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¿Isaac Newton creía
en la alquimia?
por
Javier Yanes
El descubrimiento de la afición del físico a la
alquimia sonrojó a los científicos. Hoy algunos
expertos quieren lavar la imagen de esta práctica
medieval que consideran precursora
de la química moderna
Nuestro
esperma crudo fluye de tres sustancias, de las que
dos se extraen de la tierra de su natividad por la
tercera y después se convierten en una pura Virgen
lechosa como la naturaleza obtenida del Menstruo de
nuestra sórdida ramera. Estos tres manantiales son
el agua [], la sangre (de nuestro León verde
totalmente volátil y vaciado de azufre metalino), el
espíritu (un caos, que se aparece al mundo en una
vil forma compacta, al Filósofo unida a la sangre de
nuestro León verde, del que así se hace un león
capaz de devorar a todas las criaturas de su
clase...)".
Estas
frases, que parecen obra de un demente, fueron
escritas junto a miles de otras de similar cariz con
el puño y letra de uno de los dos fundadores de la
física moderna. Hasta la década de 1930, Isaac
Newton (1642-1727) pasaba por ser sólo el tipo serio
de melena en cascada blanca y cerebro ortogonal que
había parido el cálculo diferencial mérito
compartido con Leibniz, la ciencia óptica y las
leyes de la mecánica y la gravitación que
cohesionaron el universo de la física hasta
Einstein. Tanto pensó y trabajó que no tuvo
colaboradores, ni amigos, ni mujer ni amantes
conocidas. Hay quien asegura que se fue a la tumba
tan virgen como había nacido, un celibato en el que
otros ven la grieta, nunca demostrada, de una
homosexualidad secreta.
Pero si
Newton nunca salió del armario en lo sentimental,
también durante siglos aguardó atado y amordazado en
lo profesional. Después de su muerte, los académicos
del XIX descubrieron incómodos con qué rellenaba
Newton los huecos de un cerebro donde aún le sobraba
espacio después de encajarse el universo entero: la
alquimia. Achacando aquellos devaneos a años y años
de trastear con mercurio, los científicos
victorianos decidieron que aquel pecadillo del mayor
físico británico estaba mejor donde lo habían
hallado, enterrado en el armario.
Según un
experto, los alquimistas no eran magos, sino
químicos
En julio
de 1936, la casa Sotheby's de Londres reabrió la
caja de los truenos al subastar los papeles de
Portsmouth, una colección de manuscritos inéditos de
Newton que dormían en el archivo familiar de la
única mujer a la que el físico misógino admitió en
su vida, su sobrina Catharine Barton. Casi cuando se
había vendido todo el pescado, en la subasta
aterrizó un personaje que se había enterado de la
venta pública en el último momento por un aviso de
su hermano. El estudioso de Newton y economista John
Maynard Keynes tuvo que recurrir al cambalache fuera
de subasta para hacerse con la presa que codiciaba,
los papeles del Newton alquimista.
Lenguaje
hermético
En aquel
montón de páginas, el campeón del intervencionismo
estatal redescubrió para el mundo más de un millón
de palabras de jerga simbólica y oscura que
acrisolaba la propia cosecha de las retortas de
Newton con las transcripciones que hizo de sus
maestros predecesores. En aquellos escritos no se
retrataba el padre del teorema del binomio, sino el
alquimista Jeova sanctus unus (Jehová, un único
santo), seudónimo con el que Newton daba rienda
suelta a su inconfesable herejía contra la Trinidad
cristiana. Sus retahílas indescifrables rebosan el
hermetismo de una disciplina medieval cuyos adeptos
revestían sus secretos de códigos para no revelar
sus avances en el camino hacia la Piedra Filosofal,
la sustancia capaz de transmutar plomo en oro y de
curar al ser humano de sus dolencias; la panacea, el
elixir de la vida. Cuando Newton hablaba de la
"sórdida ramera", se refería a la estibina, el
mineral del que los alquimistas extraían su
"menstruo", el antimonio.
Hace
cinco años, un trabajo de catalogación en la Royal
Society de Londres, en su día presidida por Newton,
sacó a la luz parte de aquellos manuscritos perdidos
durante décadas después de la subasta de Sotheby's.
El peso de las pruebas acumuladas ha inclinado la
balanza hasta obligar a los expertos a aceptar que
Newton no era un científico jugando a mago en sus
ratos de ocio, sino que era, por encima de sus demás
ocupaciones, "el alquimista más completo y erudito
de su época", en palabras de su biógrafo James
Gleick. Mientras, la ciencia lo juzga con
benevolencia, exculpándolo de sus coqueteos con el
ocultismo a cambio de sus aportaciones científicas.
Rehabilitación
Pero no
todos los expertos comparten esa visión displicente.
Desde la Universidad de Indiana en Bloomington (EEUU),
el historiador de la ciencia William Newman ha
empeñado su carrera en conseguir la rehabilitación
histórica de la alquimia. "Es una de mis metas y
creo que lo vamos consiguiendo", dice. En el camino
hacia la mítica piedra, argumenta Newman, los
alquimistas extraían metal de su mena, lo disolvían
con ácidos, lo precipitaban y lo mezclaban en
aleaciones. En suma, prosigue Newman, lo que los
alquimistas hacían no era otra cosa que reacciones
químicas, y lo hacían con rigor y repetición. Sus
trabajos alumbraron las técnicas de destilación, de
síntesis y análisis, y de ellas derivó la
fabricación de metales, licores, pigmentos o
fármacos.
Las
ideas de esta práctica medieval inspiraron la óptica
newtoniana
Newman
va más allá al explicar su mayor hallazgo: "Newton
combinó su trabajo en alquimia y en óptica; la idea
de que la luz se podía descomponer en su espectro y
luego unirse de nuevo en luz blanca con una lente
procede del concepto alquímico de que todo estaba
formado por corpúsculos que se podían romper y
recombinar; en esta filosofía mecánica del siglo
XVII se basaba la transmutación, y sabemos por sus
notas que Newton se inspiró en ello para sus
experimentos de óptica".
De la
misma opinión es el profesor de la Universidad Johns
Hopkins (EEUU) Lawrence Príncipe. En 1989, este
químico transmutado en historiador desenterró en los
cajones de la Royal Society los papeles que
demostraban la vertiente alquímica de otro venerado
científico, el irlandés Robert Boyle, para muchos el
primer químico moderno. Principe sostiene que "la
alquimia no es irracional", sino ciencia seria,
aunque mal encaminada.
En su
intento por lavar la imagen de la alquimia, Newman y
Principe no han dudado en enfundarse los guantes
para resucitar las retortas y las cocciones. Con
material de vidrio diseñado a semejanza del original
y gracias a un horno similar al de Newton que Newman
ha construido en su jardín, estudian y replican los
experimentos para demostrar que en su concepción,
desarrollo y resultados, y una vez despojados del
lenguaje hermético, difieren poco de lo que Boyle y
los químicos de la Ilustración hacían a plena luz y
con el sello oficial de la ciencia.
"Copérnico y Fausto en uno"
En 1946,
Keynes preparó una charla para la celebración del
tercer centenario del físico en la Royal Society,
que finalmente tuvo que leer su hermano Geoffrey
tras la repentina muerte del economista. El que fue
un gran conocedor de la figura de Newton no creía
que el lado más oscuro del físico le hiciera "menos
grande". "Era menos ordinario, más extraordinario de
lo que el siglo XIX había hecho de él". "En el siglo
XVIII y desde entonces, se veía a Newton como el
primero y mayor de la moderna era de los
científicos, un racionalista, uno que nos enseñó
a pensar en las líneas de la razón fría y sin
color. Yo no lo veo así".
El
economista John Keynes reunió los escritos de
alquimia del físico
Era
"Copérnico y Fausto en uno", resumía. Y añadía:
"Newton no fue el primero de la Edad de la Razón.
Fue el último de los magos, el último de los
babilonios y los sumerios, la última gran mente que
miró al mundo visible e intelectual con los mismos
ojos que aquellos que comenzaron a construir nuestro
mundo intelectual hace menos de 10.000 años".
Hoy
sabemos que los elementos químicos no son distintos
en esencia, sino que todos están construidos con los
mismos corpúsculos sólo tres protones separan al
plomo del oro, así que es teóricamente posible
transformar unos en otros, como hacen los
aceleradores de partículas o los reactores
nucleares. Los científicos han producido diamantes a
partir de cenizas humanas, residuos orgánicos o
incluso tequila. En 1941 se transmutó por primera
vez mercurio en oro mediante bombardeo de
neutrones... ¿Desencaminados o adelantados a su
tecnología?
LA
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