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En Uganda violan a las lesbianas
para curarlas de su “enfermedad”
por Laura
Gallego
Kasha Jacqueline, luchadora ugandesa
por los derechos humanos, participo días pasados en
Tenerife, en la I Conferencia sobre derechos humanos
en África. En esta oportunidad Laura Gallego del
periódico GuinGuinBali, dialogó con Jacqueline sobre
la extrema represión que viven quienes manifiestan
su condición de homosexual o lesbianas en su país y
de su propias vivencias como mujer, ugandesa y
lesbiana.
-
Ser mujer, negra y lesbiana, ¿son tres garantías
para una vida complicada?
- África es
predominantemente negra, así que no hay problema con
ser negra. Pero ser mujer y lesbiana es un doble
estigma, porque de las mujeres se espera que sean
sumisas, que se casen y cuiden a los hombres,
alimenten a sus hijos y todo eso, y cuando te
plantas y dices que no te vas a casar con un hombre
porque eres lesbiana, pasas a ser considerada
incluso menos que una mujer, que ya es inferior a un
hombre. E incluso las mujeres que están oprimidas
por la sociedad por ser mujeres, nos oprimen a
nosotras simplemente por ser lesbianas, olvidando
que estamos unidas por el hecho de ser mujeres. Yo
soy mujer antes que lesbiana. La homofobia está
incrustada en los africanos, nacemos con ella- -
-¿Es
el mismo rechazo entonces por parte de toda la
sociedad o hay diferencias en el trato que
proporcionan hombres y mujeres?
- Toda la sociedad
siente rechazo; creen que las lesbianas quieren ser
hombres, que se consideran a sí mismas hombres; y
estos, de alguna manera nos ven como competidoras,
y responden con las violaciones curativas.
Dicen que la única forma de mostrarnos que somos
mujeres es violarnos y enseñarnos eso, que somos
mujeres, no importa lo que hagamos; creen que nos
curan de ser lesbianas. Es algo que se da en
la mayoría de los países subsaharianos; en
Sudáfrica las lesbianas son libres por constitución
así que se exponen fácilmente, y ahora los hombres
se aprovechan de eso.
Porque de lo que no
están protegidas es de la sociedad, y los criminales
pasan unos meses en la cárcel y después les dejan
que vuelvan a cometer el mismo crimen, porque claro,
el poder es de los hombres, y lo que ven en ellos es
que se han comportado como tal.
- ¿Qué cree entonces
que debe cambiar primero, la ley o la sociedad?
- Para mí van de la
mano. Cambiar mentalidades es muy difícil, la ley
también, pero las mentes más. Porque la homofobia
está incrustada en los africanos, nacemos con ella,
desde que naces te enseñan que la Biblia dice que es
algo abominable; así la interpretan los líderes de
estas religiones que trajeron de fuera, como que la
homosexualidad es algo malo. Así que crecemos con
ello. Y cuando plantas una semilla, y ves que el
árbol crece torcido, si no lo corriges al principio,
así es como será de grande, estará torcido, y
entonces no habrá quien lo enderece. Así que cambiar
actitudes es algo que nos va a llevar mucho, mucho
tiempo. Y las leyes, aunque también es duro, al
menos hay procedimientos para cambiarlas. Y es
cierto que cambiar las leyes no frenará los abusos,
las violaciones, los ataques, pero es bueno tener
algo que te proteja, puedes usarla en tu favor de
alguno manera.
- Entiendo que esa es
su prioridad, entonces....
- Tengo miedo, sí,
pero debo protegerme. Eres mejor activista vivo que
muerto. Sí, si la gente sabe que hay una ley que
protege a esta persona y que si le haces algo puedes
ser detenido, se lo pensarán dos veces.
- Pero el debate en
Uganda, actualmente, es todo lo contrario, crear una
ley antihomosexual, ¿cree que puede salir adelante?
- Puede pasar
cualquier cosa; un día me levanto de buen humor y
creo que no se va a aprobar, y otros, leo algo y
pienso ' ay Dios, va a pasar'
- ¿Y de qué forma
esta ley cambiaría la vida de los homosexuales en
Uganda?
- La cuestión es que
no sólo cambiaría la de los homosexuales, sino la de
muchos ugandeses; porque esta ley habla de
encarcelar gente en 24 horas, si me vieran ahora
hablando contigo, por ser lesbiana podrían decir que
estoy ligando contigo; es importante que los
ugandeses no se dejen engañar por el nombre de esta
ley. Muchos la apoyan porque sólo escuchan que esta
gente son violadores, esta gente trae el contagio
del VIH, pero no les dicen que después, si no
denuncian a un homosexual también van a sufrir; que
si les descubren alquilando la casa a un homosexual,
van a sufrir; no les dicen que cualquiera puede
acusarte si le pareces sospechoso. Y esta ley no
contempla la presunción de inocencia. Tampoco saben
que pueden descubrirse a sí mismos más adelante,
cuando la ley esté aprobada. Porque hay gente que
descubre su orientación de joven, otros cuando son
adultos y otros nunca. Si lo hacen después de que
está aprobada ¿qué?. No les dicen que las
organizaciones que trabajamos con población
homosexual tendremos que desaparecer, muchos
trabajadores se verán afectados.
Hace unos días, el 17
de febrero, pastores contrarios a la homosexualidad
mostraron pornografía gay en la iglesia, dentro de
la iglesia, delante de los niños. Les enseñaron cómo
tienen sexo los homosexuales. Y ni siquiera el
ministro de Ética, el principal promotor de la ley,
lo condenó. Nadie lo ha hecho. Pero quieren
condenarme a mi, por el hecho de, como una adulta,
tener relaciones con otro adulto. Y ellos son los
moralistas, los hombres que hablan la palabra de
Dios y debemos seguir.
- ¿Y de dónde saca la
fuerza para mantenerse en esta lucha, en ese
escenario que nos describe?
- Ojalá algún día los
niños no crezcan con odio, aunque no llegue a verlo.
Creo que es el deseo de ser como el resto; no me voy
a ir a dormir y esperar que otra gente venga a
liberarme. Alguien vendrá y se unirá si me ve
luchando. En mí es algo automático, el único modo
del que siento que la gente puede unirse a nuestra
lucha es mostrar que nosotros también estamos
trabajando duro, no puedes esperar que alguien luche
por los derechos de los gays si no hay ningún gay en
esa lucha.
- ¿Y cómo maneja el
miedo?
- Sí, asusta; y
limita mucho. Yo solía comprar en mercados muy
baratos donde encontraba cosas preciosas; ahora no
puedo ir ahí, porque el debate está muy candente y
la gente trata de herirte, de atacarte. Y tengo que
comprarme unos pantalones carísimos en lugar de tres
más bonitos y más baratos. Pero no hay nada que
pueda hacer, creo que debo de protegerme. Porque
opino que eres mejor activista vivo que muerto; creo
que puedes hacer mucho más estando vivo, así que
creo que realmente debo protegerme.
- ¿Qué hay de la
comunidad gay masculina? ¿Trabajan como ustedes o
como hombres, se consideran también por encima
ustedes por ser mujeres?
- Sí trabajamos codo
con codo; pero incluso si son gays, y esto no es
sólo en Uganda, es en todo el mundo, el sistema
patriarcal es universal. Y aunque seamos gays y
lesbianas y aunque todos suframos las mismas
violaciones, los hombres siguen teniendo esa cosa de
`soy un hombre, aunque sea gay´, así que siento que
aunque trabajemos juntos, el movimiento de mujeres
lesbianas todavía tiene mucho más que hacer, por eso
me gusta colaborar con los movimientos feministas,
para echar abajo este sistema patriarcal. Porque no
importa que seamos gays, lesbianas o lo que sea, al
final tenemos este sistema patriarcal en la
sociedad. Es bueno también que los movimientos gays,
o los hombres heterosexuales colaboren, porque los
necesitamos para romper este sistema. Pero sí, en
Uganda somos uno mismo, al final somos parte de una
minoría. Hombres o mujeres.
- Usted siempre ha
vivido su sexualidad abiertamente. Se suele pensar
que las lesbianas siempre han encontrado más fácil
formar familias, vivir juntas y que una tenga niños
sin dar explicaciones...
- Eso es lo que pasa
en Uganda, sí. Hay mujeres que viven juntas, a lo
mejor alguna estaba casada antes y crían juntas a
los hijos, y sí, nadie habla de ello. Pero eso no
puede durar siempre, porque al final, has compartido
20 años con tu pareja y cuando una muere te quitan
todas las pertenencias comunes. Y eso es lo que
queremos cambiar. Me acuerdo de una amiga que me
preguntó `Kasha, puedes hacer lo que quieras, ¿por
qué has dejado que todo el mundo te conozca, porqué
te matas por esto?´. Le dije que quería ser libre, y
me dijo que podía hacer lo que quisiese si todo el
país no supiese que soy lesbiana. Y le dije que
quería poder besar a mi pareja en la calle, poder ir
a un picnic y que nadie nos mire, que los niños en
un futuro no crezcan con ese odio, que nadie sea
expulsado de su casa como lo hemos sido los de mi
generación; aunque no viva para ver esa libertad, le
dije: `Deja que use la capacidad que pueda tener,
mientras esté viva, para cambiar la situación, y
aunque yo no llegue a ver esa libertad, aunque
llegue dentro de 45 años, estaré orgullosa de haber
participado. Porque tengo la energía para hacerlo,
porque amo mi libertad. Así que déjame hacerlo´.
- ¿Y entiende a
quienes no lo hacen?
- Sí, si. Entiendo
que hay gente que no tiene esta valentía. Antes, en
los primeros años de activismo, no los entendía, te
mentiría si te digo que sí. Pero según he ido
creciendo como activista he entendido por qué la
gente vive dentro del armario, porque el estigma no
es una broma, el dolor y el sufrimiento es grande, y
no todo el mundo puede soportarlo. Y los respeto,
pero eso sí, les pido que no nos condenen. Porque
hay quienes dicen que los problemas son nuestra
culpa; por nuestro activismo, por atacar al
gobierno. Que si estuviésemos callados, mientras
permanezca todo en secreto, no pasaría nada. Yo
respeto que se queden en su lugar, pero no que nos
condenen, y si me dicen que nadie me ha mandado
hablar en su nombre, les respondo: ' tú, como
persona, puede que no, pero alguien ahí, perdido en
cualquier pueblo, está feliz de que lo hagamos
porque se han dado cuenta, al vernos en televisión,
de que no están solos en el mundo, que sus hermanos
y hermanas están ahí; así que si tú no quieres, está
bien, pero deja que sentemos los pilares para que
las generaciones futuras disfruten de su libertad. Y
sí, estoy feliz de ser parte de una lucha que sólo
intenta convertir este mundo en un lugar mejor´.
- Según ha dicho en
su ponencia, nunca ha estado en el armario...
- Nunca he estado en
el armario, no sé como se siente estando ahí...
- Pero sí sabe cómo
se siente el ser diferente...
- Sí, eso sí, por
donde paso la gente me reconoce, porque estoy en las
portadas, ahora con el tema de la ley cuando hablan
de ella sale mi cara a cada rato, y la de algunas
amigas mías, cuando el presidente habla de la ley;
te acostumbras a ser reconocido.
- ¿Y su familia se
acostumbra también?
- No tienen nada que
hacer al respecto; se acostumbren o no. Mi madre
murió por una subida de tensión, y parte de mi
familia la culpaba a ella de no haberme parado, de
no haberme dominado, y a mí de su muerte.
LA
ONDA®
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