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El ABRA y Dilma Rousseff en la Argentina
Mario Rapoport
Aunque pasaron unas semanas es preciso volver a revivir la reciente visita de la presidente del Brasil, Dilma Rousseff, a la Argentina, y su encuentro con su par, Cristina Fernández de Kirchner, que refuerza la estrategia internacional de los dos países en un contexto mundial multipolar signado por las crisis recurrentes y las turbulencias sociales y políticas en ascenso en distintas partes del mundo, como lo muestra la actual situación en Egipto. En este sentido la región sudamericana parece un pequeño oasis de tranquilidad, sólo empañada hace algún tiempo por el intento de golpe en Ecuador. Y según expresiones de la primera mandataria brasileña, Brasil y Argentina son países “clave” en la estabilidad regional, lo que debe consolidarse reafirmando la relación estratégica entre ambas naciones en todas las áreas de interés mutuo. Por cierto, muchos de sus objetivos son similares: tanto la Argentina como Brasil disponen de grandes recursos alimentarios y energéticos, pero procuran lograr asimismo una mayor proporción de valor agregado en sus producciones y elevar sus niveles de empleo. Además, han asumido la responsabilidad ante Iberoamérica, con su participación en el G20, de conseguir que la región tenga presencia y acción en el escenario internacional.
Hay que destacar, no obstante, similitudes y diferencias en sus estructuras económicas y posiciones en el mundo. Un aspecto que los asemeja es que Brasil es el primer país exportador mundial de carne y el segundo de soja y la segunda potencia agroalimentaria después de Estados Unidos. En tanto, la Argentina es el tercer exportador de soja y la tercera potencia agroalimentaria mundial.
Los tamaños de sus territorios y economías son más disímiles. Brasil detenta, por su parte, la quinta superficie del mundo con 8.514.877 kms2, y también es el quinto entre los más poblados del planeta con cerca de 192 millones de habitantes. El PBI nominal ocupa el octavo puesto a nivel mundial y ronda los dos billones de dólares, mientras que su ingreso per cápita alcanza los 10.200 dólares. En cuanto a la Argentina ocupa el octavo lugar en territorio con 2.780.400 km2, aunque con una población de alrededor de 40 millones de personas según el último censo nacional, lo cual genera una baja densidad demográfica de sólo 14,43 habitantes por km2. Su PBI es de 351.015 millones de dólares y su ingreso por habitante de 15.600 dólares.
La suma de estos datos configura, sin embargo, debido a la vecindad, una masa crítica susceptible de transformarse, mediante la profundización de las relaciones bilaterales, en un mercado interno ampliado y un polo estratégico en la región. La idea de las dos cancillerías es impulsar una nueva fase de la integración productiva y apunta a desarrollar un gran sector industrial conjunto desde la plataforma de lanzamiento internacional que es para ellos América del Sur. Según la percepción del gobierno de Brasilia, el destino de Brasil, su desarrollo económico y la mejora de las condiciones de vida del brasileño, están ligados a esta cuestión. La Argentina constituye el tercer socio comercial de Brasil detrás de China y Estados Unidos, mientras que Brasil es el principal partenaire de los argentinos. El comercio bilateral entre ambos países deviene cada vez más intenso: sólo en 2010, su intercambio comercial fue de US$ 32.900 millones, con US$ 4.100 millones a favor de Brasil, que la Argentina intenta reducir aumentando la participación de sus productos en el país vecino. Además esos intercambios se realizan con las monedas locales.
Pero los sólidos intereses recíprocos se demuestran, sobre todo, a través de los convenios bilaterales firmados recientemente en múltiples áreas, entre los cuales se destaca la cooperación para la construcción conjunta de dos reactores nucleares con objetivos de investigación, reduciendo costos y esfuerzos y logrando una mayor eficiencia. Otros convenios tienen que ver con la implementación de proyectos de desarrollo económico local y fronterizo, al incremento de infraestructura urbana, a la producción de viviendas para la población menos favorecida y a la estructuración de programas sociales.
El establecimiento de un plan de acción común para avanzar en la masificación del acceso a Internet de banda ancha, figura entre los principales acuerdos alcanzados. Además, se acordó el intercambio de energía eléctrica durante los meses de enero a diciembre de 2011, y la cooperación en la producción y el uso de la bioenergía y los biocombustibles. También se proyecta la construcción de un puente internacional sobre el río Pepirí Guazú, y del complejo hidroeléctrico de Garabi, localizado entre Corrientes y Río Grande do Sul, que permitirá la generación de 2.900 megawatts, y cuya construcción se espera iniciar en 2012.
Cristina Kirchner insistió en la necesidad de asociar esfuerzos y conocimientos para que los dos países se conviertan en "protagonistas" del siglo XXI corroborando la idea de una alianza estratégica, que tiene que estar imbuida de una fuerte voluntad política de los gobiernos y de sus líderes. Para algunos analistas, como Helio Jaguaribe, esta alianza es un requisito esencial para el desarrollo de los dos países, dado que si lo intentan cada uno por su cuenta, apenas llegarían a ser jugadores de segundo orden en el mercado mundial. La consolidación de la alianza no solo constituye un nivel superior en el escenario internacional, sino que es un factor de fortalecimiento del Mercosur y del sistema sudamericano de cooperación y comercio establecido en Unasur, un polo de poder económico y político global. Sin embargo, los factores de concertación deberán superar todavía algunos escollos, especialmente en las políticas macroeconómicas y en las proyecciones resultantes de los vínculos comerciales y económicos. El balance del comercio bilateral, y la compra de empresas argentinas por capitales brasileños han creado en estos últimos años una tendencia favorable al empresariado brasileño. A este proceso hay que agregar la actitud de Brasil, que avanzó per se estrechando sus vínculos con países como India y China, e incluso con las grandes potencias, como lo demostró en reuniones de la OMC. Sin dudas, un elemento clave para construir una alianza estratégica es el reconocimiento mutuo de las identidades nacionales de cada uno.
Los dos países presentan visiones distintas sobre temáticas variadas, como el manejo de las políticas económicas, la participación del Estado en la economía y el tipo de inserción internacional. No obstante, enfrentan los mismos desafíos y tienen las mismas oportunidades para transformarse, potencialmente, en naciones que puedan superar la categoría de “emergentes” y convertirse en actores relevantes en el escenario internacional. Es por eso que la prioridad de ambos debe apuntar a consolidar las relaciones bilaterales, que denominamos ABRA (Argentina-Brasil), para intentar desplegar una estrategia internacional común que potencie la inserción de cada uno en el mundo y transforme el mercado mutuo en un mar interior dentro de la región.
*Economista e historiador
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