¿La libertad recobró
el color en los cachetes?
por Raúl Legnani

Desde que Julian Assange puso al mundo al desnudo todos comenzamos a tener sentimientos contradictorios, particularmente sobre quién es este nuevo personaje. Hubo reacciones negativas, pero también positivas. Incluso reacciones incrédulas sobre sus descubrimientos. En lo personal pasé por todas las etapas y sigo recorriendo otras que se van abriendo en la medida que se conocen cada vez más datos.

 

Una primera conclusión al día de hoy: tengo el más firme convencimiento de que estamos ante una verdadera trasformación de la vida humana, inimaginable hace muy pocos días. Si el mundo hasta ahora fue antes y después de Cristo, puede llegar a ser antes y después de Julian.

 

Esa comparación, por cierto un poco atrevida y que seguramente moleste al amigo Cotugno, no iguala a los dos personajes, en tanto aún sigo sin saber quién es Julian. Mientras que a Cristo ya lo conocemos, aunque la humanidad no se haya puesto de acuerdo si es un hombre o Dios.

 

¿Es un provocador, un atrevido intelectual, trabaja para algún servicio de inteligencia, es simplemente un genio que le molesta el poder, es un terrorista, es un revolucionario de nuevo tipo a escala mundial, es un anarquista cibernético? Con los datos que tenemos hoy me atrevo a decir que estamos ante un anarquista cibernético, pero mañana puedo cambiar.

 

Una segunda conclusión: el poder, esa opaca construcción humana, fue puesto en cuestión. Ya nada será igual, aunque los bípedos nos encargaremos de volver a reconstruirlo, aunque cada día sea más difícil. Es que desde la aparición de Internet el mundo avanza a una velocidad que no es fácil de apreciar, aunque todos nos damos cuenta que la capacidad del cerebro humano parece ser infinita.

 

Arriesgo otra opinión: si detrás de WikiLeaks hay sanas intenciones, se podría llegar a sostener que la libertad ha recobrado el color en los cachetes y que el mundo cerrado en los Estados está saltando en pedazos, sin que nos demos cuenta.

 

Mientras pasan las horas y aparecen los hackers hostigando al presunto enemigo de Julian, en este pedacito de tierra comenzamos a sentirnos pequeñas hormigas perdidas en el espacio. Y pensar que aún no hemos asumido que las redes sociales y políticas son parte de una nueva realidad, de un mundo abierto que espera pacientemente a la política para, como dicen los mexicanos, apapacharla.

 

Es de esperar que en el hormiguero de este domingo, cuando se reúna el Plenario del FA todos se den cuenta que hay otra realidad, que aún no podemos apreciar en su totalidad pero que será fundamental para construir la democratización de la política, lo único que nos puede salvar como sociedad.

 

No estoy proponiendo por cierto una comunidad universal de cerebros ajenos al control y a la influencia ciudadana, porque las sociedades de elite como las del hombre nuevo o de los reyes fueron un verdadero fracaso. El desafío es no volver a golpearse con la misma piedra. Y para no golpearse hay que entender los cambios revolucionarios que permiten las nuevas formas de comunicación.

 

*Esta nota fue escrita el sábado 11 de diciembre y publicada en La República el domingo 12, día en que se realizó el Plenario Nacional del FA.

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