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Movimiento estudiantil: la
dictadura en dos tiempos
Entrevista al Dr. Daniel Bolani
Por estos días se ha recordado el
gran fenómeno del plebiscito del 80 cuando la
sociedad, votando en las urnas, le dijo No a la
reforma constitucional de la dictadura surgida en
1973.
Son múltiples los testimonios
sociales, políticos y de diversas personalidades que
componen el puzzle de participación popular que dio
origen a aquel triunfo.
Para conocer más sobre aquellos días
La ONDA digital entrevistó al Dr. Daniel Bolani, que
en el 80 acababa de salir de la cárcel donde había
entrado en 1976,
por ser militante estudiantil y
comunista.
Bolani que rápidamente vuelve a
incorporse a la vida universitaria en su doble
carácter de estudiante y militante, es un testigo
singular de dos etapas de las luchas
antidictatoriales.
Lo que sigue es una síntesis de ese
dialogo.
-
Daniel, en vísperas del Plebiscito del 80, salías de
la cárcel.
- Si, yo había
ingresado en el año 76 – en pleno furor terrorista
de la dictadura – por militancia estudiantil en la
FEUU y por mi militancia en la Juventud Comunista. Y
cuando salgo – en agosto del 80 – encuentro un
ambiente cualitativamente diferente al que
predominaba cuando yo caí en la cárcel.
Se veía el
surgimiento de distintas actividades del movimiento
popular que eran impensables en otro período.
Primero, había – más allá de los matices y de las
sutilezas con la que se hablaba en contra del
proyecto de la dictadura – habían opiniones
encontradas. Estaban periódicos como “Opinar”, “El
Día”… También en el entorno a esa fecha sale el
periódico “Jaque”, la “Revista de la Plaza” y
algunas revistas universitarias.
Otro gran emergente
por esos días es el canto popular que – con
canciones, a veces, medio panfletarias y a veces
letras subliminales – era también un gran fenómeno
contrario a la dictadura.
Había fenómenos como
las “ollas populares” en distintos barrios.
- ¿Había pintadas?
- Sí. Pintadas hubo
siempre durante la dictadura, pero por esos días
había muchas pintadas a favor del NO, promoviendo el
NO. Se hablaba – incluso – del fenómeno de la
eventualidad de elecciones internas en los partidos
tradicionales, cosa que sucedió después que ganó el
NO. Se percibía que se habría una puerta, no se si
decir una efervescencia – pero sí había un
surgimiento de la actividad política.
- ¿Un contraste muy
grande con aquel momento en que tu habías caído
preso en 1976?
- Ah, yo creo que sí.
¡Importantísimo! Para uno que había estado como
fuera del espacio y del tiempo, ¿no?, metido en
Cárcel Central un par de meses y finalmente años en
la cárcel de “Libertad”. Pero uno estaba aislado por
más esfuerzo que se hiciera por recibía noticias.
Pero no era lo mismo. Es decir, uno tenía la cabeza
puesta en el terror del período en que había caído.
Después salís de la vida social, de la vida
cotidiana, y en algún caso tenés información, pero
no tenés la vivencia y la cercanía con la realidad.
Cuando salgo –
realmente – me encuentro con vivencia, fenómenos
políticos y sociales muy distintos
- ¿Al salir vuelves a
vincularte a la vida universitaria y al movimiento
estudiantil?
- En realidad estaba
expulsado de Medicina por la dictadura. Entonces mi
problema era ver cómo lograba reinsertarme. Y demoré
cerca de un año y medio – por ahí – en poder
insertarme, porque me inscribí medio
“fraudulentamente” en la Escuela de Tecnología
Médica y ahí empecé.
Luego retomé otros
estudios. No podía estudiar Medicina. Tampoco me
podía inscribir en nada, porque necesitaba el
Certificado de Buena Conducta. Yo era Categoría “C”,
¿no?. De cualquier manera me fui a inscribir a la
Universidad. Y una funcionaria que yo no conozco y
hasta el día de hoy no sé cómo se llama, me dijo:
“bueno, pero precisa la Cédula, esto, esto y esto,
escolaridad, pá, pá, pá y el Certificado de Buena
Conducta”. Sin lo cual no me podía inscribir.
Entonces le dije, así nomás: “mire, yo el
Certificado de Buena Conducta no lo voy a conseguir
porque estuve preso”. Entonces la mujer me dice:
“Vení el último día. Andá a pedir el Certificado de
Buena Conducta y vení el último día con la
constancia. El último día yo te inscribo. No te
preocupes que después la burocracia hace lo suyo”. Y
así fue. Me inscribí y – efectivamente – dí el
examen de ingreso y entré.
Allí mi primera
preocupación fue ver cómo formábamos un gremio con
algunos compañeros más con los que me encontré. Y
formamos un gremio que era el Centro de Estudiantes
de Tecnologías Médicas.
- Reinicias tus
movimientos en medio del fenómeno del No
- Si. Yo creo que el
tema del NO inicia toda esa situación. En mi caso
estamos hablando de que yo recién me reintegro al
movimiento estudiantil a principios del 82, es
decir, ya en plena campaña hacia las elecciones
internas de los partidos autorizados. Antes había
participado – por conocimiento de mucha gente – de
algunas actividades, como la famosa pintada de 18 de
julio del 81 y viví también – casi como un
observador – la caída de compañeros en el 81, me
integré al movimiento estudiantil en el 82 y allí
pasé a – rápidamente nos incorporamos – la ASCEEP,
recién formada. Y bueno, los compañeros me dieron la
responsabilidad – un poco - de ser la cabeza visible
de los compañeros de la FEUU clandestina. ¿Por qué?
Primero: porque yo – realmente – para el movimiento
tenía 4 o 5 años y es mucho, porque era mucho el
recambio. Entonces, había compañeros jóvenes, sin
experiencia, pero de los cuales yo no sabía nada.
Cuando los conocía, conocía sobrenombres. Y yo era
un individuo que tenía cierta experiencia en la
militancia legal y – a su vez – las estructuras
represivas me conocían. Así que – en realidad –
quedamos en que yo podía expresar en algunos caso
públicamente puntos de vista que sostenía mucha
gente pero que no era conveniente que se expresaran.
- ¿Allí empezaste a
hacer vida publica nuevamente?
- Así empecé a ser un
hombre público, apelando – de alguna manera – a que
ya era un individuo “quemado” y al otro elemento, de
que yo no conocía a nadie – realmente – de la
estructura. Me acuerdo que en las primeras épocas –
cuando pasamos a trabajar clandestinamente – todo el
mundo adoptaba un nombre ilegal, pero un nombre
ilegal pero todos nos conocíamos. De manera que no
había forma de adoptar nombres ilegales realmente
válidos. En cambio en este período sí, porque yo
realmente no conocía a nadie y me preocupaba –
además – por no saber el nombre de nadie.
- ¿Cómo recordas el
NO, el día de la votación?
- El día del NO me
junté con mis amistades y seguimos toda la
trasmisión del día electoral. Fue un día con mucha
tensión, también la dictadura sabía que
efectivamente era un punto de inflexión. Pero nadie
sabía realmente que podía pasar, se vivía todo con
mucha tensión pero – a la vez – con mucha
incertidumbre. No olvidemos que por esos días
también había un discurso terrorista impulsado por
la dictadura. Decían que si ganaba el NO, eso iba a
significar nada más que una revisión – prácticamente
- de la redacción de la Constitución nueva, pero no
un cambio de fondo.
Y – además – estaba
prohibido hacer cualquier tipo de festejos, ganara
quien ganara. Yo me acuerdo que la papeleta del NO
tenía un color negro, ominoso, y creo que tenía
hasta un fondo amarillo. Me acuerdo de eso porque en
ese momento Peñarol ganó no sé que cosa, pero fue la
única vez en mi vida que salí a festejar por Peñarol
algo (risas).
Porque decían que no
se podía festejar la victoria del NO. Igual la
gente se volcó masivamente a las calles. ¡Fue
impresionante!
- ¿Eso mostraba las
dificultades que empezaba a tener la dictadura para
controlar todo?
- El discurso
terrorista ya no funcionaba de la misma forma,
evidentemente. La gente estaba progresivamente
encontrando canales de expresión – a veces medio
oblicuos, pero avanzaba en libertades. Incluso nadie
hablaba contra la dictadura como una estructura a
ser derribada. Pero había un festejo público por la
victoria del NO que era – realmente – un golpe
durísimo para la dictadura.
- Ahí empezó aunque
muy contradictoriamente una especie de cronograma
político.
- Claro, ahí ellos
esperaron seis meses – más o menos – y convocaron a
los partidos autorizados y dijeron que iba a ver un
cronograma de transición. Una transición que al
principio la formulaban muy confusamente y con
condicionamientos de todo tipo. No estaba claro ni
la forma, ni en que tiempo se volvería a la
normalidad democrática. El Dr. Tarigo decía: “yo no
sé cuál es la normalidad de la que se habla”. Es
decir, era una cosa muy abstracta, pero que –
realmente – marcó un cambio.
- ¿El movimiento
estudiantil empezaba a organizarse?
- Si, había una
actividad mucho más activa y que no estaba
estrictamente relacionada con los integrantes de los
grupos políticos. Había gente que integraba los
gremios.
- ¿Eso era público o
semi-público?
- Era semi-público.
Todavía la FEUU seguía prohibida y la ASCEEP se
forma en abril del 82. Es decir, estábamos en un
período total de transición. Porque – por un lado –
los gremios tenían mayor actividad, pero no eran
públicos. Pero aparecían fenómenos que no estaban
directamente vinculados a los gremios, como las
revistas universitaria: en Veterinaria, en
Agronomía, en Medicina. Aparecían estructuras que –
por un lado – abordaban temas académicos y – por
otro lado – deslizaban opiniones de carácter
político. Es decir, era claramente el resurgimiento
de la actividad estudiantil. Un movimiento que
incorporaba gente nueva. Eso era lo más importante.
Porque el viejo militante político, endurecido ya
por todos los años de la dictadura, el que no había
caído seguía combatiendo pero desde la
clandestinidad, pero en esto aparecía gente nueva. Y
eso mostraba – realmente – que la dictadura había
sido fisurada.
- Allí están los 1º
de Mayo públicos y otras manifestaciones gremiales.
- Si. Yo, en la
última conmemoración que había participado del 1º de
mayo, había sido en el 74. En el 75 no sé si hubo
alguna cosita. Y después – ya en el 81 – empiezan a
haber concentraciones de gente y se empieza a hablar
del PIT. Plenario Intersindical de Trabajadores.
Recuerdo que en la
Feria de Tristán Narvaja se veían todos estos
fenómenos. Y aparecía gente que hablaba del PIT y yo
decía: “yo fui de la CNT…” “Esto…” (risas). Claro,
había explicaciones medio bizarras, pero – en
realidad – era el surgimiento de las formas legales.
Primero el PIT y – posteriormente – surge la ASCEEP,
que ya son las nuevas expresiones gremiales desde la
legalidad.
También aparecen las
Coordinadoras de Cooperativas de Vivienda y
distintas y otras cuestiones sociales. Todo se
movía. Aparecían una cantidad de estructuras nuevas,
todas ellas sin contenido político manifiesto en
principio.
Ya dijimos que este
fenómeno también se daba en el teatro, el canto y
todo esto, surgían y – a través de las expresiones
culturales – se podían decir muchas cosas que no
eran posibles de decir frontalmente.
- Paralelamente, se
seguía deteniendo gente. ¿Los estudiantes fueron
víctimas en ese sentido?
- En el 81 cae un
grupo de estudiantes. Incluso, después de existir un
movimiento legal – como lo era la ASCEEP – en junio
del 83 cae otro grupo de estudiantes. Más aún, en el
84, ya con la dictadura en pleno retroceso, muere
Roslik torturado.
- Hasta el último
momento detenciones y muertes.
- Hasta el último
momento, exacto. Entonces, por un lado, el
surgimiento cada vez más audaz del movimiento legal
y por otro lado la dictadura que nunca dejó de ser
peligrosa.
Había una dualidad en
todo sentido – en el movimiento estudiantil, que era
lo que yo conocía más – llegó a contradicciones,
entre las formas de trabajo clandestinas que
provenían desde el inicio de la dictadura, con las
formas legales.
Los primeros pasos
fueron empezar a dotar a la ASCEEP de contenidos.
Primero el nombre: la Asociación Social y Cultural
de los Estudiantes de la Enseñanza Pública, era una
cosa un poco ambigua, ¿no? Entonces, no quiere decir
que los compañeros que no estuvieran en la FEUU
clandestina no tuvieran idea de dotar de contenido a
la ASCEEP. Sí lo querían, pero – de alguna manera –
tenían especial interés también en cuidar la
vigencia de las estructuras legales. Nosotros
apostábamos a ir legalizando el movimiento
estudiantil a partir de la ASCEEP. Eso llevó a
enfrentamientos que – en algún momento – fueron
duros.
- ¿Surgieron por
aquellos días varias polémicas sobre estos caminos?
- Polémicas
importantes y complicaciones en relación con la
unidad del movimiento estudiantil que – en
determinados momentos – a principios del 84, fueron
realmente severas. ¿Por qué? Porque la gente que
militaba en la FEUU clandestina tenía un poco de
dificultad para llamarla “cabeza”. Y yo pienso que
se mantuvieron demasiado tiempo en las estructuras
clandestinas. Que podían haber abierto y
transformado directamente… Es decir, disolver la
ASCEEP en la FEUU. Porque entre el 82 y el 84, la
ASCEEP había incorporado la mayoría de los elementos
programáticos de la FEUU. De manera que – de hecho –
el movimiento estudiantil estaba expresado –
realmente – por la ASCEEP.
- ¿Pero eso se saldó
con ASCEEP-FEUU?
- Se saldó en el 84,
en el período ese en que casi llegamos a una
situación de ruptura y primó la unidad de todos los
que participábamos en las estructuras clandestinas y
los otros componentes que no participaban.
- ¿Había blancos y
colorados?
- Había blancos y
colorados, sí. Y todos los sectores del Frente y
algunos no frenteamplistas, escasísimos. Pero bueno,
sí, había blancos y colorados, algunos de los cuales
– hoy – son dirigentes políticos. Los colorados
prácticamente no. Desaparecieron del movimiento
estudiantil rápidamente. Los blancos persistieron
más tiempo.
- ¿Todos contra la
dictadura?
- Si. Era un elemento
unificador importantísimo. Hasta el día de hoy
persisten vínculos personales de toda la gente que
participó en ese período. Porque – realmente – más
allá de matices, todo el mundo estaba expuesto a ser
reprimido y de la manera en que la dictadura
reprimía. O sea que se crearon una serie de vínculos
personales muy importantes, que siguen hasta hoy.
¡Eran todos más jóvenes que yo! Porque yo venía de
una generación en la que era universitario al caer
preso y me encontraba con jóvenes que empezaban su
vida universitaria o que iban promediándola. Me
encontré con gente, sin embargo – aunque
inexperientes en muchos casos – pero con un ímpetu
increíble. Eso era bien diferente al período de los
años 75, 76.
- Se dice que fue un
momento político muy fermental…
- Surgían ideas
diversas en lo social y político y estaban también
surgiendo o resurgiendo las organizaciones
políticas. Fue un período de crecimiento del
movimiento popular del día a día. La primera gran
manifestación en este sentido – creo yo – fue el
acto del PIT-CNT – que ya habían adoptado el nombre
de PIT-CNT – el 1º de mayo del 83, ¡que fue
tremendo! Después vino la “marcha del estudiante”,
la marcha organizada por ASCEEP en setiembre del 83.
Que eso ya determinó – prácticamente – una
legalización del movimiento en términos prácticos:
se leyó una proclama en el Franzini, hubo una marcha
con más de cien mil personas. Y después vino la
proclama de noviembre del 83, que ya fue de carácter
político.
- La del Obelisco…
- La del Obelisco en
noviembre del 83. Después vino el “paro cívico” de
enero del 84, en donde se produce una fisura, con el
Partido Colorado y – parcialmente – con los blancos.
Ellos no querían seguir proyectando el movimiento
popular a la calle.
- Luego el regreso de
los emigrados y la detención de Wilson Ferreira
Adunate
- Claro, la prisión
de Ferreira, la salida de Seregni – que fue
importantísima… La llegada de mucha gente del exilio
y vienen las negociaciones del Club Naval que dan
inicio formal a una trancisión.
- Ustedes lo venían
discutiendo intensamente…
- Eso fue muy
polémico. Muy polémico, porque allí estaba el
movimiento estudiantil muy permeado por los debates
y por las posiciones que – a su vez – mantenían los
partidos políticos.
Lo singular era que
más allá de los debates – había un factor unificador
común que era el sentimiento de estar en contra de
la dictadura y de buscar la caída de la dictadura. Y
en nuestro caso específico, el de los
universitarios, la caída de la intervención que – de
hecho – fue la primera caída que se produce, a fines
del 84. Entonces, había discrepancias sobre la
táctica para avanzar en la caída de la dictadura,
pero no había diferencias en cuanto al sentimiento
anti-dictatorial. Los elementos de división eran
secundarios, en definitiva. Yo no diría débiles,
pero sí secundarios. Fueron – de hecho –
secundarios. Entonces, la salida negociada del Club
Naval, generó diferencias persistentes entre el
Frente Amplio, los blancos y los colorados. Pero, no
obstante eso, fue una salida concreta que – a pesar
de las divergencias – se logró mantener la unidad
del movimiento popular.
- Los debates
seguían, pero apareció un cronograma que permitía
salir de la dictadura…
Los debates seguían.
Pero se logró una salida que – en definitiva – queda
para el área especulativa de si podría haber sido
mejor o peor. La cuestión concreta es que el Frente
Amplio volvió a la participación pública, a pesar de
que fue una salida con proscriptos – entre ellos el
Gral. Seregni – y la mayor parte de los dirigentes
de izquierda. También Ferreira, lo cual generó una
rispidez con el Partido Nacional. Evidentemente, eso
le daba facilidades al Partido Colorado para ganar
las elecciones. Pero – a su vez – surgía la
liberación de los presos políticos, la aparición de
los rehenes, del retorno de los exiliados y el
pueblo luchando ampliando las libertades en
distintos planos.
- ¿Ustedes se reunían
en la propia Universidad?
- Nosotros empezamos
a reunirnos en el 83 en el local de la Iglesia de
los Conventuales. De alguna manera buscábamos el
amparo de algunos sectores religiosos y
progresistas.
- ¿Con las
autoridades universitarias que eran de la dictadura,
ustedes mantenían una situación de tensión?
- Nosotros tuvimos
una situación de tensión permanente. En determinado
momento – yo no me acuerdo la fecha, pero fue sobre
mediados del 84, tal vez un poco antes - en donde
ya se había unificado el nombre de la ASCEEP-FEUU y
habían levantado el programa. O sea, que ya estamos
hablando de reivindicaciones sí, anti-dictatoriales,
¿no? Ahí empezamos a reunirnos en Arquitectura. El
Consejo Federal se reunía en Arquitectura y ya
empezamos a utilizar la Universidad – realmente
–como el lugar de reunión de los universitarios y de
las estructuras gremiales ya legalizadas. Sobre
fines del 84, pedimos una entrevista con el rector
(que no recuerdo si era Viana o el de Medicina) y
fuimos y le planteamos que se tenía que ir.
- ¡Nada menos que
eso!
- Que tenía que
renunciar, que se tenía que ir. Fue una delegación
de la ASCEEP-FEUU y se lo dijimos. Era ya fines del
84.
¿En que clima se
realizó eso?
- Se hizo una
movilización y con la gente en la puerta… O sea,
primero se solicitó una entrevista, que la tuvo que
aceptar en función de que había una movilización
importante ya exigiendo la renuncia del rector de la
Universidad.
- ¿Se trataba de un
rector interventor?
- Un rector
interventor. Y se hizo la reunión (si mal no
recuerdo, fue en el edificio de la Universidad, 18
de Julio y Arenal Grande, con la gente en la puerta,
con toda una delegación y entramos. Creo que fue el
Ejecutivo de la FEUU. En ese momento entramos y le
planteamos que tenía que renunciar, que se tenía que
ir, que la intervención ya no tenía más sentido ni
autoridad.
Dos o tres días
después, renunció el rector y cayó la intervención
antes que la dictadura.
- Y aparecieron las
viejas autoridades universitarias, en muchos casos…
- Entonces surgió la
polémica, de qué hacer con la Universidad
recuperada. Entonces había dos corrientes,
básicamente. Una renovadora – digamos – que
planteaba que se procediera a la elección de nuevas
autoridades, programas y objetivos y discutir todo;
y otra – que fue, en definitiva la que triunfó – que
era más bien restauradora y – a raíz de lo cual –
las autoridades universitarias, muchas de las cuales
estaban en el exilio, cuando vuelven son
reincorporados a sus cargos. Y bueno, lo demás es
toda historia reciente.
LA
ONDA®
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