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Un “estudio revolucionario” (opus 12)
Sobre Federico Francisco Chopin
por el
escrito Washington Benavides
Chopin: Polonia: 22/03/1810
París: 17/10/1849
Pretendo
agavillar lo que dejó el músico polaco, aunque
reconozco mis limitaciones (por más que haya
revuelto en bibliotecas) en escritores desde el
Simbolismo al S.XXI. ¿Qué ofreció, como imagen, qué
pobló con su piano, antes y ahora?. El artista gira
siempre en el tornado de la moda. Cocteau diría: “El
corazón no se lleva”.
Y esto aunque suene a
frívolo, está sonando. Claro que Chopin no fue sólo
el pianista magnético de los palacios de los
Radziwill de Varsovia o la mansión de los Rothschild
de Viena o de París; es cierto que fue “un dandy
modelado en espuma de mar”, como expresó el escritor
polaco Jerzy Broszkiewicz, en su obra “La forma del
amor” dedicada a Chopin.
Con precisión perfila
el Chopin mundano, pero a la vez nos muestra que el
artista vivía, desde su obra, el drama de su época,
la convulsión terrible de Europa, y de su patria.
Mientras en París sonaban los acentos de La
Marsellesa, en los arrabales de Cracovia se elevaba
el himno de La Varsoviana. En sus mazurkas, en sus
estudios, en sus nocturnos, Chopin hablaba, en el
único lenguaje suyo, de lo que aprendió de aquellos
sufridos coterráneos, que sus amigos blasonados
pretendían ignorar. Sí, en fina calesa con sus
amigas (baronesas, princesas o escritoras) paseaba,
elegante y mundano, el otro Chopin, frente al mueble
oscuro y de cola, quemaba los años que todavía le
restaban. Después del: “Por encima de todo la
música” que aventuró el “liróforo celeste”, Chopin,
Wagner, Schumann, imantaron las páginas de los
simbolistas y sus herederos latinoamericanos, con
Julio Herrera y Reissig a la cabeza, y, con respecto
a Chopin, alguna muestra en Lugones y Darío.
El ícono musical era
Richard Wagner. Pero en el S.XX, el poeta, traductor
y novelista, Boris Pasternak, en un bello poema
“Noche invernal” recuerda al músico polaco: “Como
Chopin hizo en días remotos/ vivo milagro del
aldeano paisaje –tumbas, parques, sotos- en sus
estudios para piano.”
Y en las antípodas,
Gottfried Benn, el poeta y médico alemán, en su
poema “Chopin”, registra un hermoso e impiadoso
retrato, tal vez, un retrato certero. Por aquello
que escribió Casiano Ricardo. Eso somos: ”Un hombre
que siente hambre como cualquier otro hombre”.
Gottfried Benn transcribe un pensamiento de Chopin:
“Mis intentos han sido cumplidos en la medida de lo
que me fue posible alcanzar”.
Un poeta uruguayo (si
viene al caso, yo) desde muchacho sintió las
polonesas y mazurkas de aquel muchacho, nacido en la
aldea de Zelazowa Wola en 1809; que lloraba de bebé
oyendo música, y que nos pasa, una fraterna mano,
desde el radio donde gotea el Preludio en Re
bemol,”La gota de agua”.
Dandy (como Gerard de
Nerval y Baudelaire) en Mallorca, con George Sand y
su hemoptisis, oyendo discusiones infinitas, mudo
como el teclado de su muerte.
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