|
Argentina y un esquema
programático para el
desarrollo nacional
por el
Dr. Alfredo E. Allende
Tal vez
esté llegando la hora de un retorno de la Unión
Cívica Radical, con sus aliados, a responsabilidades
gubernamentales. No es que sea fatal que ello ocurra
pero la probabilidad, además de la posibilidad,
existe.
No se
trata más de arribar sin un programa básico y claro
sobre vagas propuestas. Ahora se trata de señalar en
unos diez puntos como máximo, una descripción de la
voluntad política de realización para que los
militantes, y sobre todo la ciudadanía los tenga en
mente y los sacuda emocionalmente. El país no está
para andar sin brújulas y motores puestos a punto;
el legado negativo que dejarán los gobiernos de los
Kirchner (más allá de los aciertos que han tenido)
no será pequeño. Al contrario, porque encima de la
realidad objetiva de la declinación global hay una
tremenda campaña psicológica a través de un aparato
propagandístico impresionante que hace creer que
estamos en el mejor de los mundo posibles.
Con la
pantalla de la lucha contra el monopolio Clarín se
va creando aceleradamente una concentración
publicitaria oficialista pocas veces vista. Por
ejemplo, se ha logrado disipar en el sentir general
la miseria de vastos sectores sociales y regiones
enteras, el monto acuciante de la deuda externa, el
retardo y ausencia de inversiones masivas
productivas, la postración de la infraestructura, el
acostumbramiento inmoral a las dádivas, el saqueo a
las exportaciones del campo y a los fondos
jubilatorios, la inferioridad creciente frente a
Brasil y México, la declinación ante Chile y
Colombia, cuatro países que absorben el interés del
mundo por esta parte del continente, junto a un
Perú en crecimiento y un Uruguay serio, que es
preferido por multitud de argentinos para
establecerse allí definitivamente con sus
emprendimientos.
Se ha
llegado a una anomia cívica de tal envergadura que
gran parte de la gente toma, como natural, la falta
de apoyo a obras fundamentales en la ciudad de
Buenos Aires porque Macri es de derecha
Y entonces
se encuentra razonable que no se facilite las obras
para subterráneos en la capital de la República, en
abierto perjuicio a millones de argentinos que viven
en ella y en el conurbano, además de estropear la
visión de una ciudad acogedora de centenares de
miles de turistas por año.
Que no
se pregunte cómo se hace para burlarse y
descorazonar: ¿cómo se hace? El mundo desarrollado
lo ha enseñado, el Brasil lo está explicando,
existen precedentes argentinos impactantes:
gobiernos conservadores realizaron una tarea que si
bien pudo ir más a fondo, no deja de impresionar,
ganando territorios al desierto, levantando
ciudades, integrando el territorio con vías
comunicacionales y educación pública. El primer
mandato de Perón fue socialmente incluyente y no
descuidó el avance industrial. Frondizi en cuatro
años produjo una transformación técnica, de
infraestructura e industrias pesadas y livianas sin
precedentes, al tiempo que las universidades
recibían el más alto presupuesto hasta ese momento
de la historia y se creaban grupos de ciencia de
alto vuelo. Antecedentes sobran.
Ocurre
que ahora la Historia nos pasa por encima, nos
quedamos rezagados ante la mayoría del mundo en
tanto la población crece a un ritmo grande, en
verdad enorme para nuestras ofertas de bienes y
servicios, y se acentúa el hacinamiento en las
periferias de las urbes.
Por todo
ello se precisa un listado mínimo con aclaraciones
breves sobre el programa o plan de realizaciones
concretas que tendrá el partido tradicional por
antonomasia de la Argentina si asume la
responsabilidad oficial en la Nación, sin por ello
querer ser infalibles en el listado que se aporta ni
suponer que otros conglomerados políticos no puedan
alcanzar las máximas responsabilidades.
Programa tentativo básico de una configuración
programática que podríamos llamar para 50 millones
de argentinos: Diez mil kilómetros de una red
nacional de autopistas inteligentes con inversiones
locales y extrajeras y recompensas en peajes, es
decir sin necesidad de gastos mayores de Estado.
Resulta doloroso, irónico y, simultáneamente
ejemplar, que una provincia de 76 mil kilómetros
cuadrados, San Luis, posea el 40% de autorrutas de
un país cercano a los 2.800.000 kilómetros
cuadrados, ¡Y sin peajes!
Privilegiar el sector energético con todo tipo de
facilidades compatibles con el interés nacional.
Compromiso nacional de protección a las inversiones
productivas ya existentes y las que vengan en el
futuro
Aminorar
las cargas impositivas al agro en no menos, en
conjunto del 33%, con eliminación de retenciones a
algunos productos que están en situación difícil
ante los mercados. Dar amplias ventajas fiscales a
los complejos agro-industriales. El aminoramiento de
los ingresos fiscales será superado por el
movimiento intensificado de la producción.
Creación
y ayuda a los centros científicos de excelencia
actuales y futuros.
Detener
la expansión de las subvenciones que van en camino
de convertirse en un monstruo inmanejable y en
cuanto sea prudente, proceder a su rebaja.
Congelamiento de las vacantes meramente burocráticas
en las administraciones locales y nacionales.
Terminar
con el problema de las inundaciones devastadoras con
la canalización, dragados, reservorios, que, por lo
demás, ya están estudiados, con gastos que se
repagan casi de inmediato y varias veces con la
conquista pacífica de grandes extensiones de pampa
húmeda y el cese de ingentes pérdidas, al tiempo que
proveen centenares de miles de ocupaciones y se
multiplican las riquezas de todo el territorio
nacional.
Impulso
razonable al mercado interno con actualización de
sueldos y jubilaciones. El ímpetu que sobrevendría
de tomarse las medidas anteriores absorberá la
tendencia inflacionaria. Otorgar al INDEC autonomía
y jerarquía académica.
Negociación con los organismos internacionales de
créditos para aminorar fuertemente el inmenso
déficit habitacional argentino. Plan nacional y
racional de construcciones y servicios con
intervención de empresas locales, cooperativas,
sindicatos, organizaciones barriales. Eliminación
gradual pero sin pausa de las villas miserias, con
esfuerzos mancomunados de los municipios, las
provincias y el Estado nacional, sin descartas las
ayudas que puedan sobrevenir del exterior, y la
cooperación de la Iglesia y de las ONG. Debe haber
un plan nacional al respecto, sin desmedro de las
autonomías locales.
No se
trata de una utopía, todo es realizable si hay
decisión política, pasión por el progreso material y
cultural, planes serios, impulso global a la
producción. Por un tiempo más o menos largo
continuarán vendiéndose a buen precio la soja y los
frutos del campo. El viento de cola debe ser
aprovechado para dotar al país de una fuerte
infraestructura. La República es una forma de
gobierno que si carece de bases materiales
apropiadas se convierte en democracia de pacotilla,
con demagogos y corruptos medrando con la miseria de
los más. Y garantizándose votos arreados.
Si no
torcemos el tumbo enderezando hacia metas de
grandeza moral y, republicana y socio-económica,
quedaremos sumidos en el vagón de cola del mundo.
LA
ONDA®
DIGITAL |