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¿Quién va al rescate del
"cadáver" de Gonzalo?
por Raúl
Legnani
Hay
gente en el Frente Amplio que censura al doctor
Gonzalo Fernández porque es soberbio, dicen.
Apreciación que no voy a entrar a discutir por
respeto a la inteligencia del ser humano, pero creo
que a ese punto de vista le falta incorporar al
campo de los defensores de los derechos humanos
quiénes deben rechazar a los soberbios.
Si la
ONU se reuniera para incorporar a la soberbia como
una de las mayores violaciones a los derechos
humanos, tengo la impresión de que nunca se
resolvería nada porque se quedaría sin quórum. Lo
mismo le pasaría al Frente Amplio, si pone como
condición para ser afiliado a ese partido político
que el aspirante no sea un soberbio.
"Usted
es soberbio, no se puede afiliar", "usted es
simpático, sin autoestima, bienvenido", diría
alguien elegido por los dioses o por algún brujo de
la izquierda. Ese "alguien", seguramente, sería
pasado al Tribunal de Conducta Política, como acaba
de ocurrir con Fernández, por haber sido un
soberbio, dicen algunos que distinguen a la gente
entre soberbios y simpáticos, agradables y
blandengues, humildes hasta la humillación.
A
Gonzalo Fernández se le agotó la paciencia y
renunció al Frente Amplio, porque estaba cansado de
que lo manosearan, sobre algo que nadie pudo
demostrar que haya cometido una sola violación de
las leyes, como tampoco de la ética y la moral.
Claro,
como no hay ningún argumento, ahora se le culpa de
haber tenido conversaciones con dirigentes del
Partido Nacional sobre un tema muy específico, sin
ningún tipo de consecuencias negativas para la
sociedad.
Si esto
fuera un pecado frenteamplista, no habría otro
camino que ir a la historia y censurar, luego de
pasar por el Tribunal de Conducta Política, al
propio presidente José Mujica que tiene celular
fácil con el senador nacionalista Jorge Larrañaga y
con destacados empresarios, incluso con operadores
que no son afiliados del FA como es el Pato Celeste
y el mismo Paco Casal. Pero a Mujica no se le mata
"porque es nuestro", pero a Gonzalo sí "porque no es
nuestro". Esa es la conclusión. Nada equitativa.
Soy de
los que creen que Gonzalo Fernández no debió
renunciar al Frente Amplio, pero también soy de los
que respetan a los que se cansan del manoseo y de la
pequeñez. Yo hubiera tomado otro camino, pero no soy
Gonzalo Fernández. Hubiera ido al Tribunal sin
renunciar, para contribuir con el Frente Amplio,
dando un gran debate sobre el presente y el futuro
de la izquierda. Y lo hubiera hecho en todos los
planos.
Lo otro
que preocupa es que este camino dramático que ha
asumido el ex secretario de la Presidencia, lo
pueden seguir otros y no porque González Fernández
esté asumiendo conductas de líder. Muchos pueden
abrazar la renuncia porque por múltiples motivos se
les agotó la paciencia. A veces con razón o sin
razón.
Si el
Frente Amplio quiere salir con dignidad de esta
crucial situación, no tiene otra que realizar el
"juicio", con las características de oral y público.
Para que todos sepamos de qué se trata, como en
1810.
Pero lo
mejor sería que todos entraran en una etapa de
reflexión y de serenidad espiritual, poniendo los
valores de la libertad y de la democracia lo más
alto posible y no para pasarles por abajo.
En
política siempre hay posibilidad de poner reversa,
que no es sinónimo de oportunismo. Aceptar el error,
muchas veces tiene mucho más valor que reconocer el
acierto.
El
Frente Amplio no tiene salida de la actual crisis
que vive, si deja por el camino el "cadáver" de
Gonzalo Fernández quien, repito, no violó ninguna
conducta de principios, aunque pueda haber cometido
algún error, por haber servido a la democracia y
puesto a disposición de la misma sus conocimientos y
sus valores intelectuales.
Se ha
dicho en estos días que son superiores los valores
de la fuerza política a los valores individuales.
Esto ya lo escuchamos alguna vez por parte de
partidos políticos, de derecha y de izquierda, que
no comprenden que los valores colectivos deben
respetar al individuo, porque de otra forma se
transforman en códigos opresivos que terminan
atentando contra la libertad.
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