La previa: si gana Serra,
cerrá y vamos
por Raúl Legnani

Hoy ( domingo 31 de octubre) son las elecciones nacionales en Brasil, donde se juega la continuidad del proyecto progresista que inició Lula o se comenzará a recorrer el camino del retroceso, a las posturas más conservadoras en el mayor país latinoamericano, tanto en lo económico, como en lo militar y poblacional.

 

Los grandes medios de comunicación de Brasil, más el aporte siempre "desinteresado" de la CNN, le dicen a los electores de ese país que sea cual sea el resultado en las urnas no habrá cambios sustanciales. Lo cual es una verdadera mentira, una trampa para que la gente vote sin tener en cuenta los proyectos de país y termine eligiendo entre Dilma (izquierda) y Serra (derecha) por asuntos o temas que no son los sustanciales.

 

La derecha, con el apoyo de los sectores más retrógrados de las distintas corrientes religiosas, introdujo por la ventana del debate político el miedo y el terror, a partir del rechazo que existe en esa sociedad a la posible legislación a favor del aborto. Con esta jugada desesperada la intención es identificar a Dilma, que negó que la posibilidad del aborto se concrete bajo su gobierno, con la muerte y a Serra con la vida.

 

Esta campaña de odio, una verdadera guerra santa, que ha impedido el debate programático en el mayor país de Latinoamérica, ha contado con la mano del Papa, jefe del Vaticano. "Cuando los proyectos políticos contemplan abierta o veladamente la descriminalización del aborto o de la eutanasia, el ideal democrático es traicionado en sus bases", dijo, para agregar que "Dios debe encontrar su lugar también en la esfera pública, sobre todo en las dimensiones cultural, social, económica y particularmente política".

 

Serra, ex gobernador de San Pablo sólo pudo recibir el discurso con buenas palabras. "El Papa es un líder espiritual mundial de la Iglesia Católica y tiene pleno derecho de emitir sus directrices y orientaciones para los católicos. Tiene plena libertad, es un guía espiritual muy importante", defendió el candidato de la derecha.

 

Por su parte el profesor Luiz Moniz Bandeira, alguien muy escuchado en Itamaratí, defensor de la obra de Lula, dijo en La ONDA digital, con sede en Uruguay, que "se está ante una intensa campaña terrorista, una guerra sicológica, promovida no sólo por la derecha, sino por la extrema-derecha, y alimentada por intereses extranjeros, que hacen una campaña contra la política exterior del presidente Lula y no quieren que Brasil se proyecte cada vez más como una potencia política global".

 

Consultado sobre lo que significaría un triunfo de Serra para la política exterior de ese país, Moniz Bandeira aseguró que "sería un desastre" que "perjudicaría su comercio con los países en desarrollo, sobre todo de América del Sur". En este sentido recordó que "ya realizó declaraciones, de las más absurdas, atacando a Argentina, a Bolivia, a Venezuela y a otros países".

 

Pero la mayor alarma la puso cuando señaló que "en materia de sumisión a las directrices de los Estados Unidos, el gobierno de José Serra sería mucho peor, mil veces peor, que la del ex presidente Fernando Henrique Cardoso".

 

En cambio, en el caso de una victoria de Dilma, "ella continuará tratando de promover la unión de América del Sur no sólo como un bloque económico, cuyo epicentro es el Mercosur, sino como un espacio geopolítico, capaz de alcanzar una mejor inserción internacional, compitiendo con otras masas geográficas, demográficas y económicas, tales como China, Estados Unidos, Rusia y la India".

 

Si la derecha ganara en Brasil, posibilidad cada vez más lejana según las últimas encuestas, la América del Sur progresista entraría en una nueva época, que podría cuestionar las conquistas logradas en los últimos 20 años.

 

No olvidemos que el progresismo perdió en Chile, que hubo un intento de golpe de Estado en Ecuador, que falleció en Argentina Néstor Kirchner y que en Venezuela el presidente Hugo Chávez sigue confirmado en el gobierno por las urnas, pero con un apoyo menor.

 

La continuidad de un Brasil progresista es imprescindible para un país pequeño como el nuestro, pero también para otros de la región, que sólo se pueden proyectar al mundo con estabilidad política e institucional, si hay un corazón fuerte a favor de la integración. Y ese es Brasil, que debe seguir latiendo desde la izquierda. La otra opción es la vuelta al aislamiento y a la dependencia descarnada de Estados Unidos.

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