El imperio, su frontera,
los mitos, los bárbaros
por Jaime Secco*

“Ya no se cree en las guerras, aun cuando hayan existido en tiempos pasados; la multitud se entera de ellas como de otros mitos. Pero aun si estallan guerras en alguna parte remotísima, en las fronteras, como es inevitable en un imperio tan vasto e ilimitado, se convierten sencillamente en mitos.”

 

Esto lo dijo Elio Arístides (129-189), orador griego de la llamada segunda sofística. Era el año 143; el Imperio Romano estaba en su máximo esplendor, con emperadores como Adriano y Marco Aurelio, el filósofo. Había paz con los partos y los germanos. Pero en pocos lustros aparecieron conmociones: las primeras invasiones y una época de guerras civiles y emperadores militares.

 

“Como si se dispusiera a celebrar una fiesta, el Universo se ha despojado del hierro, su antigua indumentaria, encaminándose libremente hacia la alegría y la belleza -agregó-. Todas las demás ambiciones han abandonado a las ciudades, pero una domina a todas: la ambición de ser la más bella y más noble de todas.”

 

Cuando en 1989 Francis Fukuyama publicó su artículo ¿El fin de la historia?, es obvio que se basaba en Hegel. No tan obvio que tenía antecesores tan remotos.

 

En el otro extremo, cuando en 1991 Jean Baudrillard -con quien debatió Fukuyama- publicó La guerra del golfo no tuvo lugar, es obvio que aludía a La guerra de Troya no tendrá lugar de Jean Giraudoux (1935), pero no que 1800 años antes ya alguien había hablado de las guerras como de un nebuloso mito.

 

En esos años, Bush Padre iniciaba una guerra con muchas banderitas y la bendición de la ONU y de Mihail Gorbachov. Hoy, cuatro lustros después, las guerras del vasto e ilimitado imperio aún se desarrollan en remotísimas fronteras y parecen mitos. Los ataúdes eran repatriados en secreto, aumentando el clima de misterio.

 

Sin que se sepa qué hecho lo justifica se declaró finalizada la de Irak, aunque las tropas invasoras siguen allí. ¿Terminó algo? La de Afganistán es aún más delicuescente, durante años no se habló de ella, aunque en la prensa salían casi diariamente recuadritos dando cuenta de muertos por decenas, en general presentadas como “victorias aliadas”; aunque mes si, mes no se batía un record de bajas entre los invasores.

 

En febrero de este año las agencias informaban a diario sobre la excitante batalla por la ciudad de Bargi Matal. Pero luego algún aguafiestas aseguró que esa ciudad no existe, ese es el nombre de un distrito que contiene unas 21 aldeas. Nunca quedó claro. Tampoco se supo si la coalición de los ejércitos más poderosos del mundo lograron ocupar lo que fuera se haya ahí.

 

¿Y qué decir de la de Paquistán? ¿Hay guerra en Paquistán? ¿No era aliado tradicional de Estados Unidos en la región? ¿No fue la base para invadir Afganistán? Sí, pero están esos pequeños robots, avioncitos de juguete que Estados unidos envía a diario con sus cargas de muerte. ¿Eso no es agresión? Parece que no si no son tripulados; que si es contra terroristas -o contra cualquiera que se vista parecido-, no lo es.

 

Tampoco en ninguna de las guerras está muy claro, a tantas millas de distancia y de bruma, quién pelea contra quién.

 

Todas estas cosas “se convierten sencillamente en mitos”.

 

Las comparaciones en historia son engañosas. Pero por la época de Elio Arístides, los romanos se quedaron sin recursos para un ejército que llegó a tener 600 mil efectivos. Siendo Marco Aurelio emperador, los germanos invadieron una de esas fronteras lejanas. Empezaba una época de decadencia.

 

Cuando en 2006 Bush perdía las elecciones de medio término, empezó a hablar simultáneamente de irse de Irak y de enviar más tropas. Pero se estimo que no había tropas prontas para enviar; los equipos de las unidades que estaban en casa habían sido enviados al frente porque armas y vehículos se deterioraban muy pronto.

 

Es inevitable acordarse del Che Guevara, que levantó la consigna de “dos, tres, muchos Vietnam” en una situación parecida. Los Estados Unidos tuvieron medio millón de hombres allí. No podían sostener varias guerras de esas al mismo tiempo. Claro que Bolivia no fue Vietnam, pero Irán parece estar fuera de alcance.

Y esto recién empieza.

 

¿El Imperio Americano entra en decadencia? A primera vista, se acabó la época monopolar; aunque nunca se sabe. El fabuloso presupuesto militar, que en 2006 era de US$ 562 mil millones, el mayor desde 1952, durante la Guerra de Corea, pesó sobre el presupuesto generando una deuda externa que crece 3,700 millones de dólares por día terminó haciendo saltar la economía en una crisis que abrió la puerta a otros jugadores. Quizá a China, su principal rival en el horizonte y su principal acreedor.

Los bárbaros.

 

* Periodista

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