No subestimar la justa
Indignación de Medio Oriente
Luiz Carlos Bresser-Pereira

Para evitar una posible dictadura islámica se apoya, por lo tanto, a una dictadura corrupta y dependiente

Desde que comenzaron las revoluciones - por ahora victoriosas - en Túnez y en Egipto, dejaron "en una situación embarazosa" a los Estados Unidos y a Francia, y sus intelectuales "quedaron confundidos". No es difícil comprender el desconcierto de los grandes países.

Aunque hagan un discurso en defensa de la democracia, acusen de forma indignada a dirigentes nacionalistas de países que no serían democráticos pero que atienden a las condiciones mínimas de la definición de democracia, y no duden en apoyar a movimientos de derecha que intentan derrocarlos por la fuerza, no obstante todo eso, apoyan de forma integral a gobiernos abiertamente dictatoriales y corruptos, pero que se comportan de forma "amigable" con relación a sus intereses de corto plazo.

Con respecto a la "confusión" de sus intelectuales, fue un artículo en Le Monde (6 de febrero de 2011) que la acentuó refiriéndose a intelectuales de derecha en Francia, como Bernard-Henri Lévy, para quien "la situación sería muy compleja", u Olivier Mongin que declara: "más vale un Ben Ali que un Bin Laden".

En el fondo, dice el diario, "la revolución iraní está en todas las mentes". Y, por lo tanto, para evitar una posible dictadura islámica y, por ende, nacionalista, se apoya una dictadura corrupta y dependiente. En primer lugar, no existe ninguna razón de carácter democrático o de orden moral para esta opción. ¿Por qué una dictadura corrupta y dependiente es mejor para su pueblo que una dictadura islámica? Segundo, no existe ninguna razón para ubicar el problema de Túnez o de Egipto en estos términos.

Existe siempre el riesgo de una revolución nacionalista islámica, pero este riesgo sólo aumentará y se tornará real si los países ricos insisten en pensar en términos de estas dos alternativas radicales, y, a partir de ahí, continúan optando por la dictadura corrupta y dependiente.

Egipto y Túnez ya no son países estrictamente pobres, pero, al contrario de países como Brasil o como la India, no concretaron todavía su revolución capitalista, no cuentan con una clase empresarial amplia, una clase media diversificada y un Estado capaz de defender los intereses nacionales.

Es esto lo que necesitan estos países, es esto lo que los jóvenes que lideran estas dos revoluciones - con la ayuda de Internet - reivindican. Ellos tuvieron acceso a la educación, pero la administración dependiente e incapaz de sus economías no promueve el desarrollo económico necesario para que ellos tengan empleos y salarios decentes o - entonces - la oportunidad de convertirse en empresarios.

Estos objetivos entran en conflicto con la lógica imperialista, que siempre fue la de aliarse a las elites dependientes y a los gobiernos corruptos de las colonias. ¿Pero será esta la mejor estrategia?

Medio Oriente
Con relación a los países pobres, creo que aún se den buenos resultados. Pero la era de los imperios está terminando. Fue eso lo que mostraron los países del Este Europeo en 1989; es esto lo que están diciendo los países del Medio Oriente en 2011.

La revolución ahora no es tan decisiva como fue aquella, porque los países del Medio Oriente son menos desarrollados, y porque los imperios del Occidente no están tan debilitados como lo estaba el soviético. Pero es un error subestimar la justa indignación y la determinación de estos pueblos de alcanzar la autonomía nacional y la democracia.

Traducido para LA ONDA digital por Cristina Iriarte

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