El FA y algunos apuntes
que están preocupando
por Raúl Legnani

Si el pasado martes alertamos sobre las crisis que está sufriendo el Frente Amplio ­ fuerza política más gobierno­, hoy no nos queda otra opción que volver a insistir sobre lo mismo.

 

En el análisis podemos quedarnos en el anecdotario: que Pepe habla demasiado, que no anuncia sus dichos a los más estrechos colaboradores, que los ministros tienen contradicciones por lo menos en sus dichos, que el movimiento social está fuera de la zona de influencia del FA y por eso pasa cualquier cosa.

 

Todas opiniones y observaciones válidas, pero que no alcanzan para comprender la compleja situación que vive la política, particularmente la progresista, porque la dirigencia de los partidos tradicionales lo único que hace es rezar para que todo siga como está, esperando que Mujica se transforme en una nueva versión de Jorge Batlle, que se terminó cayendo por sí solo y absolutamente aislado.

 

Pero Mujica no es Batlle y a pesar de que cree que sus reflexiones hacen reflexionar a todos los uruguayos, cosa que no puedo asegurar, sabe que la política se hace haciendo política y construyendo fuerzas de poder. Por eso mandó a parar y exigió a los principales dirigentes del Frente Amplio, los cabeza de lista (no estuvieron los que tenían que estar), a que dispongan sus fuerzas detrás del gobierno y de sus realizaciones.

 

En los últimos días ha quedado demostrado que el gobierno progresista no tiene intimidad, mesura y reflexión serena sin espectadores. Mujica se reunió con los cabezas de lista del FA y a los pocos minutos todo el mundo sabía lo que se había dicho. ¿Quién filtró lo conversado? Si fue del entorno de Mujica, su mensajero es un futuro desocupado. Si no lo fue ¿quién lo hizo, fueron los cabeza de lista? Nadie lo sabe, lo que a los periodistas nos viene bárbaro, pero seguramente que al poder progresista no.

 

A este gobierno le está faltando serenidad, ejercicio de la institucionalidad, así como un proyecto estratégico que permita definir prioridades, para poder comunicarlas a la ciudadanía. Si el Presupuesto es la madre de todas las batallas, las otras batallas se pueden dejar a un costado y reservarlas para un mejor momento. No puede ser que se discuta todo a la vez: el Fonasa, los vendedores de torta fritas, la ley de asociación público-privados y la Ley de Caducidad.

 

Otro de los problemas que tiene el gobierno ­con esto me pongo a un mundo de sombrero­, es calificar a todo aquel que protesta de ser parte de una logia corporativa, que solo se preocupa de su bolsillo. Como si la izquierda no tuviera responsabilidad de las culturas corporativas (¿miento uruguayas y uruguayos?). Una de las obras mayores de la izquierda uruguaya fue construir el entendimiento entre el proletariado típico, los empleados bancarios y los médicos. Y eso se está perdiendo y no solo por responsabilidad del gobierno actual, sino porque no hay hegemonía política en esos sectores que por naturaleza no son de izquierda, pero que fueron ganados para el campo de la revolución y de la izquierda gracias a que hubo un dirigente lúcido, como Rodney Arismendi, que tuvo una estrategia del cambio pluriclasista.

 

Soy de los convencidos de que en el conflicto con AEBU, hay fuertes influencias de las posturas ultraizquierdistas y fundamentalistas. Pero no comparto cuando desde el gobierno y el oficialismo se denigra a los trabajadores bancarios, porque muchos de ellos tienen buenos sueldos. ¿Hay dirigentes de la izquierda que quieren gobiernos progresistas sin la existencia de sindicatos poderosos? Que lo digan, así nos entendemos. Tampoco me vengan con los chinos, que dicen que invierten en nuestro país pero poco por los conflictos sindicales, son unas damas delicadas, cuando no tienen la más mínima idea de lo que es un Consejo de Salario o una Universidad autónoma. Ni hablemos de laicismo.

 

Aún hay tiempo: tenemos que volver a hablar en uruguayo, con un mate de por medio, para reflexionar en conjunto, como lo están haciendo los frenteamplistas del Este, con el impulso de Oscar de los Santos que sabe que en cuatro años deja la Intendencia de Maldonado sin futuro personal cierto. Por eso, quizás, puede mirar lejos.

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