Política exterior de EE.UU:
Brasil y México en la mira
por Antonia Yánez

Luego de las iniciales expectativas en política internacional -creadas con la llegada de los demócratas a la casa blanca- hoy no hay dudas para nadie que los logros de la Administración de Obama en Sudamérica han sido extremadamente magros o nulos.
 
Esta situación puede tener un giro a partir de enero cuando se instalen las nuevas mayorías republicanas en el Congreso. Los cambios si se concretan, serán en un sentido regresivo si nos atenemos al perfil político de quienes encabezarán por ejemplo el Comité de Asuntos Exteriores: Ileana Ros-Lehtinen, de origen cubano, Dave Camp encargado del comercio exterior y el archi-conservador Connie Mack que desembarcará en el subcomité de Asuntos del Hemisferio Occidental del Senado. En todos los casos son personalidades políticas que añoran los procedimientos de la administración Bush.
 
La representante por Florida Sur Ros-Lehtinen si se tiene en cuenta sus largas prédicas, será una insistente promotora de políticas de confrontación con el gobierno venezolano de Hugo Chávez. Cuba debe despedirse de toda posibilidad de avanzar en los escasos gestos de apertura que demostró la Administración de Obama hasta ahora. Ros-Lehtinen en el pasado se ha manifestado incluso partidaria de usar la fuerza militar para doblegar al actual régimen cubano. Con ambos países, sin dejar afuera a Bolivia, la tendencia será aislarlos de sus socios y vecinos.
 
Pero quienes más sorprendidos pueden llegar a estar, son quienes han dado por definitivamente muerto los “acuerdos de libre comercio”. Por lo pronto los impulsores desde Colombia y Panamá luego de enero encontrarán un fuerte lobby republicano receptivo a concretar definitivamente ambos tratados, a los que Obama ha dejado dormir en cajones parlamentarios. La iniciativa de los TLC es mucho más que una iniciativa de contenidos económicos para un sector importante de los políticos conservadores que llegan ahora al Congreso. Integra una idea fuerza de proyección estratégica en relación con el Sur. Sólo una opinión publica norteamericana aun dividida sobre los TLC, pospondrá nuevas iniciativas al respecto.
 
Si bien Sudamérica no integra el menú de prioridades de la política exterior norteamericana, sí hay dos elementos que en el próximo periodo pueden ser de una cierta prioridad relativa. Una, la ingobernable realidad Mexicana de estos días que progresivamente empieza a integrarse a las preocupaciones del espectro político de Washington con una fuerte impronta en buscar un símil del “Plan Colombia”.
 
 El otro es Brasil, a la que ni demócrata ni republicanos saben bien por donde abordar con proyección estratégica. El primero de enero asume la nueva presidenta Dilma Rousseff. Una mezcla de expectativa e incertidumbre acompaña a quienes desde el Departamento de Estado y el Congreso tienen que diseñar la política hacia ese país. La declaración del actual canciller Celso Amorim que no seguirá en su cargo, ha generado ciertas expectativas de cambios.
 
Si Rousseff mantiene la política exterior de Lula, los republicanos aducen tener varios motivos para reexaminar las relaciones bilaterales entre ambos países. La crisis política en Honduras, y los acuerdos entre Brasil e Irán, son muy recordados por estos.
 
Por lo pronto el nombramiento del nuevo canciller brasileño será uno de los primeros termómetros de en qué medida estas sensibilidades se inclinan. La presidenta electa, piensa ser recibida en la Casa Blanca antes del primero de enero, es difícil que llegue sin anuncio previo de su nuevo canciller. En los pasillos de Itamaratí casi sin excepción cuando se les mociona el tema, responden con el proverbio español; “al que no quiere caldo se le dan dos tazas”.
 
Los recientes sucesos de Río dan la razón a quienes desde EEUU en forma casi binaria hacen recaer el centro de gravedad de los problemas sudamericanos en relación con el narcotráfico y la delincuencia. Más de medio centenar de muertos por el ejército brasileño en cuarenta y ocho horas acercan mucho la realidad brasileña a la mexicana; aunque sería simplificarla si se compararan ambos ejércitos. Es probable que en el campo de la “seguridad” en la región, demócratas y republicanos se pongan rápidamente de acuerdo, por ejemplo para ofrecer fondos frescos para mayores medidas de seguridad en torno al “narcotráfico”.
 
Si bien es el presidente Obama quien tiene la última palabra en política exterior en su país, es muy probable que en referencia a Sudamérica el próximo periodo esté cargado de iniciativas proveniente de las mayorías conservadoras y republicanas, surgidas el 4 de noviembre pasado. Si Obama no las modula, o sus fuerzas políticas no le alcanzan, las sorpresas pueden ser grandes.

LA ONDA® DIGITAL

© Copyright 
Revista
LA ONDA digital