La firmeza de Rosadilla,
las dudas de Caramés
por Raúl Legnani*

"La Armada constituye el instrumento de autoridad que garantiza el ejercicio de la ley uruguaya en el mar. Debe asegurar que se cumplan las normas en materia de pesca, contaminación, e introducción ilegal de mercaderías. Provee tranquilidad en las costas y playas, y socorre vidas amenazadas, mientras mantiene señales y corredores seguros de navegación.

 

Es también la herramienta científica que permitirá trazar un verdadero mapa subacuático de nuestra Plataforma Continental. Una vez culminado este trabajo, y entregado a las Naciones Unidas, se producirá el reconocimiento de un territorio marítimo que duplicará al actual.

 

Uruguay es un país costero. Los académicos de la Universidad de Harvard han estimado que si la historia nos hubiera privado de acceso al mar, nuestro producto bruto sería exactamente la mitad".

 

Con estas palabras se presenta la institución en noviembre de 2003, en su sitio web, llevando como firma "Comando General de la Armada". El resumen es perfecto y aplaudible. Más adelante se lee en el mismo texto: "Lo que es beneficioso para el país, siempre será beneficioso para la Armada".

 

Estos conceptos, con valor de declaración de principios, han sido violados por algunos oficiales integrantes de la Armada. Unos pocos han sido procesados, otros tantos están siendo investigados. Ahora la sociedad se pregunta de si estamos ante un grupo de "corruptitos" o ante una institución enferma de corrupción.

 

Sobre esto el ministro de Defensa, Luis Rosadilla, fue categórico: "Estamos frente a un hecho históricamente gravísimo, este no es un hecho más. Marcará a la Armada Nacional en su historia y no sabemos cuánto tiempo demoremos, como nación, para reponernos de esta grave crisis que se ha instalado. No se ha tratado de ninguna operación psíco-política, ni de desprestigio, ni de sometimiento a condiciones generadas artificialmente".

 

Remarcó que ha habido un "proceso tremendo de deterioro y se ha destrozado una rica historia y tradición por parte de un puñado, minoritario pero significativo en la estructura de la Armada".

 

Por su parte, el nuevo comandante de la Armada, Alberto Caramés (uno de los investigados) se comprometió a proceder "con el máximo rigor", reconociendo que el instituto armado atraviesa los momentos "más traumáticos de su historia", a pesar de que los responsables son una "ínfima minoría".

 

Pero a diferencia de Rosadilla, el jerarca castrense abrió una puerta para no monopolizar las responsabilidades, pasando a incluir al poder político. De las palabras de Caramés se entiende que hubo "una escasa relación de confianza con el sistema político", lo que no contribuyó "a la transparencia de los procedimientos".

 

Quizás el momento de mayor impacto se produjo cuando Caramés dijo que pedirá "comprensión a la ciudadanía y apelaremos a la indulgencia de la sociedad".

 

Una vez más una autoridad militar le solicitó a los uruguayos, con esas palabras, comprensión, tolerancia y gracia. Una vez más no hubo un pedido de perdón explícito y contundente de la autoridad militar para con la sociedad. Esperemos no estar ante el reclamo de una nueva caducidad de la pretensión punitiva del Estado, esta vez para los actos de corrupción.

 

* Ver en wikipedia significado de “Indulgencia”

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