo por sus
libros.
También
en Colombia hay historias memorables. En septiembre
de 2007, Virginia Vallejo publicó Amando a Pablo,
odiando a Escobar, un libro de ocasión que prometía
contar infidencias de su relación con Escobar y
revelar datos sobre los vínculos del narcotraficante
con la clase política. Los 20.000 ejemplares
vendidos no alcanzaron a cubrir el anticipo de
30.000 dólares. Fue un fiasco. Lo contrario ocurrió
con Rosario Tijeras, de Jorge Franco, que no recibió
anticipo, sino una beca del Ministerio de Cultura
por 10 millones de pesos. Plaza y Janés publicó la
novela y la incluyó entre sus lanzamientos de la
Feria del Libro de 1999. El éxito llegó pronto.
Entonces Norma la compró y, años después, Franco
recibió casi 70.000 dólares por Paraíso Travel.
Si en
España, se estima que solo el 10% de los libros
publicados alcanza a cubrir el anticipo, en Colombia
el porcentaje podría ser menor, sobre todo, si se
tiene en cuenta que en un mes llegan cerca de 600
novedades a las librerías. Hay quienes afirman que
el único escritor colombiano cuyas ventas sobrepasan
los anticipos es Jorge Franco —que acaba de lanzar
Santa suerte—, gracias a su incursión en el cine y
la televisión. Al fin y al cabo, mientras el
promedio de los anticipos editoriales en ningún caso
supera los 15 millones, en televisión se pagan
alrededor de 60 millones por la adaptación de un
libro.
A eso se
suman las ínfimas cifras de lectura en Colombia, en
donde la venta de 5.000 libros es un éxito. El
promedio continúa siendo de 2.500 para autores
literarios (si es un Walter Riso las cifras se
alegran mucho más), así que el fenómeno de Stieg
Larsson, que logró 30.000 ejemplares con Los hombres
que no amaban a las mujeres, se considera
excepcional.
El mundo
editorial es desconcertante. No hay fórmulas. Lo que
hoy es un best-seller, mañana puede ser un gran
fiasco, tal como sucedió con Ángeles y demonios, de
Dan Brown que no logró las ventas esperadas. Y hay
ejemplos como el de Las cenizas de Ángela, por cuyos
derechos en español Norma pagó 4.000 dólares y es
una novela que aún vende. Por eso el éxito o el
fracaso del libro de Íngrid es un misterio. Los
elementos en su contra son claros: una imagen
favorable de apenas el 13% y un bajón de 34 a 20
puntos en el rating de Operación Jaque, la miniserie
—la novela de mayor sintonía en Colombia tiene 42
puntos. A su favor, las buenas críticas de quienes
han leído el libro. Hagan sus apuestas.
LA
ONDA®
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