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Lo bueno y lo malo
del presidente Mujica
por Raúl
Legnani
Al
país, en primer lugar, y al gobierno del Frente
Amplio, en segundo término, les ha ido muy bien,
pero nos pudo haber ido mucho mejor por única
responsabilidad del gobierno y del Frente Amplio.
Se ha
dicho, alguna vez, que Uruguay se parece a una gran
oficina pública: están los que trabajan, los que no
hacen nunca nada y los que trabajan cuando les
conviene.
Siempre
he creído que esa descripción de nuestra realidad es
una exageración, pero que tiene mucho de verdad y
que a la vez peca de ese exceso de pesimismo que nos
caracteriza, por lo menos desde el fin del batllismo
de Batlle y Ordóñez, la más grande personalidad
política después de José Artigas. Hoy la fotografía
es otra. Si los satélites pudieran tomar el
movimiento de los uruguayos en los últimos días
(cosa que hacen frecuentemente), se verían
sorprendidos por el gran movimiento de seres
mayoritariamente ancianos, ya que los niños son solo
una sorpresa cuando aparecen en la pantalla, que se
meten en los comercios con la obsesión de consumir y
consumir, por el solo valor de sentirse bien
comprando cualquier cosa. Aclaro que no soy un
anticonsumista, pero soy parte de los que no
soportan estas fiestas impuestas por el calendario,
por las tradiciones y por esa necesidad muy humana
de encontrarse con el otro. No solo no me gustan las
fiestas de fin de año, pero tampoco los regalos del
amigo invisible, lo que me parece una hipocresía, ni
las reuniones de viejos compañeros de liceos o de
generaciones de clubes deportivos. Si usted quiere
soy un amargado, un ser despreciable, un tipo que
quiere vivir solo en una cueva. Podría seguir, pero
dejo a su imaginación ponerme sobre el lomo todas
las culpas que usted quiera. A pesar de esta visión
poco festiva de nuestra cultura como pueblo, o por
lo menos de lo que yo creo que somos los uruguayos,
debo confesar que igual siento la necesidad de hacer
un balance de lo que ha sido este año político, por
cierto muy distinto a otros anteriores. Soy de los
que creen que al país, en primer lugar, y al
gobierno del Frente Amplio, en segundo término, les
ha ido muy bien, pero también siento que nos pudo
haber ido mucho mejor, y lo que es peor, es que creo
que todo lo que no se pudo avanzar fue por única
responsabilidad del gobierno y del Frente Amplio.
Estoy convencido de que el presidente José Mujica es
responsable de todo lo bueno, pero que a la vez es
responsable de una sensación particular que se
expresa en la falta de coherencia del accionar de
los gobernantes y de su exposición política. Mujica
ha sostenido con firmeza, muchas veces sin hablar
demasiado, al equipo económico que ha sido la piedra
fundamental de la estabilidad económica y de su
desarrollo. Sin esta actitud decidida del Presidente
de la República a favor del ministro Fernando
Lorenzo, la inestabilidad política se pudo haber
instalado en nuestro país.
Y eso no
ocurrió. Mujica ha logrado, con buen manejo de los
tiempos, construir una mirada a mediano plazo,
asumiendo que hay atrasos en la redistribución de la
riqueza y por eso no descarta una política
impositiva más redistributiva. La otra cara de este
fenómeno, es que Mujica confunde muchas veces a sus
más activos colaboradores, quienes no logran
detectar a tiempo cuáles son sus movimientos de
piezas en el tablero de la política mediática. Por
eso, ante la ciudadanía, los mensajes del gobierno
muchas veces son confusos y contradictorios, al
grado que entre los dichos del Presidente y de uno
de sus ministros pasan cinco días, para saber cuál
es la postura definitiva del Poder Ejecutivo. Solo
con una economía en expansión como la que tenemos
hoy, esas incoherencias no se vuelven graves,
verdaderas grietas por donde la cola de la oposición
podría meterse para genera inestabilidad. Estoy
convencido que a Mujica nadie lo puede cambiar, lo
que no es ni bueno ni malo. El asunto es que el
Presidente, que tiene derecho a pedir respeto por
como es, tiene que asumir que muy pocos se parecen a
él, y que sus más estrictos colaboradores, así como
los dirigentes del FA, tienen derecho a exigirle una
mayor claridad en la gestión de gobierno. A la vez
Mujica no es solo el Presidente de la República,
sino que también es uno de los líderes políticos de
la izquierda, junto a Tabaré Vázquez, con mayor
capacidad de aceptación y de influencia en esa zona
difusa que está integrada por mujeres y hombres en
quienes la política no es su mayor preocupación,
aunque su destino dependa de la política. Como ven,
comencé con mi malestar con las fiestas de fin de
año y terminé atrapado por un intento de balance,
que seguramente lo extenderemos de forma más
científica en los próximos meses. Sepan que sin los
lectores que nos siguen domingo a domingo y que se
hacen sentir a diario, es imposible construir ideas
y comprender realidades, para seguir soñando, que no
es dormir. Cosa que el Frente Amplio parece no darse
cuenta y por eso sigue cerrado en intereses
sectoriales, que le producen infartos en el aparato
circulatorio democrático.
Me voy
para la cueva y gracias
LA
ONDA®
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