El NO del 80 y el
“optimismo democrático”
Decano Alvaro Rico

La Fundación Michelini, el Museo de la Memoria y AEBU,

recordaron el histórico plebiscito del año 1980. El acto fue organizado el pasado 25 de noviembre, en el Paraninfo de la Universidad de la Republica, con la participación del Rector Rodrigo Arocena, el decano de la Facultad de Humanidades y Ciencias de la Educación Álvaro Rico, el sindicalista Juan Pedro Ciganda, el ex senador nacionalista Alberto Zumarán, el ex dirigente de la CBI, Juan Miguel Petit y el Intendente de Canelones Marcos Carámbula.

Lo sigue a continuación es la exposición del decano Álvaro Rico en dicho homenaje, tomada de la versión grabada realizada por La ONDA digital

 

“Tendríamos que hacer una historia reciente del Uruguay como historia de los estados de ánimo. ¡Ojalá José Pedro Barrán – desde el cielo – inspire a alguno de nosotros a realizarla, porque me gustaría este enfoque! Por lo general, recordamos o escribimos la historia desde la reconstrucción de hechos que responden a una cierta materialidad, a una cierta comprobación fáctica, o que remiten a un documento o a un testimonio personal del que estuvo allí, del protagonista. Sin embargo, a partir de 1980, las etapas que se abren hasta la recuperación de la democracia en el Uruguay – en 1985 – son recordadas, más allá de los hechos, como un cambio en el estado de ánimo de la población.

 

 El inicio de la transición a la democracia en el Uruguay es también el inicio de la etapa del “optimismo democrático”. Y no es casual esa denominación de “optimismo democrático”, porque se trató de un estado de ánimo público, que se muestra a los demás, que alienta a nuevas argumentaciones y polémicas, a realizar demostraciones callejeras. ¡Algo que da valor! En síntesis, hay momentos en la historia en que – antes de producirse y comprobarse una ruptura o un desenlace – acontece una especie de “click” o cambio en las percepciones subjetivas, en el entusiasmo, en las creencias, en la alegría, hasta en el humor. Hechos estos que prefiguran – incluso – la dirección de la ruptura o el desenlace histórico inminente. Que son también momentos necesarios en la recuperación de la autoestima y la confianza en las propias fuerzas de la sociedad, después de tantas derrotas.

 

¡Ojo, en 1980, la dictadura seguía estando allí, intacta! Por lo tanto, las transformaciones en el ánimo colectivo resultaron – también – un mecanismo defensivo y protector contra el miedo, la inseguridad, la incertidumbre del desenlace y la represión directa del régimen. Pero no importó. Por eso mismo – quizás – la época del “optimismo democrático” está tan adherida a la piel de los protagonistas. Es la historia como biografías, las anécdotas, los testimonios personales, la memoria individual y colectiva. Por eso el período que va desde este “NO” al proyecto constitucional de la dictadura, pasando por el acto en el Obelisco y las palabras de Candeau hasta la libertad de los presos políticos, se reviven con tanta fuerza hoy día. Fue nuestra pequeña gran épica. Quizás la última vez que nos reunimos en la calle como comunidad, como República.

 

El intento del régimen – a través del cronograma político elaborado por la COMASPO – y la convocatoria a una Asamblea Constituyente para que aprobara el proyecto de Constitución de los militares – basado en la doctrina de la Seguridad Nacional – era el intento de encontrar procedimientos y mecanismos que le permitieran superar la debilidad intrínseca a toda dictadura: la legitimación de su continuidad como régimen político estatal. Es menos comprensible que ese mecanismo de legitimación elegido fuera el plebiscito: la convocatoria al cuerpo electoral para pronunciarse – soberanamente – mediante el voto. Probablemente en los cálculos de la dictadura estuvieran presentes los plebiscitos favorables a Pinochet – en Chile – en 1978 y en el mismo año de 1980. Probablemente estuviera también en sus cálculos la realización de fraudes. O que el monopolio de los medios de comunicación y la agresiva campaña propagandística de la DINARP – “Dígale SI al Uruguay” – eran suficientes para convencer a los uruguayos. O que el apoyo de Pacheco Areco o Gallinal al SI, eran suficiente sustento social para triunfar.

Ahora, lo que sí – seguramente – formó parte de los cálculos políticos de la dictadura, fue que los logros de la represión estatal eran su plan de éxito en el plebiscito. No siempre tenemos en cuenta que el intento fundacional o constituyente de la dictadura uruguaya – a partir de 1980 – está estrechamente relacionado con la naturaleza del “terrorismo de estado” desplegado – fundamentalmente – entre 1975 y 1979, con la secuela de detenidos, desaparecidos, encarcelados, asesinados y exiliados. Que – una vez destruida esa amenaza interna para el régimen – en los operativos represivos a gran escala, desplegados desde 1975 en Uruguay y Argentina – principalmente contra las fuerzas de izquierda – bien podía el régimen plantear una “paz de los sepulcros”, ciertas pautas liberalizadoras, en el marco de una democracia tutelada por los militares o “dictablanda”. En el mismo año de 1980, recordemos que el 1º de mayo fue cambiado de fecha por la dictadura. Un fuerte operativo se desenvolvió contra la Colonia “San Javier” y la clausura del Centro Cultural “Máximo Gorki” con decenas de detenidos, ntre ellos, la detención primera del Dr. Vladimir Roslik. También – en ese año de 1980 – fallecen en prisión, por situación carcelaria, cuatro militantes del MLN y del Partido Comunista. Sin embargo, todo ello, pareció no importar para que el 57% de los votantes habilitados, que dijeron “NO”. Muchos de ellos votando por primera vez. Dijeron NO, al intento de la dictadura de perpetuarse en el poder, con una decisión responsable y valiente, que cruzó todo el espectro político-partidario.

 

Se ha insistido en las explicaciones que sostienen que la vía plebiscitaria y electoral - elegida por la dictadura – y el mecanismo de la negociación, recompuso el papel de los partidos políticos y sus dirigentes, como canales de mediación privilegiados con la ciudadanía. En ese marco, se resaltan las declaraciones conjuntas - en ese año – del Partido Colorado y del Partido Nacional ante el plebiscito.; los mensajes enviados desde Londres por Wilson Ferreira Aldunate y escuchados clandestinamente en el Uruguay, en Montevideo; los dos actos en el cine “Cordón” de los partidos políticos tradicionales y el acto de la CBI en el cine “Arizona”; los artículos periodísticos opositores; la aparición de “Opinar”, dirigido por el Dr. Tarigo y el célebre debate televisivo en Canal 4. Pero esa encrucijada no se entendería completamente sin incorporar la lucha de los militantes clandestinos y de las organizaciones políticas de izquierda ilegalizadas y de aquellos que sostuvieron – en las más duras condiciones de represión – la continuidad histórica de las organizaciones sindicales y estudiantiles: la Convención Nacional de Trabajadores y la Federación de Estudiantes Universitarios del Uruguay. La clandestinidad, junto a zonas de actividad semi-clandestina – a veces, esta última, integrada por ex presos en régimen de libertad vigilada – se mimetizaron con las expresiones públicas y autorizadas para seguir ensanchando el proceso de democratización. Aunque tampoco resultó fácil la apertura después del triunfo del NO, hasta cuatro años después. Hasta el 1º de marzo de 1985.

 

La original combinación de la lucha popular – legal y clandestina – de la resistencia, junto a las negociaciones políticas con los militares y la solidaridad internacional, lograron – finalmente – el retorno a la democracia. Mientras eso mismo sucedería en los demás países del Cono Sur. Recién en 1982 – en Argentina – empezando la década de los años 90 en Brasil y Chile.

 

El plebiscito sobre la continuidad del orden autoritario, se transformó en el primer acto del retorno a la democracia, abriendo el proceso de transición en el Uruguay. Poco más de un año atrás – el 19 de julio de 1979 – el Frente Sandinista de Liberación Nacional entraba en Managua, derrotando – por las armas – la antigua dictadura de Anastasio Somoza y abriendo – así – un período de transición en Centroamérica, con efectos importantes sobre los acontecimientos en nuestro Cono Sur. Así, la ofensiva imperialista y contrarrevolucionaria de los años 70, comenzaba a revertirse.

 

Parecería ser que el retorno a la democracia nos ha acostumbrado a decir a todo que “sí”, en un proceso acelerado de cambios culturales que nos ha llevado de la “crítica” a la “adaptación”, del proyecto colectivo a la sobrevivencia personal. Pero hace apenas 30 años – el 30 de noviembre de 1980 – un rechazo rotundo, una negativa, un límite, un NO, marcó una identidad democrática, positiva, colectiva y nacional y abrió un tiempo de cambios históricos en el país.

 

¡Ojalá tengamos siempre presente en nuestros estados de ánimo, opciones políticas y memoria, que la fuerza de ese NO nos compromete de por vida en el ‘nunca más dictadura’, ‘terrorismo de estado’ e ‘impunidad’!

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