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Política paranoica de
Obama, vilipendia a la ONU
por
Durval de Noronha Goyos
La
difusión, en la semana del 29 de noviembre de 2011,
por parte del servicio de Internet, Wikileaks, de
datos confidenciales del US State Department, el
ministerio de relaciones exteriores de los EE.UU.
(Estados Unidos de América), reveló una orden
firmada por la ministra Hillary Clinton en julio de
2009 determinando que la diplomacia americana
espiase a personas en cargos de liderazgo en la ONU
(Organización de Naciones Unidas), incluyendo a su
secretario general, además de los representantes de
China, Francia, Rusia y el Reino Unido en aquel
organismo internacional.
La
insólita orden, denominada directiva de recolección
de inteligencia humana, buscaba datos biométricos de
sus blancos, así como detalles de sus sistemas de
comunicación, señas, claves de codificación, números
de tarjetas de créditos, direcciones electrónicas,
número de teléfonos, más allá – incluso – de los
números de tarjetas de fidelidad de compañías
aéreas.
Más allá
del cuerpo diplomático, la operación involucró a la
CIA, agencia central de informaciones, el FBI, la
policía federal, además del propio servicio secreto
de los EE.UU. Mediante otras órdenes similares,
embajadas y consulados americanos en el exterior
fueron instruidos inter alia a compilar información
biométrica de figuras de expresión en el área
empresarial, militar, inteligencia, religiosa,
política y étnica.
El
espionaje de los cuadros de liderazgo de la ONU es
absolutamente ilegal contra el derecho internacional
de la regencia. De hecho, la Carta de la ONU, el
tratado de más alta jerarquía, determina la
observancia de los privilegios e inmunidades
necesarias para la consecución de sus fines, en el
artículo 105, extensiva a sus representantes y
funcionarios. Agrega que el artículo 100 de la
Carta de la ONU determina la obligación de respetar
la figura del secretario general.
Por su
parte, la Convención de Viena sobre Relaciones
Diplomáticas, de 1961, consagra la inviolabilidad de
las instalaciones de la misión, así como de su
correspondencia, archivos y documentos, conforme a
lo dispuesto en los artículos 22, 24 y 27 de este
tratado.
El
ámbito de aplicación de la política americana
revela, por un lado, que la administración Obama
orienta la situación de los EE.UU. como en
confrontación a los demás Estados, de una forma
general. Por otro, los EE.UU. se posicionan en
ostensiva violación al derecho internacional, su
diploma legal máximo, la Carta de la ONU, contra la
propia institución multilateral, sus instalaciones,
dirigentes y funcionarios.
En la
perspectiva estricta del derecho internacional, la
grave acción de los EE.UU. sería suficiente para
provocar su expulsión de la ONU, en los términos de
lo dispuesto en el artículo 6 de la Carta. Aunque la
realidad internacional en el mundo de hoy impida la
aplicación del referido dispositivo legal, queda
claro el absoluto desprecio del gobierno de los
EE.UU. al Derecho, su cinismo en las violaciones de
los tratados internacionales y su naturaleza de
paria de la comunidad internacional.
En
países con un mínimo de sentimiento de decencia, la
ministra de relaciones exteriores responsable por
dichas violaciones del derecho internacional debería
ser dimitida inmediatamente. En el caso de los
EE.UU., todavía, ella se presentó a la opinión
pública internacional afirmando que la divulgación
de los documentos secretos amenazaba la seguridad
nacional del país.
No es de
sorprender tamaña inversión de valores en la
política externa irresponsable e inconsecuente de
los EE.UU. Es apenas la continuidad del mismo.
Traducido para LA ONDA DIGITAL por
Cristina Iriarte
LA
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