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El “WikiLeaks” del profesor
Moniz Bandeira: de Martí a Fidel
por
Rodrigo Vianna
No
me consigo despegar – hace dos o tres semanas – del
bellísimo libro de Moniz Bandeira sobre la
Revolución Cubana: “De Martí a Fidel”. Me lo regaló
un gran amigo que – socialista en la juventud – hoy
asumió posiciones bastante más moderadas.
Decir que Moniz
Bandeira escribió sobre la Revolución Cubana es, en
verdad, profundamente simplificador. El libro es
mucho más interesante que eso. Narra el recorrido de
las luchas nacionalistas en América Latina. Y
muestra como la Revolución Cubana fue el
desdoblamiento (apenas uno de ellos, junto a tantos
otros movimientos ocurridos en Guatemala, Perú,
Bolivia, Argentina, Brasil…) de esta lucha de dos
siglos contra el Imperialismo.
Existe – en la
universidad y entre izquierdistas arrepentidos – un
cierto miedo a usar la palabra “Imperialismo”. Suena
como una bravuconada juvenil, como una
simplificación de la realidad.
El libro de Moniz
Bandeira recupera la historia de los Estados Unidos
en su relación con América Latina, y muestra – con
una riqueza “wikileakiniana” de documentos – que el
Imperialismo no es sólo una palabra suelta, que
sirve para adornar discursos en asambleas
estudiantiles.
No. La historia de
los EEUU es – también – la historia del
Imperialismo. Y de como América Latina reaccionó
valientemente al intento de los Estados Unidos de
controlar la economía, el territorio, la política en
nuestro continente.
Moniz Bandeira
transcribe telegramas de diplomáticos, desde el
siglo XIX, y muestra la intersección de los
intereses del Estado norteamericano con las
corporaciones que ganaban dinero a roletes en
América Central. No es un discurso. No es una
bravuconada. Es la historia. Documentada
ampliamente.
Por otra parte, eso
no es ninguna gran novedad. Cualquier estudiante
medianamente informado ya leyó sobre la United Fruit
y otras compañías que ocupaban porciones inmensas
del territorio centroamericano. El mérito de Moniz
Bandeira es no permanecer en las generalizaciones.
Desciende al detalle, al papel de las embajadas, del
Departamento de Estado, muestra el día-a-día de la
administración imperialista.
La lectura permite
comprender mejor porqué en América Latina, es
imposible ser de izquierda sin ser nacionalista.
Gente que hace política apenas basada en teorías
europeas tiene por costumbre torcer la nariz frente
a posiciones nacionalistas. El Nacionalismo, en
Europa, está asociado a fascismo. En América Latina,
ser nacionalista es la mejor forma de luchar por
países más fuertes, menos desiguales.
Moniz Bandeira – que,
además de ser un brillante intelectual, fue muy
cercano a Brizola y Jango – conoce bien eso.
Evidentemente, no
todos los problemas de América Latina se deben al
“malvado” Imperialismo. Este no es un concepto que
lo explique todo. Pero explica mucho.
Moniz Bandeira
muestra como – desde el siglo XIX – los intereses de
los productores de azúcar en el sur de los Estados
Unidos, se enraizaron en Cuba, mezclándose a los
intereses de parte de la elite agraria cubana. Y
narra – con precisión – la forma como altos
funcionarios de los Estados Unidos representaban, en
realidad, a las grandes corporaciones privadas: la
promiscuidad entre el aparato de Estado de los EEUU
y la industria bélica de aquel país, a principios
del siglo XXI, no fue una invención de Bush Junior.
No. Esta es la tradición de la política externa de
los EE.UU.
Pero la intención de
controlar la isla más grande del Caribe no tenía
sólo motivos mercantiles – ligados al azúcar. Cuando
los EE.UU. concluyeron la expansión hacia el Oeste,
consolidando el gigantesco territorio bañado por dos
Océanos, se volvió primordial acortar la distancia
entre el Pacífico y el Atlántico. El Canal de Panamá
– antiguo sueño – se convirtió en la ruta
estratégica que precisaba ser vigilada. Cuba era una
especie de porta-aviones – inmenso – garantizando el
control de esta ruta.
Fidel era
esencialmente un político nacionalista. El “Che”
Guevara y (tal vez) Raúl Castro ya eran socialistas
en 1959. Fidel era - antes que nada - un heredero de
la lucha nacionalista de Martí. Caminó hacia el
marxismo para sobrevivir.
No estoy entre los
que hacen una defensa unilateral del régimen cubano.
Allá, se vive en dictadura. Y punto. Pero es preciso
comprender la historia de Cuba, plantada a menos de
cien millas del Imperio, para entender la hazaña de
la Revolución de 1959.
En Bolivia, en
Guatemala y en Perú, movimientos de cuño
nacionalista muy parecidos al cubano, fueron
masacrados con la ayuda de los EEUU. El caso
guatemalteco es conocidísimo. En los años 50 del
siglo pasado, Juan José Arévalo fue electo
presidente. Era un moderado, socialdemócrata, que
osó aprobar leyes laborales y una reforma agraria
que contrariaba los intereses de la United Fruit.
Los EEUU (y buena
parte de la prensa brasileña, por cierto,
reverberaba los intereses de los Estados Unidos) lo
tildaban a Arévalo de “comunista”. Arévalo fue
sucedido por Jacobo Arbenz, un militar nacionalista,
que acabó derrocado con la ayuda de los EE.UU.,
después que el Ejército guatemalteco se rehusara a
defenderlo.
El “Che” Guevara
vivía en Guatemala en aquella época. Cuando la
Revolución Cubana triunfó, el “Che” fue uno de los
principales defensores de la necesidad de armar al
pueblo y crear milicias que defendiesen la
Revolución. Para no caer en el mismo error que
Guatemala.
Todo eso – y mucho
más – está en el libro de Moniz Bandeira. Que, más
allá de todo, incluye fotos sabrosas – como la de
Fidel almorzando con JK en Brasil, en mayo de 1959,
apenas cinco meses después de la Revolución: el
plato de Juscelino aparecía vacío, mientras que el
de Fidel seguía intocado en el momento de la foto,
porque el líder cubano - desde aquella época - ya
hablaba horas sin parar – prefería el discurso al
almuerzo. Según Moniz Bandeira, JK (perspicaz)
observó en aquella oportunidad: “Fidel Castro no
entiende el diálogo. Es un hombre de monólogo”.
El libro, incluso por
estos detalles, está lejos de la hagiografía. No
transforma a Fidel y a los guerrilleros que llegaron
al poder en “héroes”. Pero muestra como fueron los
representantes victoriosos de una corriente de
pensamiento que tiene más de 2 siglos de historia:
el nacionalismo latinoamericano. Corriente que sigue
al firme con Chávez, Evo, Kirchner y (¿por qué no?)
Lula
Sólo que en Brasil,
el nacionalismo es más discreto. Y tal vez, por eso
mismo, mucho más eficaz.
Siempre me acuerdo de
una noche de 2002, cuando yo estaba en Buenos Aires,
grabando un reportaje sobre grupos que intentaban
mantener la cohesión social en medio del caos
provocado por el “corralito” y la bancarrota
argentina. Antes de la asamblea, los argentinos
cantaron el himno nacional, de una forma fervorosa.
Yo comenté con el viejo militante que comandaba la
asamblea popular: “qué nacionalistas son ustedes,
los argentinos”.
Bien informado, él me
devolvió: “¿Nosotros? No. Nacionalistas son los
brasileños, que hicieron la Petrobrás, el Banco do
Brasil, no vendieron todas sus empresas en los años
90… y no necesitan cantar el himno nacional ni
golpearse el pecho para defender sus intereses.
Ustedes son los que saben ser nacionalistas”.
Siempre me acuerdo de
eso. Tenemos a nuestros empresarios y periodistas
colonizados. Siempre los tuvimos. Pero sabemos
preservar un Estado relativamente independiente,
incluso en los peores momentos. No tuvimos un Fidel.
No hicimos una Revolución. Pero, por las orillas,
construimos una escuela nacionalista – sustentada
por la tradición de independencia del Itamaraty.
Tradición de
independencia que también aparece en la obra de
Moniz Bandeira. Él incorpora decenas de
transcripciones de telegramas de diplomáticos
brasileños. Casi siempre, realizaban una lectura
bastante diferenciada de la línea oficial sustentada
por los EE.UU. Defendían el interés brasileño.
En los años 90, por
algunos momentos, Brasil estuvo a un paso de tirar
por la borda esta tradición. Pero volvimos al viejo
trillo. Independencia y nacionalismo. Un Brasil y
una América Latina más justos pasan por la defensa
de estos valores – que no están pasados de moda. Y
no lo van a estar. Les guste o no a los periodistas
e intelectuales entregados a devaneos colonizados.
Traducido para LA
ONDA digital por
Cristina Iriarte
Rodrigo Vianna
Rodrigo Vianna es
historiador formado en la FFLCH (USP) y es
periodista hace 20 años. Trabajó en “Folha de S.
Paulo”, en “TV Cultura”, en “TV Globo”, y hoy está
en “TV Record” de São Paulo.
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