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Tras las contradicciones:
el 54 Premio Nacional
de Artes Visuales
por
Mónica Fernández
En Museo Nacional de Artes el martes
21 de diciembre se abrió con la entrega del 54º
Premio Nacional de Artes Visuales. Su inicio en 1937
lo convierte hoy en uno de los eventos tradicionales
en el campo cultural uruguayo. En esta oportunidad
tubo en su desarrollo contradicciones varias, marcha
atrás, bases cuestionadas y una suspensión
levantada. Esto quedo abundantemente referenciado
por autoridades y artistas al intervenir en el acto
inaugural.
Se seleccionaron 34 artistas para
exponer, de estos a siete, el MEC les repartió
veintiséis mil dólares que asigno como premio. El
primer premio fue adjudicado al creador Juan Ángel
Uruzola, quien presento una obra "Chau Bea", que
retrata la etapa final de su esposa enferma de un
cáncer rodeada de sus hijos. Uruzola al recibir el
premio dijo que en realidad “es un trabajo doloroso,
una despedida” refiriéndose a la obra presentada en
un cuadro grande acompañado de cinco más pequeños,
donde predomina el color rojo.
El segundo premio, fue para el
artista plástico Diego Focaccio, el tercero fue
otorgado a Santiago Velazco. El cuarto galardón a
María Clara Rossi, el quinto al artista Martín
Pelenur el
cesto premio a Luciana Damián y
finalmente
se premió a Ana María Dolder.
La parte oratoria del acto se realizo
en medio de un insólito murmullo que por momentos
tapaba las intervenciones
de las autoridades del MEC.
En
primer lugar hablo el Director Nacional de Cultura
Hugo Achurar dijo que “Este año el premio es
homenaje al maestro recientemente fallecido –
Carmelo Arden Quin -. un hombre de la frontera,
pero – sobre todo – un maestro de esos que marcan un
antes y un después en la historia de las artes
visuales.
La creatividad
uruguaya es inmensa, pero en el caso de Carmelo
Arguendin, se trató de un artista de proyección
internacional – yo diría, casi universal – que marcó
un hito en la historia del arte en Occidente.
Permítanme una
reflexión general. La Dirección Nacional de Cultura
tiene poco menos de dos años de convertida en Unidad
Ejecutora. En estos últimos dos años y medio ha
crecido hasta tener cerca de cincuenta programas,
cuando todavía no tiene una estructura definitiva,
un esqueleto que la sostenga. Esto ha sido un
desafío y enmarca – de algún modo – algunas de las
dificultades por las cuales hemos atravesado en los
últimos tiempos. No las justifica ni las explica,
las enmarca. Y las enmarca en medio de una actividad
cultural de un registro especialmente amplio. El
Salón del Premio Nacional es algo institucional de
la cultura uruguaya, como lo es el Premio de Letras,
como lo va a ser – esperamos – a partir de la
aprobación de Ley de Presupuesto, en el próximo año,
el Premio de Música, que no existía hasta el
momento. Es decir, estamos en un momento donde la
creatividad y el desarrollo de la Dirección Nacional
de Cultura, han superado todos los márgenes y todos
los marcos institucionales que tenía. En ese
sentido, se trata de una “crisis de crecimiento” y –
a veces – los pantalones nos quedan un poco cortos,
a veces hay que ir corriendo al sastre porque las
mangas no se ajustan. Pero bueno, lo positivo es que
son dolores o problemas de crecimiento.
El Salón del Premio
Nacional fue recuperado en los últimos años porque
había sido abandonado, así como fue recuperado en el
2009, en el gran Premio a la Labor Intelectual. Es
en este marco de recuperar instituciones, de crear
nuevas instituciones, con acceso a un público mayor,
como son las usinas culturales, como son las
fábricas de cultura, como son las decenas de
programas en todo el país, de un ministerio que ha
dejado de ser “La Cenicienta” y se ha convertido en
un ministerio con una presencia nacional
fundamental, no sólo de la Dirección Nacional de
Cultura, sino de los Centros MEC, de los Centros de
Ciencia y Tecnología, de los Derechos Humanos. Es
decir, en ese crecimiento, la Dirección Nacional de
Cultura tiene una debilidad que – por suerte – el
ministerio ha decidido priorizar y dedicar – a
partir de la nueva Ley de Presupuesto que trae
ingentes recursos – un apoyo especial para
fortalecer la institucionalidad de la Dirección y –
así – favorecer la labor de todos aquellos –
ustedes, ciudadanos, ciudadanas, creadoras y
creadores – que nos honran con su presencia.
Por último, sólo
quiero felicitar a los ganadores y a las ganadoras –
que lo sabremos en unos segundos – e invitarlos a
seguir apoyando este trabajo que nos compromete a
todos - en los aciertos y en los errores - por un
país – y no quiero caer en un lugar común – sino en
algo que creo, verdaderamente en serio, en “un país
de primera”, para lo cual tenemos que hacer –
todavía – muchos esfuerzos”.
Por su parte la
Subsecretaria del Ministerio de Educación y Cultura
María Simon, inicio su intervención subrayando; “ustedes
deben saber que cuando no se hace silencio es
porque la gente no oye y eso quiere decir algo
bueno: quiere decir que hay mucha gente. Eso es lo
principal. El Salón no es de artistas para artistas.
El Salón es para la gente. Y – si hay gente hablando
– buena señal. Quiere decir que vino mucha gente a
compartir con nosotros este Salón, uno más.
Voy a empezar y
terminar con agradecimientos. En primer lugar, a
todos los que vienen. A todos los que vienen y
seguirán viniendo estos días. A todos los que
comparten con nosotros la idea – que decía Hugo – de
que el arte es necesario, de que el arte es parte de
la vida y que es necesario como la comida es parte
de la vida y es parte de la muerte.
A los que se
presentaron. Presentarse a un concurso no deja de
ser un acto de humildad. Uno – en cierto modo – se
somete al juicio de otros y eso tenemos que
aprender. Eso lo hacemos también en el mundo de la
ciencia: respetar lo que llamamos “el juicio de los
pares”. Comparar, ver y ver lo que hacen otros con
respeto y con interés y exponer para otros. Porque
uno nunca sabe en quién piensa el artista cuando
crea, es todo un misterio. Pero – evidentemente – lo
quiere trasmitir y lo quiere compartir. Hay una
voluntad de compartir idea, sentimiento, algo que se
expresa con un lenguaje y que no se puede pasar a
otro lenguaje y que es intransferiblemente unido por
el contenido y que – el que se presenta – lo trae
para que lo veamos juntos.
Y quiero agradecer a
los jurados. Tengo que agradecerles mucho, dado que
la labor de un jurado es muy difícil en todos los
casos. Y – en este caso – fue aún más difícil por
problemas circunstanciales que plantearon pequeñas
dificultades, que fueron debidamente tratadas –
legal y humanamente – y que se seguirán después en
los procesos que correspondan y que no opacan – en
absoluto – el brillo de este Salón.
Uno no va a hablar
aquí del arte, pero no puede menos que mirar obras –
obras de distinta naturaleza y de distintos
lenguajes – y pensar en esa misteriosa percepción
que tenemos de la obra de arte. Es como una
percepción en dos etapas, como una percepción con
doble fondo y – hasta a veces – más. Porque uno ve
una representación, sabiendo que es una
representación y sabiendo o buscando qué es lo que
hay más allá, qué es lo que nos quieren trasmitir.
Sin duda, el arte
permite vernos a nosotros – distintas artes, no sólo
la plástica – permite vernos a nosotros, persona,
humanidad, con un cierto distanciamiento – a veces
doble o triple – que nos permite vernos mejor a
nosotros mismos, apreciarnos, criticarnos,
transformarnos. Nos permite – a veces – aproximarnos
al sufrimiento mismo, o a la alegría, o a los
recuerdos, o a lo irrecuperable – en cierto modo –
llegando al centro pero entendiendo mejor nuestro
propio sentimiento o sin experimentarlo en forma ya
lacerante, sino como parte de una realidad que somos
ahora. Siempre vemos ahora, pero a través del arte,
vemos distintos tiempos. Para ver hay que mirar y el
arte invita a la mirada y educa la mirada. Un cuadro
no pretende hacernos ver un paisaje. Pretende – tal
vez – verlo con nosotros o mostrarnos que se ve. Y
eso pasa – también – con los sentimientos humanos.
Para ver hay que mirar, para ver hay que pensar,
para ver hay que ser. Y es una de las finalidades de
la educación y de la cultura investigar, crear sobre
la percepción del arte, sobre la formación del
gusto, sobre la formación de lenguajes y – en
definitiva – educar para ser cultos. Nadie sale
culto de un curso, sino que se adquieren actitudes y
aptitudes para seguir apreciando – cada vez más – y
seguir disfrutando – cada vez más – de una enorme
variedad. No sabemos – del todo – cómo se forma el
gusto, porque hay gente a la que le gustan cosas que
no nos gustan, pero sabemos que hay una estética,
más allá de los gustos personales. Y que el arte no
representa lo “bello” según cada uno, sino que
representa lo humano, que es humano de todos.
Por eso les agradezco
a todos los que participaron y participan y
participarán en este salón. Tal vez estamos ya – y
sin tal vez – estamos ya creando otra forma de apoyo
al arte, que no son los Salones. En el Presupuesto
Nacional hay un capítulo que es un estímulo a la
creación artística en todas sus manifestaciones.
Esperamos que crezca. Esperamos llegar a un estímulo
constante que – más bien – estimule al trabajo.
Confieso que – personalmente – me resulta más
atractivo que los Salones. Pero son herramientas
distintas y no hay que pretender que la misma sirva
para distintas cosas. Los Salones tienen su función,
una función – sobre todo – de encuentro, de
apertura. Y también tiene que haber becas, tiene que
haber apoyos a la carrera, tiene que haber talleres,
encuentros.
En esa diversidad es
que estamos, en ese camino estamos. Y por eso
estamos con ustedes. Muchas gracias por estar con
nosotros”.
El autor de la obra
fotográfica "Chau Bea", el fotógrafo Juan
Ángel Urruzola, dijo al recibir el primer
premio: “Este trabajo es un trabajo doloroso. Es una
despedida. Por lo cual, agradezco a la gente que me
felicitó, pero no se trata de eso. Se trata de
hablar de cosas de las que no siempre se habla, de
las que no siempre tenemos espacio para hablar. Eso
en cuanto a la obra que está colgada ahí.
Agradecerles a mis
hijos, que me facilitaron, que me acompañaron y con
quienes esto fue un trabajo para ayudar a
reconstruir lo que queda. En cuanto a lo que pasó en
ese proceso – este s alón – yo escuché atentamente
lo que dijeron los responsables del ministerio.
Nosotros – los
artistas participantes, como bien decía Diego
Focaccio – por cada uno que estamos acá, hay por lo
menos 10 que no quedaron. Y eso siempre es así. Para
que eso siga sucediendo, para que en las actividades
que creamos la gente siga participando y se siga
reconociendo, nosotros lo que podemos esperar – por
un lado – es que las actividades crezcan – como dijo
el director de Cultura -. Esperamos que se sigan
creciendo, que se siga gastando en cultura.
Pero – sobre todo – queremos transparencia, queremos
participación y queremos credibilidad en las cosas
que se hacen. Con esos ingredientes, creemos
que se pueden sacar adelante las cosas, mucho mejor
de lo que se sacaron esta vez”.
LA
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