Brasil: democracia
y democratización
por Luiz Carlos Bresser-Pereira

La democracia de Brasil no es la que soñamos, pero

 ya obliga a los políticos a pensar en

las demandas de los pobres.

 

La primera vuelta de las elecciones presidenciales fue una más de las bellas confirmaciones de que la democracia está consolidada en Brasil. No es la democracia que soñamos, no es simplemente el gobierno del pueblo, pero es una democracia que ya obliga a los  políticos a pensar en las demandas de los pobres y a procurar atenderlas.

 

No siempre con el mismo empeño, no siempre con la misma competencia. Pero el hecho es que durante los 25 años de nuestra joven democracia el pueblo fue escuchado, la desigualdad disminuyó, y los pobres mejoraron de vida.

 

Esto no significa que los pobres siempre ganen con la democracia. En los países ricos, durante los 30 años neoliberales del capitalismo (1979-2008), fueron los muy ricos quienes quedaron aún más ricos.

 

Los pobres y la clase media vieron sus ingresos estancados, a pesar de que continuase produciéndose el progreso tecnológico y el crecimiento económico.

 

Aunque el neoliberalismo hablase siempre en nombre de la democracia, en verdad estaba en contra de ella, como vimos en el caso extremo de la Guerra de Irak y lo vemos hoy en la Guerra de Afganistán.

 

Sin duda, era un autoritarismo contra otro autoritarismo, pero el de los dos países invadidos se daba dentro de su propia casa, mientras que el otro se confundía con el imperialismo.

 

Las elites económicas siempre se opusieron a la democracia. Sólo la aceptaron porque no pudieron resistir más a la presión de los pobres y de la clase media. Pero siempre con reservas. Siempre temiendo la "dictadura de la mayoría", siempre temiendo la expropiación por parte de los pobres.

 

Sólo aceptaron la democracia cuando percibieron que este peligro no existía. Que, por el contrario, en una sociedad que ya había realizado su revolución capitalista y contaba con una gran clase media, la democracia era más segura que el voto del censo del autoritarismo liberal.

 

Brasil completó su revolución capitalista a mediados de los años 1970. Desde entonces la apropiación del excedente económico dejó de depender del control directo del Estado para pasar al mercado.

 

Por eso la transición democrática fue inevitable; por eso la democracia brasileña está consolidada. Pero queda todavía mucho por hacer para mejorar la calidad de la democracia, para proseguir en la democratización.

 

En este campo, el principal desafío es crecer más rápidamente, porque es el desarrollo económico que abre una oportunidad para mejorar los padrones de vida, la disminución de la desigualdad y la protección del ambiente; la principal dificultad es la tendencia a la sobrevaluación cíclica de la tasa de cambio; y la principal tarea es siempre la de la educación, porque es condición del propio desarrollo económico, de la continuidad de la democratización y de la afirmación de la ciudadanía.

 

Brasil caminó en esta dirección desde el gobierno Itamar Franco. Después del Plan Real podría haber crecido mucho más si hubiese combinado responsabilidad fiscal con cambiaria; si hubiese adoptado la estrategia nuevo-desarrollista basada en estas dos responsabilidades, como hacen los países asiáticos dinámicos.

 

Los dos candidatos al segundo turno prometen que lo harán. Construir en conjunto con la nación una estrategia nacional de desarrollo no es una tarea fácil, pero creo que el pueblo brasileño y su democracia están listos para eso.

 

Traducido para LA ONDA digital por Cristina Iriarte

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