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En defensa de
Julián Assange
por Dolia
Estévez
Julián
Assange, el renegado fundador de WikiLeaks, no ha
cometido ningún delito. Por más que el Departamento
de Justicia de EE.UU. se rasgue las vestiduras
buscando un resquicio en el código penal por donde
acusarlo de espionaje, conspiración, abuso del
internet o robo de propiedad gubernamental, su única
“acción reprobable” (Obama dixit) fue ejercer el
derecho universal a la libertad de información.
Sería un grave error si EU, en un desplante de
arrogancia imperial, le fincara cargos en un caso
que, según los expertos, corre el riesgo de perder
en las cortes y en el poderoso tribunal de la
opinión pública. De hacerlo, el supuesto faro de la
democracia y la apertura no se diferenciaría gran
cosa de la China dictatorial y represora.
Es más
cómodo acusar a Assange, quien se limitó a divulgar
secretos que alguien más robó al gobierno, que
reconocer la descomunal falla del sistema de
comunicación interna de EU. Si WikiLeaks existe es
porque el andamiaje electrónico más caro y
supuestamente seguro del mundo fracasó rotundamente.
En EU, las leyes penalizan al funcionario que filtra
información confidencial, no al periodista que la
publica. Por lo tanto, el culpable por la masiva
fuga es el soldado Bradley Manning quien, desde una
lap top en Iraq, sustrajo secretamente más de
250,000 cables diplomáticos que nada tenían que ver
con su trabajo. Si bien Manning es el presunto autor
material de la piratería, los responsables son sus
superiores. Si Manning grabó los cables en un CD de
Lady Gaga, que proporcionó a WikiLeaks, es porque el
Pentágono le asignó los medios y el poder para
hacerlo. ¿Cómo justifica Robert Gates que un oscuro
subordinado, sin rango, inmaduro y resentido en Iraq,
tuviera acceso a las comunicaciones más delicadas de
la diplomacia estadounidense en todo el mundo?
Antes de
que el congresista Peter King lo tachara de
“terrorista”, de que Sarah Palin lo llamara
“operador antiamericano con las manos
ensangrentadas” y de que el ex precandidato
presidencial Mike Huckabee pidiera su “ejecución”,
Assange era cuestionado por autoritario y
autocrático. Su reputación iba en declive.
Hoy, la
embestida en su contra lo ha vuelto una especie de
héroe. De cumplir la amenaza de acusarlo, Obama
convertirá a Assange en el primer mártir de la
transparencia cibernética del Siglo XXI.
Fuente: El Semanario com (Mexico)
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