Van Sertima: dos siglos antes de
Colón, África descubrió América
por Eugenio Nkogo Ondo

En honor a la verdad, el hecho de que los africanos descubrieran América casi dos siglos antes de Colón, demuestra con creces la falsedad de la tesis tan vulgarizada que sostenía que todos los Negros que cruzaron el Atlántico lo hicieron en condición de esclavos.

El investigador Van Sertima, fue uno de los que mas trabajo en este tema.

 

Ivan Van Sertima nació en la Guayana inglesa, el 26 de enero de 1935, tras cursar estudios primarios y secundarios en su tierra natal, realiza estudios superiores en la universidad de Londres. Durante su formación en la “School of Oriental and African Studies”, SOAS, concentra su atención en distintas disciplinas: periodismo, crítica literaria, lingüística, antropología e historia son los campos de su preferencia. Muere en la ciudad de New York, donde trabajaba, el 25 de mayo de 2009.

 

Su anunciada ”They came before Columbus, the african presence in ancient America” (Llegaron antes de Colón, la presencia africana en la antigua América), se estructura en doce largos capítulos, en los que se insertan “The secret route from Guinea”, “The mariner Prince of Mali”, “Africans across the sea”, “Mandingo Traders in Medieval Mexico”, etc. En ella eleva al máximo nivel su método hermenéutico e histórico con el que establece definitivamente que el negro africano, bajo el auspicio del potente imperio Mandingo, descubre América en el umbral del siglo XIV.

 

Entre 1310 y 1311, zarpan de Mali sendas expediciones impulsadas por el rey Abubakari II y, con “una flota de grandes barcos, bien equipados de agua y de alimentos”, logran abordar la Española (Haití y República Dominicana), donde no sólo tuvieron el éxito merecido sino que alcanzaron el norte de la costa este de México y, rumbo al Sur, pasando por el Istmo de Darío (Panamá), dejaron la huella imborrable de su cultura a lo largo de la actual América Latina.

 

Sus asentamientos proliferaron más allá de los años 1407 y 1425, lo que constituye una de las mejores pruebas de que estos fueron realmente los descendientes de los emigrantes de aquellos siglos en esas zonas. El mismo Cristóbal Colón tuvo que confirmar uno de los testimonios fundamentales de los aborígenes de ese Nuevo Mundo. Los Indios de la Española le aseguraron “que tenían trato comercial con los Negros que habían llegado ahí, provistos de lanzas puntiagudas hechas de un metal que llamaban gua-nin.”

 

Intentando disipar cualquier duda, el prestigioso investigador nos explicita que “el término guanin debe encontrar su origen en las lenguas Mande del Oeste africano, por medio de los Mandingo, Kabunga, Toronka, Kankanka, Bambara, Mande y Vai. En Vai, tenemos la forma del vocablo ka-ni que, transcrito en fonéticas nativas, nos daría gua-nin.” Y que ojeando el diario de Colón, “el oro aparece como coa-na, mientras que gua-nin es registrado como una isla donde hay mucho oro.”

 

En esa confusión, se observa que Fray Bartolomé de las Casas, como erudito, puso una acotación al margen de dicho diario con la siguiente aseveración: “Este guanin no es una isla sino el oro que, según los Indios, tiene un olor de muchísimo valor.” De forma similar, en la Raccolta, el informe italiano del viaje, se lee que “ahí había pedazos de gua-nin tan grandes como la popa de una carabela”. Es obvio que aquella corrección no fue objeto de un aprendizaje que subsanara la página de la historiografía posterior, en la que quedó escrito hasta la fecha que Guanahaní fue la primera isla del suelo americano que pisó Colón en la madrugada del 12 de octubre de 1492. Aunque él mismo la hubiera bautizado con el nombre de San Salvador, todavía prevalece la denominación anterior.

 

En honor a la verdad, el hecho de que los Africanos descubrieran América casi dos siglos antes de Colón, demuestra con creces la falsedad de la tesis tan vulgarizada que sostenía que todos los Negros que cruzaron el Atlántico lo hicieron en condición de esclavos.

 

* Eugenio Nkogo Ondo, nace en Bibás, Akonibe, Río Muni (Guinea Ecuatorial), el 18 de octubre de 1944. Es doctor en filosofía por la Universidad Complutense de Madrid.

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