A 30 años, las cuatro lecciones
del NO, a la dictadura
por Eduardo Vaz

Como parte de los distintos eventos que hasta el 30 de noviembre conmemoraran el histórico pronunciamiento popular del año 80, que dijo NO a la Constitución que pretendía imponer la dictadura y la derrotó políticamente, el pasado 18 de noviembre la Federación de Estudiantes Universitarios del Uruguay (FEUU) organizó un acto en la Sala Maggiolo con la participación, entre otros, de Edgardo Rubianes, Hugo Rodríguez,  Lucía Arzuaga, Dra. Marita Muñoz, Eduardo Vaz y Gabriel Mazzarovich, por la Comisión que prepara los actos recordatorios.

 

Lo que sigue a continuación es la intervención de Eduardo Vaz en el acto de la sala Maggiolo.

 

Es un honor inmenso participar en esta actividad organizada por la FEUU, en la Universidad de la República y en la sala Maggiolo.

Hablar en la Universidad  de la dictadura podríamos decir que es mentar la soga en la casa del ahorcado: esta casa fue objeto de particular saña que la llevó a un estado de postración que se expresó en todos los aspectos que le son inherentes.

 

Para los más jóvenes esto es historia vieja por más reciente que sea: hoy nos encontramos con una Universidad que busca seguir avanzando, seguir aportando al desarrollo de un país mejor, cumpliendo con sus tradicionales roles explicitados por la Ley del 58 y garantizados por la historia de sus mejores luchas, donde  los estudiantes han ocupado un primerísimo lugar junto a los demás órdenes y a las autoridades. Hoy nos peleamos por cuál es la mejor manera de avanzar, qué modificaciones en la ley orgánica nos dejarán una mejor Universidad para esta etapa tan esperanzadora , qué presupuesto necesitamos para lograr un salto cualitativo en la educación superior y entrar de lleno en una nueva fase del desarrollo nacional. ¡Qué complejo y qué hermoso desafío para las nuevas generaciones de universitarios!

 

Cada uno de los invitados lo ha sido por su rol en la lucha desde el mov. estudiantil universitario en el 80. En ese sentido, soy un colado: ese año se instauró el primer examen de ingreso en todas las facultades -ya existía en Medicina- y tuve el honor de ser tachado de la lista de aspirantes: cuando llegué a mi querida Facultad de Ingeniría a rendir la prueba me fue impedida la entrada por órdenes superiores del rector Anselmi. Esto se debía  a mi condición de expreso subversivo: fui detenido en octubre de 1975 y procesado por la Justicia Militar. Recobré la libertad en el año 1977. En aquella época militaba en la AEZ y fuimos apresados con otros compañeros haciendo una pintada que decía: “se canjean dos tiras por un profesor”; además, militaba en la ilegalizada UJC.

 

Así pues, mi participación en ese año es desde fuera de la Universidad, en la condición de expreso político: categoría que nos daba la posibilidad de mostrarnos tal cual éramos en todos los ámbitos pues ya habíamos pagado nuestras cuentas con el régimen y nada teníamos que ocultar. Esto nos permitió una labor legal muy importante en todos los ámbitos donde nos podíamos mover. Claro, estábamos en libertad vigilada: debíamos presentarnos todas las semanas a la DNII para reportarnos; no podíamos salir del país; debíamos pedir autorización allí para ir a otro departamento e informar a qué residencia, además de presentarnos en la comisaría del destino elegido. Ni que hablar que eran controlados nuestros movimientos como confirman las fichas obtenidas en los prontuarios de dicha Dirección: tal día se encontró con fulana o con mengano; fue a tal lado, etc. Así que éramos bichos con una situación muy particular: vigilados permanentemente pero mucho más libres que los militantes y activistas ocultos y no detectados por el aparto represivo. Por supuesto, que nuestro contacto con la resistencia clandestina era delicado, pero siempre existía.

 

En mi caso, tengo la suerte y el orgullo de contar con mis hermanos mayores: Adela, que estuvo clandestina desde mi caída en el 75 hasta el 22/12/81 cuando fue detenida, torturada,  procesada y enviada al penal de Punta de Rieles y mi hermano Daniel que pasó totalmente desapercibido toda la dictadura gracias al silencio de algunos héroes como José Pacella o León Lev, que guardaron sus secretos con admirable dignidad frente a los torturadores. 

 

Lo que viví entonces, desde este lugar privilegiado, fue la organización más fantástica del pueblo a pesar de 7 años de preparación del terreno por parte de la dictadura: se había liquidado a la oposición -suponían-, todo estaba prohibido, los dirigentes presos o exiliados, las organizaciones desmanteladas, la prensa opositora era casi inexistente, el terror reinaba en todos los ámbitos y se tenían apoyos de algunos sectores de los partidos tradicionales: los colorados como Pacheco Areco, los blancos como Alberto Gallinal o Arturo Heber.

 

Sin embargo, la resistencia legal e ilegal y la solidaridad internacional, hicieron el milagro: el 57% votó por NO.

 

La feroz represión llevó la política a los círculos de extrema confianza: la familia, los grupos de amigos, los compañeros de trabajo más cercanos, las congregaciones religiosas, en fin, todos los ámbitos donde  la dictadura no pudiera entrar. Fue así que se crearon redes sociales  invisibles a los ojos de la represión o visibles pero imposibles de reprimir: cada espacio de encuentro fraterno se transformó en  un bastión de resistencia que se expresó de  mil maneras. Además de las tradicionales formas de agitación y propaganda que nunca faltaron el los 12 años: volantes, pintadas, periódicos, etc, surgieron otras creadas por la inventiva popular: el arte, especialmente la música -canto popular-, el teatro con obras como El enemigo del pueblo de Ibsen en el Notariado, las murgas, los chistes. Los partidos de fútbol para organizar sindicatos y gremios estudiantiles ocuparon un lugar destacadísimo; las actividades en AEBU, Cinemateca, las audiciones por onda corta desde Radio Moscú, La Habana, Berlín o la BBC. 

 

Junto a la espontaneidad disparada de cientos de miles, había un trabajo paciente, planificado, donde la resistencia clandestina vertebró un plan amplio de enfrentamiento al cronograma. El 1º de mayo del 80 -corrido por la dictadura al aniversario de Marx: 5/5- fue un hito muy importante en la clase obrera, se organizaron plebiscitos en varias fábricas para promover el NO, se movilizaron  sindicatos como el SUNCA y AEBU; cada actor entendió cual era su lugar en la orquesta: desde la más profunda clandestinidad hasta la labor de la prensa opositora liderada por la revista La Plaza, Diario 30 y Opinar. 

 

Aquella victoria fue la redención de tantas derrotas y dolores; fue la confirmación de que los uruguayos íbamos a terminar con la dictadura y que valía la  pena resistir.

 

En los penales hubo golpeteo celebratorio, la noticia llegó a los calabozos de disciplina a grito pelado – así se enteraron Amalia Chizmich y Lilián Celiberti en Punta de Rieles-. Nuestra barra de expresos se juntó en lo de María Condenanza: ella fue liberada ese domingo y fue directo a votar (!)  -a pesar que estábamos proscriptos todos fuimos y votamos observados- . Éramos decenas de personas que celebramos la victoria con María recién salida entre nosotros.

 

Fue una victoria de todos los demócratas que votamos por el NO, cada uno hizo su aporte y a nadie se le debe negar su rol: desde el voto -que fue lo decisivo e intransferible- hasta la labor heroica de nuestros hermanos clandestinos, pasando por las actividades semilegales y legales, lo que hicieron las fuerzas democráticas de los partidos tradicionales sin las cuales no hubiera habido triunfo, en fin, es la gesta política más importante del Uruguay independiente y no tiene padres, tiene un pueblo como actor.

 

Las cuatro lecciones del NO

1) La unidad más amplia de todo el arco democrático fue la llave del triunfo.

 

Todos los sectores democráticos sumaron fuerzas para enfrentar al régimen sin sectarismos. Los partidos tradicionales en su inmensa mayoría, liderados por Wilson Ferreira y los batllistas respectivamente, se jugaron enteros por el NO junto a toda la izquierda, legal e ilegal, al movimiento sindical, a los estudiantes, a los productores rurales -recordemos que el presidente de la Federación Rural Rural, Gonzalo Chiarino, se pronunció públicamente por el NO. El papel de los líderes históricos jugó un papel destacadísimo sin el cual no se hubiera triunfado.

 

Aquella victoria nos hace doler las nuevas derrotas.

La derrota de la papeleta verde en el 89 y la rosada en el 2009 ponen, blanco sobre negro, la cuestión de las alianzas para resolver los grandes temas que atraviesan a la sociedad. Más allá de las múltiples causas para  que no se llegara al 50% más uno de los votos, aparece como fundamental las nulas alianzas fuera de la izquierda con que contó el movimiento. Cuando uno analiza en qué condiciones se ganó el NO del 80 no parece de recibo la argumentación respecto al miedo en el 89 -que se usó- ni la falta de la otra papeleta en 2009 -que faltó-, ni la poca campaña mediática -que se notó- ni la falta de compromiso de algunos dirigentes -que es cierta-; pero la ausencia determinante  fueron las alianzas  políticas que sostuvieran la convocatoria más allá de la izquierda -que a duras penas se acerca al  50% sin alcanzarlo-; faltaron sectores, faltaron dirigentes de todos los niveles y colores y por eso, fundamentalmente, faltaron muchos votos. Porque es un tema, el de la impunidad, para ganar por mucho más que el 50% luego de 25 años de democracia y la información surgida en el último quinquenio al respecto.

 

Somos un país demasiado partidocrático y divido en dos y, sin este dato, difícilmente se resuelvan los grandes temas que trancan al país. Pienso en el aborto, la reforma constitucional u otros. 

 

El arte de avanzar es lograr las fuerzas necesarias para lograrlo y no chillar por la injusticia que significa no conseguir los resultados ni responsabilizar a los otros y acusarnos entre nosotros. Claramente, nos falta mucha autocrítica, audacia y reflexión al respecto.

 

2) La seguridad es uno de los ejes permanentes del discurso de la extrema derecha: en aquella época era la seguridad nacional, ahora es la seguridad pública. Siempre estamos enfrentando algún enemigo peligroso  que es parte de nuestra propia sociedad -más allá que siempre esté el componente externo: el comunismo soviético otrora, el terrorismo y el narcotráfico ahora; la cuestión es que siempre debemos ceder derechos y garantías a los efectos de darle al estado las armas para defendernos. La estrategia del miedo desarrollada, fomentada infinitamente por los medios de comunicación, especialmente la tv, van abriendo el camino para aumentar la represión y el control ciudadano, permitiendo que la élite dominante garantice su dominación y enriquecimiento. En nuestro país, tan tradicionalista, la historia quiere que los mismos apellidos encarnen similares roles, y allí tenemos otro Bordaberry encabezando una de las cruzadas antidemocráticas más peligrosa post dictadura: ya no se trata de encubrir a los delincuentes de la dictadura como su padre, ahora salen en ofensiva a ganar a grandes sectores para frenar el avance popular de la mano del nuevo enemigo: los menores infractores, especialmente, los adolescentes y jóvenes pobres que delinquen son el santo y seña del nuevo camino del retorno al poder y la regresión democrática. No seamos nabos, esto es lo que está en juego en Uruguay y no otra cosa. Los prinicipales peligros para el movimiento popular son: el armémonos todos y encaremos la defensa individual -así vamos al todos contra todos- o el no pasa nada,  son problemas que se resolverán con ceibalitas y mucho fútbol infantil. Debemos una respuesta concreta y efectiva.

 

3) El papel de los medios de comunicación de masas  ha sido tema de debate permanente en el siglo XX y hoy día, más aun. La experiencia del NO demuestra que no se puede tener una visión estrecha de emisor activo y receptor pasivo, que acríticamente actúa en función del mensaje que recibe. Es claro que la manipulación mediática existe y aumenta -basta ver las grandes cadenas informativas mundiales machacando al unísono en un mismo sentido- o nuestros beneméritos canales de TV con la violencia promovida en forma pornográfica, pero, concomitantemente, se van desarrollando formas alternativas gracias a las tic que van poniendo en jaque dicha manipulación.

    

Pero en la época del NO, había TV, radios y diarios  y no había tic  -y la gente vivía igual!!-. La clave está en la política y la construcción de redes de confianza que resisten todos los vendavales represivos y mediáticos: el pueblo uruguayo, en su gran mayoría, confiaba en sus líderes y partidos políticos, aun sin toda la información necesaria, sin poder debatir en profundidad públicamente. La represión totalitaria llevó la política a los hogares como nunca, a las familias, a las barras de amigos, a los clubes, a las iglesias, a todos los círculos de amistad y confianza donde la dictadura no podía terminar de entrar.

 

Se desarrollaron mil  formas de acción: la iniciativa popular fue una de las características más genuinas de la resistencia: los volantes a mano y con carbónico, los planograff y los hectógrafos, las matrices electrónicas, los tubo lux para fabricar crayones, los spray que eran remedios para ovejas, los partidos de futbol-reunión, las acciones relámpago, las flores para Nibia Sabalsagaray en el Zorrilla, los cassettes, el humor, el arte, en fin, se podrían contar miles de anécdotas al respecto de como se violaba permanentemente la prohibición impuesta por el régimen.

 

No debe olvidarse el papel que jugaron CX30 y el innolvidable Germán Araújo con su  célebre Diario 30, iniciado el 3/11/80; la aparición del semanario batllista Opinar tres días después dirigido por Enrique Tarigo; la existencia de la revista La Plaza desde el 30/11/79, dirigida por la familia Carámbula (Felisberto, Marcos y Gonzalo) con la participación de aquellos curas legendarios como Perico Pérez Aguirre y Juan Luis Segundo. Luego vendrían otros medios, pero fuimos al plebiscito con esos  y poca cosa más. Y con un único debate televisivo.  

 

También hay que recordar a los otros: la campaña de la DINARP, cargosa, amenazante, provocadora, mentirosa.

 

“Para valorar nuestro presente de paz y seguridad, recordemos. Quien elige no recordar su pasado está condenado a repetirlo” con imágenes truculentas de muertos y violencia subversiva. 

 

Pero están los otros, los civiles, los medios como el diario El  País, blanco de tono fascista de siempre, portavoz de las peores causas: racista, homofóbico, proyanqui, aristocrático. Fue ideólogo de la dictadura desde antes, la pidió a gritos, mejor dicho a titulares y editoriales; fue cantera de cuadros: recordemos , especialmente hoy  a Edmundo Narancio, rector interventor de la Universidad y ministro de Educación  de la época, miembro del consejo editorial. ¡Como no van a querer impunidad y olvido!

 

4) El papel de la cultura, la educación y la Universidad de la República.

 

La traición de los intelectuales, El País, 4/4/80.

“Años atrás, cuando la subversión arreciaba en nuestro país, esta página editorializó sobre lo que dimos en llamar “la traición de los intelectuales”. En tal ocasión se hizo referencia a la inmensa responsabilidad que les cabía en el surgimiento , desarrollo y radicalización de los sediciosos a los intelectuales de nuestro medio.

La categorización era amplia y libre, pues comprendía tanto a los escritores, profesores y artistas, como a críticos, periodistas de variado tipo, y a todos cuantos centraban sus actividades en la pluma o la palabra. ...”

 

¿Hace falta aclararlo en este ámbito? Estos son los que se beneficiaron en todo sentido del régimen: ganaron y robaron más que lo habitual, tuvieron cargos a los que nunca hubieran podido acceder por méritos, se vengaron de la izquierda y todo el pensamiento crítico e independiente del poder oligárquico que existía en Uruguay.

 

El Ing. Oscar Maggiolo, ex Rector de nuestra Universidad, en un informe editado en 1977 en México acerca de la realidad de nuestra Universidad luego de la intervención, denunciaba:... “en la Facultad de Ingeniería, 259 de los 389 cargos docentes existentes, permanecían vacantes en julio de 1975. Es decir, el 67% de los profesores y docentes auxiliares ha sido eliminado. Han desaparecido, así, institutos enteros cono el de Matemática, el de Electrotécnica, el de Ing. Civil y el de Mecánica...”

 

En el año 80, la intervención impone el examen de ingreso en todas las facultades: el 27/3,  4442 estudiantes rinden la prueba e ingresan, finalmente, 3382.

 

Sin embargo, los estudiantes universitarios, herederos naturales de ese acervo crítico, democrático y libertario de la intelectualidad uruguaya que odia el diario El País, se transformaron en un bastión de lucha contra la dictadura: lo muestra la huelga general junto a la clase obrera en el 73, lo muestran las sucesivas caídas de jóvenes  universitarios militantes antidictatoriales, lo muestran la cantidad de asesinados y desaparecidos que eran universitarios, lo muestra la cantidad de acciones por el NO desplegadas en todas las facultades, lo muestra la irrupción multitudinaria del 83 y el papel protagónico que jugaron la ASCEEP-FEUU y los distintos gremios en la caída de la intervención y la reconstrucción democrática.

 

Sobre el final del informe,  decía Maggiolo: “Y si son grandes los crímenes que la dictadura comete contra el ser humano, al torturarle y asesinarle con las técnicas que instructores norteamericanos han introducido en el país, y que son de público conocimiento, no es menos grave el crimen de haber destruido el único centro de cultura superior que el país poseía. El Uruguay se reconstruirá y los traidores que hoy disponen a su gusto del territorio que bordea el oriente del río Uruguay desaparecerán y serán juzgados por los crímenes a la humanidad y de lesa patria que cometen con ferocidad que nadie podía sospechar que incubara en mente de hombres, de militares, que hasta hace poco todos considerábamos como otros más de nosotros. Y en este juicio ocuparán lugar preponderante los crímenes cometidos contra la cultura nacional...”.

 

A veces, parece que algunos sectores del movimiento popular y democrático no entienden el papel esencial que ha jugado  y debe jugar la cultura en general y la Universidad en particular para sembrar valores democráticos, conocimiento y justicia social.

 

Una propuesta:

Desde hace años se viene planteando el tema: el 30 de NOviembre debe ser el día de la Dignidad Democrática del pueblo uruguayo: debe ser fecha patria. Me hago eco del planteo de José Pacella -héroe de la resistencia y el NO, detenido y salvajemente toruturado por segunda vez en 1981- y de mucha gente que se reconoce en esta fecha  a lo mejor de nuestra calidad cuidadana: el odio a toda clase de tiranía  como enseño Artigas y el compromiso irrenunciable con los valores republicanos y democráticos.

LA ONDA® DIGITAL

© Copyright 
Revista
LA ONDA digital