Crisis: Europa dividida y con
sumisión militar a los EEUU
Entrevista al profesor José Luis Fiori

La situación de Europa es particularmente preocupante en esta etapa ya que se encuentra “cada vez más dividida, entre los proyectos estratégicos de sus tres principales socios,

 

Francia, Alemania e Inglaterra,  sin un poder central unificado, situación agravada por su sumisión militar a los EE.UU., que impuso la expansión apresurada de la UE, en dirección al Este” dice el profesor y cientista político brasileño José Luís Fiori en este diálogo con la comunicadora

Tatiana Merlino del “Caros Amigos”.

 

- ¿Cual es la diferencia de la crisis de Europa de 2010 con la crisis estadounidense de 2008?

- Desde mi punto de vista, la crisis europea de 2010, tiene un parentesco causal con la crisis americana de 2008, pero tiene una naturaleza específica y diferente. La crisis de 2008, fue una crisis financiera que comenzó por el mercado inmobiliario americano y después se extendió a todo el sistema bancario y financiero, afectando finalmente a la propia actividad productiva debido a la contracción crediticia, sobre todo en los EE.UU. y en Europa. Fue una crisis americana que se propagó por todo el mundo de forma diferenciada, a través de las puertas abiertas por la desregulación de los mercados financieros y por la globalización del sistema monetario “dólar flexible”, que se consolidó mundialmente después de la crisis del Sistema de Bretton Woods de 1973. Pero en ningún momento, esta crisis financiera se transformó en una crisis de insolvencia de la moneda y de los títulos públicos norteamericanos. Por el    contrario, en el auge de la crisis hubo una “fuga hacia la seguridad” de los grandes inversores internacionales, en dirección del Dólar y de los Títulos de la  Deuda del gobierno americano, que actúan como una especie de base no metálica del propio dólar. Ya en el caso de la  crisis europea de 2010, lo que ocurrió y está en pleno curso es de hecho una crisis monetaria, y de insolvencia del propio euro, una moneda que es emitida – como ya dije en otro lugar - por un Banco Central “metafísico”, que no pertenece a ningún Estado, ni administra la deuda de ningún Tesoro Central. Y que, por lo tanto, no acepta actuar como “last resort” en caso de crisis fiscal o financiera de cualquiera de los estados miembros de la  “eurozona’.

 

- En un artículo reciente usted dijo que el Euro tiene una “falla de nacimiento”. ¿Que falla es esa? ¿Cómo se está reflejando la misma en la reciente crisis del continente?

- El nuevo sistema monetario europeo comenzó a ser construido con el Tratado de Maastricht, en 1992, y culminó con la creación del Euro, en 2002. Basado en la suposición de los dirigentes europeos de que esta nueva moneda “global” conduciría a la creación de un poder central capaz de gestionarla. A pesar de que la historia europea enseñe que fueron siempre sus estados que emitieron sus propias monedas soberanas, definiendo y garantizando su valor y su circulación basado en su capacidad de tributación y de endeudamiento. Es por eso que digo que el euro tiene una  “falla de nacimiento”, y que funcionó hasta hoy, como una  especie peculiar de moneda semi-privada e inconclusa, siendo aceptada sobre la base en una creencia privada y en la certeza pública de que el BCE, y Alemania, cubrirían todas las deudas emitidas por los 16 estados miembros de la  “eurozona”. Como de hecho ocurrió hasta 2008, permitiendo que todos estos países aplicasen tasas de intereses casi iguales a las de Alemania, a pesar de la inmensa desigualdad política y económica que existe entre los estados miembros de la  Unión Monetaria Europea.

 

Esta situación cambió después del colapso financiero de 2008, cuando la primera-ministra alemana, Ángela Merkel, estableció el nuevo principio de que cada país europeo tendría que ser responsable – a partir de aquel momento - por sus propios bancos, y por la cobertura de sus deudas soberanas. La consecuencia inmediata de la nueva posición alemana fue la crisis de insolvencia de algunos gobiernos de Europa Central, en 2009, disimulada por la intervención del FMI.  A comienzos de 2010, entre tanto, la denuncia del nuevo gobierno socialista de Grecia, de que el déficit presupuestal griego del año anterior, había sido mayor que el que había sido publicado inicialmente, sirvió como fusible de una nueva crisis, que fue magnificada por el veto alemán – durante seis meses - a cualquier tipo de ayuda comunitaria al gobierno griego. Hasta el momento en que la situación de Grecia amenazó extenderse a otros países endeudados y acabó afectando la propia “credibilidad” del euro, obligando a Alemania a aceptar la  aprobación apresurada de un Fondo Europeo de Estabilización financiera, con capacidad anual de movilización de hasta 750 mil millones de euros. Valor suficiente para burlar la crisis inmediata, pero incapaz de revertir la desmoralización del propio sistema monetario creado en 2002.

 

- ¿Usted cree que hay  una  posibilidad de que el Euro se extinga? ¿Cómo y porqué?

- La posibilidad existe, pero no es probable que eso ocurra en el corto plazo, porque sería un fracaso intolerable para las potencias occidentales que concibieron la estrategia de la formación de la Unión Europea. Pero no hay duda que a mediano plazo la “eurozona” podrá sufrir un estrechamiento con la posible salida de algunos de sus integrantes actuales, comenzando tal vez por la propia Grecia, lo que tendría un impacto inmediato, por lo menos sobre Portugal, Irlanda y España. Para enfrentar este desafío inmediato, e intentar corregir ex post la falla de origen de toda la estrategia, Francia viene proponiendo hace algún tiempo, la creación de un “gobierno económico europeo”, que no es aceptado por Alemania, ni mucho menos por Inglaterra. El gobierno alemán, por su parte, está proponiendo – sin contar con el apoyo francés - la creación de un Fondo Monetario Europeo, para ejercer el control riguroso de la disciplina fiscal de la  eurozona, con el poder de expulsión de los ausentes. El impasse permanece, pero mismo así, en el corto plazo, se impuso la posición alemana favorable a un ajuste fiscal draconiano de todos los países incorporados a la zona del euro. Como el ajuste está siendo aplicado en economías que ya están estancadas y con altas tasas de desempleo, es como colocar gasolina en una hoguera y apostar a una profunda y prolongada recesión, como hicieron los EE.UU. al comienzo de la  crisis de la  década de 1930. Pero atención, porque en este caso, la recesión y la desvalorización del euro, a pesar de todo, acabarán beneficiando a Alemania, como principal economía exportadora del viejo continente, y acabarán transfiriendo hacia las economías más débiles, la carga de la recesión, del desempleo, de la pérdida salarial y de la protección social, y del aumento de la  lucha de clases, de la xenofobia y del nacionalismo de derecha. Lo que es más complicado, entre tanto, es que nada de eso resolverá el problema de la  insolvencia del euro, porque la moneda europea sólo tendría un valor efectivo en el momento en que fuese respaldada por un Poder y por un Tesoro Central capaces de asumir la responsabilidad permanente por su sustento, basado en su capacidad de tributación y endeudamiento. O sea, en el momento en que el Euro se transformase efectivamente en una moneda estatal.

 

- ¿Entonces usted cree que también exista una “falla de nacimiento” de la  propia Unión Europea? ¿Por qué?

- Si fuese posible jerarquizar sueños, la creación de la Unión Europea estaría entre los más importantes del siglo XX. Después de un milenio de guerras continuas, los estados europeos decidieron resignar sus soberanías nacionales, para crear una comunidad económica y política, inclusiva, pacífica, armoniosa, sin  fronteras, sin discriminaciones y sin hegemonías. Un verdadero milagro, para un continente que se transformó en el centro del mundo, gracias a su capacidad de expandirse y dominar a los otros pueblos, de forma casi siempre violenta, y muchas veces predadora. Después de 50 años del Tratado de Roma, el proyecto inicial de unificación europea se duplicó en tamaño, nació una moneda única, y el PBI comunitario sobrepasó al de los EE.UU., con una renta promedio alta y confortable. Y, sin embargo, las perspectivas de integración y unificación europea son cada vez peores, porque la Unión Europea vive cada vez más prisionera de una trampa circular. La misma precisa de un poder centralizado, pero sus principales estados impiden este proceso de centralización, porque, en el fondo, Europa está cada vez más dividida, entre los proyectos estratégicos de sus tres principales socios, Francia, Alemania e Inglaterra. Después del fin de la Guerra Fría y de la reunificación de Alemania, Alemania se transformó en la mayor potencia demográfica y económica del continente, y pasó a tener una política externa independiente, centrada en sus propios intereses nacionales, que incluyen el fortalecimiento de sus lazos económicos y financieros con Europa Central, y con Rusia. Este comportamiento alemán acentuó el declive de Francia, que tiene cada vez menos importancia internacional, y favoreció el fortalecimiento del “euroceticismo” británico, reavivando la competencia y la lucha hegemónica dentro de la Unión Europea, y trayendo de vuelta viejas fracturas y divisiones que  estuvieron presentes, en sus infinitas guerras seculares. Mientras esto ocurre, la Unión Europea sigue sin un poder central unificado capaz de definir e imponer objetivos y prioridades estratégicas, a sus estados-miembros. Una situación agravada por su sumisión militar a los EE.UU., que impuso la expansión apresurada de la UE, en dirección al este,  para “ocupar” los estados que habían pertenecido al Pacto de Varsovia, y habían estado bajo el control soviético, hasta   1991. Como consecuencia, la Unión Europea se transformó en un “ente político” débil, con una moneda falsamente “fuerte”, y con muy poca capacidad de iniciativa autónoma, dentro del sistema mundial.

 

- ¿Cuáles serán las consecuencias de una crisis en la zona del euro? ¿Qué puede eso causar en el orden mundial? Muchos preveían que el euro sustituiría al dólar en influencia...

- Lo más probable es que haya, en breve, algunas deserciones de la zona del euro, y que con eso aumente la desconfianza de los nuevos miembros y de los candidatos a entrar, con relación a la viabilidad del propio proyecto político de unificación del viejo continente. Del punto de vista del orden mundial, esta desaceleración del proceso de integración europea deberá apresurar el declive de la importancia de Europa dentro del sistema internacional, y el aumento de su dependencia con relación a los Estados Unidos, no apenas en el campo militar sino también en el campo de las grandes decisiones estratégicas y diplomáticas a escala global. Con relación al euro, entre tanto, nunca existió esta posibilidad de sustitución, sólo que ahora se hizo más visible que eso no sucederá de ninguna forma, ni hoy ni mañana.  Durante el período en que la “moneda internacional” tuvo una base metálica, la Libra y el Dólar también tuvieron una restricción financiera insuperable, impuesta por la necesidad de equilibrio de la Balanza de Pagos del país emisor de la moneda de referencia. Pero después del fin del Sistema de Bretton Woods, en 1973, esta restricción desapareció, con el nuevo sistema monetario internacional “dólar-flexible” que no tiene ningún tipo de patrón metálico de referencia. En este sentido, se puede decir que hubo una nueva “revolución financiera”- en la década de 1980 -, que provocó una especie de retorno a los orígenes de la relación entre el poder, la moneda y el crédito. Los EE.UU. volvieron a definir, de forma soberana y aislada, el valor de su moneda y de sus títulos de deuda pública. Y hoy, el valor o credibilidad de la moneda americana está respaldada por el propio poder americano, político, militar y financiero. Se trata de un estado y de un tesoro nacional que emiten la moneda y los títulos que aparecen de un lado o del otro  del “mostrador” en cerca del 70% de las operaciones hechas dentro de la economía mundial. Frente a eso, la fragilidad política y militar de Europa desautoriza cualquier expectativa de que el Euro pueda sustituir al dólar, dentro de este sistema monetario internacional vigente, desde la crisis de 1973.

 

 - ¿Cómo evalúa usted la propuesta del gobierno alemán de crear el Fondo Monetario Europeo? ¿Y sobre la propuesta de ajuste fiscal a los países de la  zona del euro?

- Como una  forma  de que Alemania ejerza un “protectorado macroeconómico”  sobre el resto de Europa. Alemania ya controla la política del Banco Central Europeo, pero el BCE no tiene capacidad de intervención directa dentro de las economías nacionales de la comunidad. Con la creación de este Fondo Monetario, Alemania ha adquirido también un instrumento de intervención más directa, con poder de punición de los “ausentes”, reproduciendo la situación vivida por América Latina, durante la década de 90. Sólo que en el caso europeo, el poder de intervención de Alemania sería mucho mayor que el que tuvieron los Estados Unidos y el Fondo Monetario Internacional en aquel período, en la medida en que la intervención del Fondo Europeo sería autorizado por la Unión Europea. Pero lo que de hecho se estaría creando en Europa sería una  especie de “imperio fiscal” alemán.

 

- Pues bien, ¿y cómo ve usted el papel mayor y permanente de Alemania tanto en la consolidación de la  UE y en la actual crisis?

El proyecto de unificación europea fue concebido originalmente, a comienzos de los años 50, en gran medida, para incluir y desmilitarizar a Alemania, y para   contener a la Unión Soviética, bajo la batuta franco-americana. Pero después de 1991, este proyecto se dio vuelta al revés, con la reunificación de Alemania y el fin de la URSS. A partir de ahí, Alemania se acercó a la nueva Rusia, y extendió su influencia a toda la Europa Central, ensanchando su liderazgo económico dentro de la UE. Por eso, cuando la primera-ministra Ángela Merkel fue electa, en 2005, pudo conformar un gobierno de “unión nacional” con los socialdemócratas, fortaleciendo el gobierno y el estado alemán, para su trabajo continuo y  silencioso en favor de la  aprobación de la nueva Constitución Europea, el Tratado de Lisboa, y por el control político de todos los nuevos estados que se asociaron a la UE. Más recientemente, el gobierno de Merkel se liberó de la alianza con los socialdemócratas y asumió con los liberales el liderazgo de las posiciones ortodoxas, dentro de Europa, transformándose en una referencia mundial, en la lucha contra el intervencionismo estatal y contra cualquier tipo de activismo del Banco Central Europeo. Desde su reunificación, Alemania está intentando reproducir la estrategia de Prusia, su antepasada del siglo XIX. En particular, la manera en que Prusia consiguió expandir su poder, integrando en su órbita de influencia, uno por uno, a todos los 36 estados y 4 ciudades libres de la  Confederación Germánica creada por el Congreso de Viena de 1815, comenzando con la creación de una Unión Aduanera - el Zollverein, en 1834 -  y culminando con la formación del Estado Alemán, en 1871. Pero después de 2008, y en particular, desde la crisis de 2010, Alemania parece que está asumiendo una  posición cada vez más egoísta y autónoma con relación a Francia y a los demás miembros de la Unión Europea. Y todas las señales indican que Alemania se viene comportando, en el campo económico como en el campo político y diplomático, orientada exclusivamente por sus intereses nacionales, habiendo abandonado su posición tradicional de solidaridad con el resto de Europa. No es por casualidad que investigaciones recientes indican que muchos empresarios y banqueros europeos ya están encontrando que no es imposible que la propia Alemania abandone el Euro.

 

- ¿Cómo evalúa usted la reacción de los gobiernos de Grecia, España y Portugal frente a la crisis?  Y, ¿cuáles serán las consecuencias del ajuste para los países de los Pigs?

- Por el momento los miembros de la UE y de la “eurozona”, Grecia España, Portugal, Irlanda y todos los pequeños países de Europa Central no tienen mucho más que hacer sino aceptar la imposición alemana de la nueva política de austeridad generalizada. De lo contrario tendrían que anticipar su salida de la  zona del Euro, y pienso que ninguno de ellos está preparado para eso, ni política ni económicamente. El problema es que esta política alemana de austeridad tendría alguna posibilidad de funcionar económicamente - a mediano plazo y con un enorme costo social - si Alemania no estuviese haciendo lo mismo y autoaplicándose la misma estrategia recesiva. Pero aplicada en conjunto, esta política de austeridad está empujando a la Unión Europea en una dirección autodestructiva.

 

- ¿Cuáles pueden ser las consecuencias para el capitalismo mundial? En una entrevista reciente, el profesor Luiz Gonzaga Beluzzo dijo que el tipo de capitalismo dominante en los últimos 30 años “sobre todo desde la desfiguración del estado de bienestar en Europa y del avance del proyecto neoliberal, es un modelo que terminó, está con los días contados”. ¿Qué opina usted de eso?

- Creo que Beluzzo tiene razón, pero no hay que olvidar que el capitalismo está en constante mutación. Lo que nunca se sabe ni se consigue anticipar son las nuevas formas que va asumiendo y que deberá asumir de aquí en adelante, dado que – desde mi punto de vista - no estamos viviendo o asistiendo a una “crisis final” del capitalismo. De todos modos, me gustaría llamar la atención hacia otra tendencia de estos últimos 30 años que está fortaleciéndose en casi todo el mundo y que debe prolongarse todavía por mucho tiempo, independientemente de los cambios propiamente económicos del sistema capitalista. Me refiero a la hegemonía de las ideas y al aumento del peso mundial de las fuerzas conservadoras que supieron ser neoliberales, pero también pueden llegar a ser keynesianas del punto de vista estrictamente económico. Pienso que todo comenzó a fines de los años 70, y para ser más preciso y heterodoxo, diría que comenzó en momentos en que el  Vaticano sorprendió al mundo católico – en 1978 - al transformar un cardenal oscuro, proveniente de una de las comunidades católicas más reaccionarias y melindrosas de Europa, en el Papa João Paulo II. Su elección fue el verdadero punto de partida ideológico de este largo período conservador que se prolonga hasta el día de hoy, comenzando en forma de una respuesta a los movimientos emancipadores de los años 60 y a la gran crisis económica de la  década del 70. Para ser fiel a las fechas, Karol Wotjyla fue electo en 1978, Margareth Thatcher, en 1979, Ronald Reagan, en 1980 y Helmut Khol, en 1983. Sus elecciones no formaron parte de una misma estrategia, ni obedecieron a una  cadena coordinada de comando o decisión. Pero todos eran profundamente conservadores, y sus ideas y acciones convergieron en torno de una  misma estrategia anti-comunista, creándose una fuerza política e ideológica cohesa que derrocó al mundo comunista, atravesó los años 90 y llegó hasta nuestros días cada vez más conservadora, autoritaria y expansiva. Ya se estudió y habló mucho de las transformaciones económicas y financieras que comenzaron con la crisis mundial de los años 70, en particular las reformas y políticas neoliberales, pero tal vez no se haya prestado la debida atención a esta dimensión cultural e ideológica de esta expansión victoriosa de los conservadores, por lo menos hasta el momento en que el fundamentalismo religioso se transformó en el gran paladín de la reelección de George Bush, en 2004. A partir de ahí, con excepción de América del Sur, el conservadorismo siguió creciendo en todo el mundo, de forma particular en Europa, pero también en los Estados Unidos, donde el presidente Obama se encuentra cada vez más fragilizado del punto de vista ideológico y político, para las próximas elecciones parlamentarias y para su propia sucesión presidencial. Pienso que es muy importante prestar atención a este movimiento político e ideológico que está atravesando los EE.UU. y Europa, como si fuese un tifón, porque tendrá un peso decisivo en la determinación de los nuevos caminos de la economía capitalista, de la que habla Beluzzo.

     

- ¿Usted cree que emergerá un nuevo tipo de capitalismo como resultado de la crisis económica internacional iniciada en 2008? De ser así, ¿que capitalismo sería este?

- Soy apenas un estudioso de la economía política internacional, no soy un profeta y no tengo ninguna capacidad de prever como será este “nuevo tipo de capitalismo”. Sólo me atrevo a decir que el sistema mundial seguirá siendo capitalista y que el capitalismo seguirá siendo una  parte esencial de la  expansión continua del sistema interestatal que fue “inventado” por los europeos, en torno del siglo XVI, que les sirvió de instrumento de conquista del resto del mundo y que se globalizó en la segunda mitad del siglo XX.

 

Traducido para LA ONDA digital  por Cristina Iriarte

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