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Mi amigo, el
soberano
Ante el debate parlamentario
sobre la ley de caducidad
por Roger
Rodríguez*
Mi
amigo estaba molesto con los argumentos que se
manejan en el debate sobre la Ley interpretativa de
la Ley de Caducidad. Mi amigo es de esos
frenteamplistas del 71 que ha mantenido su
independencia dentro de la coalición y en las siete
elecciones en las que la coalición ha participado
desde entonces, nunca repitió su voto.
En el 71
votó la 9988 de Michelini-Roballo; en el 84 votó al
PDC (808) para que sacara una banca; en el 89 a la
Vertiente (77) por Arana; en el 94 votó a la 78 por
Nin Nova; en el 99 a la 2121 de Asamblea Uruguay por
Danilo; en el 2004 a la 1001 del implotado PCU para
que entrara Marina; y en el 2010 al PS (90) por
Daniel Martínez.
-“Yo
analizo lo que voto. Voto por el Frente Amplio, pero
dentro del FA busco que mi voto sea útil. Elijo una
lista para apoyar a un grupo o para que saque una
banca un dirigente. Voto al Frente, no al
presidente. Voto al programa, no liderazgos”, me
explica con contundencia, como si yo lo estuviera
entrevistando.
Mi amigo
también elije cuándo no votar o votar en blanco. No
firmó para alguno de los plebiscitos de empresas
públicas porque entendía –dice- la importancia de
exigir mejoras en la gestión de los servicios. Fue
de los que voto en blanco en las últimas municipales
y, para mi sorpresa, de los que no puso la papeleta
rosada en octubre.
Cuando
me dijo que no había siquiera firmado para que se
realizara el nuevo plebiscito del 25 de octubre,
quedé mirándolo en silencio. Esperando su
explicación, porque lo sé un luchador contra la
impunidad y un muy duro crítico de la Ley de
Caducidad e, incluso, del Pacto del Club Naval.
Mi amigo
es un sujeto político y nada de lo que hace o deja
de hacer carece de motivo. Lector avanzado en
filosofía y doctrina, cuidadoso analista de las
coyunturas (difícilmente se equivoca en un
pronóstico) y puntilloso estudioso de las normas o
reglamentos, muchas veces me impacta con la lógica
simplicidad de sus argumentos.
-“Yo soy
político no activista social. No estaba a favor de
que el Frente Amplio hiciera la Ley interpretativa
de la caducidad hace dos años y no estuve a favor de
que las organizaciones sociales, con el PIT-CNT a la
cabeza, fueran los que promovieran un plebiscito
para algo que necesita una solución política”, me
dijo, e hizo una pausa.
Esperé
que siguiera, porque comprendí que tenía un
argumento elaborado. Mi amigo es de esos que juega
ajedrez, mira la jugada a tres bandas, que entiende
los entretelones de los congresos, que comprende la
política como un arte de lo imposible… “Lo posible
es fácil, no necesitás hacer política para eso”, me
dijo alguna vez.
Mi amigo
también es un apasionado del fútbol. Hincha de
Peñarol y admirador de dirigentes como Cataldi, que
ganaban en la cancha pero no perdían en la liga, la
federación o la Fifa. “Si lo dice el reglamento andá
a quejarte a Tanganica” respondió una vez a mi
protesta sobre el invento de la tabla anual para
definir el Uruguayo.
-“¿Entonces?...”, le di pie para que siguiera cuando
la pausa se había hecho larga y había tomado dos
sorbos de whisky mientras yo esperaba que redondeara
su idea. Es que cuando mi amigo la tiene clara,
disfruta de los silencios como si estuviera
resolviendo un crimen en una novela de Agatha
Christie.
-“Entonces… que una cosa es una cosa y otra cosa es
otra cosa”. Esta vez la pausa fue breve y no lo
interrumpí. “Entonces… que no se mezclan tararitas y
bagres, que una cosa es un recurso ciudadano y otra
cosa la política de los políticos, que yo voto a mi
partido, a su programa y reclamo que lo cumpla…”
-
“¿Podés ser un poco más claro?”
-“Lo que
digo, es que no me banco que ahora se habla de
mayorías y minorías y de voluntades del pueblo. Las
falacias de falsa oposición ya las desenmascaró hace
mucho tiempo Vaz Ferreira. Y vos que sos periodista,
deberías entender lo que te digo, porque son los
medios de comunicación en los que trabajás los que
oscurecen lo que es claro”.
- “No te
entiendo…”, dije con sinceridad y un poco de
expectativa.
-“Decíme,
Sanguinetti o Lacalle, ¿no fueron presidentes por
voluntad del pueblo, aunque no tuvieron la mitad más
uno de los votos en las tres elecciones que
ganaron?. ¿Las leyes que aprobaron sus bancadas y
los decretos que firmaron, incluso la Ley de
Caducidad, no eran representativas del sistema
institucional en que vivimos?”
- “Si
pero a ambos se les hicieron plebiscito. A Lacalle
se le derogó la Ley de empresas públicas y a
Sanguinetti se le hizo el plebiscito contra la ley
de impunidad, aunque el voto amarillo le ganó al
verde. Además, cuando fueron electos no se había
hecho la reforma que colocó al balotaje”, intenté
debatir.
-“¿Y qué
tiene que ver el balotaje?. Eso define al
Presidente. Las leyes las aprueba el Parlamento. El
Presidente puede reglamentarlas y, en todo caso,
vetarlas. El Parlamento puede levantarle el veto y
el Presidente, puede disolver al Parlamento y llamar
a nuevas elecciones legislativas. Pero el Presidente
propone, no hace leyes”.
Sabía
que mi amigo me había hecho entrar en su trampa
argumental. Con curiosidad por saber a dónde quería
llegar, tome un sorbo largo del amarillo y le hice
un gesto al mozo para que sirviera otra vuelta. Me
hubiera gustado prender un cigarrillo, pero
respetuoso de las normas, me quedé con las ganas y
esperé que mi amigo continuara…
-“El
Parlamento es el que tiene que resolver un lío que
armó el propio Parlamento. Yo firmé y voté la
papeleta verde en el referéndum del 89, porque así
lo definió el Frente Amplio. Y en el plebiscito de
1989 el soberano votó la papeleta amarilla, que ganó
por 300 mil votos…El amarillo le ganó al verde y tá,
como dice Mujica…”
-“¿Entonces vos sos de los que consideran que el
tema está laudado y que no se tiene que dejar si
efectos la Ley de Caducidad?”, le dije con un tono
más alto, no por enojo, sino por preocupación de que
un tipo como mi amigo no entendiera lo que significa
vivir en la impunidad y las implicancias culturales
que eso ha generado.
-“¿Yo
dije eso?. No. Dije que entonces ganó el amarillo,
porque había un voto amarillo contra un voto verde.
Después, se cambió el reglamento, y aunque se bajó
el porcentaje de firmas que se necesitan para
convocar a un referéndum, el nuevo sistema obliga a
tener la mitad mas uno de los votos. Juegan en
contra los votos en blanco y anulados”.
- “¿Para
vos, entonces, no tenía que promoverse el plebiscito
porque en la votación se peleaba con una sola
papeleta contra todos los demás votos, los que no
sabían , los que votaban en blanco, los anulados o
los indiferentes, y se iba a perder?”, traté
erróneamente de interpretarlo, sin saber aún la
conclusión de su argumento.
- “No
fue por eso. Fue porque creo en la política y en mi
partido… Te explico. Cuando ganó Tabaré Vázquez el
programa de gobierno resuelto en el Congreso decía
que no se tocaría la Ley de Caducidad. Por eso
Tabaré dijo que no podía anular la ley y no la tocó.
Lo mismo ocurrió con la ley del aborto y Tabaré la
vetó, y chau”.
- “Pero,
entonces, ahora, el Frente Amplio tiene que anular
la Ley de Caducidad porque así lo estableció el
quinto congreso extraordinario en diciembre de 2009,
cuando incluso se mandató un apoyo expreso a la
juntada de firmas para promover la reforma
constitucional que permitiera anula la ley”, le dije
con firmeza
- “Ahora
estás entendiendo… Durante el gobierno de Tabaré
Vázquez el Frente Amplio no podía impulsar una ley
interpretativa para anular la Ley porque no estaba
en su programa de gobierno, que es lo que votó la
ciudadanía. Y ahora, puede hacer esa ley que deja
sin efectos la caducidad, porque así lo dice su
programa de gobierno...”
- “Pero
el Frente Amplio en el quinto congreso aprobó apoyar
la anulación de la Ley de Caducidad. Y ahora vos me
decís que no firmaste y que tampoco votaste la
papeleta rosada. ¿Cómo me explicás tu voto, vos, que
sos tan riguroso de las resoluciones, los estatutos
y los mandatos de tu partido?”
-
“Todavía no llegaste… Yo apoyé la anulación de la
Ley. Dije que había que anularla. Incluso, a quienes
me preguntaron, les dije que firmaran por el
plebiscito y votaran la papeleta rosada… Pero yo
apoyé y apoyo la anulación, no firmé ni voté una
papeleta de un plebiscito que habían impulsado
organizaciones sociales y no el Frente Amplio”.
- “No te
entiendo. Tipos como vos son los que al final no
ensobraron las papeletas rosadas en las listas del
25 de octubre”, le dije ya caliente. “¿Qué clase de
sujeto político sos que decís una cosa y hacés otra?
¿Qué tipo de respeto tenés entonces a la decisión de
tu partido? ¡A vos no te importan las mayorías ni el
soberano!”, le espeté.
- “Por
el contrario. Yo soy hincha a muerte del soberano,
soy parte de él, porque no milito en ningún sector
de mi partido. Voto a mi partido y en mi partido.
Como tal tomé decisiones sobre lo que me pidieron
que decidiera. Y por eso no puse la papeleta rosada
en un referéndum que ya habíamos perdido con el voto
verde del 89…”
A esa
altura ya no entendía nada. Mi amigo sonaba seguro y
calmo, estaba convencido de lo que me decía, pero yo
no terminaba de captar su lógica y mucho menos cómo,
si estaba en contra de la impunidad, no había
firmado ni votado la papeleta rosada en el
plebiscito de octubre… “Te escucho”, le dije en un
último intento de comprenderlo.
- “Al
soberano, al pueblo, se le preguntaron cuatro cosas
el año pasado. El 25 de octubre se le pidió que
decidiera sobre la reforma constitucional del voto
rosado, que decidiera sobre la reforma del voto del
exterior con la papeleta blanca y que decidiera la
composición del Parlamento. Después, en el balotaje,
que decidiera al presidente…”
- (Me
mantuve en silencio).
- “Como
soberano, yo no voté la reforma constitucional del
voto rosado, voté la papeleta blanca del voto
consular, voté que el pelado Martínez fuera senador
porque me calentó lo que pasó en el congreso y
después voté al Pepe como presidente. Fueron cuatro
decisiones independientes que tomé como ciudadano,
como soberano…”
- “¿A
dónde vas?”
- “A que
son cuatro decisiones independientes del soberano.
Todas ellas válidas, legales, constitucionales,
democráticas y mayoritarias. Por eso, una cosa es
una cosa y otra cosa otra cosa. Que no me hagan
sofismas, aforismos, silogismos o rosalismos. Yo
voté para que el Frente Amplio tuviera mayoría
parlamentaria. Eso voté”.
-
“Entonces”.
-
“Entonces, cuando el soberano le da la mayoría
parlamentaria al Frente Amplio el 25 de octubre, lo
faculta a hacer lo que tiene que hacer como Poder
Legislativo. Es decir, hacer leyes. Y esas leyes las
hace de acuerdo al programa de gobierno que como
partido político le propuso al soberano y que el
soberano decidió”.
- “Creo
que te empiezo a entender…”
- “Lo
que te digo, es que es tan valido el pronunciamiento
del soberano en contra del voto verde o su
indiferencia al voto rosado, como su pronunciamiento
a favor de una mayoría parlamentaria de un partido
político que le propone un programa de gobierno,
donde se incluye la anulación de la Ley de
Caducidad”.
- “Es
decir…”
- “Es
decir, que el soberano lo que no votó al no poner el
voto rosado fue una reforma constitucional para
anular la ley, pero a la vez, cuando votó la mayoría
parlamentaria del Frente Amplio, aunque no fuera por
la mitad más uno de los votos, que no se exige, lo
facultó, como soberano, a cumplir su programa de
gobierno y anular la ley. Eso”.
- ¿Pero
esa mayoría parlamentaria que hoy tiene el Frente
Amplio puede, según tu opinión, revertir la decisión
soberana que el pueblo tomó en el plebiscito del
89?”
- “Son
dos cosas distintas. Unos son bagres y otros
tarariras. El soberano mantuvo el voto amarillo al
no votar el voto rosado… Pero a la vez, el soberano
aceptó revertir la mayoría parlamentaria de 1986 que
por un voto aprobó entonces la Ley de Caducidad, al
darle mayoría parlamentaria al Frente Amplio y su
programa de gobierno”.
-
“Entonces, para vos, ¿el Frente Amplio no desconoce
al soberano al aprobar la ley interpretativa que
deje sin efectos la Ley de Caducidad como pide la
Corte Interamericana de Derechos Humanos?”
- “Para
nada. Al pueblo lo que es del pueblo y al Parlamento
lo que es del Parlamento, o sea, hacer leyes por las
mayorías legislativas que establece la Constitución,
según el programa de gobierno sometido al decisión
del soberano, que después también eligió al Pepe de
presidente en el balotaje y reafirmó su apoyo al
programa de gobierno”.
- “Ahora
te entendí. No se reformó la constitución para
anular, pero sí se otorgó la mayoría parlamentaria
para hacerlo. Dos decisiones independientes del
soberano pueblo a través del voto secreto y
universal… Interesante argumento… Pero, decime, ¿vos
entendés que se puede anular una ley, cosa que
también se debate?
- “Esa
es otra historia, Arturito. Sólo te voy a recordar
que en todos los países del mundo, la ley madre, en
realidad, no es la Constitución de la República,
sino su Declaratoria de la Independencia, y si lees
la Declaratoria de la Independencia uruguaya,
entenderás que nacimos de una anulación”.
Con mi
amigo, terminamos la noche de boliche y copas,
discutiendo si J.R. podía cambiarle la pisada a
Nacional, si Peñarol podía repetir el campeonato, la
importancia de Tabárez en la conducción de la
celeste, el incidente de los Forlán y Tenfield y
nuestra esperanza de que se debata seriamente sobre
el tema de las drogas…
Cuando
llegué a casa, puse el Google y busqué la
Declaración de la Independencia… y leí:
“Texto
de la Declaratoria de Independencia de la Provincia
Oriental (Uruguay), 25 de agosto de 1825:
“La
Honorable Sala de del Río de la Plata, en uso de la
Soberanía ordinaria y extraordinaria que legalmente
inviste, para constituir la existencia política de
los pueblos que la componen, y establecer su
independencia y felicidad, satisfaciendo el
constante, universal y decidido voto de sus
representados; después de consagrar á tan alto fin
su mas profunda consideración; obedeciendo la
rectitud de su íntima conciencia, en el nombre y por
la voluntad de ellos, sanciona con valor y fuerza de
ley fundamental lo siguiente:
1 -
Declara írritos, nulos, disueltos y de ningún valor
para siempre, todos los actos de incorporación,
reconocimientos, aclamaciones y juramentos
arrancados á los pueblos de la Provincia Oriental,
por la violencia de la fuerza unida á la perfidia de
los intrusos poderes de Portugal y el Brasil que la
han tiranizado, hollado y usurpado sus inalienables
derechos, y sujetándole al yugo de un absoluto
despotismo desde el año de 1817 hasta el presente de
1825. Y por cuanto el Pueblo Oriental, aborrece y
detesta hasta el recuerdo de los documentos que
comprenden tan ominosos actos, los Magistrados
Civiles de los pueblos en cuyos archivos se hallan
depositados aquellos, luego que reciban la presente
disposición, concurrirán el primer día festivo en
unión del Párroco y vecindario y con asistencia del
Escribano, Secretario, o quien haga sus veces á la
casa de Justicia, y antecedida la lectura de este
Decreto se testará y borrará desde la primera línea
hasta la última firma de dichos documentos,
extendiendo en seguida un certificado que haga
constar haberlo verificado, con el que deberá darse
cuenta oportunamente al Gobierno de la Provincia.
2 - En
consecuencia de la antecedente declaración,
reasumiendo la Provincia Oriental la plenitud de los
derechos, libertades y prerrogativas, inherentes á
los demás pueblos de la tierra, se declara de hecho
y de derecho libre é independiente del Rey de
Portugal, del Emperador del Brasil, y de cualquiera
otro del universo y con amplio y pleno poder para
darse las formas que en uso y ejercicio de su
soberanía estime convenientes.
Dado en
la Sala de Sesiones de la Representación Provincial
en la Villa de San Fernando de, la Florida, etc.
Juan Francisco de Larrobla, Presidente, Diputado por
el Departamento de Guadalupe. - Luis Eduardo Pérez,
Vice Presidente, Diputado por el Departamento de San
José. - Juan José Vázquez, Diputado por el
Departamento de San Salvador. - Joaquín Suárez,
Diputado por el Departamento de la Florida. - Manuel
Calleros, Diputado por el Departamento de Nuestra
Señora de los Remedios. - Juan de León, Diputado por
el Departamento de San Pedro. - Carlos Anaya,
Diputado por el Departamento de Maldonado. - Simón
del Pino, Diputado por el Departamento de San Juan
Bautista. Santiago Sierra, Diputado por el
Departamento de las Piedras. - Atanasio Lapido,
Diputado por el Departamento de Rosario. - Juan
Tomás Núñez, Diputado por el Departamento de las
Vacas. - Gabriel Antonio Pereira, Diputado por el
Departamento de Pando. - Mateo Lázaro Cortés,
Diputado por el Departamento de Minas. - Ignacio
Barrios, Diputado por el Departamento de Víboras. -
Felipe Álvarez Bengochea, Secretario”.
Entonces, terminé de entender a mi amigo… el
soberano.
* Periodista uruguayo.
LA
ONDA®
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