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Contradiciendo a Hemingway: Teatro
constante más allá de la muerte
por
Joselo Olascuaga*
Muchos
mitos se tejieron en torno al suicidio de Ernest
Hemingway en Estados Unidos tras abandonar Cuba, en
1960, sin llevarse los manuscritos en que estaba
trabajando. Entre ellos se hizo correr una máxima
según la cual Heminway consideraba que un artista
verdadero, cuando ya es conciente de que no puede ni
podrá superar el mayor nivel alcanzado en su obra,
debe pegarse un tiro.
Él la cumplió,
después de publicar París era una fiesta.
En la primavera del
58 le dijo a un periodista de Paris Review
que cuando un escritor no es capaz de escribir, lo
mejor que puede hacer era dejar de existir. Cuenta
el mayordomo y muchas personas que vivieron con él,
que había anunciado que si no lograba superarse se
suicidaría. Acaso la revolución cubana, a la que
apoyó fervorosamente (era cotizante del Movimiento
26 de Julio y del Partido Socialista Popular y amigo
personal de Fidel Castro), fue una pausa de
entusiasmo que pospuso su decisión por algún tiempo,
pero en el amanecer del 2 de julio de 1961 se pegó
dos tiros en el cielo de la boca.
Es una máxima difícil
de estimar, porque ¿cómo sabe uno si podrá superarse
o no? En todo caso lo que puede discernir un artista
es si con su última obra ha sido digno de justificar
su existencia hasta el momento o no (en caso de que
esté tan loco como se supone estaba Ernesto).
En estos días vi en
las “tablas” uruguayas a dos capos de nuestro
teatro, que superan la edad de Hemingway (se mató
diecinueve días antes de cumplir sesenta y dos años)
y, por muy distintos caminos, se superan a sí mismos
en las obras que tienen en cartel.
Alberto Restucia
demuestra en ¿Quién le teme a Beti Faría? que
no hizo mal en esperar sin matarse después de
Esto es cultura animal y Salsipuedes.
Teatro under, fiel al
mítico Teatro Uno, en un sótano de la calle
Maldonado esquina Gutierrez Ruiz, El Museo del vino,
un espacio apropiado al show casi unipersonal de
Restucia, los sábados por la noche.
Yo había visto su
interpretación de Bienvenido Bob en el Café
Los Mirasoles y a esta altura cada nuevo estreno de
Restucia nos suscita la misma interrogante: ¿cómo
estará?, porque es un poco nuestro Goyeneche. En
Quién le teme está en su plenitud como
interprete, con un dominio sereno de la escena y de
la sala, que en ese espacio de El Museo del Vino (el
sótano) son una sola.
El espectáculo está
basado en el libro Uno diferente, biografía
del propio Restucia, quien contando su vida es tan
sorprendente y fantástico como la más imaginativa
historia de ficción.
El interés por sus
confesiones y comentarios, tan carentes de
frivolidad como imprevisibles y a la vez repletos de
un humor que no deja de dar vueltas de tuerca a los
asuntos más polémicos de la vida, puede enojar a más
de uno. Es provocativo y procaz, poético en la línea
del realismo sucio de Charles Bukowsky. Una vida que
empieza como trabajador portuario y militante
marxista, delegado al Congreso del Pueblo del 58,
para pasar enseguida de esa apertura a un desarrollo
acrisolado como el de la vida del dramaturgo Artur
Adamov, para desenlazar en escándalo a lo Capote,
pero sin el final de Capote (el mismo de Hemingway)
sino con un remate a lo Polaco Goyeneche, porque al
igual que éste, Restucia saca partido artístico de
su devenir físico, de su persistencia y de su
coraje.
Un caso similar y
opuesto al mismo tiempo, es el de Julio Calcagno en
Vida de Boxeador. Supera la edad de Hemingway,
se supera a sí mismo, pero también supera
físicamente al actor veinteañero que lo acompaña en
escena, Mauricio Chiesa. Cuando hacen guantes (o
simplemente fintas) Calcagno es Ray Sugar Robinson
danzando su boxeo y Chiesa apenas un sparring.
Pero actuando Chiesa
resiste. Vi dos veces la obra, con dos semanas de
distancia entre una y otra visión. Es impresionante
todo el teatro que aprendió Chiesa en esas dos
semanas. Saldrá de esa pelea con un posgrado en
actuación que le servirá más que el título.
Hay que referirse
especialmente a Chiesa porque su personaje no es un
partenaire de Calcagno, como otros en anteriores
duetos de éste. Ya sería difícil hacerle de
partenaire, pero Chiesa tiene que jugarle de
coprotagonista durante toda la obra a Calcagno.
Corazón de Boxeador narra la historia de un
joven que comete un delito motivado por el consumo
de drogas, y el juez no lo remite a la cárcel, sino
que lo condena a prestar tareas comunitarias en un
asilo para ancianos. En este asilo (Chiesa) conoce a
un aciano que en su época fue campeón de boxeo (Calcagno).
Aguantarle tres
minutos en ese tren a Calcagno ya requiere un alto
profesionalismo. Para aguantarle toda la obra hay
que se ser Pepe Vázquez o Jorge Bolani, pero
Mauricio Chiesa sale como Dogomar ante Archie Moore
o Ringo Bonavena ante Alí: un héroe.
La obra es de Lutz
Hübner, uno de los dramaturgos alemanes más
prolíficos y va viernes y sábados a las 21.00 horas
y domingos a las 19.00 en Teatro del Notariado.
Tiene mucho humor y el retrogusto es una caricia
para el alma.
* Periodista y Escritor
LA
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