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Cuando Hillary Clinton
defendía Internet
La posición de Estados Unidos frente a la
publicación de más de 250.000 cables diplomáticos
por WikiLeaks está generando serias preocupaciones.
La Sociedad Interamericana de Prensa (SIP) pidió a
Washington cesar cualquier estrategia política que
pudiera limitar la libertad de expresión en internet,
luego de la filtración de cables diplomáticos por -
que compromete la relación de la Casa Blanca con
varios países, incluido México.
La persecución a la que ha sido sometida la página
se contradice con las posiciones que expresó la
secretaria de Estado de EE.UU., Hillary Clinton,
durante un discurso en el Museo de la Información
Newseum en Washington. Entre otras cosas, en su
intervención titulada: Remarks on Internet Freedom
(‘Comentarios sobre la libertad de expresión en
internet’), Hillary asegura que “como las dictaduras
del pasado, los gobiernos están ‘fichando’ a los
pensadores independientes que usan estas
herramientas”.
Secretaria
de Estado Hillary Rodham Clinton
Discurso
sobre libertad en internet, Museo de la información
Newseum, Washington, dc
21 de
enero de 2010
Muchas
gracias Alberto, no sólo por su amable introducción,
sino por el liderazgo que usted y sus colegas
ejercen en esta importante institución. Es un
placer estar aquí en el Newseum. Esta institución es
un monumento a algunas de nuestras más preciosas
libertades y agradezco la oportunidad de hablar
sobre la manera en que estas libertades se aplican a
los desafíos del siglo XXI.
Aunque
no puedo verles a todos porque en escenarios como
este la luz me da en los ojos y ustedes quedan a
oscuras, pero sé que hay aquí muchos amigos y
antiguos colegas. Deseo reconocer a Charles Overby,
el director ejecutivo del Foro de la Libertad aquí
en el Newseum; al senador Richard Lugar y al senador
Joe Lieberman, mi antiguos colegas en el Senado,
que ambos votaron para que se aprobara la Ley de La
Voz, que se refiere al compromiso del Congreso y del
pueblo estadounidense con la libertad en Internet,
un compromiso que cruza fronteras de partido y ramas
del gobierno.
–También
me dicen que están aquí los senadores Sam Brownback
y Ted Kaufman, y la representante Loretta Sánchez;
muchos representantes del cuerpo diplomático:
embajadores, encargados de negocios, y participantes
en nuestro Programa Internacional de Líderes
Visitantes sobre la libertad en Internet procedentes
de China, Colombia, Irán, Líbano y Moldavia. También
deseo reconocer la asistencia de Walter Isaacson,
presidente del Instituto Aspen, nombrado
recientemente para nuestra Junta de Gobernadores de
Transmisiones (Broadcasting Board of Governors) y
por supuesto, instrumental en el apoyo del trabajo
sobre la libertad en Internet que el Instituto Aspen
ha venido realizando.
Aunque
este es un discurso importante sobre un asunto
importante, antes quisiera hablar brevemente sobre
Haití. Durante los últimos ocho días, el pueblo de
Haití y los pueblos de todo el mundo se han unido
para enfrentar a una tragedia de descomunales
proporciones. Nuestro hemisferio ha sufrido su cuota
de dificultades, pero hay pocos precedentes en
situaciones como la que estamos viendo en Puerto
Príncipe. Las redes de comunicación han tenido un
papel crítico en nuestra respuesta. Por supuesto
que quedaron averiadas y en muchos lugares
destrozadas. En las horas tras el terremoto
trabajamos con asociados en el sector privado para
establecer la campaña de mensajes de texto “HAITI”,
para que los usuarios de teléfonos móviles en
Estados Unidos puedan donar a los esfuerzos de
socorro por medio de mensajes de texto. Esta
iniciativa ha mostrado la generosidad del pueblo
estadounidense y hasta el momento se ha recaudado
más de 25 millones de dólares para los esfuerzos de
recuperación.
Las
redes de información también han tenido un papel
crítico en el terreno. Cuando estaba con el
presidente Préval, el sábado, en Puerto Príncipe,
una de sus prioridades principales era tener las
comunicaciones en funcionamiento. Los miembros del
gobierno no podían comunicarse entre ellos, o lo que
quedaba de ellos, con las ONG, nuestros líderes
civiles, nuestros líderes militares, estaban
severamente afectados. La comunidad tecnológica ha
establecido mapas interactivos para ayudar a
identificar necesidades y a que los recursos estén
dirigidos a estas. El lunes un equipo estadounidense
de búsqueda y rescate extrajo de los escombros de un
supermercado a una niña de siete años de edad y a
dos mujeres que habían enviado un mensaje de texto
pidiendo ayuda. Estos ejemplos son manifestaciones
de un fenómeno mucho más amplio.
La
diseminación de redes de información está formando
un nuevo sistema nervioso en nuestro planeta. Cuando
algo ocurre en Haití o en Hunan, el resto de
nosotros nos enteramos de ello cuando se está
produciendo, y por medio de personas reales, y
podemos responder también en el tiempo en que
realmente está ocurriendo lo que sea. Los
estadounidenses que desean ayudar tras el desastre y
la niña atrapada en el supermercado están conectados
de maneras que no podían ni imaginarse hace un año,
o hace una generación. El mismo principio se aplica
a casi toda la humanidad hoy día. Mientras estamos
aquí sentados, cualquiera de ustedes, o cualquiera
de sus niños, pueden tomar herramientas que
utilizamos todos los días y transmitir este diálogo
a miles de millones de personas en todo el mundo.
En
muchos aspectos la información nunca se ha movido
tan libremente. Hay más formas de diseminar más
ideas a más personas que en ningún otro momento de
la historia. Incluso en países autoritarios las
redes de información ayudan a la gente a descubrir
nuevos hechos y pedir más cuentas a los gobiernos.
Durante
su visita a China en noviembre, por ejemplo, el
presidente Obama celebró una reunión tipo cabildo
abierto en la que había un componente en línea, para
así destacar la importancia de Internet. En
respuesta a una pregunta enviada por Internet
defendió el derecho de la gente a tener libre acceso
a la información y dijo que cuanto más libremente
fluya la información, más fuertes se hacen las
sociedades. Habló sobre el modo en que el acceso a
la información ayuda a los ciudadanos a pedir
cuentas a sus gobiernos, a generar nuevas ideas, a
estimular la creatividad y el espíritu empresarial.
La creencia de Estados Unidos en esta verdad
fundamental es lo que me trae hoy aquí.
Debido a
este aumento sin precedentes en la conectividad
también debemos reconocer que estas tecnologías no
son una bendición por sí mismas.
Estas
herramientas también las están explotando algunos
para socavar el progreso de la humanidad y los
derechos políticos. Podemos utilizar el acero para
construir hospitales pero también para construir
ametralladoras, podemos utilizar energía nuclear
para abastecer de electricidad una ciudad, pero
también para destruirla, y de la misma manera las
redes modernas de información y la tecnología que
las apoya pueden ser utilizadas para bien o para
mal. Las mismas redes que ayudan a organizar
movimientos por la libertad también permiten a Al
Qaeda diseminar odio e incitar a la violencia contra
los inocentes. Tecnologías con el potencial de abrir
el acceso al gobierno y promover la transparencia
también pueden ser secuestradas por los gobiernos
para aplastar la disensión y negar los derechos
humanos.
En el
último año hemos visto un aumento en las amenazas
contra el libre flujo de la información. China,
Túnez, y Uzbekistán han elevado su censura de
Internet. En Vietnam, el acceso a los sitios
populares de redes sociales ha desaparecido de
repente; y el pasado viernes en Egipto, 30
comentaristas de blog y activistas fueron detenidos.
Un miembro de este grupo, Bassem Samir – que, menos
mal, ya no está en prisión, está con nosotros hoy.
Así que aunque está claro que la diseminación de
estas tecnologías está transformando nuestro mundo,
no está todavía claro el modo en que esta
transformación vaya a afectar a los derechos humanos
y al bienestar de gran parte de la población
mundial.
Por sí
mismas, estas tecnologías no se ponen de parte de
nadie en la lucha por la libertad y el progreso,
pero Estados Unidos si lo hace. Estamos de parte de
un Internet único en el que toda la humanidad tenga
acceso al conocimiento y las ideas. Reconocemos que
la infraestructura informativa del mundo se hace a
partir de lo que nosotros y otros hacemos de ella.
El desafío que enfrentamos puede ser nuevo, pero
nuestra responsabilidad, de ayudar a asegurar el
libre intercambio de ideas, data desde el nacimiento
de nuestra república. Las palabras de la primera
enmienda de la Constitución están grabadas en 50
toneladas de mármol de Tennessee en la fachada de
este edificio, y todas las generaciones de
estadounidenses han trabajado para proteger los
valores grabados en esa piedra.
Franklin
Roosevelt se basó en estas ideas cuando pronunció el
discurso de las Cuatro Libertades, en 1941. En aquel
tiempo, los estadounidenses se enfrentaban a una
diversidad de crisis y a una crisis de confianza.
Pero la visión de un mundo en que la gente
disfrutara de la libertad de expresión, la libertad
de culto, la libertad de hacer lo que se desee y la
libertad de vivir sin miedo trascienden a los
problemas de aquel momento. Años después, una de mis
heroínas, Eleanor Roosevelt trabajó para que estos
principios se adoptaran como piedra angular de la
Declaración Universal de los Derechos Humanos. Han
proporcionado las pautas para todas las generaciones
posteriores, guiándonos, estimulándonos, y
capacitándonos para avanzar frente a la
incertidumbre.
Mientras
la tecnología avanza, debemos recapacitar sobre ese
legado. Tenemos que sincronizar nuestro progreso
tecnológico con nuestros principios. Al aceptar el
Premio Nobel el presidente Obama habló sobre la
necesidad de crear un mundo en que la paz descanse
sobre los derechos y dignidad inherentes a todos los
individuos; y en mi discurso sobre derechos humanos
en Georgetown unos días después, hablé sobre el modo
en que debemos encontrar la manera de hacer realidad
los derechos humanos. Hoy existe una urgente
necesidad de proteger estas libertades en la
frontera digital del siglo XXI.
Hay
muchas otras redes en el mundo. Algunas ayudan en el
movimiento de personas y de recursos, y algunas
facilitan los intercambios entre individuos con el
mismo trabajo o intereses, pero Internet es una red
que multiplica el poder y el potencial de todas las
demás y es por ello que pensamos que es crítico que
sus usuarios tengan la seguridad de gozar de ciertas
libertades básicas. La primera de estas libertades
es la libertad de expresión. Esta libertad ya no se
define solamente por la posibilidad de que los
vecinos puedan ir a la plaza del pueblo y criticar a
su gobierno sin miedo a que haya una venganza contra
ellos. Los comentarios en blogs, correo electrónico
y mensajes de texto han abierto nuevos foros para
intercambiar ideas y han creado nuevos objetivos
para la censura.
Mientras
hablo con ustedes ahora, los censores de algunos
gobiernos trabajan celosamente para borrar mis
palabras de los registros de la historia, pero la
historia misma ya ha condenado estas tácticas. Hace
dos meses estuve en Alemania para la celebración del
20 aniversario de la caída del Muro de Berlín. Los
líderes reunidos en esa ceremonia rindieron homenaje
a los valientes hombres y mujeres del lado lejano de
la barrera que luchaban contra la opresión
circulando pequeños panfletos llamados samizdat.
Estos folletos cuestionaban las alegaciones e
intenciones de los dictadores del bloque del Este y
muchas personas pagaron un alto precio por
distribuirlos, pero sus palabras ayudaron a perforar
el cemento y alambre de púas de la Cortina de
Hierro.
El Muro
de Berlín simbolizaba un mundo dividido, definió una
era en su totalidad. Hoy los restos del muro están
en este museo, en donde pertenecen, y la nueva
infraestructura que simboliza nuestra era es
Internet. En lugar de división, significa conexión,
pero incluso cuando las redes se distribuyen en todo
el mundo, hay muros virtuales que crecen en lugar de
paredes visibles.
Algunos
países han erigido barreras electrónicas que evitan
que su pueblo tenga acceso a secciones de las redes
del mundo. Han eliminado palabras, nombres y frases
de los resultados ofrecidos por los motores de
búsqueda. Han violado la privacidad de los
ciudadanos que participan en diálogos políticos no
violentos. Estas actuaciones contravienen la
Declaración Universal de los Derechos Humanos, que
nos dice que todos los pueblos tienen el derecho a
buscar, recibir y diseminar información e ideas por
cualquier medio sin tener en cuenta las fronteras.
Con la diseminación de estas prácticas restrictivas,
un nueva cortina de información desciende sobre gran
parte del mundo. Más allá de esta partición, videos
que se ven en todas partes y comentarios de blog se
han convertido en los samizdat de nuestros días.
Como en
las dictaduras del pasado, los gobiernos tienen como
objetivo a los pensadores independientes que
utilizan estas herramientas. En las manifestaciones
que siguieron a las elecciones presidenciales en
Irán, las imágenes granulosas de una filmación en un
teléfono móvil, del asesinato sangriento de una
joven, proporcionaron una acusación digital de la
brutalidad del gobierno. Hemos visto informes de que
cuando los iraníes que viven en el extranjero
escriben comentarios en línea que critican a los
líderes de su gobierno, los miembros de sus familias
en Irán reciben represalias. A pesar de la intensa
campaña de la intimidación del gobierno, valientes
ciudadanos hechos reporteros continúan utilizando
tecnología en Irán para mostrarle al mundo y a sus
conciudadanos lo que está ocurriendo en su país. Al
hablar en nombre de sus propios derechos humanos, el
pueblo iraní ha inspirado al mundo y su valor está
redefiniendo el modo en que se utiliza la tecnología
para diseminar la verdad y exponer la injusticia.
Ahora
bien, todas las sociedades reconocen que la libertad
de expresión tiene sus límites. No toleramos a
aquellos que incitan a otros a la violencia, tal
como los agentes de Al Qaeda, que en estos momentos
están utilizando Internet para fomentar el asesinato
en masa de personas inocentes en todo el mundo. Las
palabras de odio que tienen como objetivo a
individuos por razón de su raza, religión, grupo
étnico, género u orientación sexual son reprobables.
Es un desafortunado hecho que estos asuntos sean
desafíos crecientes que la comunidad internacional
debe confrontar unida. También debemos tratar el
asunto de las expresiones anónimas. Aquellos que
utilizan Internet para reclutar terroristas o
distribuir propiedad intelectual robada no pueden
separar sus actuaciones en línea de sus identidades
en el mundo real. Sin embargo estos desafíos no
deben convertirse en una excusa para que los
gobiernos violen sistemáticamente los derechos y la
privacidad de aquellos que utilizan Internet para
propósitos políticos pacíficos.
La
libertad de expresión puede ser la libertad más
obvia para enfrentar desafíos con la diseminación de
nuevas tecnologías, pero no es la única. La libertad
de credo normalmente involucra los derechos de los
individuos de estar en comunión con su creador– o
no estarlo. Ese es un canal de comunicación que no
depende de la tecnología. Pero la libertad de credo
también habla sobre el derecho universal de
congregarse con aquellos que comparten los valores
propios y visión para la humanidad. En nuestra
historia, esas congregaciones se llevaban a cabo con
frecuencia en iglesias, sinagogas, mezquitas y
templos. En la actualidad, pueden realizarse también
se pueden llevar a cabo en línea.
Internet
puede ayudar a superar las divisiones que existen
entre personas de diferentes religiones. Como el
presidente dijo en El Cairo, la libertad de religión
es fundamental para la capacidad de las personas de
vivir juntas. A medida que buscamos maneras de
expandir el diálogo, Internet ofrece esa
formidable promesa. Ya hemos comenzado a
vincular estudiantes en Estados Unidos con jóvenes
en comunidades musulmanas en todo el mundo, con la
finalidad de dialogar sobre los desafíos mundiales.
Por lo que continuaremos usando esta herramienta
para fomentar el diálogo entre individuos de
diferentes comunidades religiosas.
Sin
embargo, algunas naciones han escogido Internet
como una herramienta contra las personas de fe para
y silenciarlas. Por ejemplo, el año pasado en
Arabia Saudita, un hombre pasó meses en prisión por
iniciar un blog sobre el cristianismo. Un estudio
realizado por la Universidad de Harvard, se encontró
que el gobierno saudita bloqueó muchas páginas web
sobre hinduismo, judaísmo, cristianismo y aun el
Islam. Varios países, incluso Vietnam y China,
emplearon tácticas similares para restringir el
acceso a información religiosa.
Así como
estas tecnologías no se deben usar para castigar la
expresión política pacífica,
no se
deben usar tampoco para perseguir o silenciar a las
minorías religiosas. Las oraciones siempre viajarán
en redes más elevadas, pero las tecnologías de
comunicación como Internet y los sitios web de redes
sociales deben mejorar la capacidad de los
individuos de rendir culto según lo consideren
apropiado, de congregarse con personas de su propia
religión y de aprender más sobre las creencias de
otros. Debemos trabajar para fomentar la libertad de
credo en línea, tal como lo hacemos en otras áreas
de la vida.
Existen,
por supuesto, cientos de millones de personas que
viven sin los beneficios de estas tecnologías. En
nuestro mundo, como lo he dicho en repetidas
ocasiones, el talento está distribuido de manera
universal, pero la oportunidad no lo está. Sabemos
por larga experiencia que fomentar el desarrollo
social y económico – en países donde la gente carece
de acceso al conocimiento, mercados, capital y
oportunidad – puede resultar frustrante, y en
algunas ocasiones, trabajo inútil. En este
contexto, Internet puede servir como una gran
niveladora. Al proporcionar a la gente con acceso al
conocimiento y a mercados potenciales, las redes
pueden crear oportunidades donde no existe ninguna.
Durante
el transcurso del último año, he presenciado esto
directamente. En Kenia, donde agricultores han visto
aumentar su ingreso en hasta 30 por ciento desde que
empezaron a usar tecnología bancaria móvil. En
Bangladés, donde más de 300.000 personas se
inscribieron para aprender inglés en sus teléfonos
celulares. Y en el África subsahariana, donde
mujeres empresarias usan Internet para obtener
acceso a micropréstamos y enlazarse ellas mismas a
mercados internacionales.
Ahora,
estos ejemplos de progreso se pueden replicar en la
vida de miles de millones de personas que se
encuentran en el fondo de la economía mundial. En
muchos casos, Internet, los teléfonos celulares y
demás tecnologías de comunicación pueden hacer por
el crecimiento económico lo que la revolución verde
hizo por la agricultura. Se pueden generar
rendimientos significativos de ingresos muy
moderados. Un estudio del Banco Mundial encontró que
en el caso típico de un país en desarrollo, un
aumento de 10 por ciento en el índice de penetración
de teléfonos celulares, condujo a un aumento de casi
1 por ciento en el Producto Interno Bruto per
cápita. Sólo para poner esto en perspectiva, para la
India, eso equivaldría a casi 10.000 millones de
dólares al año.
Una
conexión a las redes de información mundial es como
una rampa a la modernidad. En los primeros años de
estas tecnologías, muchos creyeron que dividirían al
mundo entre los que las tienen y los que no las
tienen. Eso no ha sucedido. Existen 4.000 millones
de teléfonos celulares en uso hoy en día. Muchos de
esos teléfonos celulares están en las manos de
vendedores en mercados, de hombres que tiran
cochecitos que transportan gente y de otros que
históricamente no han tenido acceso a la educación
ni a la oportunidad. Las redes de información se han
convertido en un gran nivelador, por lo que debemos
usarlas juntas para ayudar a la gente a salir de la
pobreza y brindarles libertad frente a la necesidad.
Actualmente, tenemos toda razón para tener esperanza
sobre lo que la gente puede lograr cuando utilizan
redes y tecnología de comunicación para alcanzar el
progreso. Pero no se confundan, algunos utilizan y
seguirán utilizando las redes de información mundial
para propósitos más oscuros. Los extremistas
violentos, los carteles delictivos, los abusadores
sexuales y los gobiernos autoritarios buscan
aprovechar estas redes mundiales. Así como los
terroristas han aprovechado la apertura de nuestras
sociedades para llevar a cabo sus complots, los
extremistas violentos usan Internet para radicalizar
e intimidar. A medida que trabajamos para mejorar
las libertades, debemos trabajar también contra
quienes usen las redes de comunicación como
herramientas de trastorno y temor.
Gobiernos y ciudadanos deben tener la confianza de
que las redes que están en el centro de su seguridad
nacional y prosperidad económica son seguras y
resistentes. Ahora, esto es más que sobre piratas
informáticos insignificantes que modifican sitios
web. Nuestra capacidad de utilizar la banca en
línea, de usar el comercio electrónico y de proteger
miles de millones de dólares en propiedad
intelectual está completamente en riesgo si no
podemos confiar en la seguridad de nuestras redes
informáticas.
Las
interrupciones en estos sistemas exigen una
respuesta coordinada por parte de todos los
gobiernos, el sector privado y la comunidad
internacional. Necesitamos más herramientas para
ayudar a las agencias de aplicación de la ley a
cooperar entre jurisdicciones cuando delincuentes
informáticos y agrupaciones del crimen organizado
ataquen redes para su beneficio financiero. Lo mismo
es cierto cuando los males sociales tales como la
pornografía infantil y la explotación de la trata de
mujeres y niñas en línea existe para que el mundo lo
vea, y para quienes abusan de estas personas para
obtener una ganancia. Aplaudimos las iniciativas,
tales como el Consejo de la Convención Europea sobre
para la Delincuencia Cibernética, que facilita la
cooperación internacional en juzgar tales delitos,
por lo que deseamos redoblar nuestros esfuerzos.
Hemos
tomado medidas como gobierno y como Departamento
para encontrar soluciones diplomáticas que
fortalezcan la seguridad informática mundial.
Contamos con muchas personas en el Departamento de
Estado que laboran en esto. Se han unido y hace dos
años creamos una oficina para coordinar la política
exterior en el espacio cibernético. Hemos trabajado
para enfrentar este desafío en las Naciones Unidas y
en otros foros multilaterales y para incluir la
seguridad cibernética en la agenda mundial. El
presidente Obama acaba de designar a un nuevo
coordinador nacional de política cibernética, que
nos ayudará a trabajar aún más estrechamente para
garantizar que las redes de todos permanezcan
libres, seguras y confiables.
Los
estados, los terroristas y quienes actúen como sus
representantes deben saber que Estados Unidos
protegerá nuestras redes. Aquéllos que interrumpen
el libre flujo de información en nuestra sociedad o
en cualquier otro lugar, representan una amenaza a
nuestra economía, nuestro gobierno y nuestra
sociedad civil. Los países o individuos que
participen en ataques informáticos deben enfrentar
las consecuencias y la condena internacional. En un
mundo interconectado por Internet, un ataque a las
redes de una nación podría ser un ataque contra
todos. Y al reforzar ese mensaje, podemos crear
normas de conducta entre los estados y fomentar el
respeto a las comunidades mundiales unidas por las
redes.
La
última libertad, que probablemente era inherente en
lo que el presidente Roosevelt y la señora Roosevelt
pensaron y escribieron hace tantos años, surge de
las cuatro que ya he mencionado: la libertad de
conectarse – la idea de que los gobiernos no deben
impedir que las personas se conecten a Internet, a
sitios web, o uno con el otro. La libertad de
conectarse es como la libertad asociación en el
espacio de cibernético. Permite a los individuos
conectarse en línea, reunirse y ojalá, cooperar.
Una vez
que uno está en Internet, no necesita ser un magnate
ni una estrella de rock para tener un enorme impacto
en la sociedad.
La
respuesta pública más grande a los ataques
terroristas en Mumbai la inició un muchacho de 13
años de edad. Este joven utilizó las redes sociales
para organizar donaciones de sangre y un gran libro
de condolencias interreligioso. En Colombia, un
ingeniero desempleado reunió a más de 12 millones de
personas en 190 ciudades del mundo para manifestar
contra el movimiento terrorista FARC.
Las
protestas fueron las manifestaciones antiterroristas
más grandes de la historia. En las semanas que
siguieron, las FARC vieron más desmovilizaciones y
deserciones que durante una década de acción
militar. Y en México, un sólo correo electrónico de
un ciudadano particular que estaba harto del azote
de la violencia relacionada con las drogas dio
origen a grandes manifestaciones en los 32 estados
de ese país. En la Ciudad de México, 150.000
salieron a las calles a protestar.
O sea
que Internet puede ayudar a la humanidad a
defenderse de quienes promueven la violencia, el
crimen y el extremismo. En Irán y Moldavia y en
muchos otros países, organizarse en línea ha sido un
instrumento decisivo para adelantar la democracia y
facultar a los ciudadanos para que protesten por
resultados electorales sospechosos. Aun en
democracias establecidos como la de Estados Unidos,
hemos visto el poder de estos instrumentos para
cambiar la historia. Algunos de ustedes quizás
recuerden elección presidencial de 2008.
La
libertad de conectarse a estas tecnologías puede
ayudar a las sociedades a transformarse, pero
también es crucial para los individuos. Me conmovió
recientemente el relato de un médico – y no les diré
de qué país era– que desesperadamente trataba de
diagnosticar la rara condición médica de su hija.
Consultó con dos docenas de especialistas, pero aun
así no tenía una respuesta. Finalmente identificó la
condición – y encontró una cura – al usar la
búsqueda de Internet. Esa es una de las razones por
las que el acceso libre a la tecnología de las
máquinas de búsqueda es tan importante en las vidas
de las personas.
Los
principios que he resumido hoy guían nuestro enfoque
de la cuestión de la libertad de Internet y el uso
de estas tecnologías. Quiero hablar acerca de cómo
los aplicamos en la práctica. Estados Unidos está
comprometido a dedicar los recursos diplomáticos,
económicos y tecnológicos necesarios para adelantar
estas libertades. Somos una nación formada por
inmigrantes de todos los países y los intereses que
se extienden por todo el globo. Nuestra política
exterior se basa en la idea de que Estados Unidos se
beneficia mucho cuando hay cooperación entre las
personas y los estados y tiene una carga muy pesada
sobre sí cuando el conflicto o el mal entendimiento
aparta a las naciones.
Estamos
en buena situación para aprovechar las oportunidades
que vienen con la interconectividad . Y como lugar
de origen de tantas de estas tecnologías, inclusive
Internet misma, tenemos la responsabilidad de ver
que se las use para el bien.
Para
hacer eso, debemos desarrollar nuestra capacidad
para lo que llamamos, en el Departamento de Estado
la diplomacia del siglo XXI.
Cuando
el telégrafo se introdujo, fue motivo de gran
ansiedad para muchos en la comunidad diplomática, en
la que la perspectiva de recibir instrucciones
diarias desde las capitales no era acogida
plenamente.
Pero así
como nuestros diplomáticos dominaron finalmente el
uso del telégrafo, ahora hacen lo mismo para
aprovechar también el potencial de estas nuevas
herramientas.
Me
enorgullece que el Departamento de Estado esté
trabajando ya en más de 40 países para ayudar a las
personas silenciadas por gobiernos opresivos.
También le estamos dando a este tema prioridad en
las Naciones Unidas, y hemos incluido la libertad de
Internet como un elemento de la primera resolución
que hemos presentado después de regresar al Consejo
de Derechos Humanos de la ONU.
Apoyamos
también la creación de nuevos instrumentos que
habiliten a los ciudadanos a ejercer su derecho a la
libertad de expresión circunviniendo la censura
políticamente motivada. Proporcionamos fondos a
grupos de todo el mundo para asegurar que esos
instrumentos lleguen a las personas que los
necesitan, en idiomas locales, y con el
adiestramiento que necesitan para acceder a Internet
en forma segura.
Estados
Unidos ha venido ayudando en estos esfuerzos por
algún con un enfoque en aplicar los programas de la
manera más eficiente y efectiva posible. Tanto el
pueblo estadounidense como los países que censuran
Internet deben entender que nuestro gobierno se
enorgullece de promover la libertad de Internet.
Estamos
pensando también acerca de la próxima ola de
tecnologías conectivas, y estamos iniciando
programas para permitir el acceso a la información
sin filtración en teléfonos móviles y para ayudar a
las ONG a proteger su información y sus
comunicaciones contra ataques cibernéticos. Estamos
adoptando lo que la gente en la comunidad
tecnológica llamaría un planteamiento de ángel
inversionista, al sostener una variedad de actores
emprendedores. Nuestro objetivo en estos esfuerzos
es sencillo: un acceso a información sin trabas,
seguro, para un mayor número de personas en un mayor
número de lugares.
Queremos
poner estas herramientas en manos de gentes que las
utilicen para adelantar la democracia y los derechos
humanos, luchar contra el cambio climático y las
epidemias, crear un apoyo mundial para la meta del
presidente Obama de un mundo sin armas nucleares, y
para estimular un desarrollo económico sostenible
que eleve a todas las personas desfavorecidas.
Es por
esto que anuncio hoy que en el curso del año próximo
trabajaremos con nuestros asociados de la industria,
el mundo académico y las organizaciones no
gubernamentales para establecer un esfuerzo
permanente que utilice el poder de las tecnologías
de conexión y las aplique a nuestras metas
diplomáticas.
Al
contar con teléfonos móviles, las aplicaciones de
cartografía y otras tecnologías nuevas, podemos
facultar a los ciudadanos, fortalecer nuestra
diplomacia tradicional. Podemos abordar también las
deficiencias en el actual mercado para la
innovación. Permítanme darles un ejemplo: digamos
que deseo crear una aplicación de teléfono móvil que
permita a la gente evaluar los ministerios del
gobierno en cuanto a su sensibilidad, su eficiencia
y revelar y denunciar la corrupción.
Los
equipos necesarios para hacer que esta idea funcione
está ya en las manos de miles de millones de
usuarios potenciales. Y sería relativamente de poco
costo desarrollar y aplicar los programas de
computadora necesarios. Si la gente aprovechara este
instrumento, nos ayudaría a enfocar nuestros gastos
de ayuda exterior, mejorar vidas y estimular la
inversión extranjera en países con gobiernos
responsables. Sin embargo, en este momento, los
creadores de aplicaciones móviles no tienen
asistencia financiera para realizar este proyecto
por su propia cuenta y el Departamento de Estado
carece de un mecanismo para que eso ocurra.
Esta
iniciativa debería ayudar a resolver ese problema, y
producir dividendos a largo plazo de inversiones
modestas en la innovación. Trabajaremos con los
expertos para encontrar la mejor estructura para
esta empresa, y necesitaremos el talento y los
recursos de las compañías tecnológicas y las
organizaciones sin fines de lucro para obtener los
mejores resultados.
Por lo
tanto, todos ustedes aquí en esta sala, que tienen
este talento, por favor considérense invitados a
ayudarnos.
Mientras
tanto, hay compañías, personas e instituciones que
trabajan en ideas y aplicaciones que podrían
adelantar nuestros objetivos diplomáticos y de
desarrollo. Y el Departamento de Estado iniciará una
competencia de innovación para dar a este trabajo un
impulso inmediato. Pediremos a los estadounidenses
que nos envíen sus mejores ideas sobre aplicaciones
y tecnologías que ayuden a romper las barreras
lingüísticas, superar el analfabetismo y conectar la
gente a los servicios y la información que necesita.
Por ejemplo, Microsoft ha desarrollado ya un
prototipo de doctor digital que podría ayudar a
proveer cuidado médico en comunidades rurales
aisladas
Deseamos
ver más ideas como ésta. Y trabajaremos con los
ganadores de la competencia y proveeremos donaciones
para ayudar a que realicen sus ideas a escala.
Estas
nuevas iniciativas suplementarán grandemente el
trabajo importante que ya hemos realizado este año
pasado. En el servicio de nuestros objetivos
diplomáticos y de la diplomacia, he reunido un
equipo talentoso y experto para dirigir nuestros
esfuerzos en la diplomacia del siglo XXI. Este
equipo ha viajado por el mundo ayudando a gobiernos
y grupos a usar eficazmente los beneficios de las
tecnologías de conexión. El equipo ha establecido
una iniciativa de Sociedad Civil 2.0 para ayudar a
las organizaciones de base a entrar en la era
digital. Están instalando un programa en México para
ayudar a combatir la violencia relacionada con las
drogas y que permite a la gente enviar informes a
fuentes de confianza sin revelar la identidad del
informante, para evitar ser víctimas de
retribuciones. Han introducido las operaciones
bancarias móviles en Afganistán y al presente están
realizando la misma gestión en la República
Democrática del Congo. En Pakistán, crearon la
primera red social móvil, llamada Nuestra Voz, la
que ya ha producido decenas de millones de mensajes
y ha conectado a pakistaníes jóvenes que desean
hacer frente al extremismo violento.
En un
corto período de tiempo, hemos hecho adelantos
significativos para traducir la promesa de estas
tecnologías a resultados que marquen una diferencia.
Pero hay todavía tanto más para hacer. Y al trabajar
con el sector privado y con los gobiernos
extranjeros para poner en uso los instrumentos del
arte de gobernar del siglo XXI, debemos recordar
nuestra responsabilidad compartida de salvaguardar
las libertades de que he hablado hoy. Creemos
firmemente que principios como la libertad de
información no son meramente políticas buenas que de
algún modo están conectadas a nuestros valores
nacionales, sino que son universales y que también
son buenos para los negocios.
Para
usar la terminología del mercado, las acciones de
una firma de Túnez o Vietnam incluida en el mercado
de valores y que opera en un entorno de censura se
cotizarán siempre más bajas que las de una firma que
opera en una sociedad libre. Si los que toman
decisiones en las compañías no tienen acceso a las
fuentes mundiales de noticias y de información, los
inversionistas tendrán menos confianza en sus
decisiones a largo plazo. Los países que censuran
las noticias y la información deben reconocer que
desde un punto de vista económico, no hay distinción
entre censurar el habla político y el habla
comercial. Si se les niega a las empresas en sus
países acceso a ambos tipos de información, ello
inevitablemente impactará su crecimiento.
Cada vez
más, las compañías estadounidenses dan al tema de
Internet y de la libertad de información una
consideración mayor en sus decisiones empresariales.
Confío en que sus competidores y los gobiernos
extranjeros presten una gran atención a esta
tendencia. La situación más reciente, que tiene que
ver con Google, ha despertado un gran interés, y
esperamos que las autoridades chinas realicen una
investigación a fondo de las intrusiones
cibernéticas que llevaron a que Google hiciera su
anuncio. Y esperamos también que esa investigación y
sus resultados sean transparentes.
Internet
ya ha sido una fuente de tremendo progreso en China,
y esto es fabuloso. Son tantas las personas que
están conectadas ahora. Pero los países que
restringen el acceso libre a la información o que
violan los derechos básicos de los usuarios de
Internet arriesgan aislarse del progreso del próximo
siglo. Ahora bien, Estados Unidos y China tienen
opiniones diferentes sobre este tema, y nosotros
intentaremos abordar estas diferencias en forma
franca y constante, dentro del contexto de nuestra
relación positiva, cooperadora y completa.
Pero, a
fin de cuentas, esta cuestión no tiene que ver
solamente con la libertad de información. Tiene que
ver con el tipo de mundo que deseamos tener y con el
tipo de mundo en que viviremos. Tiene que ver con si
viviremos en un planeta con una Internet, una
comunidad mundial y un conjunto común de
conocimientos que nos beneficie y una a todos, o en
un planeta fragmentado en el que el acceso a
información y oportunidades depende de dónde se vive
y del capricho de los censores.
La
libertad de información sostiene a la paz y la
seguridad que proveen el cimiento del progreso
mundial. Históricamente, el acceso asimétrico a la
información es una de las principales causas de
conflicto entre los estados. Cuando enfrentamos
disputas graves o incidentes peligrosos, es de
importancia crítica que las gentes en ambos lados
del problema tengan acceso a los mismos hechos y
opiniones.
En la
actualidad, los estadounidenses pueden considerar la
información presentada por gobiernos extranjeros.
Nosotros no bloqueamos sus intentos de comunicación
con el pueblo de Estados Unidos. Pero los ciudadanos
y las sociedades que practican la censura carecen de
exposición a las opiniones externas. En Corea del
Norte, por ejemplo, el gobierno ha tratado de aislar
por completo a sus ciudadanos de las opiniones
externas. Este acceso desequilibrado a la
información aumenta la probabilidad de un conflicto
y la probabilidad de que los desacuerdos menores
pudieran intensificarse. Confío por lo tanto en que
los gobiernos responsables con interés en la
estabilidad mundial trabajen con nosotros para
abordar esos desequilibrios.
Para las
compañías, este asunto tiene que ver más que con
afirmar que tienen moralmente la razón. En realidad,
tiene que ver con la confianza entre las firmas y
sus clientes. En todas partes los consumidores
desean confiar en que las compañías de Internet de
que dependen les ofrecen los resultados completos de
sus búsquedas y actúen como guardianes responsables
de su información personal. Las firmas que se ganan
la confianza de esos países y que básicamente
proveen ese tipo de servicio, prosperarán en el
mercado mundial. Creo realmente que aquéllos que
pierden la confianza de sus clientes perderán con el
tiempo a los clientes. Sabrán que, no importa donde
se vive, la gente quiere creer que lo que pone en
Internet no será usado en su contra.
Ninguna
compañía debe aceptar forma alguna de censura de
ninguna parte. Y en Estados Unidos, las compañías
estadounidenses necesitan adoptar una posición de
principios. Esta debe ser parte de nuestra marca
nacional. Tengo confianza en que los consumidores en
todo el mundo compensarán a las compañías que se
atienen a esos principios.
Estamos
infundiendo nuevo vigor al Grupo Especial de
Libertad Mundial de Internet como un foro para
abordar las amenazas contra la libertad de Internet
en todo el mundo, e instamos a las compañías de
medios de comunicación estadounidenses a que adopten
un papel proactivo en desafiar las demandas de los
gobiernos extranjeros de censura y vigilancia. El
sector privado comparte la responsabilidad de ayudar
a salvaguardar la libertad de expresión. Y cuando
sus tratos comerciales amenacen con socavar esta
libertad, deben considerar lo que es correcto, no
simplemente lo que redundará en una ganancia rápida.
Nos
sentimos alentados también por el trabajo que se
realiza por medio de la Iniciativa de Red Mundial ––
una labor voluntaria de parte de compañías de
tecnología que trabajan con organizaciones no
gubernamentales, expertos académicos y con fondos de
inversión social para responder a las demandas de
censura de los gobiernos. La iniciativa va más allá
de meras declaraciones de principios y establece
mecanismos para promover rendición de cuentas y
transparencia reales. Como parte de nuestro
compromiso de apoyar la participación responsable
del sector privado en cuanto a la libertad de
información, el Departamento de Estado convocará una
reunión de alto nivel el mes próximo, copresidida
por los subsecretarios Robert Hormats y María Otero,
con el fin de reunir a firmas que proveen servicios
de red y hablar acerca de la libertad de Internet,
pues deseamos tener una asociación al abordar este
reto del siglo XXI.
Ahora
bien, considero que buscar las libertades de las que
he hablado hoy es lo correcto. Pero creo también que
es inteligente hacerlo. Al adelantar esta agenda,
alineamos nuestros principios, nuestras metas
económicas y nuestras prioridades estratégicas.
Tenemos que trabajar por un mundo en el que el
acceso a las redes y a la información sirva para
unir más a las personas y amplíe la definición de
comunidad mundial. Dada la magnitud de los desafíos
que tenemos ante nosotros, es necesario que todo
mundo aúne sus conocimientos y creatividad para
ayudar a reconstruir la economía mundial, proteger
nuestro ambiente, derrotar al extremismo violento y
construir un futuro en el que cada ser humano pueda
mantenerse fiel al potencial que Dios le ha dado y
realizarlo.
Permítame concluir al pedirles que recuerden a la
niña que fue rescatada de los escombros el lunes, en
Puerto Príncipe. Ella está viva. Se ha reunido con
su familia. Tendrá la oportunidad de crecer, porque
estas redes tomaron una voz que estaba enterrada y
la propagaron al mundo.
Ninguna
nación, ningún grupo y ningún individuo debe
permanecer enterrado en el escombro de la opresión.
No podemos permanecer inactivos mientras las
personas son separadas de la familia humana por las
paredes de la censura, y no podemos quedar
silenciosos ante estas cuestiones simplemente porque
no podemos oír los gritos.
Comprometámonos de nuevo con esta causa. Hagamos de
estas tecnologías una fuerza para el progreso
verdadero en todo el mundo, y defendamos juntos
estas libertades, por nuestra época y por nuestros
jóvenes que merecen todas las oportunidades que
podemos darles.
Muchas
gracias.
(Distribuido por la Oficina de Programas de
Información Internacional del Departamento de Estado
de Estados Unidos. Sitio en la Web: http://www.america.gov/esp
)
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