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La crisis del Frente Amplio
invade al gobierno
por Ramón
Ramos Trías*
En
setiembre cuando se reunió el Plenario del Frente
Amplio para discutir su situación interna, con
diversos matices se llegó a la conclusión de que la
fuerza política que sustenta el gobierno vive una
crisis no solo estructural, sino política e
ideológica. Un documento en circulación, alimenta
expectativas de un nuevo Plenario antes de que
llegue navidad.
Hace
pocos días cuando la polémica alcanzó el nivel más
alto en la interna del FA sobre el proyecto de ley
de Caducidad, el presidente Mujica dijo al
semanario Búsqueda que la anulación de la ley de
Caducidad es tema de los legisladores. "Si la fuerza
política no tiene los votos, no tiene los votos y
chau: así de sencillo".
Estas
frases del presidente quizás sean de los hechos más
reveladores y expresivos, de cómo paulatinamente
pero con avance constante la crisis y
contradicciones del Partido de gobierno invade
también al propio gobierno. ¿El presidente no habrá
sido advertido de que uno de sus ministros, el
canciller Almagro entre otros altos funcionarios del
Poder Ejecutivo, fue uno de los protagonistas de la
iniciativa, luego trasformada en proyecto de Ley?
No hay
un solo estamento del Estado Uruguayo que por estos
días no viva un problema, una contradicción o
dificultad, que en algunos casos ya ha pasado a su
fase de crisis. En el 99 por ciento de los casos se
corresponde a las distintas visiones partidistas que
se expresan dentro del FA y de estos con el
gobierno.
Esta
crisis es tan profunda que desde la sociedad los
frenteamplistas se paran frente al gobierno, su
gobierno, cada vez más contradictoriamente. Los
fenómenos sobresalientes en este sentido se están
protagonizando desde los sindicatos. Allí en muchos
casos trabajadores frenteamplistas encabezan las
posiciones más radicales contra el accionar
gubernamental. Un detalle no menor a la hora del
análisis, es el que en no pocos casos, estos son
comunistas y del MPP, fuerzas políticas que
propusieron al hoy presidente en las internas
frenteamplistas. Para esta situación parece haber
una recurrente explicación: “la independencia del
sindicalismo” frente al gobierno. Auque éste y los
trabajadores sean del mismo Partido.
Pero
este fenómeno de crisis frenteamplista, que va
trasformándose en crisis de gobierno también
comienza a manifestarse dentro de los funcionarios
del Poder Ejecutivo. El caso más evidente y agudo,
es el de ASSE- Ministerio de Salud Publica.
En esta
misma dirección, el Presidente de la Republica,
buscando que el debate sobre el tema no lo
erosionara, le pidió a sus ministros no hacer
declaraciones publicas sobre la “Ley de Caducidad”.
Capitulo
aparte es el tema militar en su vasta y compleja
extensión político-institucional; pero nadie puede
desconocer –incluido el gobierno nacional- que fue
desde allí que se los convocó y requirió al
protagonismo público.
Los
datos de una economía que se recupera y los reflejos
sociales que de ello derivan, por más sustanciales
que sean no son suficientes. A la vista y oídos
está, es el propio estado emocional de la izquierda
que lo dice a gritos, como los enfermos agudos, para
sí mismos.
No es
nada fácil acercarse a conclusiones interpretativas
de tan dramática realidad, desde dentro del Frente
Amplio parecería que la propia crisis impide líneas
comunes de autodiagnóstico. Pero en las últimas
semanas diversas notas en la prensa colocan en
evidencia que los hechos están “rebasando el vaso”.
Testimonios directos hablan con preocupación de que
varios legisladores del FA, pretendiendo hablar con
el Presidente sobre esta situación, no han sido
recibidos y sus solicitudes llevan varias semanas en
“espera”.
Esto
estaría mostrando una patología propia de estos
estados de crisis, ya que como ha sido destacado,
hombres de la oposición, accionan sus celulares y en
minutos se reúnen con el Presidente en cualquier
punto de Montevideo.
Hasta
días posteriores a las elecciones internas que
derivaron en las candidaturas primero y en ser
electo en la responsabilidad de gobierno después, el
hoy vicepresidente Astori, mantuvo con frecuencia
una posición que en diversos aspectos marcaba una
diferencia sustancial con el proyecto político de
José Mujica. De esto se podría compendiar varios
tomos de libros. Seguramente nadie quiere aquí un
fenómeno teatralizado como el de Cobos y Cristina K.
Pero no
deja de llamar la atención el profundo mutismo del
vicepresidente Astori, ¿dónde están todas aquellas
interpretaciones políticas que se mostraban tan
dispares pero fértiles, a la hora de acciones y
proyectos comunes?
Las
claves quizás puedan encontrarse en lo expresado por
una de las personalidades más cercanas al actual
vicepresidente y más prolifera en expresiones
políticas desde la izquierda (que hasta las internas
mantuvo un razonamiento critico sobre Mujica).
Esteban Valenti, quien escribió el 7 de febrero de
2010: “Me cuesta seguir chapoteando en el proceso
que recién terminó y que dejó muchas heridas en
demasiados lados. Comenzó mal, siguió mal y al final
le encontramos una salida dentro del esquema que nos
domina y basados en el relato seregnista de que los
caballos desbocados llegan al borde del barranco y
al final se detienen. Este método se está
agotando”.
Más
adelante el 28 de marzo el dirigente del Frente
Liber Seregni alerta: “Avanzamos a pasos agigantados
hacia un ideal: un ciudadano, una ciudadana un
partido. Esperemos que esta pulverización de
la política reclame al menos la credencial,
de lo contrario el panorama podría complicarse
demasiado”*.
El
presente “panorama” ya está demasiado complicado,
pero ahora no solo en la vida del Frente Amplio sino
que éste ha contagiado el accionar del gobierno.
Auque debiéramos colocar en la balanza de la
realidad, la posibilidad de que en la actualidad
ambas instancias se retroalimenten en un espiral de
peligrosas frustraciones e inertes incapacidades.
También
admitamos que desde un tiempo a esta parte, algunos
formulan en voz baja que la izquierda frenteamplista
y seregnista ha llegado a su fin. Es la hora de
“construir el Frente Grande”. Quienes piensan así
creen ver algo más que comportamientos episódicos
entre el vértice del gobierno y algunas acciones y
decisiones convergentes de grupos de la oposición.
Entre
los uruguayos existen recuerdos aun frescos y
consecuencias sociales trágicas, producto de otra
crisis en un Partido de Gobierno. La ironía sería
aún más grave, si quien construyó su discurso
estratégico, prometiendo cambios para no repetir
aquella historia reciente; la repite matando la
capacidad de la política para recrear la esperanza
en los cambios.
*Bitácora
* Sociólogo
LA
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