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La población mundial
envejece a pasos de gigante
por Ana
Muñoz Álvarez*

Una de
cada diez personas en el mundo supera los 60 años.
Para 2050, Naciones Unidas advierte de que la
proporción aumentará a una de cada cinco. Estamos
muy cerca de que el número de personas mayores en el
mundo supere al número de niños de hasta cinco años
por primera vez en la historia. En el año 1950, la
esperanza de vida mundial no superaba los cincuenta
años. En 2010, un recién nacido “promedio” vivirá
más de setenta años. Aunque existen desigualdades
entre los países ricos y los empobrecidos en esta
materia, las agencias internacionales coinciden en
que la población mundial envejece a pasos de
gigante.
En el
mundo, alrededor de seiscientos millones de personas
superan ya los 65 años y Naciones Unidas prevé que
en el año 2050 la cifra se acerque a los dos mil
millones de ancianos, un 21% de la población
mundial, debido en gran medida al crecimiento
demográfico de Asia y África. El envejecimiento de
la población es uno de los desafíos más importantes
que se presentan en el siglo XXI. Vendrán problemas
para las arcas de los Estados, que tendrán que
invertir más en sanidad, en pensiones y en recursos
específicos para que los mayores tengan calidad de
vida. Según un estudio sobre el envejecimiento
global realizado por Standard & Poor’s, del que se
hacía eco The New York Times, no existe ninguna otra
fuerza, como el envejecimiento de la población, que
sea capaz de influir tanto en la economía y las
políticas sociales de los países. Si los gobiernos
no cambian sus políticas de manera radical y
empiezan a prepararse para este “tsunami”, dicen
desde S & P, la deuda de los países se disparará a
los niveles de la Gran Depresión o de la II Guerra
Mundial. Y la receta que proponen es más de lo
mismo: aumentar la edad de jubilación y reducir las
prestaciones sociales. Pero en los países
empobrecidos del Sur, el 70% de los hombres mayores
y el 40% de las mujeres de edad siguen trabajando y
más de 100 millones de mayores de estos países viven
con menos de un dólar al día, según la organización
HelpAge.
La
receta liberal es siempre la misma. Pero, por qué
aumentar la edad de jubilación mientras grandes
empresas financieras o tecnológicas prejubilan a sus
empleados a los 55 años. ¿No habría que descartar
primero las prejubilaciones primero? En un país como
España, las prejubilaciones duplican el coste de las
prestaciones por desempleo. Tampoco parece muy
coherente que la edad de jubilación aumente a todos
por igual. Hay personas que desarrollan trabajos
físicos, como albañiles, mineros, bomberos, en los
que se hace difícil pensar estar más tiempo
trabajando. Sin embargo, hay otras profesiones,
profesores, abogados, periodistas que sí podrían
aumentar sus años en activos, siempre y cuando la
salud y las fuerzas se lo permitan.
El
segundo ingrediente de la receta de S & P parece un
planteamiento obsceno. Nuestros mayores han sacado
adelante sus familias, sus países y es justo que a
la hora de la vejez cuenten con todas las ayudas
necesarias para que tengan una mínima calidad de
vida. En países como España, la Ley de Dependencia
supone el cuarto pilar del Estado de Bienestar.
El coste
de hacerse mayor debe ser compartido por la
sociedad, las empresas y los Estados. Es el momento
de unirse y replantear un modelo en el que lo
económico pesa más que lo humano, donde lo
importante es tener en vez de ser. El envejecimiento
global necesita de soluciones globales y
pluridisciplinares. ¿Por qué no añadir a la receta
ayudas a las familias para que puedan tener hijos o
mejorar en prevención y llevar una dieta más
saludable para evitar problemas cuándo se llegue a
mayor? Durante la niñez y la juventud se nos prepara
para ser hombres de provecho. En la edad adulta,
trabajamos para cumplir con nuestra vida activa.
Tras una vida de trabajo, bien merecido está una
vida digna para finalizar nuestros días.
El
hacerse mayor debería ser considerado como un logro.
La persona ha conseguido su desarrollo y debería ser
una fase de la vida plena, productiva, creativa,
independiente y llena de afectividad. Sin embargo,
las personas mayores suelen estar discriminadas y
excluidas de la participación en la toma de
decisiones.
*ccs@solidarios.org.es
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