El FA se está quedando sin
estrategia de acumulación
por Raúl Legnani

La izquierda nucleada en el Frente Amplio (la única) está pasando por un mal momento y lo peor es que parece que no se da cuenta de ello o no quiere darse cuenta.

 

No es necesario leer El País o ver como jerarquizan las noticias los grandes medios de comunicación, para comprobar que la cosa viene ladeada y que hay demasiados problemas para un Uruguay que en lo sustancial le va bien o incluso muy bien.

 

Crecen las exportaciones, la desocupación está por debajo del 7%, la gente consume más que antes y disfruta del consumo, la inversión extranjera sigue aumentando, la libertad está floreciente y no hay grandes confrontaciones políticas y las que hay por cierto están muy lejos de los fanatismos derechistas de las décadas del 60 y principios de los 70.

 

Pero a pesar de todas estas bondades ­y de otras­, en mi opinión, todas sustanciales, hay un malestar subterráneo que particularmente se manifiesta en la interna de la izquierda con muy poca claridad, lo que impide que ese núcleo central de frenteamplistas, que deben ser unos 300 mil ciudadanos de izquierda, dediquen su tiempo y sus energías intelectuales a conversar sobre contradicciones y mezquindades que se reproducen entre hermanos.

 

Con todas las palabras: hoy hay malestar en el Frente Amplio, lo que le impide influir sobre la sociedad, al grado que aliados naturales como son los sindicatos se muestran críticos del gobierno e incluso salen a enfrenarlo y a cuestionarlo, aunque no lo digan directamente.

 

Este fenómeno político y cultural se profundiza con el transcurrir de los días, a pesar de que las encuestas colocan a Tabaré Vázquez, José Mujica y Danilo Astori, como los líderes con mayor aceptación popular, muy por encima de Pedro Bordaberry y Jorge Larrañaga, mientras que el doctor Luis Alberto Lacalle se ubica en la cola del pelotón de los rezagados.

 

Existe a la vez la tentación de destinar responsabilidades al gobierno, que las tiene, pero también a la militancia de izquierda que se manifiesta en las organizaciones sociales y que parece que perdió la memoria y no se da cuenta que una cosa es un gobierno progresista y que otra cosa es la derecha en el Poder Ejecutivo.

 

Quizás, en este análisis hecho a vuelo de pájaro, deberíamos señalar, sin temor a equívocos, que estamos ante una crisis incipiente del Frente Amplio, entendiendo por ello fuerza política y gobierno, que ha perdido la capacidad de hegemonizar al bloque del cambio que se debilita ante cada definición, cosa que la derecha ha identificado con lucidez y que juega sus cartas a través de los grande medios de comunicación.

 

No nos debe asombrar que en el marco del debate sobre el Presupuesto, que siempre tensa las confrontaciones de clase, aparezcan diferencias y enfoques distintos. Pero lo alarmante es que hoy haya un amplio menú de conflictos que tiene como primer plato el reparto de los recursos del Estado, pasa por las luchas internas sobre cómo llevar adelante el avance del sistema de salud, y tenga de postre el malhumor militar, en el que los ideólogos de la derecha han sabido juntar el tema de la Ley de Caducidad, el presupuesto para las tres armas, los recursos financieros del Hospital Militar, la posible condena del general Dalmao por el crimen de Nibia Sabalsagaray, la corrupción en la Armada y la reducción de los agregados militares en el exterior del país. Todo un paquete, con forma de bomba de tiempo. En medio de este caos de señales y gestos contradictorios, las grandes realizaciones pasan desapercibidas, como fue el caso reciente del aporte de ALUR a nuestro parque energético nacional. Un verdadero ejemplo exitoso de lo que son las políticas progresistas que apuntan al Uruguay productivo pero que no tienen prensa, y no solo por las chicanas de la derecha, sino por las limitaciones de una izquierda que se está quedando sin estrategia, debido a que ha puesto en el primer lugar del orden del día la anulación de la Ley de Caducidad ­reclamo justo y sentido, por cierto­, pero que no acumula y crea nuevos sistemas de alianzas con otras capas sociales y de pensamiento para permitir profundizar el cambio.

 

Quizás el verano, una vez superado el debate sobre el Presupuesto, le permita al presidente José Mujica, a la dirigencia del Frente Amplio y a los actores sociales progresistas, trazar un camino consensuado que permita seguir avanzando hacia un país que en el horizonte puede ser de primera. Sabiendo, además, que si no se avanza el retroceso es abrupto y desconocido.

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