Nuevo libro
A partir de los 13 años ya
no pude dejar de escribir
Nicolás Trinidad

El sábado 18 de diciembre en un lugar singular, se realizó la presentación del libro “Haz de Luz”, su autor Nicolás Trinidad. En el Club Albatros de Salinas sobre la rambla del balneario, en una cálida noche de este verano que recién se inicia, un salón lleno y expectante esperó el libro de “Nico”. Nicolás es un hombre de Salinas, pero que los avatares de la vida lo han llevado a otros puertos.

 

De esos territorios también ha sabido regresar entre otros a los de su memoria, para continuar escribiendo como lo hace desde los 13 años. Testimonio es este primer “Haz de Luz”, que según su autor tuvo la rigurosa observación profesional de la escritora y dramaturga Malí Guzmán.

 

Guzmán estuvo en la presentación y en un pasaje de su intervención dijo que “esta necesidad de ordenar…, es una forma de reconstruirse, realzarse y construir a partir de lo que vamos entendiendo. En realidad somos ordenadores, logramos ponerlo en papel y – sobre todo, además – creo que cuando hacemos ficción y no nos atenemos a la historia original. Cuando dejamos que el inconciente vuele – justamente – a partir de esas emociones y esos sentimientos originales. Cuando hacemos un relato y nos podemos comunicar con eso. Que creo que fue eso lo que hizo Nicolás, porque allí hay como señales de su vida, pero – sobre todo – hay un riquísimo universo ficcional. Y por eso es que puede comunicar con otros. Es un libro de cuentos pero – a su vez – no sería inexacto llamarlo “novela”, porque no hay duda ninguna de que allí hay un camino recorrido para el cual se necesitan todos esos cuentos. A mi lo que me impresionó fue el rescate de todos esos paisajes de la infancia y – sobre todo – la visión – desde la infancia. No es un cuento que – indudablemente – que esté escrito para los niños, pero sí, desde la infancia. Y como compartimos una cantidad de cosas de infancia, me sentí muy identificado. Porque como a mí me tocó vivir la adolescencia en dictadura y mi niñez en el “pachecato”, es muy interesante – para mi – ver como este libro escarba lo que era la visión de esos chiquilines que era tan distinto a lo que podían ver los adultos. Donde veíamos cosas muy fuertes que – ahora, adultos – las vemos como dolorosas. Pero – a su vez – él logra revivirlo con la realidad que lo veíamos de niños. Y eso me parece que – además – en el conjunto de la literatura actual, es también un aporte interesante, como otra mirada que mira todo ese período desde otro lugar. Desde una mirada que no tiene un contenido político expreso, para nada, pero donde la carga emocional que se trasunta ahí es muy fuerte. Está – como digo – muy bien identificada. Logró recordar, logró revivir con toda intensidad con la que se vivía esta situación.

 

 

Más adelante la escritora Malí Guzmán se refirió a que; “en este libro van a encontrar que cada veta de camino donde las cosas se ponen realmente feas, es donde aparece la vida con una fuerza más grande y los personajes son realmente hermosos. Y donde su imaginación voló mucho más, y dio lugar a completar un personaje absolutamente verosímil, auténtico, entrañable, creíble y – ahí si – en base a la ficción pura, casi. Pero justamente es el portador de esa idea loca del haz de luz, después se completa con una visión científica que hace mención – justamente – a esa misma posibilidad y es como si la vida misma nos estuviera haciendo guiñadas todo el tiempo.

 

Subrayó finalmente que escribir nos sirve entre otras cosas; ”para esa especie de reconstrucción de nuestra memoria, para ver dónde estamos plantados y para donde vamos”.

 

 

 

Seguidamente hablo el autor Nicolás Trinidad quien dijo sentir “una enorme satisfacción, confirmar que uno tiene tantos amigos (se refería al numeroso publico que lo acompañaba esa noche). Yo del libro no voy a hablar mucho – más bien diría que nada – porque me siento como en esas películas policiales de los yanquis que cuando agarran a un sospechoso lo primero que le advierten es que todo lo que diga puede ser utilizado en su contra. Buen, yo me voy a  callar la boca, me voy a quedar con lo que dijo María – que es la que sabe – y háganle caso y compren el libro. Es lo único que puedo decir… Pero les tengo que decir – en realidad – para ser más preciso, que tenía 13 años de edad cuando me enamoré – por primera vez – de una damita y fue la musa inspiradora de mi primera poesía. A partir de ese momento ya no pude dejar de escribir. Eso es lo real y lo concreto. Cuando estoy feliz escribo, cuando estoy triste escribo.

 

Hasta hoy – que estamos publicando el libro -  siempre ha sido para mí escribir como una especie de terapia. Realmente me hace muy bien escribir y no sé si tendrá el mismo resultado de la terapia con sicólogo, lo que sí les puedo confirmar, es que es mucho más barato que un sicólogo (risas). Con un papel y un lápiz queda todo solucionado. El resultado final no lo sé. Pero lo cierto es que esto de publicar fue una aventura en la que decidí embarcarme. Podría ensayar varias respuestas, pero creo que la más auténtica es que – por una serie de cosas importantes, muy fuertes que me pasaron en los últimos 4 o 5 años – me hicieron replantearme un poco la vida de la forma en que la estaba viviendo. Aprendí – y de forma brutal – los gajes de la vida. Lamentablemente no soy creyente, entonces no creo que haya una vida mejor en el más allá.

 

Entonces pienso que el único paso que tenemos por el universo es éste. Es este, hoy y ahora. Entonces decidí proponerme ser feliz, a no hacerme problemas por tonterías y disfrutar un poco más de la vida. Disfrutar de las personas que quiero, de mis amigos. Y en ese repensar mi vida, apareció el primer libro de los que yo escribo. Y sentí hasta cierto egoísmo por dar a conocer lo que escribí durante toda una vida. En este libro que son 4 cuentos,  hay dos de ellos que tienen 12, 13 o 14 años de escritos que – con muy pequeñas modificaciones – he respetado completamente su historia central. Me decidí - en parte - a publicar tal vez por eso, porque quise rendir como un homenaje, un pequeño tributo a una serie de personas muy importantes en mi vida y que tienen que ver con varias historias de este libro.

 

La historia del “haz de luz” – que le da el nombre, y de lo que algo ya se refirió Malí  - es una historia que surge allá, por el año 93 o 94. Yo todavía estaba en Buenos Aires. Y almorzando en la casa de un amigo, llegó la señora, se puso a conversar y ella le dijo: “me encontré con fulano de tal, mi amigo sabe todo, está loco, ya hablé con la familia, lo tienen que internar”. Y ella le dijo: “mirá, me tuvo más de 1 hora, hablándome en la vereda, haciéndome todo un invento de que está trabajando, porque insiste con que la mayoría de los desaparecidos están vivos pero sumidos en una absoluta oscuridad y que él – con ese invento – los va a traer de vuelta”. El invento era que los iba a encerrar en un rayo de luz. A mi – lo que me impresionó, realmente – fue la ternura de ese tipo que yo no conocía, ¿no? Porque hay que tener mucho amor, mucha ternura, para ponerse a pensar algo para rescatar a los desaparecidos. Eso me quedó muy grabado. Y pasaron muchos años y en el 2005 – más o menos – Augusto (que está acá presente) le había dado por comprar unas revistas muy interesantes. Yo las estaba hojeando y vi un artículo que me llamó la atención que decía: “atrapan un rayo de luz”. Me puse a leerlo y – efectivamente – unos científicos habían logrado encerrar en lo que ellos llaman “caja negra” un rayo de luz. Y lo más interesante no es que sólo lo encerraron, sino que lograron activarlo. Eso – automáticamente – me devolvió a la memoria la historia de este hombre y pensé que no sólo no estaba loco, sino que lo que él se proponía se podía hacer. Y bueno, el cuento me surgió así, prácticamente de la nada, con una facilidad espectacular. Raramente sucede esto ya que los cuentos dan más trabajo, hay que pensarlos. Pero éste me surgió así, una palabra detrás de la otra. Y yo siempre quise escribir algo acerca de los desaparecidos, porque es un drama, una tragedia de los seres humanos. Esto está – o por lo menos, decide estar – por encima de banderías políticas o hasta ideológicas. Es algo que – lamentablemente – sigue pasando, porque hay muchos países en donde eso pasa y no debe pasar nunca más. Entonces lo que no quería era revivir, agregar sal sobre la herida abierta. Y por eso hice hincapié en este cuento, sobre la ternura, sobre el amor. Si bien hablo del tema de los desaparecidos, lo que sobresale acá es eso. Es un canto a la amistad, a la ternura, al amor, a seguir viviendo a pesar de las cosas feas que – generalmente - nos pasan. Eso es todo lo que voy a decir del libro.

 

Yo no tengo mucho más para decir. Sólo agradecerles muchísimo la presencia de ustedes. Agradecer a Malí, lo voy a hacer acá, públicamente – porque realmente fue maravilloso trabajar con ella. Yo aprendí muchísimo. Ella tiene una  generosidad muy grande para enseñar. Es una persona que sabe mucho. Cuando le dejé el manuscrito, ¡no se pueden imaginar el susto que yo tenía! Porque yo siempre le mostraba lo que escribía a una novia, a un amigo, a un pariente y ellos siempre son benévolos en sus juicios. Pero entregarle el manuscrito a alguien que sabe y tener esta devolución, fue una experiencia muy interesante, que me encantó y vamos a seguir insistiendo.

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