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El Torturador, el nuevo
libro de Saúl Ibargoyen
Comentario
A mediados del 2010 se conoció la nueva novela de
Saúl Ibargoyen “El Torturador”, a continuación las
reflexiones de Alejandra Silva Lomelí sobre la obra
y un breve pasaje del libro de este destacado
escritor uruguayo radicado en México desde los años
70.
“El
Torturador, bajo el sello Ediciones Eón, que ya
publicara varios títulos de narrativa, poesía y
testimonio de este mismo autor uruguayo/mexicano.
Con tal motivo, y al amparo de la hospitalidad de
esta prestigiosa columna, realizamos a Ibargoyen una
breve entrevista para aproximar al lector a una
propuesta novelística sin duda infrecuente en
nuestras letras.
Tu
novela se desarrolla en un lugar llamado el Estado
Mesoriental, que es una mezcla entre Uruguay y
México, mezcla que tú mismo defines como insólita
por lo diferentes que son esas dos naciones. ¿Cómo
encuentras entonces el punto medio que las hace
compatibles para que se fundan en un mismo sitio,
escenario de tu novela? ¿Cuáles son esas similitudes
y esas diferencias? ¿Han marcado tu vida también
como un ciudadano uruguayo/mexicano?
Una
respuesta más o menos abarcadora de tan complejas
preguntas, a más del lúcido comentario que
conllevan, ameritaría un largo ensayo que no estoy
en situación de elaborar. O sea, en parte por
ignorancia de muchos temas, en parte porque la
novela se apoya, más que en un conocimiento libresco
de realidades mexicano/uruguayas, en experiencias de
vida personales y colectivas. En cierta medida, y
aunque en otras de mis obras narrativas y poéticas
aparecen asuntos que en este relato también son
abordados, en verdad -y más allá de incontables
elementos ficticios- El Torturador apunta a
exponerse como una especie de testamento político,
apoyado por supuesto en los procedimientos
narrativos que fui aprendiendo costosamente a
utilizar durante muchos años. Aprendizaje
interminable, por supuesto…
Es
obvia la diferencia, incluso de tamaño, entre un
Uruguay más homogéneo en lo social, cultural y
étnico, con mayor acumulación de valores
democráticos, pero con dos dictaduras en el siglo
pasado, y que ahora trata de superar los rezagos
generados por el neoliberalismo en función de un
país que sea productivo y justo. Precisamente, en mi
novela se presenta una visión de esas etapas
mezclada con aspectos del México de esos años, es
decir antes, durante y después de la segunda
dictadura cívico-militar (1973-1984)”. Fuente:
tulancingocultural.cc.
Breve pasaje
del “Torturador”
"Está
bien, generalTodo por el mejor servicio al
presidente y a la nación", pudo dar este molde de su
pensamiento la señora Marieta, que era descalza de
conocimientos pero nada pendeja en asuntos de la
mera ambición intuitiva. Por eso, mientras el
general la saludaba y la despedía con notoria
neutralidad, ella imaginó una enorme recámara con
puertas blancas y doradas, cortinas azules, techo y
paredes cubiertos de finas telas azules, taburetes
de asiento azul, cama de tres plazas con colcha
azul, dosel blanco y dorado, almohadas azules y
cojines azules en sitios de táctica y estrategia. Y
sobre la cama...
"Ah, le
decía hasta luego, señora... Mi asistente se
contactará enseguida con usted. Le pido me envíe
información diaria, según nuestras instrucciones.
¡Adiós!" Esta postrera palabra la emitió ya
mostrándole las espaldas.
"Adiós,
general...", dijo Marieta, y marchó hacia el cercano
y; entreabierto espacio de la puerta; allí estaba
Cándido Repeluz, el movidísimo capitán de llaves.
La
señora Marieta Bragas no escuchó las cuidadas y
atentas indicaciones del asistente del general.
Mientras caminaba por el pasillo, rumbo conocido por
el que volvería a transitar, no pudo ni quiso
abandonar el comienzo de aquella imagen sobre la
imaginada cama: un hombre de oro, desnudo a toda
piel, músculos innumerables, cabellos negros de
medido largor, brazos abriéndose en señal de
recepción y, entre aquellas piernas cual columnas
alabastrinas, el órgano fundamental en su recto
esplendor; fúe así que recordó de golpe, cuando la
adolescencia, la frase de su cura de confesión
mientras le acariciaba la cintura: "la verga del
pecador/también apunta hacia el cielo".
Y la
señora Marieta Bragas, confirmada en su doble fe de
carne y alma, asediada por aquellas representaciones
que creía fosilizadas para siempre, y con el calzón
parcialmente humedecido, volteó hacia el capitán
Repeluz y preguntó:
"¿Vamos
ahorita al Palacio Nacional, verdad?"
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