Ausencias de Kirchner y Lula;
nueva realidad con nuevos actores
por Antonia Yáñez

No es casualidad; sí reiteración en los procesos históricos de las naciones y regiones, que se procesen hechos simultáneos. Tres grandes acontecimientos sociales y políticos están cerrando su ciclo en las últimas horas o días. Los tres tendrán relevante incidencia en tiempos y magnitudes distintas sobre Uruguay y la región mercosuriana.

 

Lula cierra su etapa como presidente, lo hace con un doble triunfo, se va por la puerta grande. Una presidencia exitosa, y queda en su lugar, quien él ha proyectado para que le suceda.

 

Luiz Inácio Lula da Silva, no es solo un líder político reconocido por llevar a su país a los más altos sitiales contemporáneos en la economía, y el reconocimiento universal como una de las primeras potencias emergentes, o porque mitigó en niveles importantes la desigualdad social en Brasil. Es en lo esencial un líder porque durante décadas ha mantenido su liderazgo sobre la base de una permanente y consecuente comunicación con su base social y política. Primero como sindicalista metalúrgico, luego dirigente del Partido de los Trabajadores.

 

Los liderazgos reales no se delegan, por eso en Brasil con la presidenta Dilma Rousseff, en realidad se abre una nueva etapa, que puede ser de continuidad en algunos planos, pero también con novedades múltiples. El factor humano en política sigue siendo uno de sus grandes componentes, aunque la economía tenga la virtud mediática de formatear la conciencia social.

 

También en el otro gran soporte del área mercosuriana, un cambio político importante acaba de ocurrir con la muerte repentina del ex presidente Néstor Kirchner. Aquí también el factor humano determinará cambios importantes, aun borrosos en su previsibilidad. Kirchner era un típico líder peronista provincial, que en una crisis profunda en todos los órdenes de su sociedad, fue elegido institucionalmente presidente. Supo trasformarse rápidamente en un jefe político nacional casi desde la nada.

 

Contradictoriamente, la economía volvió a funcionar, la institucionalidad de Argentina históricamente enferma logró buena salud, y su vida cívica y democrática hace los máximos esfuerzos por crecer. Pero aquí también vale repetir con un matiz lo de los liderazgos: no se delegan o no se heredan.

 

Una categoría de la sustentabilidad de la política y sus instituciones en Argentina a la hora de hacer un reconto del papel del gobierno de Kirchner y del actual de Cristina Fernadez K, es el papel de Brasil y del gobierno del presiente Lula en particular, al legitimar y apoyar  a Argentina. Con las características que se realizó durante este periodo, comporta una novedad e innovación, con no pocas contradicciones en la interna económica y social de Brasil, que debieran cargarse en las habilidades de Lula y su equipo de pilotearlas con éxito.

 

Esta constatación no elude el reconocimiento de que las relaciones actuales de Brasil hacia Argentina integran la capacidad de un Estado y Nación de tener un proyecto país con visión estratégica y misión sudamericana militante. Al abrirse una nueva etapa sería una ingenuidad de alto costo para el resto de los países de la región, y para Uruguay en particular, no ajustar y proyectar rápidamente sus estrategias de política internacional y regional.

 

Esta necesidad de ajuste será más evidente aun cuando quede establecido con plena claridad la composición política y la correlación de fuerzas en EEUU luego de las parlamentarias en curso. Pero nada será igual que hasta ahora para el presidente Obama. La crisis económica al igual que en Europa está modificando profundamente el mapa ideológico de los partidos políticos y opciones electorales. Esto incidirá en el próximo periodo en el relacionamiento con Sudamérica.

 

La crisis económica y financiera, en mucha de los grandes centros industriales y bancarios de los EE.UU. ha provocado que resurjan con inusitada fuerza opciones políticas de extrema derecha, con propuestas económicas y sociales que se alejan de la protección de los derechos y las libertades ya conquistadas. En particular de una nueva generación de Derechos Humanos, que la sociedad moderna ha venido contrayendo. Esto está acompañado del desarrollo de ingeniosas aunque no menos siniestras elaboraciones teóricas y “académicas” que a diferencia de otras oportunidades buscan dar credibilidad a improntas prácticas y ejecutivas a los Estados.

 

Cuando la irracionalidad en política y propuestas sociales alcanzan los niveles  de mecanismo que se han observado en esta campaña electoral norteamericana, por ejemplo; desterrar a Darwin y la teoría de la evolución de los planes de estudio en las escuelas y reemplazarlos por el creacionismo bíblico, se está frente a un peligro, que la comunidad internacional debiera prestar más atención.

 

Es llamativo las asimetrías en las campañas electorales, aunque éstas se realicen a miles de quilómetros de distancia. También en Brasil irrumpió la religión como factor dominante, en este caso fue el propio Papa Benedicto XVI quien reclamó que; "Dios tiene que tener un lugar en la vida política" y tras recordarles que "la religión católica es parte integrante de la historia de Brasil", se definió por uno de los candidatos; "Cuando los derechos fundamentales de las personas y de las almas lo exigen, los pastores tienen el grave deber de emitir un juicio moral". Y añadió: "Cuando proyectos políticos contemplan abierta o veladamente la despenalización del aborto o la eutanasia, los obispos no deben temer la impopularidad rechazando compromisos y ambigüedades".

 

Otra “novedad” que ha iniciado su curso desde el Norte es el plebiscito por "legalizar" las drogas en el Estado de California, este hecho sin duda genera una onda expansiva y un debate que trasciende los EEUU, y tendrá su impacto en Sudamérica. No deja lugar más que a la perplejidad, que desde el país que ha proyectado para Sudamérica los planes sociales, militares y de seguridad más rigurosos e invasivos sobre este tema ahora proyecte el “ensayo de California”.

 

Asiste razón al presidente de Colombia, Juan Manuel Santos, al pedir "coherencia" a los norteamericanos ya que; "Nadie entiende que un país pueda legalizar internamente la producción, el tráfico y el consumo, y al mismo tiempo criminalizar" las drogas.

 

"No podemos seguir poniendo los muertos y los países consumidores llevándose los beneficios" en la lucha global antidrogas, señaló el presidente de Colombia, país con la mayor producción de cocaína e importante proveedor de EE.UU.

 

En este complejo crisol de problemas, las exponenciales expectativas que se habían creado sobre la llegada de Obama a la Casa Blanca, se licúan tan rápidamente como el avance de una crisis económica, que de bancaria se transformó en económica a secas y que alimenta una social y política, ideológica y cultural de difícil cuantificación pero segura radicalización.

 

Por el contrario el presidente Obama recurre a los evasivos tic de Bush sobre confusos “atentados terroristas”, para alimentar los miedos de una población que recibe desde afuera la información real sobre una guerra que EE.UU. le llevó a Irak. Sin embargo nada ha dicho Obama para deslindar responsabilidades ante la información denunciado por el sitio WikiLeaks, revelando casi 400.000 documentos secretos del Pentágono que muestran el cotidiano torrente de violencia, asesinatos, violaciones y torturas al que han sido sometidos los iraquíes desde que George W. Bush declaró su “Misión cumplida”.

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