No llamemos arte al
arte contemporáneo
por Avelina Lesper

Uno de los temas frecuentemente tratado en el mundo contemporáneo en distintos escenarios de reflexión o análisis, es sí, las expresiones contemporáneas de lo que se llama Arte, se corresponden realmente al Arte. Aquí la especialista Avelina Lesper recoge el tema en una nota inicialmente publicada en El Semanario – de México. Teniendo como base el libro del destacado intelectual francés Marc Fumarola.

 

El intelectual francés Marc Fumaroli en su más reciente libro hace un análisis del fenómeno del arte contemporáneo y afirma contundente: “No llamemos arte al arte contemporáneo”. Para Fumaroli este “arte” pertenece a la industria de los objetos de lujo y es parte de las falacias culturales de nuestro tiempo. El libro se titula París-Nueva York-París, Viaje al mundo de las artes y de las imágenes, de editorial Acantilado.

 

En dos entrevistas del diario español El País y en La Razón de Buenos Aires, a la pregunta de por qué llamaba espectáculo a este arte, respondió: “No sólo del arte espectáculo, sino del arte negocio. Hay una nueva clase social que surge de la acumulación del dinero en una esfera extremadamente estrecha, pero mundial. Estos millonarios ya no quieren tener en casa un tiziano o un delacroix, sino signos exteriores de riqueza. Y eso es lo que les proporcionan las galerías que les ofrecen tiburones dentro de tanques de formol o juguetes como los que produce Jeff Koons. Los banqueros de hace siglos apoyaron un arte maravilloso y hoy promocionan el kitsch más inaguantable.”

 

Es decir, ya no se busca belleza, inteligencia. Los compradores quieren hacer alarde de riqueza y la mayor demostración es pagar una fortuna por algo que no vale nada. El comprador de arte ya no paga talento extraordinario, paga cinismo extraordinario, eso lo convierte en cómplice del artista. Si tú eres capaz de decir que ese juguete de feria es arte, yo puedo pagar por él como si fuera arte. Es una simbiosis cultural que se centra en el consumo descabellado. Fumaroli afirma: “Hay un punto común en el arte, la exigencia de una obra, y hemos entrado en un mundo en el que el arte no supone una obra, sino sólo un concepto, una cosa efímera que durará un tiempo breve. Esta es la gran ruptura. No hay derecho a utilizar la palabra arte para lo que se llama el arte contemporáneo, no lo llamemos así; habrá que inventar otra palabra, tal vez entertainment para millonarios”.

 

Esto es relevante porque la columna vertebral del arte contemporáneo es el concepto, que es una imposición retórica para dar valor a algo que en su evidente presencia no lo tiene. Por ejemplo: unos tablones rotos o animales disecados chorreados de pintura de Kim Dorland, que son piezas que van de los 50,000 a los 200,000 dólares, los despojamos del concepto que dice “Dorland crea obras intimidatorias, místicas y que sumergen al espectador en un bosque que eclipsa la imaginación y las imágenes dominantes”, lo que queda es simplemente un animal disecado, nada más. No queda talento, no queda una obra capaz de sostenerse sin una idea impuesta.

 

En relación a la adicción del arte contemporáneo de estar apadrinado por empresas y hacer “crítica social”, dice Fumaroli: “El arte actual es una creación del capital financiero y a la vez quiere ser sociológico y capaz de denunciar el sistema explotador. Hay mucha hipocresía al presentar montajes destinados a denunciar todos los males de la sociedad financiados por empresas. La metafísica del arte contemporáneo es terrible. Como no hay nada, hay que sustituirlo con teorías”. Y el resultado lo podemos ver, museos vacíos y público harto de obras sin inteligencia.

 

* Avelina Lesper Crítica de arte y entre sus líneas de investigación está la pintura europea y el mercado de arte.

 Fuente: El Semanario -Mexico

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