500 números al
pié de Internet
por Esteban Valenti (*)

Diez años y 500 ejemplares en la prensa tradicional son muy pocos, en un proyecto en Internet son mucho. Sobre todo son muchas respuestas a las tantas interrogantes que surgieron originalmente cuando se comenzaron estas aventuras electrónicas.

 

Hace no muchos años las primeras armas de un aprendiz de periodista era una destartalada máquina de escribir y un mimeógrafo. Luego se iba ascendiendo en la escala tecnológica y profesional. Ahora, grandes, consagrados, pequeños, bisoños, principiantes, experimentados y aventureros comenzamos al pié de las mismas computadoras, con casi los mismos instrumentos. O al menos tenemos esa sensación.

 

La ONDA digital comenzó en un año emblemático para Internet, el de la explosión de las muchas y ruidosas burbujas dot.com, o  punto com. ¿Las recuerdan? ¿Recuerdan algunos de sus sacerdotes que refulgían desde los púlpitos de la riqueza sin límites y desde una nueva cadena de valor que creaba riqueza de la nada? Ya son historia, o casi. Ahora todos hemos vuelto a la cruda realidad y hasta las burbujas inmobiliarias explotaron...

 

Fueron los años del espejismo total de Internet y cuando se comenzó a discutir sobre la “brecha digital”. Son temas relacionados nada menos que con la sociedad de la información y el conocimiento que no pretendemos ni siquiera rozar en esta nota, pero que le dan espesor y profundidad a cualquier razonamiento y proyecto informativo en la red.

 

La ONDA además cargaba sobre sus hombros con una pesada herencia, un flaco galgo que recorrió los caminos de la patria durante décadas y que al igual que otras marcas históricas, los uruguayos creíamos que eran eternas. La ONDA hoy se ha integrado a los proyectos pioneros del periodismo digital y el propio análisis de sus resultados, de la evolución de sus lectores y de sus contenidos es un interesante estudio de esa experiencia que festeja este número redondo.

 

El periodismo digital es una realidad y una gran incógnita. Tiene puntos de fuerza muy grandes y debilidades también complejas.

 

La calidad paga, como en cualquier producto cultural y, el periodismo es en primer lugar un producto cultural por excelencia. La oportunidad, la velocidad de las noticias ha cambiado radicalmente con Internet, incluso tenemos hoy la sensación de la simultaneidad, de asistir en directo a todos los acontecimientos. Pero la avalancha actúa en dos direcciones, en la saturación, en una masa indiferenciada de datos e informaciones desde diversas fuentes y la necesidad de seleccionar, de interpretar, de construir relatos comprensibles.

 

La idea de que los periodistas tienen la sola tarea de hacer transparente la realidad para que el público, pasivo y casi inerte la pueda ver a través del multimedia, de Internet o de otros medios electrónicos es una peligrosa visión de la labor informativa. Siempre será necesario – y hay que reivindicarla – la tarea de los oídos, los ojos y las sensibilidades de los comunicadores. Internet valoriza, o puede valorizar todavía más esa mirada analítica y selectiva.

 

Pero es una batalla, es una lucha, contra una visión que reduce también la información a espectáculo, a centellas, a mercancía de rápido consumo. Internet tiene en si mismo esas posibilidades y esas contradicciones.

 

Para el profesional la posibilidad de disponer de un mundo ilimitado de información para analizar, para procesar, para utilizar en la elaboración de sus materiales, de sus artículos, de sus servicios informativos en cualquier formato permite alcanzar niveles muy altos de calidad y por otro lado hace que millones de personas dispongan de la capacidad de hacer circular información horizontalmente en la red. Y esta última característica a partir del surgimiento de las redes sociales se ha incrementado.

 

Journal do Brasil cerró su edición impresa y pasó enteramente a su edición digital. En un país de más de 180 millones de habitantes en el mejor periodo económico y social de su historia, según todos los analistas. Imaginemos las preguntas que se formulan hoy más que ayer todos los editores de prensa escrita en un país como Uruguay, simplemente por una comparación de escala.

 

Pero los editores del “Journal do Brasil” también deben estar sentados sobre un rascacielos de preguntas. ¿Les cerrará la ecuación económica? ¿Lograrán retener a sus lectores tradicionales? Es una nueva y gran aventura.

 

Tomemos algunos ejemplos. En Uruguay menos del 2% del total del gasto publicitario se invierte en publicidad en Internet, en Gran Bretaña supera al 50%. En el medio hay de todo. Pero la tendencia va hacia Albión y no hacia nuestra conservadora aldea.

 

¿Por qué mezclar plata-publicidad con el alto pedestal de un producto cultural? Porque al final los medios periodísticos tienen que ser sustentables, vivir de sus ingresos genuinos. El tema de fondo es de las prioridades, de los balances entre las diferentes componentes de un proyecto periodístico.

 

¿Cuál es la ecuación adecuada entre lo que se gasta o se invierte en la calidad del material periodístico, de los columnistas y analistas, entre la producción multimedia y los costos de otro tipo, en particular todos los relativos a la impresión y distribución?

 

¿Se pueden combinar ambas cosas y disponer de buenas ediciones impresas y de una presencia en Internet como la que tienen los principales medios? ¿No compiten despiadadamente entre ellos y sobre todo no laceran las ventas del material impreso?

 

Las experiencias a nivel internacional son variadas, pero los que intentaron transformar su web en una fuente de ingresos a través de la suscripción paga, no tuvieron grandes resultados. También hay no pocos ejemplos de medios de prensa impresos que se han negado – hasta hoy – a disponer de una edición electrónica. Incluso en Uruguay.

 

El periodismo digital está en pleno proceso de búsqueda de sus modelos, de sus equilibrios, de una relación nueva y adecuada con los lectores y consumidores (multimedia).

 

Hay un aspecto que favorece notoriamente a los medios electrónicos, a Internet, y es la posibilidad de la segmentación, es decir de ofrecer a los diversos públicos un menú a la “carte” tanto de información, como de servicios, entretenimientos o accesos. Inclusive publicidad. Una publicidad que cada día utiliza más la mira telescópica en lugar de las ráfagas indiscriminadas.

 

Eso vale también para los contenidos. Importa disponer de medios especializados, de relativo bajo costo, en los que se pueda brindar análisis sobre temas políticos, sociales, culturales, diplomáticos, militares, académicos, deportivos y muchos más con una alta especialización y calidad.

 

Uruguay se caracterizó durante muchas décadas por ser uno de los países con más densidad radial de la región, tanto en emisoras AM como FM. Luego de la caída de la dictadura ese fenómeno se incrementó generosamente...Otro elemento típico de nuestro país fue la fuerte presencia de una prensa partidaria. Fundar un partido era tener un medio de prensa. Obligatorio. Y si se quería jugar en primera, tener un diario. Algo muy parecido funcionaba con las organizaciones sociales.

 

Ahora podemos decir que por suerte hay una muy buena producción de periodistas y analistas digitales que desde diversos portales y medios le ofrecen a los uruguayos posibilidades muy amplias y muy plurales. Sin Internet eso jamás hubiera sido posible. Los 500 ejemplares de LA ONDA digital son un buen ejemplo, así que algunas respuestas las vamos encontrando.

   (*) Periodista, escritor, coordinador de Bitácora y director de UyPress, agencia Uruguaya de Noticias.

LA ONDA® DIGITAL

© Copyright 
Revista
LA ONDA digital