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Salto: desde el encuentro
social al esparcimiento termal
por
Rossana Campodónico y Nelly da Cunha
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En la actualidad se identifica claramente a la
región de Salto con el turismo termal y esto forma
parte del imaginario turístico. Si bien es una
realidad que comienza a proyectarse a partir de
finales de la década del 40 del Siglo XX el proceso
de conformación de Salto como región turística
empezó bastante antes. (…)
La
ponencia refiere al proceso iniciador del turismo en
Salto, de contenidos diferentes, tratando de recrear
lo que se puede considerar una plataforma sobre la
que se desarrolló el perfil turístico salteño
actual. Asimismo la idea central es concebir ese
proceso como formador de la imagen turística
partiendo de principios del Siglo XX hasta la década
del setenta. En definitiva se pretende reconstruir
la etapa pre termal tomando componentes que en esta
ponencia se consideran centrales así como su
interrelación: los atractivos naturales de la región
cuyos valores simbólicos perduran como es el caso
del “agua” y las “naranjas” que son contextualizados
en los ambientes de sociabilidad que se van
instalando y que se analizan desde la perspectiva de
los parques y de los hoteles.
Si bien
en la mayor parte del S. XX predominan los
atractivos en la costa rioplatense, se debe destacar
que la vida próspera que caracterizó el Salto de
principios de ese siglo incentivó una intensa vida
social, con las implicancias que las oportunidades
de esparcimiento y sociabilidad le fueron
imprimiendo, en lo que ha sido el silencioso avance
del turismo interno que se fue construyendo en base
a viajes por motivos profesionales y sociales y
cuyo logro fue el estimular los procesos de
hospitalidad partiendo de un rústico hospedaje para
hacer conocer la ciudad, su gente y alrededores. En
sintonía, el Estado, mediante la inversión hotelera
del Banco de Seguros (BSE) contribuyó al
afianzamiento de ese perfil turístico inaugurando el
Gran Hotel Salto en 1947 al responder a los
reclamos de la sociedad salteña.
Los
surgentes termales significan un antes y un después
en el turismo salteño. Requirieron del esfuerzo
privado/ público que en alianza estratégica aunaron
los intereses de expansión empresarial con la
necesidad municipal de proporcionar accesos e
instalaciones apropiadas a las aguas termales. Ese
es el inicio de otra historia, el de la “capital
termal” como se la denomina comúnmente.
Consideraciones conceptuales
Para
analizar la construcción de la imagen de la región
turística salteña, se parte del análisis de las
fuentes relevadas que tratará de dar explicación de
quienes actuaron en el proceso de conformación así
como cuáles fueron los principales componentes. Al
considerar a la imagen como una construcción social
se debe tener en cuenta la interrelación que se
genera entre distintos fenómenos sociales, las
prácticas sociales y los discursos que se formulan,
lo que implica necesariamente intentar abordarla
desde su evolución histórica y la confluencia de los
distintos valores que ella se producen.
Si se
entiende el concepto de imagen en un sentido amplio
y genérico, se puede adoptar la definición dada por
(Baloglu y MC Cleary 1999, p.330), entendiéndola
como la “representación mental de las creencias, los
sentimientos y la impresión global del individuo
sobre un destino turístico”.
A los
efectos de abarcar la metodología usada en este
trabajo de investigación que se basa esencialmente
en el análisis de la documentación de diferentes
fuentes, la definición ofrecida anteriormente debe
ser complementada, por lo cual se apela a la
expuesta por Echtner y Ritchie (1999) quienes
proponen tres continuos bipolares para delimitar la
imagen de destino turístico: a) atributo-holístico,
b) funcional psicológico, y c) común-único. En el
primero de ellos se plantea que la imagen está
compuesta no sólo por la percepción del individuo de
los distintos atributos del destino, postura
ampliamente adoptada en la literatura, sino también
por sus impresiones holísticas del lugar. Este
razonamiento se apoya en la naturaleza del
procesamiento humano de la información en tanto
contempla implícitamente la idea de proceso.
La
definición anterior podría entenderse solo cuando el
individuo está presente en el lugar, es decir,
cuando el mismo asume la condición de turista lo
cual podría hacer perder de vista el concepto de
trayectoria histórica tanto de la región así como
los distintos componentes epocales que hacen al
proceso de construcción de una imagen turística y su
permanencia en el tiempo. Es en este sentido que se
recurre a los aportes realizados por (Assael, 1984,
p. 258) quien define la imagen como una “percepción
global del destino formada por el individuo a través
de varias fuentes de información a lo largo del
tiempo”.
Dicha
afirmación resulta compatible con la que sostienen (Embacher
y Buttle, 1989, p. 260) al concebirla como “Ideas o
concepciones poseídas de forma individual o
colectiva sobre el destino turístico”.
En este
contexto donde se han planteado distintas posiciones
teóricas , es que se define un nuevo marco
conceptual con el que se trabajará a lo largo de la
ponencia siendo esta la construcción de la imagen
es una representación mental y social de las
creencias, sentimientos e impresiones de los
individuos (turistas y población local) en un
proceso de mediana duración donde confluyen el
procesamiento de las informaciones que surgen de
distintas fuentes que aluden a los componentes
tangibles e intangibles de la región referenciada.
Al
entender la imagen como un proceso de mediana
duración es necesario investigar cuales con los
componentes del mismo. Para ello se adopta el
posicionamiento de Galí y Donaire (2005) sobre la
distinción de las imágenes percibidas (creadas en la
mente del individuo) y las imágenes emitidas
(reproducción de signos con significado que ha
estado socialmente construida y diseminada).
Partiendo de este presupuesto teórico y de acuerdo a
la metodología empleada se abordara el universo de
las imágenes emitidas en base a las fuentes
analizadas las que serán referenciadas a lo largo
del trabajo presentado.
En la
actualidad se identifica a la ciudad de Salto como
la capital del turismo termal del Uruguay. Pero sin
lugar a dudas la generación de una imagen de región
turística se ha ido conformando antes que el mismo
descubrimiento de las aguas termales en la década
del 40. Al respecto es válido considerar el valor
social que había adquirido la naturaleza como un
bien anhelado y/o perseguido. En este sentido en
1928 (B. Laurencena Drescher, 1928, p. 11) se
sostenía que:
“Por instinto, por tradición, todo ser humano ama
la naturaleza y la vida al aire libre. Sin embargo,
las grandes aglomeraciones de las ciudades modernas
van separando cada vez más a la humanidad
del
contacto con las fuentes productoras de energía y de
salud.
El
aire, el sol, el mar, en su pureza prístina, con el
avasallador encanto de los rincones salvajes de los
campos, de los bosques, de las sierras y de las
costas, son cada vez más desconocidas para el
moderno
habitante de la ciudad.”
La
hipótesis del trabajo parte de dos supuestos que se
entrelazan, en primer lugar, la sociedad salteña
como producto del auge de vida comercial y
productiva en los albores del S. XX y dada la
lejanía con Montevideo estableció un temprano
vínculo con la pujante Argentina a través del río
Uruguay ya que resultaba más accesible que los
medios de comunicación terrestre. Ambos le confieren
las condiciones básicas para impulsar un desarrollo
diferente y propio. En segundo lugar, su ubicación
junto a ese río de una gran riqueza paisajística
permitía actividades de ocio confiriéndole a esta
construcción
El
carácter turístico de parte de la zona norte del
país adquiere relevancia en un contexto de expansión
de la actividad de profunda vocación costera en las
márgenes del Río de la Plata y del Océano Atlántico,
el “respirar la brisa marina”, el veraneo, los
hoteles balnearios con casino construyeron además
perdurables ámbitos de sociabilidad elitista,
popularizándose algunos tramos costeros con la
consiguiente búsqueda de nuevos lugares. El comienzo
de valorización turística de otras zonas, como la
de Salto, vista fundamentalmente a través de la
promoción en medios de comunicación da cuenta del
lento avance de la idea de “país turístico” en un
proceso de apertura más allá del veraneo.
La
región y la ciudad de Salto
La
ciudad de Salto tuvo en las primeras décadas del
siglo XX un impulso interesante desde punto de vista
comercial. Se puede considerar que entre 1900 y
1930 se desarrolló como centro comercial y con la
mayor actividad portuaria de la época. La base
productiva que consolidó ese florecimiento fueron
las actividades comerciales y productivas cuyos
principales tres ejes de producción fueron:
industria frigorífica, citricultura y
vitivinicultura que incentivaron una intensa
actividad portuaria para el trasporte de mercancías
y de pasajeros.
La
condición de ciudad puerto tiene connotaciones
especiales no solo desde el punto de vista
comercial sino como elemento simbólico importante en
el proceso de conformación de imagen turística ya
que el río y su componente “agua” estarán presentes
en la evolución de la imagen con diferentes
representaciones.
El
transporte marítimo tuvo su impulso a partir de
1900 cuando el armador Nicolás Mihanovich adquirió
las invalorables existencias de las mensajerías
Fluviales a partir del cual la actividad de los
astilleros fue incremental, de gran importancia en
el tráfico con la Argentina y con la capital, solo
el vapor “Ciudad de Salto” viajaba con bandera
uruguaya y hacía el tramo Montevideo-Salto
semanalmente.
Los
vínculos con la capital del país se reforzaron a
partir de 1936 al inaugurarse un servicio regular de
aviones “para transporte de pasajeros y
correspondencia entre las ciudades de Salto y
Montevideo (…) que las une en menos 3 horas (…) el
servicio aéreo impresiona por su audacia, el
espíritu sencillo del habitante medio de nuestra
campaña (…)” (Salto en su Centenario, 1937, p. 66).
Como fruto de ese crecimiento económico y social en
1914 la ciudad de Salto ya poseía 7 hoteles y 4
teatros destacándose como ciudad culta y con fuertes
motivaciones hacia la sociabilidad. En la década del
40 se subrayaban estos atributos en algunos medios
de comunicación.
“En lo
cultural, Salto tienen para el estudio y para el
turismo, desaparecida la grandeza que palpita en el
genio de la raza simbolizado en sus maestros, sus
médicos, sus letrados y sus hombres de letras
(...)”. (Fondo Documental Arredondo, 1940). Lo que
puede ser complementado con lo expresado en la
revista Mentor de 1944 “Ciudad culta, ostenta como
un blasón el recuerdo del Instituto Politécnico (…)
Salto ha sido cuna de estadistas y hombres de
acción, de escritores y poetas que reflejan brillo
sobre el nombre uruguayo. Salto es un pasado
fragante, una realidad bella y un porvenir de
fructificaciones magníficas.” (Mentor, 1944, s/p)
La
ciudad de Salto, segunda ciudad del país en número
de habitantes, es una de las más importantes
ciudades del norte del río Negro, el cual divide
territorialmente al país en dos. En las fuentes
analizadas aparece como una ciudad acogedora y
placentera con características propias que la
diferencian de las demás. En la década del 40, la
revista Mentor ( 1940, s/p) en un artículo titulado
sugestivamente “Salto y su embrujo” destaca esos
atributos:
Acusado
perfil característico la distingue desde remotas
épocas, dándole sitio de honor en los anales del
Comercio y la Industria, de la sociabilidad y la
Cultura. Ciudad de encantos naturales
extraordinarios, gentil reina que cubre un cielo
añil y alaba de continuo el Río epónimo, sabe como
pocas la ciencia difícil de hacerse admirar y querer
de todos.
Si bien
se encuentra lejana a Montevideo, que como capital
administrativa y sede del gobierno central concentró
la vida política y administrativa del país, a
comienzo del S. XX Salto había logrado la única vía
de comunicación terrestre con la capital al formar
parte de la red ferroviaria. En el correr de la
primera mitad del S.XX logró buenas comunicaciones
marítimas y aéreas. En sus inicios con un fluido
transito fluvial que posibilitaba las relaciones
con diferentes puntos del país pero también con
Argentina, se debe mencionar que el puerto nuevo fue
construido entre los años 1927 y 1932 por la empresa
alemana Dyckerkolf y Widmann. Desde el año 1936
disponía de transporte aéreo con salidas diarias a
Montevideo, dos vuelos semanales a Buenos Aires que
tenían escalas en las ciudades de Paysandú y
Mercedes conectándose hacia el norte con Bella Unión
en tres vuelos semanales.
Relativamente tardía, la construcción de la Ruta 3
"Gral. José Gervasio Artigas" a mediados del siglo
pasado conectando Montevideo a partir del km 67 de
la Ruta 1† hasta Salto y siguiendo hasta Bella Unión
con un total de 600 km de recorrido total. Con la
cual se modificaron las comunicaciones con la
capital y con el norte del país logrando
supremacía al convertirse en la vía de transporte
más eficaz.
Una guía
de turismo destacaba en 1954 la variedad de sus
atractivos. “La ciudad de Salto y sus alrededores
sobre el río Uruguay, constituyen lugares de
atracción turística. Cuenta con el hermoso parque
Solari, y está en gestación el municipal donde sobre
un desnivel del suelo se construye un amplio teatro
de verano con gran capacidad. La rambla sobre el río
Uruguay, desde donde se divisa la ciudad argentina
de Concordia, constituye un agradable paseo. Próximo
a la ciudad está el hermoso balneario Arenitas
Blancas,‡ distante unos 4 km, con un parador, donde
en verano y Semana de Turismo se celebran fiestas
variadas que constituyen acontecimientos sociales.”
(Federación Uuruguaya de Turismo, 1954, p. 94)
Esta
visión que ofrecen esas fuentes se mantiene en la
década de los 70.
Las calles totalmente hormigonadas de la ciudad,
que nacen en la costa misma del río Uruguay, sus
edificios modernos, la profusión de comercios y
hoteles, sus monumentos y paseos enmarcados por
verdes naranjales, configuran un atractivo centro
urbano capaz de satisfacer las varias exigencias del
turista. (Rampa, 1970, p. 44)
Al sur
de la ciudad ya sobre fines de la década del 60 esta
zona tenía importantes mejoras desde el punto de
vista de la infraestructura urbana (luz, agua
corriente y teléfonos) así como parques deportivos,
infantiles y forestales.
Paralelamente a este desarrollo se observa la
urbanización de la costa sur donde se edificaron
numerosas viviendas y centros recreativos y
deportivos, destacándose la sede social del Club de
Pesca, en la costanera norte, las construcciones
del Club de Remeros y del Salto Rowing Club.
Construyendo la imagen
El
departamento de Salto tiene características
peculiares que han permitido una temprana
conformación en el imaginario social, así mismo
éste se articula con una innata vocación por
recibir visitantes. Es pertinente considerar la
discrepancia planteada por Burgess (1978) sobre los
estudios que consideran las cualidades físicas en la
formación de la imagen de una región geográfica sin
referir a la interacción de estas “y los
significados (lazos afectivos) que adquieren”. (Baloglu
y mc Cleary, 1999 p.330)
Efectivamente en este proceso existe una fuerte
interrelación de distintos componentes, los
atractivos naturales de la región cuyos valores
simbólicos perduran como es el caso del “agua” y
las “naranjas” que deben ser contextualizados en los
ambientes de sociabilidad que se van instalando en
la sociedad y que se analizarán desde la perspectiva
de los parques y de los hoteles. La relación de los
atractivos con el componente de sociabilidad está
favorecida a su vez por el conjunto de elementos
facilitadores que ofrecieron los distintos medios de
transporte (barcos, aviones, trenes y autobuses)
dependiendo de la década que se aborde. Partiendo
de la trilogía - atractivos, ámbitos de sociabilidad
y elementos facilitadores – se irán definiendo
distintas modalidades turísticas que permanecen en
la actualidad.
En el
entendido de lo expresado por Ahmed (1991, p.331)
“(…) un tema importante es definir la relación entre
la imagen total y los otros componentes, y que la
noción general puede ser favorable o desfavorable.”
De ahí el valor de sus paisajes y en el rico entorno
natural donde se da preeminencia al mundo de
sensaciones que intentan ponerse en valor. El deseo
de experimentar la naturaleza y las propiedades
saludables puede entenderse como un aporte del
romanticismo que propulsaba entre los valores
axiales, tomando la expresión de John Urry “(…)
sugerir que uno podía ser emotivo con respecto al
mundo natural y el paisaje. Los placeres
individuales se derivaban de la apreciación de
vistas físicas impresionantes.” (URRY, 2004, p.25)
La
significación del “agua”
En
primer lugar, se destacan las ventajas del clima que
están registradas en distintas fuentes y que de
manera genérica puede expresarse en: “Además de sus
bellezas naturales de variado colorido, privilegio
de su suelo y típicas del norte uruguayo, Salto
cuenta con un clima templado que facilita la visita
del viajero en todas las estaciones del año” (Rampa,
1970, p. 44)
En
segundo término, es posible encontrar un expreso
valor asignado en el imaginario al componente
“agua” que adquirió diferentes características,
desde las que provienen del río a lo que es hoy el
mundo termal. Si el río Uruguay se vincula
tempranamente al crecimiento de la ciudad por la
actividad productiva, su representación como
espectáculo le otorga nuevos significados. En
primer lugar como panorama en sí mismo pero también
apreciado en su contexto físico y productivo “(…)
espectáculo inolvidable, como las hileras de las
vides y el oro vibrante de los naranjales del
departamento, como sus linares en flor y sus espigas
opulentas. (…).” (Mentor, 1944, s/p)
En ese
sentido la Revista Turismo en el Uruguay, editada
por la Comisión Nacional de Turismo, al comparar las
suaves ondulaciones que caracterizan el paisaje del
país con ríos tranquilos que corren sin obstáculos,
destaca el Salto Grande que “merece descripciones
entusiastas” del espectador que observa cómo sus
aguas “(…) se desploman desde apreciable altura” y
“producen imponente efecto, ya por la variedad de
sonidos graves y confusos que se oyen a larga
distancia, ya por los juegos variado de luz de las
ondas espumosas, (…)” La conciencia de pequeñez
también se destaca al constarse que “Aunque no tan
bello como las del Bogotá y del Missisipi, el Salto
Grande del Uruguay da sensación de magnificencia” (
Turismo en el Uruguay, 1935, s/p).
El poder
simbólico del agua es tan significativo que logra
su mayor nivel de representación y reconocimiento
público en la creación del escudo departamental el
27 de junio de 1927. En la mitad inferior del
ovalo, ocupa un lugar de preeminencia una
representación de una cascada de agua
estableciéndose vínculos con la imagen superior en
la que se representan el trabajo (un yunque,
martillo y un haz de varas) y la sabiduría (una
imagen de Minerva). Además, si se observa el escudo,
la palabra Salto que determina y rodea la parte
superior del óvalo tiene un color bastante próximo
al del otro componente, las naranjas, al cual se
llega mediante una rápida asociación visual.
Las
virtudes del río generan en el espectador - turista
o población residente-una concepción de magia y
voluptuosidad dentro del contexto de la vegetación y
fauna autóctonas, estas descripciones se pueden
apreciar claramente en varias de las fuentes, entre
ellas la Revista Mentor.
A fines
de la década del setenta al instalarse la represa de
generación de energía eléctrica se renueva la noción
de espectáculo donde se vincula la naturaleza con la
alta tecnología convirtiéndose además en un paseo de
perfil didáctico no solo para los turistas sino
también para la población residente.
El río
también ofrecía un ámbito para la sociabilidad como
zona de paseo pero también de vinculación
fronteriza, en este sentido la Guía de Turismo del
Uruguay expresaba: “La rambla sobre el río Uruguay,
desde donde se divisa la ciudad argentina de
Concordia, constituye un agradable paseo”.
(Federación Uruguaya de Turismo, 1954, p. 99)
Aparte
de las oportunidades de paseos y de pesca que
ofrecía la cercanía con el río, este se convirtió en
el ámbito natural para la práctica del water polo,
el remo y la natación. El Club de Remeros había
sido fundado 1915 y tuvo un local flotante que fue
sede del Club Nacional de Regatas. En la décadas del
cuarenta y cincuenta Salto compartía junto a otras
ciudades del litoral (Paysandú, Fray Bentos y
Colonia) el gusto por los “deportes acuáticos”
generando intercambios y competencias con Montevideo
y Buenos Aires. Estos
deportes
fueron ampliamente promocionados por diferentes
medios de prensa destacándose los artículos con
fotografías de la Revista Turismo en el Uruguay.
En
tercer lugar, un componente que también conforma
este imaginario refiere a la identificación de la
región Salto con la producción de naranjas.
Actualmente es parte de los colores que se usan en
la folletería, publicidad y páginas webs de la
Intendencia Municipal de Salto y de varias empresas
turísticas. En opinión del sociólogo salteño Gabriel
Ríos (2000, p. 41)
El citrus ocupa una página destacada en la historia
del desarrollo local, fuente de riqueza de Salto que
tuvo su origen y primer desarrollo antes de comenzar
este siglo, conquistando mercados en Buenos Aires.
(...) Su desarrollo se basó, fundamentalmente, en un
esfuerzo tesonero y prolongado por un largo período
de tiempo, durante el cual algunos productores
pioneros fueron experimentando con el mejoramiento
en la calidad de algunas variedades específicas. Sus
productos llegaron a conquistar la Aceptación en los
países europeos.
La
importancia de la producción citrícola fue destacada
por la Revista Turismo en el Uruguay en varios
números. La naranja mereció apelativos tan variados
como los de “fruta de la salud” y de “oro”, como
“fruta popular, sabrosa, por doquier exuberante de
vida, perfumada cual la más preciada flor, conjunto
de belleza; armonía en el árbol desde que es flor
virtuosa y deseada por los insectos policromos y la
hacendosa abeja, y por la novia que corona y ciñe su
frente con sus blancos pétalos.” La naranja al
igual que el salto de agua, se convierte en un
exponente de la riqueza de los suelos sudamericanos
cuando se la compara con las manzanas de California.
(Turismo en el Uruguay, 1938 s/p)
De los
ámbitos de sociabilidad: parques y hoteles
El
ámbito de sociabilidad como componente de este
proceso puede apreciarse en una primera aproximación
en dos elementos: los parques y los hoteles. La
interrelación de ambos en lo que hace al fenómeno
turístico se puede percibir en la visión que ofrece
la revista Mentor (1944, s/p) cuando refiere al
parador Quiroga: “Este Parador, tiene un moderno
servicio de bar y hospedaje. Pronto será rodeado de
un gran parque inglés para los días de otoño e
invierno, ya que la proximidad de las grandiosas
arboledas naturales hacen innecesario un parque
tropical”.
En el
caso de los parques se puede considerar que tienen
una importante significación simbólica no solo en el
visitante sino también en la población local lo que
se puede percibir desde el primer cuarto de siglo XX
hasta la actualidad. Tomando un punto intermedio en
esta trayectoria histórica, la década del 70, la
serie Los Departamentos, en el número
correspondiente a Salto los titulaba “Parques como
atracciones turísticas”.
La
permanencia del componente está dada por la función
que han cumplido los mismos en la vida social de la
población y por tanto en las externalidades que
llegan al turista. Es emblemático el Parque
Harriague, que además de de ser un espacio verde
ampliamente disfrutable tiene la connotación
nominada de uno de los propulsores de las
innovaciones productivas y perteneciente a la
sociedad salteña. Diseñado dentro de la zona urbana
es un espacio verde de gran belleza sobre el cual
ya se reiteraba publicidad fotográfica en las
décadas del treinta y cuarenta con fines
promocionales en la prensa nacional. El parque
Solari mereció una portada en 1945 en el suplemento
del diario El Día en la que se lo destacaba como
“Jardín salteño de 18 hectáreas de extensión y
tupidos montes de eucaliptos, lugar de reposo tocado
por la gracia de los juegos infantiles y el desfile
de finas siluetas de mujer.” (El Día suplemento
dominical, noviembre 1945, tapa)
En años
posteriores, siguiendo esta línea la Guía de Turismo
de 1954 expresaba que “La ciudad de Salto y sus
alrededores sobre el río Uruguay, constituyen
lugares de atracción turística. Cuenta con el
hermoso Parque Solari, y está en gestación el
municipal donde sobre un desnivel del suelo se
construye un amplio teatro de verano con gran
capacidad”. (Federación Uruguaya de Turismo, 1954,
P.94) También fueron considerados atractivos los
parques Mattos Netto, el Horario Quiroga y el García
Lorca.
En
cuanto al papel cumplido por los hoteles, elemento
natural para el desarrollo del turismo pero también
como ámbitos de sociabilidad privilegiados, este
departamento ha sido pionero en las capitales del
interior del país en la conformación de una planta
hotelera. Se señalaba anteriormente que en 1914
existían 7 hoteles lo que es un hecho relevante si
se considera que Salto tenía en 1916, 74.415
habitantes de acuerdo a la información de la
Dirección Nacional de Estadística.
Entre
ellos se destaca el Hotel Concordia como el más
emblemático y simbólico, con una larga trayectoria
de permanencia pero también de renovaciones que han
permitido un lugar de privilegio en el proceso de
conformación de esta imagen. Se encuentra
funcionando desde la segunda mitad del siglo XIX y
de acuerdo al fundamento brindado cuando fue
declarado Monumento Histórico en 2005,
(…) la
historia del Hotel Concordia está ligada
necesariamente a la de la comunidad salteña,
habiendo acompañado todas las etapas del desarrollo
del departamento que se manifestó siempre en la
hospitalidad brindada a sus visitantes, fueran
ocasionales o ilustres como Carlos Gardel, quien se
alojó
en 1933.
(…) la actividad del Hotel también se desplegó en el
campo cultural, constituyéndose en el escenario
departamental de expresiones de artistas locales y
nacionales, tertulias literarias, así como punto de
reunión de los habitantes del departamento para
conmemorar acontecimientos nacionales o
internacionales. (Maglio, 2008, p. 25)
Fundamento que muestra cómo esta instalación no solo
sirvió a los fines turísticos como alojamiento sino
que tuvo un grado alto de implicancia en la vida
social de la ciudad, como polo cultural de
relevancia y como espacio de sociabilidad de larga
trayectoria. La propaganda publicada en la prensa
local describía la variedad de nuevos servicios que
representaban una novedosa propuesta para el inicio
del siglo XX en el que la hotelería comenzaba a
dejar atrás las rústicas posadas.
Hotel
Concordia de Matías Gamboa
En las
fuentes analizadas el tema de la hotelería es una
constante, a vía de ejemplo se señala que en el
Libro del Centenario de Salto (1937) aparece
publicidad de los hoteles Biasetti, Gran Hotel
Concordia y Español, los cuales funcionan
actualmente. Esta publicidad muchas veces se hizo en
el marco regional, así en el año 1947 en la revista
Turismo del Litoral y Actualidades Gráficas se
registra información de los tres hoteles salteños
como hoteles sugeridos en una promoción que
abarcaba la región aludiendo a infraestructura de
esta naturaleza en las ciudades de Concordia,
Chajarí, Federación y Concepción, incluyendo en esta
visión regional a Uruguayana y Corrientes.
El
fomento del turismo fue un elemento destacado en
las fuentes analizadas y percibidos como una
herramienta fundamental para el desarrollo del
departamento. En la Revista Salto Ciudad de Turismo
del año 1943 se vincula la hotelería a los
beneficios económicos que esta traería aparejada a
la ciudad. Para lo cual retoma las expresiones
vertidas por el Presidente de la Junta Departamental
en 1940, Bismark Suárez: “(…) todos los salteños
tenemos la obligación de apoyar la feliz iniciativa
de los dinámicos y entusiastas por todo lo que sea
de su Salto, periodista Raúl Basciano, Rafael
Lleroni, Ángeles Borges. Un hotel moderno en Salto,
traerá aparejado un sinnúmero de adelantos locales”.
(Revista Salto. Ciudad de Turismo, octubre de 1943,
s/p) Agregándose que los periodistas del momento
crearon un comité con el objetivo de planear la
empresa del moderno hotel que necesitaba Salto, para
cumplir – como base – con su Programa de Turismo.
Corresponde una mención especial la política de
inversión hotelera en departamentos del interior del
país implementada por el Banco de Seguros del Estado
(BSE) en la década del 40. En la editorial del
Almanaque del BSE (1940, p.20) firmada por Enrique
Silveira Zorzi se refiere a la colocación de parte
de las reservas del banco en propiedades edilicias:
Esa tendencia de progreso edilicio, se extenderá en
el futuro a las ciudades del interior, Paysandú es
un ejemplo de lo que dejamos expresado ya que en esa
progresista localidad se está levantando una
soberbia construcción para asiento de un hotel
moderno, que tanta falta hace para el incremento
turístico en el interior y en el litoral. Muy
pronto la Ciudad de Salto recibirá el apoyo del
Banco y en ella se edificará también otra
construcción análoga.
Este fue
el antecedente directo del Gran Hotel Salto-
inaugurado en 1946- siendo considerado un aporte
importante a la actividad turística de la región,
como contribución a la urbanización de la ciudad así
como al interés colectivo. Conceptos que sirvieron
de fundamento y que se pueden apreciar en el
articulo “El Banco de Seguros Construyó en Salto Un
Gran Edificio para Hotel”.
La
Semana de Turismo, con sus grandes desplazamientos
de la población montevideana hacia las regiones del
interior, muestran de año en año al paso de su
creciente arraigo y tradición, las ventajas de
mantener un intercambio de esta naturaleza entre la
capital de la República y el resto del país. Además
Salto, gran ciudad, emplazada río por medio de una
poblada y progresista región argentina, se
encontrará no sólo en la temporada turística, sino
durante todo el año en condiciones de acoger
dignamente al movimiento de viajeros, ofreciéndole
comodidades similares a la de cualquier gran
capital. Vale decir, este Hotel contribuirá a que
Salto mantenga en ese terreno el prestigio que la
caracteriza en otras actividades. (…)” (Almanaque
del Banco de Seguros del Estado 1946, p. 355-358)
Esta
frase contiene varios conceptos que requieren un
análisis. En primer lugar, la importancia asignada
en esa época a la semana de turismo que transcurre
durante la Semana Santa, como momento de
desplazamiento masivo en el que predominaba el
turismo interno caracterizado por una amplia
aceptación social. Además se formuló como aliciente
de relevancia para profundizar el relacionamiento
entre la capital del país y el interior así como
los vínculos con Argentina, subyaciendo la idea
central de incentivar el turismo todo el año y en
zonas complementarias a la costa balnearia.
Este esfuerzo estatal dio respuesta a lo que
muchos periodistas y actores sociales de la época
reclamaban: el fomento del turismo en todo el país
tomando como eje ambas márgenes del río Uruguay. En
este sentido la revista. “Turismo del Litoral” se
preguntaba en el año 1947 ”, ¿que hacen para
encauzar y fomentar el turismo hacia estas ricas y
pintorescas zonas tan propicias no solo para el
turismo veraniego si no también para el otoñal por
sus benéficas propiedades climatéricas?” (Revista
Turismo del Litoral y actualidades gráficas,
diciembre de 1947, s/p)
Las
razones de la construcción del Gran Hotel Salto que
fueron expresadas por las autoridades del BSE
parecen dar respuesta a demandas provenientes de una
sociedad urbana al considerar que:
“(…) una moderna vivienda para el viajero (…) que
desea estar cerca de la ciudad y del campo, viniese
huyendo muchas veces del ambiente asfixiante de las
grandes urbes, buscando la soledad y el reposo en
la quietud de remanso de esta tranquila zona que
guarda en sus costas agrestes tantos motivos
pictóricos y bellas emociones” (Almanaque del Banco
de Seguros del Estado, 1947, p. 22-24)
Pero
además este emprendimiento representaba para las
autoridades del BSE un camino hacia la conquista
del turismo continental en un reclamo más que
sostenido del norte y litoral del país y que tenía
como contra cara beneficios importantes para la
sociedad salteña. Desde el punto de vista del
crecimiento cultural y económico, al proporcionar
mayores oportunidades de trabajo generadas por la
actividad turística y por la construcción de
diversas infraestructuras se lograría poblar
desolados parajes, “(…) porque a lo largo de la ruta
se extenderán nuevos caseríos habitados por
trabajadores que poblarán y sembraran el campo,
dando
animación y vida a las márgenes solitarias de las
vías ferrocarrileras.” (Almanaque del Banco de
Seguros del Estado, 1947, p. 22-24)
Expectativas que muestran cómo la idea y la
concreción de “país turístico” ganaban terreno en
diversos medios.
La
vinculación de los componentes que se ha hecho
referencia hasta el momento – atractivos y
sociabilidad-es perfectamente constatable en la
síntesis que luce a continuación: “Salto se halla
frente a la ciudad argentina de Concordia; lo separa
el Río Uruguay, por lo que el cruce entre las
ciudades constituye un paso sumamente agradable. La
importancia de Salto y su admirable contorno
panorámico, en el que se destacan los grandes
naranjales, realzan su interés. A unos pocos veinte
Kilómetros el Salto Grande ofrece el espectáculo de
su magnífica caída, en cuyas cercanías abundan los
dorados.” (Turismo en el Uruguay, 1946, s/p)
El nuevo
componente: las termas
El
origen termal se vincula con la búsqueda de
combustible propio para satisfacer las necesidades
de un país que intentaba reperfilarse hacia el mundo
industrial. Si se considera el aumento de las
cantidades de combustible importadas es comprensible
la política del Estado de crear el ente que se
ocuparía de estos asuntos:
En este
marco general en 1931 se aprobó la ley que creó la
Administración Nacional de Combustibles, Alcohol y
Portland (Ancap). En el artículo 10º establece que
todos los yacimientos existentes o que se fuesen a
descubrir serían propiedad del Estado Uruguayo. De
acuerdo a lo establecido en el artículo 11º se le
confería la potestad de realizar los estudios de
terrenos y exploraciones en búsqueda de yacimientos.
En este
contexto a fines del año 1940, siendo Jefe del
Regimiento de Caballería Nº 6, Atanasildo Suárez, el
Mayor Tulio A. Farías, el Instituto Geológico
Geográfico y con la intervención del Ministerio de
Obras Públicas se realizaron perforaciones que
alcanzaron la profundidad de 550 ms. En las primeras
horas del día 6 de enero de 1941 surgió el primer
chorro de agua termal que se elevaba a 100 ms. y
caía en medio del cauce del Arapey. Este es el
origen de Termas del Arapey que se encuentra a unos
80 Km. al noreste de la ciudad de Salto.
Los
telegramas de servicio dirigidos al diario Tribuna
Salteña trasmitían la gran primicia que debió haber
generado cierta desazón: “Petróleo no ha salido, sí
gran cantidad de agua con muy alta temperatura. Jefe
de perforaciones remite datos al respecto, no acepta
visitas al lugar. Trataré de conseguirle más novedad
(...)”. En posterior comunicación se proporcionaban
algunos detalles tratando de trasmitir la entidad
del hallazgo. “Siguiendo mi comunicación anterior
agua cada vez con más presión aumentando
temperatura. Saca piedras de medio kilo de la
profundidad arrojando a distancia. Facilita
perforación 10 ms. por día”. (Documentos Inéditos,
Comisión de Patrimonio de Salto, 1941)
Otros
comunicados de este corresponsal refieren a la
visita al lugar del Ministro de Relaciones
Exteriores, Dr.Alberto Guani (1938-42),
(…) a las 17 horas llegó a este paraje el Sr.
Ministro de Relaciones Exteriores, Dr. Alberto Guani
y su comitiva que vienen a visitar el pozo surgente
de agua termal. Fue recibido por los jefes oficiales
del Sexto de Caballería en la zona de la zanja (…)
enseguida fueron a inspeccionar el pozo de agua
termal (…) que sólo viéndolo se puede apreciar en
la forma que brota el agua y cruza el río y sacaron
fotos estudiaron los lugares propicios para el hotel
sanatorio. Manifestó el Ministro su deseo de volver
muy pronto con una comisión de técnicos para
proseguir los estudios y ya poner la piedra
fundamental si es que le colaboran con los fondos
necesarios para vencer y canalizar tan magnifica
obra así como obtener medios de comunicación con
la capital y países hermanos de donde pueden
concurrir turistas (…) (documento inédito, Comisión
de Patrimonio de Salto, 1941)
Inmediatamente la Revista Turismo en Uruguay comenzó
a instaurar la idea de que partiendo de las
posibilidades que ofrecían las termas se lograría
la promoción del Oeste como región permanente para
el turismo ya que ofrecía las bondades de poder ser
disfrutado también en otoño e invierno y que tenía
las posibilidades de adquirir prontamente un
renombre importante. Los componentes químicos que
poseían las aguas termales ricas en yodo, hierro,
calcio, magnesio y fluor le conferían propiedades
terapéuticas. Este surgente termal lentamente fue
despertando expectativas en el sector publico al
otorgarle un poder diversificador ya que “(…) con el
tiempo, la corriente turística no se limitará a las
maravillosas playas uruguayas, y es
considerablemente grande el contingente que se
vuelca al interior durante la temporada otoñal.”
(Turismo en el Uruguay, temporada 1941-42, s/p)
Recién a
partir de 1947 la Unidad Militar fue retirada del
predio de las termas de Arapey y se iniciaron las
gestiones de un grupo de personalidades salteñas
ante la Presidencia de la República para que las 433
hectáreas pasasen a manos de la Intendencia
Municipal de Salto.
Sin
embargo, los recursos que manejaba la Comisión
Nacional de Turismo seguían siendo absorbidos por la
zona costera del Este según el diputado del
Departamento de Colonia, Alfredo Solari. Sostenía
que las Termas de Arapey
eran un elemento de atracción turística
de proporciones excepcionales” pudiendo “funcionar
durante las épocas que no está en actividad el
turismo de nuestras playas (...).” “Hace años que
está en el tapete el asunto de las termas de Arapey
y nada se ha concretado en forma amplia y con
carácter de planificación integral como corresponde
una gestión donde deben intervenir autoridades
nacionales, departamentales y entes autónomos, (…)
(Diario de sesiones de la Cámara de Representantes
1951, p.335)
De
acuerdo a lo establecido en la ley del 1º de agosto
de 1962 se declaró de interés para el turismo la
zona de las Termas del Arapey y fueron transferidas
a la órbita del Gobierno Municipal de Salto. Pero el
empuje fundamental se dio con el aporte privado. La
empresa de transporte interdepartamental
Organización Nacional de Autobuses (ONDA) propuso,
iniciada la década del setenta, construir el
alojamiento, parador y otros servicios, lo que fue
aceptado por el gobierno salteño mediante la
suscripción de un convenio que establecía el régimen
de concesión durante veinte años.
La
relación entre la búsqueda de petróleo y el origen
de termas también estuvo presente en las de Daymán.
En 1952 un equipo técnico de Ancap exploraba la
zona en busca de petróleo, encontrándose en una
perforación de 2.300 metros afloró nuevamente un
chorro de agua caliente que será el inicio de lo que
es hoy este complejo termal en un predio que
pertenencia a la Curia. Fue esta quien encomendó a
las firmas Paganini y Traverso y Pike,
especializados en perforaciones el entubamiento del
pozo de donde el agua surgía con presión equivalente
a 10 atmosférica y a una temperatura de 47 grados
centígrados. Luego de varios análisis de las aguas
se construyo un pilón, especie de bañera doble con
un chorro permanente que caía a ambos lados, dando
satisfacción así al ansia popular de bañarse en las
“aguas curativas”.
En 1960
se habilitaron los primeros pabellones individuales
de baños termales, construidos a instancias de la
Curia Diocesana y con los recursos obtenidos de una
colecta en la que participó el pueblo salteño. Si
bien los trámites de expropiación de los terrenos
comenzaron en 1958, esta recién se logró en la
década del 60. Conjuntamente con la declaración de
las Termas de Arapey se proclamó de interés
turístico las costas del Daymán en las inmediaciones
de las termas del mismo nombre, aplicándose la
normativa vigente a los emprendimientos de
construcción o de ampliación de hoteles en la zona
de referencia.
Culminadas las obras, sus atributos provenientes de
la calidad de las aguas termales, los servicios
acordes y el entorno natural eran valorados por los
salteños según consta en la descripción hecha a
fines de la década del 60,
(…) las Termas de Daymán, a pocos
pasos del río de su nombre, otorga la posibilidad de
un paseo económicamente accesible. Al igual que
Arapey, esta agua, surgen de una profundidad de mas
de 1000 metros, aunque su temperatura es superior a
la de aquellas: alcanza a los 42 grados (…) Una
piscina para mayores y otra para niños, cabinas para
baños de las damas, duchas exteriores, vestuarios y
servicios higiénicos, además de un pabellón cerrado
para hombres y mujeres, conforman un ambiente grato
para el visitante. Algunos moteles privados
facilitan el alojamiento de quienes desean pasar
temporadas en contacto con la naturaleza (…) (
Rampa, 1970, p. 6)
El agua
en una nueva versión – chorros cálidos y piscinas
termales - dio comienzo a una nueva etapa: la
termal, principal atractivo que moviliza muchas
personas al encuentro de sus virtudes terapéuticas
o de simplemente descanso y recreación
Conclusiones
La
construcción de la imagen de Salto como región
turística comenzó bastante antes de tener el
privilegio de ser considerada la capital termal del
Uruguay.
Este ha
sido un proceso de representación mental y social de
la sociedad uruguaya que parte de algunos conceptos
aportados por la misma sociedad salteña, que se
nutre del aporte de viajeros y turistas donde se le
va confiriendo determinados valores a los
componentes tangibles e intangibles sobre los cuales
se construye.
Las
fuentes analizadas aportan una visión desde las
primeras décadas del siglo XX hasta la década de los
70, siendo esta década donde recién el producto
termal comienza a ganar el espacio que actualmente
ocupa de manera legítima.
Los
pilares sobre los cuales comienza a construirse esta
imagen fueron en primera instancia atractivos
naturales que en el proceso se van interrelacionando
con los distintos espacios de sociabilidad
facilitados por determinados elementos como ser los
medios de transporte que contribuirán a su
desarrollo. En cuanto a los atractivos se constatan
dos – el agua y los naranjales – que van adquiriendo
un fuerte valor simbólico que permanece hasta la
actualidad. El agua cuya representación parte de
las calmas riberas del río Uruguay, como elemento
que une pero también separa de Argentina, hasta el
salto de agua que le imponen un valor nominativo a
la región confiriéndolo también una clara y rápida
representación mental. Para luego llegar al agua
concebida desde el disfrute termal, con sus valores
medicinales implícitos pero también con un
significado de ocio y recreación familiar.
Los
naranjales, importante factor del sector productivo,
confieren gran calidez visual partiendo de los
colores inferidos a esa imagen. A esa calidez visual
se suman las tonalidades que va adoptando el río de
sus diferentes momentos, como lugares que logran
transferir esa idea de descanso en un entorno
natural. En el caso de la naranja, imprime además un
color predeterminado a las imágenes generadas que
van desde el poder simbólico que tiene el escudo del
departamento de Salto pero que en la actualidad se
convierte en el color preferencial de la mayoría de
las páginas Webs de esta región – desde la
Intendencia Municipal de Salto hasta emprendimientos
hoteleros y restaurantes.
Evidentemente este componente que parte de
atractivos naturales por si solo no permite
construir una imagen turística sino la vinculación
con otros componentes en un proceso relacional. De
ahí la importancia que adquieren los que se ha
llamado en esta ponencia los ámbitos de
sociabilidad, es decir, los parques y los hoteles.
En
cuanto a la creación de espacios urbanos como los
parques han tenido en la ciudad de Salto un fuerte
significado de sociabilidad y también de recreación
no solo para la población local. En las fuentes
analizadas, es destacable la importancia que se les
confiere a los parques Harriague y Solari desde el
punto de vista del registro fotográfico así como de
la información o publicidad que se realizaba de los
mismos.
El papel
que han cumplido los hoteles como elementos no solo
de recepción de turistas en las distintas épocas
sino como elementos que conllevaron a un fecundo
intercambio social y cultural, tal vez tenga su
valor más paradigmático en el caso del Hotel
Concordia. Pero ese rol que han desempeñado los
hoteles en el proceso de configuración de esta
imagen va un poco mas allá como se observa en el
atribuido al Gran Hotel Salto que fue visto como una
herramienta en el avance del turismo en la zona del
litoral y como una nueva contribución al desarrollo
económico y social de la ciudad.
Salto se
identifica en la actualidad con el turismo termal
constituyéndose en el principal destino de Uruguay
en un proceso que transcurrió en la segunda mitad
del siglo XX. Previamente, fue conformando una
imagen de región turística basada en atractivos
naturales y en vínculos afectivos que se fueron
entretejiendo a lo largo de la primera mitad del
siglo. La entrada en escena del turismo termal y su
actual valor de significación refuerza la idea de
que la construcción de imagen es un proceso de
mediana duración en donde la dinámica de los
componentes hace que la imagen perdure en esa
trayectoria mediante la renovación de sus
componentes.
*)
Este trabajo cuenta con una rigurosa
documentación de referencias y bibliografías
aportada por las autoras que se pueden consultar en
la versión pdf, que este editor (L.Od.) no puede
incluir en esta versión Web. Por razones técnicas.
Ponencia
presentada en el 4º Congreso Latinoamericano de
Investigación Turistica, del 22 al 24/9/10. ISBN:
978 9974 -98- 057 -0 /Trabajo que es parte del
Proyecto “La imagen de país turístico 1930-1955” (FCE_412)
financiado por la Agencia Nacional de Investigación
e Innovación
Autoras:
Rossana Campodónico: Facultad de Humanidades y
Ciencias de la Educación, Universidad de la
República.
campodon@gmail.com
Nelly da
Cunha:
Facultad de Humanidades y Ciencias de la Educación,
Universidad de la República.
ndacunha@netgate.com.uy
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