En vísperas conflictivas
por Washington Benavides

A mis amigos (los conocidos, los anónimos), a mis adversarios (los conocidos, los anónimos), a los desconocidos y hasta los indiferentes: les pido una reflexión.

 

Una reflexión que equivalga a la oración del creyente (de cualquier creencia), que se aproxime al pensamiento del joven soldado que ve pasar la bolsa negra donde viaja de vuelta, a aquel camarada con el que chanceaban en la carpa; una reflexión como la de Dostoyevski, cuando lo llevaban los oficiales zaristas, para fusilarlo al amanecer (una horrenda parodia) y él miraba, como fascinado, a las cúpulas acebolladas donde el sol resplandecía. Tenemos que reconocernos como habitantes del mismo navío espacial llamado “Tierra”.-

 

Tenemos que pensar en los héroes del pasado que todo lo dieron para que nosotros (algunos) durmamos con cierta paz; y en los niños y en los que vendrán. Soñando –como Leopoldo Marechal soñó en su “Adán Buenosayres” que ni la bomba atómica detendrá el crecimiento y la flor del rosal…

 

Permítanme que me despoje de todo aquello que sea prejuicio, dogma, orden de arriba, y les diga, sencillamente, lo que he escrito.

 

17/12/2010.Montevideo.

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