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Holocausto
Alemania: Cuando se
niega la historia reciente
por
Adrián Mac Liman*
Un reciente estudio de expertos alemanes,
norteamericanos e israelíes, parece indicar que la
totalidad del servicio de exteriores alemán estuvo
implicado en el holocausto nazi. Ahora que la
extrema derecha toma fuerza en Europa no se puede
olvidar la barbarie a la que condujeron los
regímenes autoritarios de los años
30.
“Aquí no
ha pasado nada”, “no sabíamos nada”, “nosotros no
colaboramos con el régimen”. Estas han sido, durante
décadas, las respuestas de los alemanes, de muchos
alemanes, a las insistentes preguntas de los
extranjeros acerca de la participación de los
germanos en los crímenes perpetrados por el terror
pardo instaurado por los nazis.
Curiosamente, después de 1945 en Alemania no se
hallaban siquiera las huellas de los antiguos
miembros del Partido Nacionalsocialista, de los
miembros de las SS, de los verdugos de los campos de
concentración o de exterminio, de los cómplices de
la barbarie hitleriana. Extraño fenómeno de amnesia
colectiva, que ocultaba un generalizado complejo de
culpabilidad. Con el paso del tiempo, empezaron a
circular leyendas sobre los llamados “núcleos de
resistencia” anti-nazi, sobre la “moderación” o la
“actitud crítica” de algunos de los jefes de los
servicios de inteligencia, de algunas dependencias
oficiales del Tercer Reich.
Se habló
concretamente de la postura muy independiente de
algunos miembros del servicio exterior,
“detractores” de la política nacionalsocialista.
Pero el mito se derrumbó la pasada semana, cuando
una comisión de historiadores dirigida por Eckart
Conze e integrada por expertos alemanes,
norteamericanos e israelíes entregó al titular de
Exteriores, Guido Westerwelle, un informe de 900
páginas sobre la responsabilidad de la
diplomacia alemana en el Holocausto.
El
documento, encargado en 2005 por el entonces
responsable de la diplomacia de Bonn, Joshka Fisher,
no deja títere con cabeza. En efecto, los
historiadores estiman que la totalidad del
servicio exterior estuvo involucrada en el
Holocausto. ¿Ejemplos concretos? El estudio
cita el caso de Werner von Bargen, alto cargo nazi
que organizó la deportación de los judíos belgas,
quien fue reintegrado en el Ministerio de Asuntos
Exteriores en 1954 y nombrado poco después embajador
en Irak. Al alcanzar la edad de jubilación, von
Bargen fue condecorado con la Orden Federal de
Merito. ¿Simple excepción? ¿Accidente histórico? No,
en absoluto. También se da el caso de otro miembro
de la carrera diplomática, destacado en Belgrado,
que presenta una nota de gastos ocasionados por el
Exterminio de los judíos. Más claro…
Señalan
los autores del informe que en marzo de 1952, 49 de
los 75 directores de la Cancillería eran antiguos
miembros del Partido Nacionalsocialista. No hay que
extrañarse, pues, al comprobar que las candidaturas
de antiguos oponentes del régimen hitleriano fueron
rechazadas por el departamento de personal del
Ministerio.
Pero la
presencia de los antiguos nazis en la administración
del Estado no se limitaba al servicio diplomático.
Llama la atención la actividad paralela de la
llamada “célula de protección jurídica”, creada para
defender los intereses de los prisioneros de guerra
alemanes en el extranjero, que se había convertido
en un órgano de inteligencia que facilitaba
información a los antiguos criminales de guerra. El
jefe de este departamento, Hans Galwik, antiguo
fiscal nazi, ayudo a muchos correligionarios
expatriados. De este modo, Klaus Barbie y Kurt
Lishka recibieron información detallada sobre los
países que no los habían colocado en la lista de los
asesinos con orden de búsqueda y captura, de lugares
donde no corrían el riesgo de ser extraditados.
¿Estaban
al tanto de ello los antiguos jefes del servicio
diplomático de Alemania occidental? Curiosamente,
el Ministro de Exteriores, Willy Brandt, participó
en el homenaje a un antiguo juez nazi, responsable
de la muerte de 900 personas. Según su
correligionario socialdemócrata y sucesor en el
cargo, Frank-Walter Steinmeier, en la época de
Brandt la cuestión de los criminales nazis no era un
asunto prioritario.
Conviene
recordar que ya en 1952 el Canciller federal Konrad
Adenauer, primer jefe de la diplomacia alemana
después de la Segunda Guerra Mundial, abogó en pro
del nombramiento de profesionales cualificados en el
servicio exterior, empleando las siguiente palabras:
“no se puede reconstruir el Ministerio de Asuntos
Exteriores sin contar en los puestos de dirección
con profesionales que conozcan la historia; ello
significa que es preciso acabar con la mini-caza de
los nazis”.
El
informe redactado por la comisión de historiadores
pone en tela de juicio el “buenismo” de los padres
de la democracia germana. Si bien los nazis de la
época hitleriana han muerto, actualmente aflora en
el Viejo Continente una extrema derecha que hace
suyo el ideario de los regímenes autoritarios de los
años 30. ¿Y aquí no ha pasado nada?
*
Analista político internacional
LA
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