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Tradiciones ideológicas de política
exterior en las propuestas
preelectorales 2009, de los
partidos políticos uruguayos.
por los
profesores W. Fernández Luzuriaga
y D. Hernández Nilson
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Esta ponencia, producto final de la
tercera y última instancia de un proyecto de
investigación sobre tradiciones ideológicas en
política exterior uruguaya, tiene como objetivo
analizar las propuestas programáticas de los cuatro
partidos políticos con representación parlamentaria,
a la luz de dichas tradiciones: la universalista o
colorada, la blanca o resistente (ambas
denominaciones de Carlos Real de Azúa) y la
tercerista.
El análisis se cimienta en
categorías distintivas de cada corriente y trata de
corroborar dos hipótesis:
1) El Frente Amplio construye su
concepción sobre política exterior con elementos
tomados, tanto de la tradición blanca o resistente
como del tercerismo.
2) Los partidos Colorado y Nacional
sostienen un importante grado de fidelidad y veraz
adaptación a sus tradiciones y principios históricos
en relaciones exteriores.
Este trabajo es el
resultado de la tercera y última instancia de una
investigación sobre tradiciones ideológicas en la
política exterior uruguaya. El proyecto está
enmarcado en la línea "Los Partidos Políticos
Uruguayos y la Política Exterior Nacional",
desarrollada en el marco de las actividades del
Programa de Estudios Internacionales de la Facultad
de Ciencias Sociales Universidad de la República
(PEI), en el eje de referencia “Políticas Exteriores
Subregionales”. La línea de investigación es
formalmente iniciada en el año 1995.
No
obstante, el PEI, desde sus etapas de conformación,
concreta diversos trabajos que relacionan las
propuestas preelectorales de los partidos políticos
uruguayos, la agenda internacional del Uruguay y las
acciones concretas del país en política exterior.1
Entre los estudios
sobre la política exterior en la administración
19952000, el PEI publicó un trabajo que incluye una
comparación de las propuestas preelectorales de los
sectores Foro Batllista y Manos a la Obra, en su
condición de fracciones mayoritarias de los partidos
Colorado y Nacional, respectivamente. Dichas
fracciones negociaron y concretaron, a comienzos de
1995, el primer gobierno de coalición, desde la
reinstitucionalización del Uruguay en 1985. En ese
trabajo, Fernández Luzuriaga precisó un conjunto de
cinco variables comprehensivas de la política
exterior nacional, ya con un Uruguay comprometido en
el proceso de integración del Mercosur, estatuido en
1991. El conjunto de cinco variables siguió siendo
aplicado en todos los estudios posteriores sobre
plataformas políticopartidarias. A saber: ideas
básicas y principios rectores de la política
exterior; inserción internacional del Uruguay en el
Sistema Internacional; política de comercio
exterior; Mercosur e integración regional; aspectos
institucionales de la política exterior.
Con
vistas a la asunción del siguiente gobierno, el 1°
de marzo de 2000, un segundo trabajo de Fernández
Luzuriaga recogió el análisis de las propuestas
preelectorales de los Partidos Colorado y Nacional,
ya presentadas como plataformas de los candidatos
únicos de cada colectividad, en virtud de la reforma
constitucional de 1997. Asimismo, también se
estudiaron los documentos suscritos por los partidos
tradicionales, que trasuntaron el acuerdo para la
conformación del segundo gobierno de coalición.3
Desde las elecciones
de 2004, el análisis de las propuestas
preelectorales se concreta en trabajos
independientes sobre los partidos políticos con
representación parlamentaria.4 Estos trabajos son
recogidos en estudios del PEI sobre formulación,
implementación y ejecución de la política exterior
uruguaya de los dos primeros gobiernos progresistas
en Uruguay, a partir del triunfo, en octubre de
2004, del entonces Encuentro Progresista Frente
Amplio Nueva Mayoría, y, en noviembre de 2009, del
Frente Amplio, en tanto expresión comprehensiva y
unificadora de la coalición de izquierda.
Con relación al
proyecto de investigación, en una primera instancia,
se analizaron las corrientes ideológicas sobre
inserción internacional que han alimentado a la
política exterior uruguaya: la universalista o
colorada, generalmente oficialista; la resistente o
blanca, generalmente opositora (ambas denominaciones
de Carlos Real de Azúa), y la autodenominada
tercerista, como respuesta a la Segunda Guerra
Mundial y a la posterior Guerra Fría. En esta
instancia inicial, el PEI presentó tres trabajos en
las VIII Jornadas de Investigación de la Facultad de
Ciencias Sociales Universidad de la República que
pretendieron completar una visión histórica de la
política exterior uruguaya.
En la segunda
instancia, se analizaron las propuestas
preelectorales de los cuatro partidos políticos con
representación parlamentaria, presentadas para las
elecciones de octubre de 2009. El trabajo,
referenciado en la nota a pie de página número
cuatro, aporta un estudio detallado de dichas
propuestas y fue estructurado con base en la
metodología adoptada por el PEI desde 1995.
Esta tercera y última
instancia del proyecto comprende un análisis de las
propuestas programáticas de los cuatro partidos, a
la luz de las tradiciones ideológicas en política
exterior. Para ello, se respetan las categorías
reconocidas en la primera instancia como distintivas
de cada corriente, establecidas a partir,
fundamentalmente, de dos textos paradigmáticos de
Carlos Real de Azúa y Aldo Solari. A saber para la
corriente universalista o colorada: la racionalidad
universal y la ideología democráticaliberal; para
la blanca o resistente: la salvaguardia de lo
permanente, el descreimiento de las ideologías, y la
invalidez de divisiones de pueblos y gobiernos por
categorías; para la tercerista: la independencia
espiritual, el antiimperialismo, la consideración de
Estados Unidos de América como el gran mal
latinoamericano, la democracia, y una quinta
categoría que para la mayoría de sus seguidores es
el nacionalismo y para otros el internacionalismo.
Finalmente, en un último apartado sobre reflexiones
finales, se trata de corroborar dos hipótesis. La
primera arriesga que la concepción sobre política
exterior del FA se construye tomando elementos
centrales tanto de la tradición blanca o resistente
como del tercerismo. La segunda hipótesis busca la
confirmación que los partidos Colorado y Nacional
sustentan un importante grado de fidelidad y veraz
adaptación a sus tradiciones y principios históricos
en relaciones exteriores.
Marco de Análisis
Desde mediados del
siglo XX, y sin mayores debates en la academia
nacional, se consideró a la política exterior
uruguaya como producto de la interacción entre dos
tradiciones o corrientes ideológicas, asociadas a
los partidos tradicionales: por un lado, la
tradición universalista o colorada, ligada al
ejercicio del gobierno por el Partido Colorado (PC)
durante la mayor parte de la historia nacional; y,
por otro lado, la tradición resistente o blanca,
correspondiente al Partido Nacional (PN),
generalmente en situación de oposición. La primera
fue la articuladora de la mayoría de las políticas
seguidas por el país en sus relaciones exteriores,
mientras la segunda se constituyó en el freno del
universalismo principista propiciado por el
oficialismo. Así, esta interacción se vuelve una
dialéctica que sólo permite definir una de ellas con
relación a la otra. Desde esa permanente
movilización mutua se ha construido el rumbo de la
política exterior. De hecho, ambas fueron definidas
y propuestas como concepto analítico en una misma
obra (Real de Azúa 1987 I), fundadora del estudio de
la articulación entre ideas, partidos y política
internacional.
A su vez, producto de
los posicionamientos de los diferentes Estados en la
Segunda Guerra Mundial y de la posterior división
impuesta por los grandes triunfadores, con la
llamada Guerra Fría, en Uruguay surge una concepción
autodenominada tercerista, con un asiento muy
importante, aunque no exclusivo, en la izquierda
nacional, en particular la Unión Popular y el Frente
Amplio (FA), así como en círculos académicos, medios
de prensa, y sectores organizados de trabajadores y
estudiantes.
Muchas definiciones
sobre política exterior han sido ensayadas, tanto en
estudios de relacionistas internacionales como de
politólogos. Sin entrar en el debate sobre la
independencia de la disciplina de las Relaciones
Internacionales o de su condición de rama de la
Ciencia Política, es indudable que el estudio de las
políticas exteriores nacionales constituye el campo
de más estrecha interacción entre las concepciones
teóricas y metodológicas de ambas. Para este
trabajo: “La política exterior de un país puede ser
considerada como una manifestación del modo en que
una sociedad nacional percibe el sistema
internacional, se percibe a sí misma en dicho
contexto, y se plantea, en consecuencia, un plan de
acción”. (Hernández Nilson 2009) Por tanto, y en
esto radica la utilidad de la ponencia, “[…] es
posible obtener un esbozo de la ideología en la que
se apoya la visión internacional de un partido
político, infiriendo la interpretación que hace del
sistema y del país, así como de las posiciones y
acciones propuestas por éste”. (Hernández Nilson
2009)
Cabe señalar que las
tres tradiciones ideológicas, además de una visión
sobre política exterior nacional ingresan al terreno
de la política internacional, con definiciones que
no se limitan a la inserción internacional del país.
Los partidos políticos uruguayos siguen fieles a esa
práctica e integran en sus propuestas verdaderas
definiciones sobre el Sistema Internacional. En
definitiva, este es un trabajo sobre política
exterior uruguaya y no sobre la política
internacional de los partidos uruguayos, asumiendo
las zonas grises y/o comunes contenidas en las
categorías de las tradiciones históricas y en los
programas de gobierno.
De igual manera, la
Ciencia Política ha materializado y afinado variadas
definiciones sobre los partidos políticos. No
obstante, a los efectos de este trabajo, se adhiere
a la dimensión que entiende a los partidos uruguayos
como “comunidades interpretativas,
sostenidas en principios de ordenamiento cívico, en
aprendizajes reconocidos como tradiciones que
explican y proyectan lealtades ciudadanas, en ‘ideas
y creencias’ que comparten fondos comunes y marcan a
la vez diferencias, filiaciones, identidades al fin
y al cabo.” (Caetano y Rilla 2004: 1718; negritas
en el original).
Las tradiciones
ideológicas consisten en esquemas conceptuales,
encuadramientos ideológicos o corrientes de
pensamiento en que se basan las diversas visiones
internacionales existentes en el sistema político
uruguayo. (Real de Azúa 1987 I) Este planteo parte
de una concepción básica y amplia de ideología que
lleva a considerarla: “Un modo de manifestarse, a
través de ‘ideas’, la constitución interna de la
sociedad”. (Ferrater Mora 1951: 464) A esta acepción
básica se le puede agregar una doble estructura de
la ideología: la representación que se hace de dicha
constitución, en tanto componente pasivo, de
interpretación, y un programa o plan de acción, en
tanto componente activo, de acción.
También es
importante resaltar, antes de comenzar el
análisis, la articulación directa que existe en
Uruguay entre las posiciones partidarias y el
desarrollo efectivo de la política exterior, a
través del carácter partidocéntrico del sistema
político nacional.
Esto explica la
incidencia cardinal que estas tradiciones tienen
como inspiradorasdeterminantes,
condicionanteslimitantes y de justificación
política y ciudadana de la política exterior
uruguaya. (Fernández Luzuriaga 2009 II).
Ya en 1973, Carlos
Real de Azúa explicaba la influencia de la política
interna en la política exterior de un Estado “a
través de los intereses sectoriales y sociales que
tenga que atender […], a través de las presiones
políticopartidarias o de las minorías nacionales
que actúan sobre ella y a través, incluso, de la
selección del personal exterior”. (Real de Azúa 1987
II: 91) Como consecuencia “[…] la necesidad de
obtener, mantener o conservar apoyo político en una
sociedad determinada, que también presiona en pos de
satisfacer sus necesidades, es un factor explicativo
de la orientación de la política exterior de ese
país, en un período dado”. (Fernández Luzuriaga 2009
II: 4 y 5, respectivamente).
A su vez, “es válido
anotar la ecuación inversa: la influencia de la
política exterior en la interna. Alineamientos
políticos, procesos de cooperación internacional o
integración regional y hasta alianzas bélicas pueden
ser respuestas nacionales a realidades que acontecen
en el Sistema Internacional, y que luego tendrán que
ser asimiladas al interior de un Estado. Son claros
los ejemplos de conflictos universalizados, como las
dos guerras mundiales o la llamada Guerra Fría, o de
ciertas respuestas a fenómenos de origen económico
como la globalización o como crisis económicas y/o
financieras con alcance internacional”. (Fernández
Luzuriaga 2009 II: 5 y 6, respectivamente)
De esta forma, a
partir de 1945, el sistema bipolar liderado por
Estados Unidos de América y la Unión de Repúblicas
Socialistas Soviéticas hizo más relevante la
influencia: “La opción entre el capitalismo y el
socialismo, entre la democracia y la dictadura,
entre el mundo occidental y el totalitarismo, etc.,
se mostró capaz no sólo de brindar apoyos
sustanciales, sino, incluso, de provocar traiciones
de compleja y a menudo elevada motivación y aún de
reclutar esos verdaderos ‘ejércitos interiores’ que
desde 1939 y desde las invasiones alemana a Noruega
y soviética a Finlandia recibieron el nombre ya
clásico de ‘quintas columnas’”. (Real de Azúa 1987
II: 82)
Finalmente, cabe
agregar que las tradiciones se redefinen
continuamente a si mismas, lo que da una mayor
pertinencia a su análisis en las propuestas
electorales de los partidos políticos en las pasadas
elecciones nacionales.
Efectivamente, en
general, se evidencia su actualización a la luz de
los cambios en la agenda internacional. No obstante,
las ideas principales son presentadas de forma
ordenada en los programas, recogiendo con mayor o
menor fidelidad los planteos originalmente
efectuados por cada una de ellas. En ciertas
cuestiones hubo modificaciones de los contenidos y
perspectivas propuestos por las tradiciones en las
que los diferentes partidos políticos nacionales se
basan, lo que se manifiesta en posiciones que son
adaptadas, articuladas, combinadas o renovadas. Por
otra parte, en algunas ocasiones hubo una fidelidad
a los conceptos y consignas defendidas y esgrimidas
por la tradición respectiva, empero los planteos de
fondo hayan sido modificados, lo que, por último, da
cuenta del rol que estas tradiciones asumen en la
construcción de la identidad partidaria.
II. Categorías
Distintivas de las Tradiciones
Como se adelantara en
la Presentación, el análisis parte de la definición
de las tres tradiciones ideológicas y del estudio en
profundidad de las propuestas electorales de los
partidos con representación parlamentaria para
identificar, analizar y evaluar posibles
modificaciones, fidelidades e inspiraciones
observadas en cada propuesta. En este apartado, se
procura operacionalizar las citadas tradiciones,
dándole el significado a categorías definidas en la
primera instancia de este proyecto de investigación
(Brunetto 2009; Fernández Luzuriaga 2009 II;
Hernández Nilson 2009), a efectos de abordar las
propuestas políticopartidarias presentadas a la
ciudadanía en 2009.
La interacción y la
dialéctica entre los partidos tradicionales se
alimentó por un lado, de un enfoque universalista
que apuesta a una racionalidad abstracta, mucho más
que al devenir de los pueblos y a valores de
vocación universal como la democracia, y, por otro,
de un enfoque nacionalista sustentado en la historia
y en valores arraigados a la pertenencia de un lugar
Río de Plata, Latinoamérica, etc. , una nación
la Patria Grande, las ex Provincias Unidas del Río
de la Plata, Uruguay una cultura latina y/o
hispánica . (Hernández Nilson 2009) La irrupción
del FA, en 1971, en un sistema político que
comenzaba a abandonar su estructura bipartidista, en
el escenario nacional, el ingreso de Uruguay en el
Mercosur, en el escenario regional, y la caída del
socialismo real, en el escenario internacional,
hicieron más compleja la dinámica.
A partir del texto de
Real de Azua de 1959, en esa primera instancia, se
identificaron dos categorías distintivas de la
corriente colorada o universalista y tres
distintivas de la corriente blanca o resistente.
(Fernández Luzuriaga 2009 II)
La corriente
universalista o colorada está asociada a una
tradición liberal, pero sobre todo batllista, en una
clara referencia a la consolidación de un Uruguay
moderno, a partir del modelo de principios de siglo
XX liderado por el dos veces presidente José Batlle
y Ordóñez (19031907 y 19111915). Se ancla en un
proceso histórico marcado por el avance de una
racionalidad universal basada en valores propios de
la democracia liberal. Así, esta tradición
ideológica fue generando un alineamiento lógico con
Estados Unidos de América. El sustento de esta
concepción radica en una tradición iluminista, por
su confianza en la racionalidad humana como
herramienta para organizar la sociedad y proyectar
al país en el Sistema Internacional, desde intereses
tanto nacionales como universales compartidos por
toda la humanidad y que marcan la agenda de los
Estados.
El universalismo
colorado presenta como primera y fundamental
categoría a la racionalidad universal.
La verdadera hechura de lo histórico es la
racionalidad universal y su forma medular de
actuación es la ideología. Como consecuencia, todo
lo que proviene del pasado, que sobrevive diluido y
flotante en el presente en términos de contrastes,
afinidades o intereses, y que no logra incorporar
esa universalidad es materia blanda a eliminar. Por
tanto, la corriente universalista, simplemente,
descarta máximas como: la solidaridad rioplatense;
los orígenes hispanolatinos; la comunidad social
con Argentina resumida en la fórmula, dos Estados en
una misma nación; la gesta común de las naciones
hispanoamericanas, sobre todo en su condición de
objetos de un proceso de expansión imperialista. En
resumen, para concebir la política exterior
nacional, deben quedar descartadas las
consideraciones provenientes del pasado, en tanto
situaciones que de alguna forma deben asumirse como
estabilizadas.
La segunda categoría
hace a la adopción de la ideología
democráticaliberal, aunque enriquecida e
integrada por vetas socializantes desde la adopción
del modelo batllista. Para el universalismo
colorado, la democracia está inscripta en creencias
de tipo iluminista en tanto filosofía de vida capaz
de integrar religiones y culturas en modelos que
expresen una síntesis definitiva. En otras palabras,
la democracia es todo, porque trasciende su
naturaleza de instrumento de control político, de
forma de organizar el Estado y de un estilo de
convivencia social. En determinadas instancias
históricas derivadas de la Segunda Guerra Mundial y
de la Guerra Fría, se diluirán coincidencias, en
esta categoría, con el tercerismo. El PC considerará
a Estados Unidos de América un resguardo, y hasta un
respaldo, de la ideología democráticaliberal. Esto
explica las históricas apuestas del coloradismo a
propuestas panamericanistas.
La corriente blanca o
resistente, desde un modo más temperamental y en
tanto reacción a la corriente universalista,
sostiene que el fundamento sobre la política
internacional se halla en ideas como raza, patria y
origen, y sobre ese fundamento adoptará un
posicionamiento antiimperialista surgido a
principios del siglo XX en Latinoamérica. El
sustento de esta tradición radica en el
romanticismo, tradición filosófica resurgida en los
siglos XVIII y sobre todo XIX. El romanticismo está
caracterizado por “la primacía del sentimiento sobre
el pensamiento” (Ferrater Mora 1951: 817) y por “la
preferencia por las ciencias del espíritu, con la
estimación de la historia frente al aparente
menosprecio de lo histórico propio de la
Ilustración.” (Ferrater Mora 1951: 818)
Esta corriente
construye su concepción desde una primera categoría,
la salvaguardia de lo permanente para
una exitosa proyección internacional. Salvaguardar
lo permanente significa reconocer y adoptar ciertas
líneas firmes y de difícil mutación que determinan
el contorno nacional, para posteriormente formular,
implementar y ejecutar la política exterior del
país.
La segunda categoría
radica en el descreimiento de las ideologías
a partir de dos valoraciones negativas: la
desconfianza en que las ideas puedan constituirse en
un instrumento racional con capacidad de influir en
los sucesos y de ordenar el rumbo de la historia, y
la visualización de las ideologías como simples
máscaras de la voluntad de poder o como meros
portavoces de intereses ya sean nacionales o de
clase.
Como consecuencia de
estas dos primeras categorías, la corriente blanca o
resistente proclama la primacía de lo palpable, de
lo propio, de lo probado, de lo próximo (de la
Historia, la Geografía, la Economía y hasta de la
Biología como disciplinas capaces de entender las
líneas firmes de contorno nacional). Por tanto,
reafirma el valor de las afinidades de raza, de
origen, de situación geográfica, de vecindad, de
estilo de vida, y proclama la necesidad de un
verdadero “egoísmo sagrado” en resguardo de la
identidad nacional y de los cabales intereses
uruguayos. La respuesta histórica defenderá la
solidaridad regional rioplatense, desde una raíz
artiguista; la identidad del destino sudamericano;
los vínculos raciales e históricos tanto de lo
hispánico como de lo continentalamericano; la
revelación ante la persistencia de impulsos
hegemónicos de los imperialismos y muy especialmente
del de Estados Unidos de América, de lo que deriva
su desconfianza por las propuestas panamericanistas.
La tercera categoría
sólo puede entenderse como un corolario de las dos
anteriores. Siempre reconociendo y aprehendiendo las
líneas firmes y permanentes que hacen al contorno
nacional y descreyendo en las ideologías como
facilitadoras u obstaculizadoras para las relaciones
con otros Estados, se proclama la invalidez de
cualquier división de pueblos y gobiernos de acuerdo
a categorías. Los pueblos no pueden ser
objeto de juicios, y por tanto no es conducente
aplicarles clasificaciones ideológicas. Para esta
corriente, dichas divisiones configuran una
intervención en asuntos domésticos de los Estados,
intervenciones que rechaza enfáticamente, ya sean
concretadas por vía directa o por la del
noreconocimiento de Estados o gobiernos. Esta
categoría tiene dos derivaciones conductuales:
perseguir la amistad indiscriminada con todos los
pueblos, naciones y regímenes en el Sistema
Internacional, y defender el derecho de cada pueblo
de darse el gobierno que desea, cualquiera sea la
circunstancia histórica. De la primera derivación
surge una línea de acción central de la tradición:
la defensa de los intereses particulares de los
países pequeños en el Sistema Internacional, así
como la identificación de vías de acción para su
concreción soberana.
El tercerismo,
corriente ideológica que conlleva una posición
crítica, fue una visión de política internacional
representada por un grupo independiente: no
clasificado en una ideología política definida, y
sin pertenencia a un partido político nacional o a
un movimiento ideológico internacional. El origen se
asocia a un desprendimiento de la corriente
resistente, en la medida que muchos de sus
pensadores estuvieron vinculados a la figura del
histórico líder del PN, Luis Alberto de Herrera
(18731959): Alberto Methol Ferré, Carlos Quijano,
Carlos Real de Azúa, entre otros. Su integración
asoció, en forma más que laxa, facciones de centro,
centroizquierda y hasta algunos grupos que se
consideraron de extrema izquierda.
No obstante, en
ciertas instancias, fue defendido por grupos
herreristas del PN que pueden concebirse como de
derecha y centroderecha, cuya tradición
nacionalista los aproximó al tercerismo, en lo
estrictamente internacional, por su postura
antinorteamericana y antisoviética. Finalmente, el
tercerismo fue profesado por el anarquismo, pero
aquí como expresión tanto de política interna como
internacional, y anclado en movimientos obreros y
estudiantiles. En vereda opuesta, se manifestaron
grupos de derecha y algunos de centro, claramente
pronorteamericanos, y el comunismo, su gran
oposición en el movimiento estudiantil.
Cabe aclarar que las
categorías reveladoras del tercerismo responden a
una construcción original de Aldo Solari. Dicho
autor explica que su trabajo está basado en (cinco)
imágenes más que en conceptos, en atención a que si
bien su análisis incluye centralmente elementos
racionales, no pueden desconocerse elementos
irracionales, prejuicios, tradiciones históricas,
etc. (Solari 1965).
La primera categoría
alude a la independencia espiritual como
condición para la aproximación a los problemas
derivados de la inserción internacional. En
concreto, se trata de una alerta y de una invitación
para evitar manipulaciones ante la propaganda
engañosa de las dos superpotencias protagonistas de
la Guerra Fría, ya que ambas persiguen los mismos
objetivos de dominio mundial. En ese contexto, pero
ya a partir de 1930, los partidos tradicionales
comenzaron a representar un statu quo o conformismo
político y el Partido Comunista del Uruguay tuvo las
lógicas limitaciones para convertirse en una
expresión con gran número de adherentes, a partir de
su alineación con el eje del socialismo real. Estas
dos realidades, sumadas a la dificultad del sistema
político uruguayo para la creación de nuevos
partidos, generaron la necesidad de nuevos
movimientos, entre los que se destacó el tercerismo.
La segunda categoría,
la constituye un arraigado antiimperialismo. El
imperialismo es rechazado en tanto forma de opresión
económica de los países dominantes, sean integrantes
del bloque capitalista o del bloque soviético. El
tercerismo se considera igualmente equidistante de
los dos bloques en cuestión. De todas formas, el
imperialismo es entendido como consecuencia de un
capitalismo avasallador y este último como un
proceso de raíz económica sobre el cual se levanta
una superestructura política que lo hace aún más
peligroso para los países que sufren su efecto, en
una clara interpretación de corte marxista.
La tercera categoría,
consecuencia directa de la anterior, radica en la
consideración de Estados Unidos de América como el
gran mal latinoamericano. El tercerismo condena la
política exterior de Estados Unidos de América, pero
también la concepción del mundo y de la vida de su
sociedad, contraria a los valores del espíritu
latinoamericano. Desde esa crítica, los textos
terceristas resumen en forma simplista a la sociedad
americana como dominada por grupos de presión,
funcionales a los grandes intereses económicos,
transmitiendo estereotipos sobre ella como el
materialismo, la hipocresía puritana o el desprecio
por los valores del espíritu.
La cuarta categoría
es la democracia. El tercerismo se autoproclama como
única concepción auténtica y genuina de la
democracia. Para esto, en primer lugar, desecha
interpretaciones de democracia liberal por
desconocer los acontecimientos económicos y los
problemas derivados de la distribución del ingreso,
y por no considerar al imperialismo como fenómeno
económico. En segundo lugar, defiende una idea sobre
la neutralidad en relaciones exteriores que no
implica, en absoluto, indiferencia hacia la
dicotomía democracia / totalitarismo. En tercer
lugar, eleva la democracia por encima de
consideraciones meramente instrumentales forma de
gobierno o concepción de vida entre otras posibles
para estimarla como un valor en sí mismo y ligado a
una idea de pueblo como fuente de verdad y progreso.
En tanto abanderado auténtico y genuino de la
democracia, el tercerismo se visualiza como factor
para lograr el reencuentro de los pueblos, incluidos
los de las grandes potencias, dentro de una
comunidad mundial de unidades pacíficas y libres,
espiritual y económicamente. No obstante, la
categoría democracia no es idéntica para todas las
posiciones terceristas, confrontándose concepciones
compatibles con conceptos anárquicos, de democracia
liberal, de democracia planificada y de democracia
social.
La quinta categoría
hace a la ecuación nacionalismo / universalismo. La
interpretación más aceptada proclama al tercerismo
como nacionalista por una conclusión lógica: si los
intereses nacionales están amenazados por las
grandes potencias, es legítimo que se tome una
actitud de independencia frente a ellas y a favor
del destino del país. Esto no es óbice para que
concepciones nacionalistas sostengan que ese destino
puede llegar a estar ligado a una gran potencia y/o
a la adhesión a un bloque, sobre todo ante
situaciones extremas y sin alternativas. En
contraposición, existe una postura que sostiene que
las variadas formas de nacionalismo, históricamente,
tienden a aceptar cualquier ideología a condición
que sirva a los intereses nacionales; esto atenta
contra la independencia espiritual y hace que el
nacionalismo opere como forma de engaño al igual que
toda propaganda. Además, el nacionalismo es
rechazado en nombre de un universalismo que
considera incompatible toda lucha de corte puramente
nacional. En concreto, mientras para el tercerismo
nacionalista, un tercer bloque de países, siempre
que persiguieran la paz, generaría un sistema de
equilibrios contrarios a una tercera guerra mundial,
el tercerismo universalista sostiene que el tercer
bloque sólo agregaría un nuevo elemento de
confrontación, ya que la paz depende de la
transformación de la personalidad humana, siendo
ésta la posición anarquista.
III. Frente Amplio
El FA presentó a la
ciudadanía un extenso programa de gobierno, de 161
páginas de extensión, titulado “V Congreso
Extraordinario Zelmar Michelini”, en referencia a la
instancia celebrada el 13 y 14 de diciembre de
2008.12 El documento fue estructurado en seis
grandes apartados: Introducción; Uruguay Productivo
e Innovador; Uruguay Social por más Justicia y
Equidad; Uruguay Cultural; Uruguay Democrático;
Uruguay Integrado. La propuesta sobre política
exterior es titulada Uruguay Integrado, igual que en
la plataforma 2004. Contiene 23 páginas, en un
desarrollo detallado. La estructura descansa en seis
grandes temas: 1. Principios de la Política
Internacional; 2. Aspectos Políticos Comerciales; 3.
Los Procesos de Integración Regional: la UNASUR; 4.
Uruguayos en el Exterior; 5. Cooperación
Internacional; 6. Ministerio de Relaciones
Exteriores. La política exterior es también
trabajada en un apartado de Uruguay Productivo e
Innovador, la 1.2, de dos páginas, sobre Inserción
Internacional, tema que no está ausente en Uruguay
Integrado. La Introducción es un racconto de los
logros que el FA imputa a su primer gobierno en la
historia nacional , y además contiene un resumen de
las bases programáticas en, Hacia una Estrategia de
Desarrollo Nacional.
III.1. Formulaciones
Dogmáticas
Desde una concepción
de política exterior como instrumento del Estado
para la representación y protección de los intereses
nacionales fuera de fronteras y para la inserción
internacional, toda la apuesta dogmática es
calificada por el FA como “un aspecto clave e
inalienable de su proyecto alternativo, democrático,
participativo, progresista, nacional y popular.”
(Frente Amplio 2009: 143) Paso seguido, la
plataforma frenteamplista aboga por la configuración
de una política nacional o de Estado, respaldada en
grandes consensos partidarios y sociales, mantenida
con cierto grado de continuidad en distintos
períodos de gobierno e indispensable para encarar,
con flexibilidad, la política a desarrollar.
El FA divide una
extensa enumeración dogmática en: “principios
rectores” y “pilares”. Los principios rectores
coinciden, casi textualmente, con los contenidos en
las sección dogmática de la Carta de Naciones Unidas
y están totalmente enraizados en la tradición
uruguaya de política exterior: abstención al uso de
la fuerza contra la integridad territorial o la
independencia política de los Estados; obligación de
recurrir al arreglo pacífico de las controversias
internacionales; no intervención en asuntos de
jurisdicción doméstica de otros Estados; obligación
de los Estados de cooperar entre sí; igualdad de
derechos y autodeterminación de los pueblos;
igualdad soberana de los Estados; cumplimiento de
buena fe de las obligaciones contraídas de
conformidad con la Carta.
Los pilares de la
política exterior conforman un conjunto de valores
propios de la tradición de la izquierda uruguaya,
algunos compartidos históricamente con los partidos
tradicionales y otros enfatizados o distinguidos
desde el progresismo como: los referentes a la
soberanía nacional en concordancia con el interés
nacional y desde el derecho de elección para cada
pueblo de su sistema político y social, lo que
incluye la aplicación independiente de recursos; los
referentes al no alineamiento, el antiimperialismo,
el anticolonialismo, la solución pacífica de
controversias y el rechazo al terrorismo y muy
especialmente al de Estado, todo tendiente a la
construcción de un orden más justo y equitativo; los
referentes a la defensa integral de los derechos
humanos; los referentes al multilateralismo, desde
una potenciación de la capacidad negociadora de los
países en desarrollo; los referentes a la
cooperación internacional en todas sus
manifestaciones, incluyendo la militar; los
referentes a la integración en un Mercosur
consolidado, profundizado y ampliado; los referentes
a la vinculación con los uruguayos en el exterior.
Fuera de los
principios y pilares, la plataforma agrega la
promoción de la integración social y económica de
todos los países latinoamericanos, que desarrolla en
otros apartados, y la reforma de la carta de las
Naciones Unidas y de su Consejo de Seguridad, con la
aspiración de que se integren, a ese órgano, países
latinoamericanos como miembros permanentes.
III.2. Apuestas a la
Inserción Internacional
La propuesta del FA
alienta a la exploración de dos caminos considerados
como complementarios: la preservación del MERCOSUR
para negociar como bloque con otros espacios
económicos, con una mirada activa sobre la
integración sursur, y el desarrollo de un
bilateralismo múltiple para el aumento y la
diversificación del comercio, disminuyendo la
vulnerabilidad, pero sin debilitar al bloque
latinoamericano.
La coalición de
izquierda considera Mercosur, Can, Alba, Unasur,
Aladi, etc. parte del proceso de creación de un
bloque latinoamericano que apunte a la integración
política y al sustento para las relaciones
comerciales. No obstante con el Alba, la apuesta es
más fuerte, aspirando a una integración como
alternativa a procesos panamericanistas como el Alca
o los TLCs bilaterales ofrecidos, negociados o
concretados por Estados Unidos de América. Desde
estas intenciones, se rechaza, específicamente, para
Uruguay la negociación de un TLC, en los términos y
condiciones que Estados Unidos de América ha
negociado con Perú o Colombia. Cabe aquí agregar, el
apoyo a la banca permanente para un país
latinoamericano en el Consejo de Seguridad.
El FA dedica un
título específico a la cooperación sursur,
mencionando la importancia de: los Estados
emergentes China, Brasil, India y Sudáfrica; el
continente africano; la activa participación
nacional en el G20 (nuevo grupo de países en
desarrollo en la OMC) para modificar las
restricciones impuestas por los países
desarrollados, ante el fracaso de la Ronda de Doha
de la OMC.
Pasando a las
relaciones bilaterales, el programa del FA
reivindica las relaciones con Cuba y Venezuela, lo
que se asocia a la valoración del Alba, organismo
que apela a la identidad latinoamericana a través de
preceptos bolivarianos. También reivindica las
relaciones con Palestina y la República Saharaui.
Todas estas reivindicaciones remiten a los
fundamentos anticolonialistas.
Como contraparte, en
el programa del FA se encuentran referencias al Foro
de San Pablo, y, sobre todo, se estampa una crítica
a la política de Estados Unidos de América hacia
América Latina, rechazando el Plan Colombia, la
Iniciativa Mérida y el Plan Balboa como parte de una
“contraofensiva imperialista [que] busca revertir el
giro a la izquierda de Latinoamérica”. Así, se
promueve un enfriamiento del vínculo con Colombia,
en tanto “la cabecera de puente para la agresión
imperialista en la región”. (Frente Amplio 2009:
150)
Este esquema se
fundamenta con la reafirmación de dos ideas
expresamente formuladas y distintivas del FA con
relación al resto de los partidos políticos
analizados: la afinidad ideológica entre los
gobiernos progresistas, los movimientos sociales y
los respectivos pueblos es un elemento facilitador
de la integración, y la inserción internacional es
una cuestión política, por lo que el aspecto
comercial debe estar inserto en lo político.
III.3. Categorías
Afectadas
Desde la propia
definición de política exterior, que incluye la
protección de los intereses nacionales, la propuesta
frenteamplista evidencia influencias de la tradición
blanca o resistente en la centralidad asignada al
rol del interés nacional; la corriente invocaba un
“egoísmo sagrado”. A la vez, la alusión a un
proyecto democrático, participativo, progresista,
nacional, popular y sobre todo alternativo, remite
al tercerismo, originado como lineamiento de
inserción internacional alternativo al alineamiento
con las potencias mundiales, pero también a las
concepciones blancas y coloradas.
Los “principios
rectores” del FA son coincidentes con los postulados
de la Carta de Naciones Unidas y están totalmente en
sintonía con la tradición uruguaya de política
exterior en su aspecto más juridicista. No obstante,
su introducción queda sustentada en invocaciones
como la defensa frente al imperialismo, lo que
representa una inspiración resistente y tercerista,
frente a la defensa universalista de éstos,
sustentada en el apego al Derecho Internacional en
abstracto. En esa dirección, la mención a la
solución pacífica de controversias aparece en el
programa del FA junto con la idea de
antiimperialismo y anticolonialismo,
reivindicaciones básicas del tercerismo.
De la plataforma del
FA también se desprende una interconexión entre
“principios rectores” y “pilares” en postulados
tales como: la no intervención en asuntos internos
de los Estados, el derecho de autodeterminación de
los pueblos y el derecho de cada pueblo a elegir su
sistema político y social. Esta última
reivindicación es una consigna histórica de las
tradiciones resistente y tercerista, en respuesta al
privilegio que el universalismo asigna a aquellos
países que adscriben al sistema democráticos, y el
consecuente o inevitable alineamiento con Estados
Unidos de América.
El pilar sobre
defensa de la soberanía, concebida como
independencia en el uso de los recursos del país, es
una cuestión central del tercerismo, en tanto
comprensión de la dimensión económica de la
dominación. Este planteo muestra el influjo de la
idea marxista de imperialismo como dominación
económica derivada del sistema capitalista sobre
la formulación tercerista, que a su vez ya incluye
la apuesta a la integración latinoamericana como
medio de superación de la situación de dominación.
El programa del FA
menciona como pilar, el no alineamiento con alianzas
concebidas desde las potencias, y, en lugar de ello,
el apoyo a iniciativas para un orden más justo y
equitativo. Esta idea es una adaptación de dos
cuestiones fundamentales de las bases terceristas.
Por un lado, el no alineamiento con las potencias,
que no sólo refleja el antiimperialismo y
antiyanquismo15 sobre los que se erige el tercerismo
en América Latina en el marco de la Guerra Fría,
sino también la inconformidad con el statu quo,
parte de la idea tercerista de un proyecto
alternativo para el mundo. Por otro lado, el apoyo a
iniciativas para un orden más justo y equitativo, se
basa en otra idea del tercerismo: la adopción de
acciones en el Sistema Internacional que contribuyan
a la igualdad social y económica. También puede
identificarse esta articulación entre la búsqueda de
la igualdad y el accionar internacional en otra
línea directriz del programa del FA: la
indivisibilidad de los derechos humanos.
Fuera de los
principios y pilares, la promoción de la integración
social y económica de los países latinoamericanos
enfatiza la dimensión social de la política
exterior, máxime si se vincula a la idea de
sustentar las decisiones de relacionamiento externo
en grandes consensos partidarios y sociales. Esta
introducción de la variable social en las relaciones
internacionales es una característica distintiva del
tercerismo, que reconoce las implicancias mutuas
entre inserción internacional y realidad social
interna, elemento al que no se le asigna similar
importancia en las tradiciones universalista y
resistente.
Con relación a la
inserción internacional, la apuesta a la integración
latinoamericana, la integración al Alba como
alternativa a procesos panamericanistas y el rechazo
para Uruguay de un TLC bilateral con Estados Unidos
de América no necesitan de una interpretación
demasiado minuciosa: apuntan a la evidente herencia
tercerista, antiimperialista y calificadora de
Estados Unidos de América como el gran mal
latinoamericano, herencia a su vez originaria de la
corriente resistente. El alineamiento con la región
también se manifiesta en el apoyo a una banca
permanente para un país latinoamericano en el
Consejo de Seguridad de Naciones Unidas, idea que
nuevamente busca apoyar la modificación del
statu quo internacional.
En el sentido de esa
modificación va también toda la apuesta a la
cooperación sursur con los países emergentes y el
continente africano. Incluso la OMC, foro de nítido
corte universalista, sólo es considerada desde una
activa participación nacional en el G20 para
presionar a los países desarrollados.
Las reivindicaciones
a las relaciones bilaterales con Cuba y Venezuela,
apelando a preceptos bolivarianos, y con Palestina y
la República Saharaui conforman una remisión a los
fundamentos anticolonialistas del tercerismo,
desprendidos de sus categorías antiimperialismo,
consideración de Estados Unidos de América como el
gran mal latinoamericano e independencia espiritual.
Como contraparte, el programa del FA reivindica el
Foro de San Pablo y critica a la política exterior
de Estados Unidos de América y de su aliada
Colombia calificándola de “contraofensiva
imperialista”, lo que constituye otro obvio ejemplo
de la herencia antiimperialista y antiyanqui
tercerista. La herencia de la tradición resistente,
en estas reivindicaciones, resulta menos nítida,
debido a los componentes ideológicos que condimentan
estas relaciones bilaterales.
IV. Partido Nacional
El programa de
gobierno del PN es titulado “Un País Independiente,
Justo y Próspero”. Su estructura está anunciando un
dato relevante a los efectos de este análisis: la
inclusión del tema Política Exterior en un macro
apartado titulado Desarrollo Económico. La propuesta
consta de siete apartados: Presentación; Orientación
General del Próximo Gobierno; Fortalecimiento del
Estado de Derecho; Desarrollo Económico; Desarrollo
Productivo; Desarrollo Social; Desarrollo Público.
Política Exterior ocupa solo tres páginas. No
obstante la propuesta es concisa y clara, y es
desarrollada en seis literales, cuyos títulos son
enunciados a manera de propósitos o principios.
Finalmente, en el apartado Desarrollo Productivo, en
el tema 4. Industria, se estampan iniciativas sobre
la política de comercio exterior del Uruguay.
IV.1. Formulaciones
Dogmáticas
En “Orientación
General del Próximo Gobierno”, el PN proclama su
concepción básica de la política exterior, al
considerarla herramienta para “Fortalecer la Nación”
“como entidad políticamente independiente,
socialmente justa y económicamente próspera […],
integrada al mundo y a la región, en un ámbito que
favorezca el desarrollo pleno de sus habitantes como
seres humanos, tanto en lo espiritual como en lo
material”. (Partido Nacional 2009: 13)
En “Política
Exterior”, literal C), el PN se adhiere a los
principios históricamente sustentados por el país,
para hacer sentir su voz en la comunidad de naciones
y recuperar su trayectoria en la construcción de un
nuevo orden internacional. El texto del literal opta
por citar sólo tres principiosacciones que
demuestran una vocación sobre la defensa de los
intereses de los países pequeños: promover y ampliar
la participación del Uruguay en Misiones de Paz de
las Naciones Unidas; apoyar un programa de reformas
de las Naciones Unidas que fortalezca la eficacia de
la Secretaría General y a la organización en áreas
de conflictos internacionales, y de desarrollo
económico y social; redefinir el posicionamiento del
país en los foros sobre Cambio Climático, buscando
un liderazgo regional.
Por otra parte,
algunos de los literales son verdaderos principios
de política exterior como el A), instando a
reafirmar la independencia nacional y a promover los
intereses políticos y comerciales del país,
cumpliendo con el propósito de ser una nación para
el mundo. En ese literal como acción tendiente al
objetivo, el PN manifiesta una oposición entre la
definición de una política exterior de Estado
“apoyada en acuerdos amplios sobre la mejor manera
de defender los intereses nacionales”, y no sobre
“simpatías ideológicas con gobiernos extranjeros”.
(Partido Nacional 2009: 26) Esta definición
constituye una clara alusión al gobierno de turno,
por considerar que la inserción internacional sería
facilitada por las coincidencias ideológicas.
Finalmente, también
debe ser considerada parte de la formulación
dogmática del PN, la redacción del literal E) que
propone la participación activa “en la construcción
de Derecho Internacional Regional, asignándole un
rol preponderante a la OEA”, como foro de
concertación política y como ámbito para fortalecer
los instrumentos de seguridad colectiva en la
región, en particular su Comisión de Seguridad
Hemisférica. (Partido Nacional 2009: 28) A pesar de
lo antedicho, el numeral E) no constituye una
apuesta hemisférica definitiva, ya que allí mismo se
considera a la ALADI y al MERCOSUR como las
instancias de integración regional. En ese sentido
hay una oposición explícita a la UNASUR en tanto
organismo político que atenta “contra la unidad
regional y nuestra independencia política”; la
crítica radica en la oposición a foros de
integración política, en general, y a las afinidades
ideológicas de los principales promotores de la
UNASUR, en particular. (Partido Nacional 2009: 28).
IV.2. Apuestas a la
Inserción Internacional
La apuesta central
sobre inserción internacional del PN radica en la
defensa de los intereses nacionales, no dependiendo
de simpatías ideológicas con gobiernos extranjeros.
A partir de allí propone: “Avanzar en una estrategia
de regionalismo abierto, impulsando un Mercosur
flexible y beneficioso para los socios menores”.
(Partido Nacional 2009: 27). La propuesta
nacionalista relativiza el valor de la región, sobre
todo con relación a postulados tradicionales de la
corriente resistente. En primer lugar, porque el
regionalismo abierto concibe una profundización del
Mercosur como herramienta estrictamente económica y
comercial que agilice y profundice acuerdos
comerciales con el resto del mundo, mencionando a la
Unión Europea; textualmente se insta a: “Evitar la
desnaturalización del Mercosu como herramienta para
la ampliación de nuestros mercados y el desarrollo
económico, evitando la generación de organismos
supranacionales que limitando nuestra soberanía
excedan los límites del Acuerdo y la Constitución
Nacional”. (Partido Nacional 2009: 27) En segundo
lugar, porque el regionalismo abierto también
incluye la libertad de los países del bloque
subregional para negociaciones bilaterales, apuesta
calificada como “inserción internacional
multipolar”. (Partido Nacional 2009: 27) Siendo
estas las plataformas centrales de inserción, se
debe tener en cuenta los roles asignados a la OEA y
a su Comisión de Seguridad Hemisférica, y el rechazo
a la Unasur.
La política de
comercio exterior del PN también insta a la
“Utilización plena de los mecanismos de la OMC para
la defensa de la producción nacional”, en el tema
“Industria” del apartado V) “Desarrollo Productivo”,
donde se marca como objetivo mejorar la
competitividad del sector industrial como condición
para aumentar la inversión y mejorar el empleo.
(Partido Nacional 2009: 40)
IV. 3. Categorías
Afectadas
En lo que el PN
titula, en forma trascendente, “Orientación General
del Próximo Gobierno”, se ancla una definición de
nación absolutamente arraigada en la categoría
resistente, denominada salvaguardia de lo
permanente, al ser concebida como: políticamente
independiente, socialmente justa, económicamente
próspera, integrada al mundo y a la región, y todo
eso para favorecer el desarrollo pleno de los
habitantes en lo espiritual y material. Esto remite
a otra idea central de la tradición resistente: la
importancia de salvaguardar la soberanía nacional
como guía de acción para las relaciones externas.
Si bien la propuesta
nacionalista también adhiere a postulados históricos
de la política exterior uruguaya, los tres
principiosacciones que elige referidos a las
Misiones de Paz de Naciones Unidas, a la reforma de
la ONU y al Cambio Climático constituyen una
herencia de la formulación original resistente, cuya
preocupación central es la defensa de los intereses
particulares de los países pequeños en el Sistema
Internacional, así como la identificación de vías de
acción para su concreción soberana. Sin duda esto
afecta las tres categorías que sustentan la
tradición: salvaguardia de lo permanente proteger
una posición nacional , descreimiento de las
ideologías no hacerlo con base en alineamientos
ideológicos , invalidez de las divisiones de
pueblos y gobiernos según categorías no plantear
como alternativa acercamientos o alejamientos por
consideraciones ajenas al interés nacional .
La definición de
política exterior de Estado también alude a las
categorías descreimiento de las ideologías e
invalidez de divisiones de pueblos y gobiernos por
categorías. Sin perjuicio que la búsqueda de
acuerdos pueda ser un elemento presente en todas las
propuestas preelectorales, es trascendente que el PN
la asocie a la desconfianza hacia el elemento
ideológico como guía de acción para la definición de
las relaciones externas. La desconfianza está
también presente en los primeros posicionamientos de
la tradición resistente, reticente a que el país se
alineara en el Sistema Internacional basado en las
posiciones ideológicas con las que coincidiera o
defiriera. Conociendo la génesis del tercerismo,
tampoco resulta sorprendente que esta definición de
política exterior de Estado se conecte con la
categoría sobre la independencia espiritual, en el
entendido que algunas ideologías no eran más que
máscaras tras las cuales se escondían los intereses
nacionales de las potencias mundiales.
La apuesta
nacionalista para la inserción del país en el
Sistema Internacional, más allá de expresiones como
“regionalismo abierto” o “inserción internacional
multipolar”, marca un claro alejamiento con la
subregión e incluye soluciones panamericanistas que
no encuadran con la categoría sobre salvaguardia de
lo permanente que apela a raíces rioplatenses,
latinoamericanas e incluso hispanoamericanas. No
obstante, los temores por desnaturalizar los
procesos de integración, adicionando elementos
políticos que degraden la soberanía nacional, como
fundamento a ese alejamiento, abrevan a la categoría
descreimiento de las ideologías e incluso a la
categoría derivada de invalidez de juicios que
conlleven clasificar a los gobiernos extranjeros.
Por último, si bien
es explícita la valoración a la OMC sería exagerado
atribuirla a una impronta universalista, ya que el
organismo multilateral es considerado por el PN
solamente un medio adecuado para la defensa de la
producción nacional. Por otra parte, en un Sistema
Internacional globalizado, no se discute su peso en
tanto foro de negociación y solución de conflictos.
V. Partido Colorado
El PC elaboró una
propuesta preelectoral titulada “Programa de
Gobierno. Partido Colorado”, con un subtítulo que
formula, “Una Nueva Forma de Pensar y Hacer Política
con los Principios y Valores Batllistas”. Si bien el
documento abarca 249 páginas, es presentado en una
letra más grande que los tamaños estándar. El
programa es introducido con un Resumen Ejecutivo e
incluye 24 capítulos, agrupados en seis s áreas:
Áreas Sociales; Áreas Económicas; Infraestructura;
Áreas Productivas; Política Exterior; Defensa
Nacional. Política Exterior contiene un solo
capítulo, Política Exterior: Dignidad y
Profesionalismo en Defensa del País. No obstante, ya
en la titulación se advierte en Áreas Económicas, la
inclusión del tema Comercio Exterior: Lineamientos
para una Política de Estado. Política Exterior
contiene seis páginas y Comercio Exterior…, siete.
V. 1. Formulaciones
Dogmáticas
En el “Resumen
Ejecutivo”, el PC desarrolla 11 metas prioritarias.
La undécima marca el compromiso de “Recuperar la
dignidad y profesionalismo en la política exterior,
defendiendo los intereses nacionales sin ataduras
ideológicas, contribuyendo con nuestras FFAA al
mantenimiento de la paz y aplicando los
tradicionales principios básicos del Partido
Colorado”. (Partido Colorado 2009: 7) Paso seguido,
adelanta la misma enumeración que desarrolla en
“Principios Básicos”, punto 1 de “Política Exterior:
Dignidad y Profesionalismo al Servicio del País”.
Antes de desarrollarlos expresa que en tanto
colectividad política tradicional que ha gobernado
en la mayor parte de la historia del país, ha
ordenado su política exterior con arreglo a ciertos
principios básicos, ratificando su vigencia. Ellos
son: independencia e igualdad soberana de los
Estados; solución pacífica de las controversias; no
intervención y autodeterminación; observancia del
Derecho Internacional como fundamento de la política
exterior; multilateralismo en sus diferentes ámbitos
(global, regional, subregional y bilateral);
integración regional basada en el artículo 6º de la
Constitución de la República.
De todas formas,
algunos de los ocho puntos del capítulo “Política
Exterior: Dignidad y Profesionalismo al Servicio del
País” son encabezados con principios rectores. En 2,
“La Inserción Externa del Uruguay y el Interés
Nacional”, se graba la máxima que las relaciones
externas deben responder a los intereses nacionales,
principio rector reforzado “en los sistemas
democráticos por su base de opinión pública”, en una
redacción confusa. (Partido Colorado 2009: 230)
Desde aquí, proclama una política exterior con un
respaldo político tan amplio como sea posible para
configurar una política de Estado. En este mismo
punto, se vuelve a una tradicional definición
colorada. “Uruguay: un país republicano cuya
democracia representativa lo identifica en el mundo
internacional y conforma una fuente de indiscutible
prestigio que todo Gobierno tiene la obligación de
preservar y defender en el marco de una política de
Estado”. (Partido Colorado 2009: 231)
En el punto 4 sobre “Mercosur”,
el PC reivindica, en su condición de “gran
inspirador de la Constitución de 1966”, la promoción
de la integración social y económica de los Estados
Latinoamericanos, sobre todo en lo que hace a la
defensa común de productos y materias primas,
invocando, nuevamente, al artículo 6 de la carta
magna. (Partido Colorado 2009: 232)
Asimismo, en los
puntos 6 y 7 “El Uruguay en el Mundo” y “El Uruguay
en la Región”, se muestra una importante ponderación
del rol de los organismos internacionales,
principalmente ONU, OMC y OEA, con una especial
referencia a la Carta Democrática Interamericana,
mostrando precaución con relación a la Unasur.
Estos perfiles de
apego al Derecho Internacional y multilateralismo
también son plasmados con la propuesta sobre
Misiones de Paz de las Naciones Unidas, en el
capítulo 24, único del área “Defensa Nacional”. Otra
vez apelando a la tradición nacional, se dice que la
participación en esas fuerzas ha hecho del Uruguay
merecedor de un prestigio internacional “como
Operador Internacional confiable, pacificador,
negociador y socializante”. (Partido Colorado 2009:
240)
Desde esta y otras
consideraciones y “Fiel a su filosofía batllista”,
en defensa de los principios de no intervención y de
autodeterminación de los pueblos, el PC propone
seguir participando en misiones, en donde haya
consenso internacional, sin afectar las funciones
fundamentales de las Fuerzas Armadas. (Partido
Colorado 2009: 240)
V.2. Apuestas a la
Inserción Internacional
El PC, desde su claro
apego al universalismo, sostiene como estrategia
básica, mantener relaciones de amistad con todos los
Estados, incluyendo vínculos de asociación con
países con intereses compartidos, descartando
alineamientos rígidos y/o circunstanciales. En esa
generalidad destaca a los países de economía
desarrollada, resaltando la utilidad de los TLCs con
socios como Estados Unidos de América y la Unión
Europea, y marca como un buen ejemplo de
flexibilización en el Mercosur, el TLC con México.
Los instrumentos de inserción internacional
mencionados son concordantes con la visión
universalista: ONU, OMC, OEA, Aladi.
Sin embargo, la
Unasur es calificada como riesgosa por duplicar
competencias con la OEA, en lo político, y con la
Can, el Mercosur y la Aladi, en lo comercial, y por
constituirse en un ámbito para formalizar liderazgos
desde afinidades ideológicas transitorias. Esta
advertencia concluye un rechazo a la política
exterior del gobierno de Tabaré Vázquez con relación
a la afinidad ideológica como facilitadora de las
relaciones entre países. Finalmente, se mencionan
como meras plataformas de negociación comercial: en
la subregión, al Mercosur para entendimientos con la
Can, el Mercando Común Centroamericano y otras
regiones y países del mundo, y en el plano
bilateral, con el resto del mundo, respetando las
obligaciones asumidas en el Mercosur, mencionando a
México en América Latina.
Los colorados
sentencian que con “más y mejor Mercosur”, aludiendo
al emblema del gobierno de Tabaré Vázquez, no se ha
logrado beneficiar al país, ni dar previsibilidad a
los agentes económicos y, lo que es “aún más grave”,
se ha rechazado la negociación de un TLC con Estados
Unidos de América. (Partido Colorado 2009: 110)
Asegura que en el país se verifica “un generalizado
sentimiento de insatisfacción respecto del Mercosur
en tanto éste no ha cumplido su papel de verdadero
instrumento de integración tanto en lo
económicocomercial como en lo institucional”, tras
veinte años de su creación. (Partido Colorado 2009:
231) La valoración negativa, se fundamenta en la
inexistencia del libre comercio, en el no respeto
del concepto de regionalismo abierto, y en la
integración concebida desde coincidencias
ideológicas y no desde la defensa de intereses
comunes. Estas acciones tienen una causa profunda:
la carencia de “affectio societatis”
entre sus socios. (Partido Colorado 2009: 110;
entrecomillado y cursivas en el original)
En temas de política
de comercio exterior, el programa prioriza:
establecer políticas de internacionalización que
generen planes de integración de empresas y un
sistema de promoción de productos, y posicionar a
Uruguay como la puerta de entrada a la Cuenca del
Plata con un puerto de agua profunda en el Océano
Atlántico a beneficio de la competitividad nacional,
regional y del comercio.
V.3. Las Categorías
Afectadas
El programa de
gobierno del PC también hace una ajustada y
tradicional enumeración de los principios
tradicionales y juridicistas de la política exterior
uruguaya, demostrando un claro apego al Derecho
Internacional, valorado como vehículo de
racionalidad universal, en forma positiva y
abstracta.
Como se observa, el
PC ratifica esa racionalidad universal como
sintetizadora de las relaciones exteriores
nacionales y hasta de las relaciones
internacionales, en general, con reiterados alegatos
a la participación en instancias multilaterales como
las relativas al mantenimiento de la paz y seguridad
internacionales, destacando las Operaciones para el
Mantenimiento de la Paz de las Naciones Unidas; el
multilateralismo en todas sus manifestaciones
(global, regional, subregional y bilateral); una
importante ponderación del rol de los organismos
internacionales, principalmente ONU, OMC, OEA y
hasta Aladi. Incluso forman parte del
multilateralismo, las ideas constantes sobre
internacionalización de la producción en temas de
política de comercio exterior. La integración
regional es reivindicada en los términos del
artículo 6 de la Constitución, o sea, en defensa
común de productos y materias primas. El Mercosur es
considerado, más que nada, una plataforma de
inserción internacional y no puede constituirse en
corsé a las relaciones con otros países, incluyendo
aquellos con intereses compartidos y los
desarrollados. La negativa a negociar un TLC
bilateral con Estados Unidos de América es, en
definitiva, calificada como un error del gobierno
del FA.
La ideología
democráticaliberal, inscripta en creencias
iluministas, capaz de lograr una verdadera síntesis
facilitadora de las relaciones exteriores
nacionales, constituye un soporte al principio
rector sobre una política exterior como respuesta a
los intereses nacionales. El sello de Uruguay como
país republicano y ostentador de una democracia
representativa, se proclama como fuente de
indiscutible prestigio y base para configurar una
política exterior de Estado. Por otra parte en las
apuestas al universalismo, la valorización de la OEA
está potenciada con el peso asignado a la Carta
Democrática, adicionando una visión panamericanista
históricamente distintiva del coloradismo. En ese
sentido podría inscribirse el rechazo a la Unasur,
aunque las salvedades son fundamentadas en la no
inclusión de ingredientes de afinidad ideológica en
apuestas de inserción internacional.
VI. Partido
Independiente
Este trabajo
constituye el primer aporte sobre tradiciones
ideológicas en política exterior del Partido
Independiente (PI). El PI fue creado en el año 2003,
si bien a nivel de dirigencia, militancia y bancada
parlamentaria se había comenzado a trabajar un
tiempo antes, a partir de una escisión del Nuevo
Espacio. Este último, durante la legislatura
20002005, negoció y concretó un acuerdo con el
entonces Encuentro Progresista Frente Amplio. Los
fundadores del PI manifestaban que su objetivo era
mantener un espacio políticoparlamentario, de
inspiración socialdemócrata, de inspiración
socialdemócrata a los partidos tradicionales y al
entonces Encuentro Progresista Frente Amplio. Su
génesis está marcada por la formación del Nuevo
Espacio original, en 1989, como alianza entre el
Partido por el Gobierno del Pueblo (Lista 99) de
origen batllista e inspiración socialdemócrata y el
Partido Demócrata Cristiano de ideología
socialcristiana (ambos grupos fundadores del FA en
1971 e integrantes de esa coalición de izquierda
hasta 1988). El otro partido político uruguayo de
orientación socialcristiana, la Unión Cívica,
también se integró a ese acuerdo en 1989.
La plataforma
electoral del PI es titulada “Prioridades para un
Uruguay más Justo e Integrado”. La estructura del
trabajo optó por ocho “propuestas generales”, con
una Introducción. Los temas de las ocho propuestas
son: Integración Social; Educación; Seguridad
Ciudadana; Crecimiento Económico y Generación de
Empleo; Inserción Internacional; Política
Energética; Infraestructura, Transporte y Logística;
Modernización de la Gestión Pública. Inserción
Internacional consta de seis carillas, en una
metódica y ordenada redacción de cinco párrafos
introductorios y cinco apartados: 1.El Principio de
Soberanía; 2. Relaciones con el Resto del Mundo y
Política Diplomática; 3. Visión Realista del País en
el Mundo; 4. Presencia y Actuación Coherente en
Ámbitos Internacionales; 5. Asegurar la Dignidad, la
Independencia y la Libertad de Relaciones.
VI.1. Formulaciones
Dogmáticas
El programa del PI
comienza con una referencia a su plataforma
electoral de 2004, estampando principios clásicos y
tradicionales de la política exterior uruguaya como:
el respeto a la vigencia irrestricta del Derecho
Internacional y la prohibición del uso de la fuerza,
y el fortalecimiento de la Organización de las
Naciones Unidas. Asimismo, se recuerda que se
proponía “un retorno consciente a la región y una
honda reforma del Mercosur que conduzca a una
verdadera integración económica, política, social y
cultural”. (Partido Independiente 2009: 24;
entrecomillado en el original) Inmediatamente, los
independientes nos alertan, que si bien los
principios no han variado, sí hay importantes
cambios en el mundo y en el proceso de integración
en el continente latinoamericano. La afirmación es
fundamentada con una descripción sistémica sobre las
causas del cambio: la aceleración del proceso de
globalización y sus características; el advenimiento
de un mundo multipolar, fruto de la consolidación de
poder de países continentales Estados Unidos de
América, China, Rusia y la conformación de bloques
Unión Europea, países del Pacífico ; los erráticos
y asimétricos intentos de integración
latinoamericana en los últimos cinco años; la
particular relación con nuestros vecinos inmediatos.
Con este panorama, se
rechaza la política exterior del primer gobierno del
FA, “al menos en su primera etapa”18, por no saber
defender la dignidad y, en ocasiones, la soberanía
nacional; por contradictoria, sobre todo en mensajes
confusos a amigos y principales socios comerciales;
por desperdiciar valiosas oportunidades; por
ausencia “allí donde era fundamental marcar
presencia”. (Partido Independiente 2009: 24 y 25)
Desde la descripción
del Sistema Internacional y la crítica al gobierno,
se insta a reconstruir “una imagen internacional”,
para lo que se considera “necesario volver a
entender los principios que nos animan y los valores
que nos identifican”. (Partido Independiente 2009:
25)
La propuesta
propiamente dicha comienza con una descripción del
principio de soberanía, lo que constituye la
exposición dogmática esencial, al punto de asignarle
un subtítulo específico. Para los independientes, la
soberanía se erige en un principio “ordenador” y que
subordina “todo lo demás”. Significa: independencia
con respecto a pretensiones de hegemonía o dominio;
igualdad entre pares; mutuo respeto de
independencias; sometimiento irremisible a normas
jurídicas para relacionarse armónicamente. (Partido
Independiente 2009: 25) La explicación agrega que la
teoría jurídica de la soberanía es el soporte
racional de los principios de no intervención y de
autodeterminación de los pueblos. En el marco de
este principio, se resalta: “El Uruguay es un Estado
soberano”, afirmación avalada por: su trayectoria
política, económica, social y cultural; su
comportamiento internacional disciplinando y
respetuoso de la autodeterminación del los pueblos;
su solidaridad con los movimientos de integración al
punto de contemplar los intereses de los países con
mayor volumen de producción en los sectores
secundarios y terciarios. Por tanto, el país:
“Merece ser tratado en forma recíproca”; de no
concretarse, “la primera responsabilidad de la
política exterior es remediar esta situación
inadmisible e inaceptable”. (Partido Independiente
2009: 25)
Finalmente, los independientes sostienen que la
inserción internacional y la política diplomática
deben basarse en tres principios, cada uno de los
cuales ameritará un numeral en la propuesta global:
desarrollar una visión realista del país en la
región y el mundo, con las oportunidades que se le
ofrecen; mantener una presencia y una actuación
diplomática coherente que prestigie al país en todos
los organismos regionales e internacionales que
integre y que promueven objetivos de su interés;
asegurar la dignidad, integridad e independencia del
país en sus relaciones con terceros y disponer de
libertad de intercambio bilateral comercial,
cultural, científicotecnológico o de asociación
con quien resulte más conveniente. Para esto, debe
procurar siempre el amparo del Derecho Internacional
para no ser atropellado por sus vecinos debido a su
escaso peso económico y poder bélico.
VI.2. Apuestas a la
Inserción Internacional
La apuesta del PI
parte de una premisa: “Resulta claro que el Uruguay
actúa mucho menos en el mundo de lo que el mundo
actúa en él”. (Partido Independiente 2009: 27) Esta
sentencia negativa es atacada con soluciones de neto
corte universalista. La primera solución consiste en
la activa participación en organismos
multilaterales, mencionando: los del Sistema de
Naciones Unidas; FMI y grupo Banco Mundial; OMC;
organismos del sistema interamericano, BID, OEA e
IICA; la institucionalidad latinoamericana, Grupo de
Río, Aladi, Mercosur, etc. La segunda pasa por una
política activa de acuerdos comerciales, resolviendo
cualquier problema con los socios del Mercosur. La
tercera solución hace al estrechamiento de
relaciones con otros países de América Latina. La
cuarta llega a acuerdos comerciales con Estados
Unidos de América y Canadá. Los independientes no
consideran indispensable tener TLCs con Estados
Unidos de América, la Unión Europea o China, pero no
por argumentos ideológicos, sino por volúmenes
nacionales exportables, recomendando soluciones de
menor envergadura. Asimismo, hay una adhesión a
cualquier alineación de países de América Latina
para el acceso a ámbitos globales de decisión. Si
bien la adhesión a ese bloque está fundamentada en
motivos económicos, políticos y culturales, se
estampa la condición que funcione en forma
organizada y en beneficio de todos sus socios.
Es de extrema
significación que el programa del PI no proponga
reformas ni profundizaciones para el Mercosur,
lectura que debe hacerse a la luz de su explicación
sobre los cambios en el Sistema Internacional, y los
erráticos y asimétricos intentos de integración
latinoamericana. Para los independientes, el bloque
es un espacio donde Brasil y Argentina privilegian
su relación bilateral, desconocen las asimetrías,
pretenden imponer reglas de conducta que ellos no
observan y se niegan a crear una institucionalidad
supranacional. Por otra parte, sus integrantes son
competidores en la mayoría de las exportaciones y no
se comprueban renunciamientos mínimos a favor de los
socios menores. El documento sólo presenta alguna
acción concreta en integración energética, Hidrovía,
transporte y tributación.
La política de
comercio exterior planteada por el PI contiene
también otra apuesta universalista, pues recalca que
la OMC es el único marco donde se puede hacer frente
a problemas como los subsidios a la agricultura y a
las exportaciones agrícolas, y el acceso a los
mercados en forma competitiva. Inclusive se resalta
el rol nacional en ese organismo, en tanto liderazgo
que debe ser recuperado.
VI.3. Las Categorías
Afectadas
Para el ejercicio de
asignar categorías a las propuestas del PI, en una
instancia preliminar, se debe considerar que dicha
agrupación política no tiene inconveniente en
menguar la apuesta a la región y al Mercosur. En ese
rumbo, se alinean las principales críticas al primer
gobierno del FA. Asimismo, se constata una acusación
dura, aunque genérica, a Brasil y Argentina, cuando
el PI advierte que Uruguay debe procurar siempre el
amparo del Derecho Internacional, debido a su escaso
peso económico y bélico, para no ser atropellado por
sus vecinos.
La apelación a
reconstruir la imagen internacional, regresando a
los valores identitarios, parece enmarcada en una
reivindicación de los principios tradicionales y
juridicistas de la política exterior uruguaya,
máxime cuando hay una enumeración que remite a la
plataforma de 2004 sobre la defensa irrestricta del
Derecho Internacional, la prohibición al uso de la
fuerza y el fortalecimiento de Naciones Unidas.
Estos principios tradicionales, interpretados con el
resto de la plataforma, se constituyen en medios de
defensa del Uruguay, en tanto Estado pequeño, en el
Sistema Internacional.
El análisis de lo que
se considera la exposición dogmática esencial, el
principio de soberanía, puede dividirse en dos
secciones. La primera vuelve a reivindicar
principios jurídicos reconocidos por la comunidad
internacional: independencia, igualdad soberana, no
intervención, respeto a las normas y
autodeterminación. No obstante, alusiones como
principio ordenador y subordinante, y sobre todo la
explicación que el Uruguay en uso de su soberanía
construyó una trayectoria internacional y asumió
costos en el proceso integración, acercan al PI a
las categorías blancas o resistentes sobre
salvaguardia de lo permanente para satisfacción del
interés nacional y el descreimiento de las
ideologías. La última categoría es más claramente
activada en la crítica al gobierno del FA por no
defender la dignidad y, en ocasiones, la soberanía
nacional, en una referencia indirecta a las
alineaciones ideológicas. Asimismo, y a riesgo de
los autores de no respetar el contexto histórico, la
concepción del principio de soberanía deja rastros
de la categoría independencia espiritual del
tercerismo. Las tres categorías que esta visión de
soberanía activan, se conjugan en la obligación
asignada a la política exterior de remediar
cualquier trato a Uruguay que no sea recíproco a su
trayectoria internacional, situación calificada de
inadmisible e inaceptable.
Por otra parte, la
inserción internacional, a partir de apuestas en
diferentes niveles y foros, presenta una típica
matriz del universalismo colorado. En primer lugar,
por los tres principios literalmente imputados:
desarrollar una visión realista del país en la
región y el mundo; mantener presencia y actuación
diplomática coherente en todos los organismos
internacionales; asegurar la dignidad, integridad e
independencia del Uruguay en sus relaciones con
terceros y disponer de libertad de intercambio
comercial, principio en el que advierte la validez
del Derecho Internacional ante posibles atropellos
de los países limítrofes. En segundo lugar, porque
se apela a no desconocer ningún escenario y menciona
a todos los organismos internacionales, a todos los
países del mundo, incluso Estados Unidos de América
y Canadá. En tercer lugar, porque si bien los
independientes no consideran indispensable tener
TLCs con Estados Unidos de América, la Unión Europea
o China, ello responde a consideraciones de
volúmenes exportables, y no a preconceptos sobre
alineaciones. En cuarto lugar, por el reconocimiento
de la OMC como único marco para resolver problemas
sobre el comercio internacional y, sobre todo, por
la necesidad que el país recupere un protagonismo en
ese foro. En quinto lugar, por la idea de asociación
con países de América Latina como mero frente de
negociación en ámbitos globales de decisión y en
tanto ostente un funcionamiento organizado y en
beneficio de todos sus socios; si bien no se niegan
los motivos económicos, políticos y culturales que
enmarcarían esa concertación, el programa no hace
propuestas de profundización. En sexto lugar, por
una ausencia marcada de propuestas de profundización
del MERCOSUR, con críticas a su funcionamiento y a
diferentes comportamientos de los socios mayores.
Reflexiones Finales
Para este trabajo,
las tradiciones ideológicas fueron resumidas a
partir de una descripción por categorías, resultados
de la influencia de tradiciones filosóficas de
pensamiento: la ilustración en el caso del
universalismo colorado, el romanticismo en el caso
de la corriente blanca o resistente, y la visión
crítica cercana al marxismo pero alejada de líneas
del comunismo internacional, en el caso del
tercerismo. Se trató de nutrir al trabajo de
interpretaciones del pasado, aplicar las categorías
y, finalmente, dar una resignificación a dichas
tradiciones en las propuestas preelectorales 2009.
Antes de ingresar al
reflejo de las tradiciones en los respectivos
programas, cabe concluir que los cuatro partidos no
abandonan la apuesta tradicionaljuridicista de la
política exterior uruguaya. En todas las plataformas
preelectorales, se reivindican propósitos y
principios, recogidos por el Derecho Internacional,
en general, coincidentes y hasta textuales con la
sección dogmática de la Carta de las Naciones
Unidas. No obstante, sí se constatan diferencias en
la fundamentación sobre la que argumentan dicha
reivindicación, sin perjuicio que cada partido
también incorpore en su propuesta algunos argumentos
esgrimidos originalmente por los demás partidos.
Así, mientras las propuestas del PN y el PI
reafirman el respeto a los principios rectores de la
política externa en tanto principal medio de defensa
de un país pequeño en el Sistema Internacional, el
FA lo reclama como respuesta al imperialismo de
Estados Unidos de América, y el PC como apego al
Derecho Internacional, en tanto expresión positiva y
abstracta de la racionalidad universal.
En la propuesta del
FA, se aprecian elementos resistentes en la
definición de política exterior que invocan al
interés nacional. A su vez, los elementos
terceristas aludidos radican en: entender a la
política exterior como un proyecto democrático,
participativo, progresista, nacional, popular y
sobre todo alternativo; concebir la defensa de la
soberanía como independencia en el uso de los
recursos del país, en tanto comprensión de la
dimensión económica de la dominación; plantear el no
alineamiento con las potencias, no sólo como reflejo
del antiimperialismo, sino también como
inconformidad con el statu quo; impulsar
acciones en el mundo que contribuyan a la igualdad
social y económica, intención que se conecta con la
defensa integral de los derechos humanos; proponer
modificaciones al statu quo en el
Sistema Internacional como trabajar en la
cooperación sursur, modificar el Consejo de
Seguridad de la ONU y participar en el G20 de la
OMC; promover la integración social y económica de
los países latinoamericanos, enfatizando la
dimensión social de la política exterior;
reivindicar las relaciones con Cuba, Venezuela,
Palestina y República Saharaui, y censurar la
política exterior de Colombia, ya sea desde
preceptos bolivarianos o de alertas
antiimperialistas, anticolonialistas y antiyanquis.
Pero sobre todo, y
como construcción sustancial, la plataforma del FA
fusiona elementos que aluden a las tradiciones
resistente y tercerista: sustentar los “principios
rectores” tradicionales en defensa del
antiimperialismo y hasta del anticolonialismo;
interconectar la no intervención en asuntos internos
de los Estados, el derecho de autodeterminación de
los pueblos y el derecho de cada pueblo a elegir su
sistema político y social; apostar a la integración
latinoamericana como alternativa a procesos
panamericanistas.
En definitiva, la
plataforma del FA privilegia la ubicación del país
en el ámbito regional, sudamericano, latinoamericano
y periférico, con conceptos doblemente heredados de
la tradición resistente y del tercerismo. Por un
lado, con relación a la región, toma de la tradición
resistente, la idea de destino común sudamericano, y
de la tradición tercerista, la vocación
integracionista concebida como alternativa a la
vulnerabilidad regional, al asignar un rol
preponderante a la dominación económica. Por otro
lado, con relación a Estados Unidos de América, el
programa adopta de la tradición resistente, la
desconfianza a la disposición intervencionista, y
del tercerismo, un cuestionamiento al imperialismo
como dimensión económica de la dominación.
El PN muestra
un elevado grado de fidelidad a la tradición blanca
o resistente, desde una definición de nación que
apela a la categoría salvaguardia de lo permanente,
sobre todo con la idea de favorecer el desarrollo
pleno de los habitantes en lo espiritual y material.
La adscripción
tradicional a los postulados históricos de la
política exterior uruguaya es viabilizada por tres
principiosacciones referidos a las Misiones de Paz
de Naciones Unidas, a la reforma de la ONU y al
Cambio Climático , demostrando otra clara herencia
resistente con la defensa de los intereses
particulares de los países pequeños y la
identificación de vías de acción para su concreción
soberana. Sin duda, esto afecta las tres categorías
que sustentan la tradición: salvaguardia de lo
permanente proteger una posición nacional ,
descreimiento de las ideologías no hacerlo desde
alineamientos ideológicos , invalidez de las
divisiones de pueblos y gobiernos según categorías
no plantear como alternativa acercamientos o
alejamientos por consideraciones ajenas al interés
nacional .
También como
expresión de fidelidad, la propia definición de
política exterior de Estado alude a las categorías
sobre descreimiento de las ideologías e invalidez de
divisiones de pueblos y gobiernos por categorías, a
partir de la desconfianza en el elemento ideológico
como guía de acción para encarar las relaciones
externas.
En inserción
internacional, el PN utiliza
expresiones como “regionalismo abierto” o “inserción
internacional multipolar” para marcar una
alejamiento al destino subregional Mercosur e
incluye soluciones panamericanistas. Estas
propuestas no se ajustan a la categoría sobre
salvaguardia de lo permanente que apela a raíces
rioplatenses, latinoamericanas e hispanoamericanas.
La vocación regionalista aparece muy devaluada,
manifestándose en una defensa tímida y relativa a
la integración exclusivamente económicacomercial,
sin sustentarla en la necesidad de un destino común.
Por otra parte no hay mención a algunos de los
atributos fundamentales de la tradición: el
posicionamiento antiimperialista, y, asociado a
ello, el recelo hacia las iniciativas
panamericanistas, en general, y hacia Estados Unidos
de América, en particular. Por el contrario, aparece
una defensa del panamericanismo de la OEA, al que
históricamente se opone la tradición resistente. Sin
embargo, cabe recordar que se expresa textualmente
el temor por desnaturalizar los procesos de
integración, adicionando elementos políticos que
degraden la soberanía nacional. Ese temor sí, abreva
a categorías resistentes, el descreimiento de las
ideologías y la invalidez de juicios que conlleven
clasificar a los gobiernos extranjeros.
El PC
redacta un programa de gobierno fiel a su tradición
universalista. En primer lugar, ratifica una
racionalidad universal, sintetizadora tanto de las
relaciones exteriores nacionales como de las
relaciones internacionales, con propuestas de
inserción en todos los ámbitos y foros
multilaterales que ofrece el Sistema Internacional,
ya sean globales, regionales, subregionales o
bilaterales. En esa dirección, la visión de la
integración regional sólo es concebida en su aspecto
comercial, invocando al artículo 6 de la
Constitución, y puede llegar a incluir un TLC con
Estados Unidos de América. El MERCOSUR es poco más
que una plataforma de inserción, muy criticada en su
funcionamiento actual, y que de manera alguna puede
ser limitante de otras relaciones comerciales
bilaterales.
La segunda categoría
universalista, relativa a la ideología democrática
liberal, también constituye un principio rector de
la propuesta colorada, proponiendo la configuración
de una política exterior de Estado, desde el sello
de prestigio de país republicano y ostentador de una
democracia representativa. En el campo
internacional, la revalorización de la OEA es
vinculada a la importancia de la Carta Democrática,
lo que, además, abreva a la visión panamericanista
de la tradición. Finalmente, el rechazo a la UNASUR
es fundamentado por la inclusión de ingredientes de
afinidad ideológica en apuestas de inserción
internacional. Tratándose de un partido, fiel a su
tradición universalista, que acepta los ingredientes
ideológicos siempre que adscriban a la democracia
representativa, esto podría interpretarse como
cuestionamientos a los liderazgos como el del
presidente venezolano Hugo Chávez y a su modelo
político.
El PI
parte de menguar la apuesta a la región y criticar
duramente a Brasil y Argentina, al extremo de
invocar el Derecho Internacional como amparo ante
posibles atropellos. También invoca los principios
tradicionales de la política exterior uruguaya en
una mínima enumeración netamente juridicista.
La propuesta, desde
un nítido destaque del principio de soberanía,
acerca al PI a las categorías blancas o resistentes
sobre salvaguardia de lo permanente y el
descreimiento de las ideologías, e inclusive a la
categoría independencia espiritual del tercerismo
con: alusiones a ese principio como ordenador y
subordinante; la consideración que el país ejerció
esa soberanía para construir una trayectoria
internacional y asumir costos en el proceso
integración; críticas al gobierno del FA por no
defender esa soberanía, en una referencia indirecta
a las alineaciones ideológicas. Las tres categorías
se potencian con la obligación asignada al gobierno
de turno para remediar cualquier trato al país que
no sea recíproco a su trayectoria, situación
calificada de inadmisible e inaceptable.
No obstante, las
apuestas a la inserción internacional presentan una
típica matriz del universalismo colorado: visión
realista de la región y el mundo; actuación
diplomática coherente en todos los organismos
internacionales; dignidad, integridad e
independencia en las relaciones con terceros,
incluyendo la libertad de intercambio comercial; no
exclusión de escenario alguno, incluyendo organismos
internacionales y países; recuperación del
protagonismo en una OMC considerada único foro para
resolución de conflictos. Asimismo, la asociación
con países de América Latina es considerada un mero
frente de negociación en ámbitos globales, incluso
condicionada a un funcionamiento organizado y en
beneficio de todos sus socios, y no se estampan
propuestas de profundización del MERCOSUR,
criticando su actual estadio y el comportamiento de
sus socios mayores.
Para finalizar este
trabajo, cabe responder a las dos hipótesis
formuladas, desde al año pasado, cuando se iniciara
la primera de las tres instancias de este proyecto.
La primera afirmaba que el FA construyó su
concepción sobre política exterior con elementos
tomados, tanto de la tradición blanca o resistente
como del tercerismo. La propuesta de la colación
aparece como una construcción propia y original que
mantiene muchas ideas del tercerismo, con la
construcción de modelos alternativos y de
modificación del statu quo internacional; con la
vinculación entre la inserción del país y los
aspectos económicos y sociales; con las posturas
anticolonialistas, antiimperialistas y antiyanquis.
Esas ideas son combinadas con elementos de la
tradición resistente, en el marco de una
reafirmación de un nacionalismo defensor de la
soberanía y el interés nacional. De esta forma, se
propone un alineamiento con la región, cuyos
contenidos son, en gran medida, definidos
relacionalmente en oposición al accionar
estadounidense.
Con relación a la
segunda hipótesis, los partidos Colorado y Nacional
han sostenido un importante grado de fidelidad y
veraz adaptación a sus tradiciones y principios
históricos en relaciones exteriores, también puede
considerarse confirmada. El PN mantiene la fidelidad
a muchos elementos de la tradición resistente en
aspectos como la defensa de la nación y su
soberanía, y el amparo de los Estados pequeños, por
encima de cualquier alineamiento ideológico entre
gobiernos.
Sin embargo, abandona
algunos postulados centrales de dicha tradición,
principalmente por su desconfianza en la integración
subregional y por sus propuestas panamericanistas,
sin advertencias sobre embates imperialistas. El PC
ha plasmado en su actual propuesta de política
exterior una fidelidad absoluta a los postulados de
su tradición, resaltando una racionalidad universal
para concebir una inserción internacional que
abarque variados países, regiones y foros del
Sistema Internacional, sin apuestas centrales al
Mercosur ni a procesos de integración que
trasciendan lo económicocomercial. Asimismo, la
ideología democrática es concebida como valor
distintivo del país y de necesaria expansión
panamericana.
Fuera de estas
hipótesis, el PI, desde una defensa muy elaborada al
principio de soberanía, adhiere a los postulados de
la tradición blanca o resistente sobre salvaguardia
de lo permanente para satisfacción del interés
nacional y el descreimiento de las ideologías para
encarar las relaciones externas, incluso con
ingredientes terceristas sobre independencia
espiritual. No obstante, se refleja un claro
universalismo colorado tanto por un marcado
alejamiento con el Mercosur y con asociaciones con
países de América Latina en un cambio tan drástico
como fundamentado con relación a su plataforma
electoral de 2004 19 , como por los amplios
escenarios y estrategias privilegiados de inserción
internacional.
En definitiva, los
principales postulados de las tres tradiciones
ideológicas están presentes en las propuestas
electorales de 2009, lo que constituye una
permanencia de las ideas centrales que se han
forjado históricamente en el sistema político
uruguayo sobre cómo interpretar al país en el mundo.
Por un lado, ello da cuenta de la estabilidad del
sistema político, pues en última instancia estas
ideas son adscribibles a los partidos políticos
nacionales. Y, por otro, da cuenta de que las
profundas transformaciones en el Sistema
Internacional, sobre todo en la segunda mitad del
siglo XX, no provocaron mayores novedades respecto a
la forma en que ese sistema político piensa el
mundo.
Como reflexión
adicional, cabe arriesgar una hipótesis para futuras
investigaciones: los posicionamientos de los
partidos políticos uruguayos respecto a las
tradiciones ideológicas de política exterior no son
sólo producto de la relación de cada partido con la
tradición correspondiente, en una dinámica
unilateral rupturacontinuidad al interior de la
fuerza política. La elaboración de las propuestas
electorales y en consecuencia, la fidelidad
mantenida con las tradiciones también es resultado
de una dinámica relacional entre los postulados de
cada propuesta respecto a los demás partidos en
competencia
electoral. Esta hipótesis, por demás plausible,
significa que la dimensión internacional se vuelve
un aspecto fundamental en la dinámica de
diferenciación de un partido a otro en el marco de
la oferta electoral, además de un aspecto
definitorio de la fidelidad histórica con la
identidad del propio partido.
*) Este trabajo cuenta con una rigurosa
documentación de referencias y bibliografías
aportadas por los autores que se pueden consultar en
la versión pdf, que este editor (L.Od.) no puede
incluir en esta versión Web. Por razones técnicas.
*)Autor:
Wilson Fernández Luzuriaga.
wilsonfl@fcs.edu.uy
Autor:
Diego Hernández Nilson.
diegohernandeznilson@gmail.com
(Programa de Estudios Internacionales de la Facultad
de Ciencias Sociales Universidad de la República.
Uruguay).
1 Los trabajos fundamentales que analizaron las propuestas
políticopartidarias en las elecciones de 1984 y
1989 son:
Lincoln Bizzozero y Carlos Luján (1992). La Política Exterior
del Gobierno de Transición en Uruguay (19851990),
Montevideo: Departamento de Posgrado de la Facultad
de Ciencias Sociales Universidad de la República.
Carlos Luján (1994). La Agenda Internacional en Uruguay:
Política Partidaria y Debate Interno, Montevideo:
Unidad Multidisciplinaria de la Facultad de Ciencias
Sociales Universidad de la República, Serie
Documentos de Trabajo Nº 10.
2 Wilson Fernández Luzuriaga (1998). Los Inicios de la
Política Exterior en la Actual Administración,
Montevideo: Unidad Multidisciplinaria de la Facultad
de Ciencias Sociales Universidad de la República,
Serie Documentos de Trabajo Nº 37.
LA
ONDA®
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