Brasil: política externa
altiva y activa
por el profesor Luiz Carlos Bresser-Pereira

La decisión más  importante de la diplomacia de Brasil fue rechazar el Alca sin entrar en conflicto con los EE.UU. En una entrevista brindada a Folha (15/11) el ministro Celso Amorim afirmó que el presidente Lula y él procuraron hacer una política externa "altiva y activa". ¿Habrán tenido éxito?

 

Estoy convencido que sí, pero para responder a este tema es preciso considerar que vivimos en la era de la globalización en la cual los Estados-nación experimentan una contradicción esencial.

 

Nunca fue tan intensa la competencia entre ellos, pero, en contrapartida, nunca fue tan necesario que cooperasen y coordinasen sus acciones.

 

Los grandes países no se amenazan más con guerras, pero, como los mercados se abrieron y las exportaciones crecieron más que la producción, la competencia económica entre ellos aumentó.

 

Y, apuntando a regular esta competencia y resolver una serie de problemas globales como el calentamiento global, las mafias de las drogas, las epidemias globales, las catástrofes y tsunamis, la cooperación entre las naciones es cada vez más necesaria. Por otro lado, los EE.UU., la Europa rica y Japón (el Imperio) continuaron dificultando el desarrollo económico de los países que se industrializaron tardíamente.

 

Sus armas son sus consejos y presiones

Lo más nocivo de ellos es que procuren crecer apoyados en el "ahorro externo" y, por lo tanto, aumenten su endeudamiento externo. De esta manera los países ricos derraman su exceso de capital al mismo tiempo en que nos fragilizan financieramente y nos tornan dependientes.

 

Las decisiones que los países en desarrollo necesitan tomar para enfrentar estas presiones son internas, pero una política externa nacionalista y cooperativa puede ayudar en estas tareas.

 

La decisión más importante fue la de rechazar el Alca - el Acuerdo de Libre Comercio de las Américas - sin entrar en conflicto con los EE.UU. Cuando Brasil condicionó su entrada en el Alca con relación a una serie de principios de autonomía nacional, los EE.UU. desistieron.

 

Las políticas de fortalecimiento del Mercosur, de creación de la Unasur, y de solidaridad activa, aunque limitada, a los países pobres de América Latina gobernados por partidos nacionalistas y de centro-izquierda, fueron también exitosas.

 

En la relación con Bolivia, que debía renegociar contratos perjudiciales, Brasil mostró la diferencia entre ser imperial e imperialista. Los críticos afirman que al negociar con países con gobiernos autoritarios que no respetan los derechos humanos, Brasil estaría fortaleciendo a estos gobiernos.

 

No existe, entre tanto, ningún gobierno de un país grande que establezca esta condición para negociar. Simplemente se recuerda para justificar la presión e intervención en países con gobiernos nacionalistas.

 

Afirman también que la política externa fracasó con relación a la candidatura al Consejo de Seguridad de la ONU.

 

En compensación, Brasil pasó a participar del G20, y, después de su intento de intermediación en el problema de Irán, quedó claro para todos que su participación en los principales foros internacionales es necesaria.

 

Naturalmente el Imperio no aceptó la intermediación, pero Brasil y Turquía marcaron un punto. En realidad, en estos ocho años, Brasil marcó muchos puntos en el plano internacional.

 

Traducido para LA ONDA digital por Cristina Iriarte

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