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¿Quién da la cara para que
Vázquez presida al Frente?
por Raúl
Legnani
Ha
pasado una nueva semana y el Uruguay mantiene sus
características más típicas del último mes: la
sociedad y el gobierno no asumen la tranquilidad
necesaria.
El Frente Amplio, que
está en el gobierno desde el año 2005, no logra
transformarse en una fuerza política con capacidad
de influir sobre la sociedad y no sólo para defender
al presidente José Mujica, sino también para
conducir la política del cambio.
Si bien no es
correcto decir que estamos viviendo una crisis
política y social de gravedad - eso es lo que quiere
hacer creer la derecha opositora, particularmente la
mediática- , no se puede negar que hay una situación
de desgaste del manejo de la cosa pública, que
particularmente desanima al votante frenteamplista,
que por naturaleza es extremadamente exigente con su
gobierno y sus dirigentes.
En los últimos días
las conversaciones entre frenteamplistas, ya sean en
los encuentros casuales como por las redes,
transmiten ese desánimo que se va generalizado con
el transcurso de las horas. Como dijo hace poco un
conocido analista político: "Hoy no necesito
analizar nada, porque los hechos lo dicen todo: las
cosas no van bien".
Es cierto que hay
fenómenos que no son causa directa de los errores de
la conducción política, como por ejemplo la
radicalización de sectores corporativos (la élite
médica), que en el imaginario de la sociedad se
entremezcla con luchas justas de los asalariados y
con las contradicciones del propio gobierno. Este
"paquete" de fenómenos hace que la población no
pueda distinguir con claridad cuál es el rumbo del
Poder Ejecutivo.
La reciente
declaración escrita de José Mujica, tomando
distancia de los dichos de su secretario el doctor
Alberto Breccia y del papel jugado por el canciller
Luis Almagro en la elaboración de la ley
interpretativa, es una muestra clara de que no hay
la necesaria serenidad para presentar un gobierno
sin fisuras, sustentado en una fuerza política
tonificada, con penetración en las distintas capas
de la sociedad. El próximo 12 de diciembre el Frente
Amplio realizará su Plenario Nacional, que puede ser
una gran oportunidad para reflexionar en conjunto
sobre todo esto, con la intención de que unos meses
después se resuelvan aspectos sustanciales que
potencien el accionar de la fuerza política.
Pero hoy, cuando se
consulta a distintos dirigentes frenteamplistas, no
surge ningún dato que permita ser optimista. La
dirigencia más lúcida del Frente Amplio no tiene la
cabeza puesta en el Plenario, sino que sus
preocupaciones y con razón- son los temas
parlamentarios: presupuesto, ley interpretativa y el
proyecto de ley de asociación de lo público con lo
privado.
En medio de este
panorama complejo, comienzan a hacerse sentir voces
sobre la necesidad de que el doctor Tabaré Vázquez
asuma la presidencia del Frente Amplio. Todo surge a
través de trascendidos o de especulaciones
periodísticas, pero nadie da la cara asumiendo la
propuesta.
Nadie más o menos
sensato puede rechazar la idea de que Vázquez asuma
la conducción política del Frente Amplio, pero no
alcanza con las muy buenas ideas para que una
propuesta sea exitosa.
Se podrá discutir, en
pocos meses o muchos, la iniciativa de que Vázquez
presida a la coalición de izquierda, pero con las
actuales condiciones políticas del Frente Amplio,
ese paso sería suicida y terminaría lastimando al
gobierno de Mujica y al propio Vázquez.
Quizás, como ya lo
dije hace dos números, la izquierda tendrá que
utilizar los días de verano no sólo para descansar,
sino para conversar con la idea de construir una
estrategia que contemple el accionar del gobierno y
de la propia fuerza política. Y en esas
conversaciones sería bueno que Vázquez participara,
en algunas de esas instancias.
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