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Pepe mandó a parar:
se acabó la diversión
por Raúl
Legnani
Seguramente
las encuestas que se estén realizando en estos días,
van a marcar un ascenso de popularidad del gobierno
de José Mujica. Fundamentalmente porque ha logrado
enfrentar la conflictividad desatada por algunos
sindicatos AEBU, anestesistas y AdeomMontevideo,
con mano firme pero serena y apegada a la
sensibilidad democrática.
Basta
con ir a un bar, subir a un taxi, escuchar las
conversaciones de los vecinos en las ferias, para
darse cuenta que la sociedad uruguaya no acepta el
desorden que han provocado algunas corrientes
sindicales, que terminan perjudicando a la mayoría
de la población, en momentos que el país avanza
superando los ritmos de algunas economías del primer
mundo.
En los
últimos años el presidente Mujica dijo,
reiteradamente, que era un "bollo" hacerle un paro a
un gobierno de izquierda, porque el Frente Amplio
tiene un matrimonio establecido de larga data con
los trabajadores asalariados y sus organizaciones
sindicales.
Pero a
pesar de ese amor eterno, que ha tenido momentos de
luces y de sombras, Mujica al igual que la
intendenta Ana Olivera , supo ponerle límites a una
conducción sindical que quiere llevarse por delante
al gobierno progresista, porque en definitiva, para
su estrategia, es el principal obstáculo para que se
produzca el derrame de la riqueza. Los sectores
ultras y fundamentalistas, que están dentro y fuera
del Frente Amplio y que incluso fueron parte de la
"coalición" MPP-PCU que se expresó en las internas
de los partidos en el pasado año, no solo añoran con
hacer saltar en pedazos al progresismo, sino que a
la vez buscan construir una nueva realidad sindical,
que pasa por la fractura del movimiento obrero y del
PIT-CNT.
Ese
apoyo que recibe Mujica por parte de la mayoría de
la población no es homogénea, ni tiene en su origen
una misma concepción ideológica. Creer que todos los
que aplauden a Mujica lo hacen para defender a su
gobierno, parece ser una apreciación por lo menos
apresurada.
Muchos
son los guardianes de la conquista histórica de un
segundo gobierno progresista, pero muchos son
ciudadanos conservadores que desprecian y rechazan
toda organización sindical. Y esto lo han entendido
bien algunos empresarios, naturalmente contrarios al
movimiento sindical, quienes ahora reclaman que por
cualquier motivo, sea en lo público o en lo privado,
se establezcan los estados de emergencia, para que
se limite la libertad sindical.
Por el
bien del país y del proyecto de izquierda el
vicepresidente Danilo Astori divisó en el horizonte
la trampa ideológica empresarial y desde ADM la
trancó al borde del área, cuando dijo "Hay veces en
que las ocupaciones de empresas no sólo son
legítimas, sino convenientes", lo que significó un
total apoyo al movimiento sindical cuando actúa con
madurez y con un sentido de responsabilidad social.
Mujica
está ganando la batalla ante la locura, pero su
fuerza política debe comprender que para un
presidente de izquierda no le es grato ganar en
popularidad con el apoyo de sectores conservadores.
Incluso se puede decir más: si no se pone fin a esta
conflictividad puede pasar que el Presidente haya
subido por la izquierda y baje por la derecha. Y si
eso ocurriera lo más seguro es que serán otros
partidos, con mayor capacidad para ganar el
pensamiento conservador, los que asuman la próxima
Presidencia de la República.
El país
y el Frente Amplio necesitan que en la sociedad
predominen pensamientos y sensibilidades
progresistas y de izquierda, porque ese es el único
camino para que las multitudes se apropien del
proyecto progresista y lo profundicen, aunque
gobernar no es sólo ganar conflictos, aunque en
ciertos momentos sea imprescindible.
En el
Uruguay no hay cambios si la gente no se incorpora
al proyecto político, particularmente si los
sindicatos se limitan a transformarse en una suerte
de corporaciones sin un proyecto de país.
Para
poder seguir avanzando, el Frente Amplio tiene que
volver a insertarse en el movimiento de masas y para
ello es imprescindible que los partidos que lo
componen se hagan responsables de las actitudes de
sus militantes. A la vez le es necesario tener un
equipo de gobierno que sepa actuar con inteligencia,
sin caer en la soberbia que muchas veces muestran
algunos de sus integrantes.
Pepe
mandó a parar y se acabó la diversión, podría ser la
definición de la hora. Está en el mejor momento,
pero en el peor escenario, sería un agregado
necesario.
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